domingo, 18 de enero de 2009

GASTON PARRA LUZARDO:
IN MEMORIAN
 Carlos Mendoza Potellá

Debo comenzar diciendo que esta es una de las más honrosas encomiendas que he recibido en mi vida. Agradezco por ello al Directorio del Banco Central y a su Presidente Dr. José Ferrer Nava.

Se trata de un compromiso muy grande, porque me corresponde recordar y honrar al maestro, al hermano y amigo de más de 35 años, en su propia tierra, en su amada patria chica, donde ejerció su magisterio vital y donde sus discípulos y colegas son legión. Trataré de honrar tan alta distinción.

Dentro de la multiplicidad de aspectos que constituyeron el conjunto de las actividades públicas, políticas y docentes de Gastón Parra Luzardo, el ámbito en el cual tuve la fortuna de recibir sus enseñanzas y luego de compartir e interactuar con él, fue el de la política y economía petrolera venezolanas. Por eso, mis referencias tienen también ese sesgo petrolero.

La vida de Gastón Parra Luzardo, su lucha incansable en defensa de la soberanía nacional sobre su más valioso patrimonio, constituyen un auténtico apostolado. Un ejemplo de perseverancia en los principios que debe ser imitado, un mandato para todo venezolano consciente de su gentilicio y de sus responsabilidades nacionales..

En la materia específica que nos convocaba y según sus propias palabras:

“Examinar y reflexionar sobre cuáles han sido las relaciones y causas que han impedido una genuina nacionalización del principal recurso natural agotable con que cuenta Venezuela; desentrañar por qué se ha permitido de manera preponderante, absorbente y dominante la presencia del capital transnacional en la planificación, desarrollo y aplicación en la estrategia energética del país e investigar el por qué la actividad petrolera no ha estado orientada al servicio de la economía para impulsar la transformación del proceso económico, político y social, en beneficio de la colectividad, es un compromiso insoslayable que debe asumirse con la mayor responsabilidad histórica”.

Y así fue. Gastón Parra jamás eludió esa responsabilidad, asumida desde muy joven, al identificarse con el ideario socialista. Se mantuvo fiel a esas convicciones en todas las circunstancias que le tocó vivir, muchas veces amargas y frustrantes, al punto de generar la desilusión, el cansancio, la renuncia y desbandada de muchos otros.

Era, por sobre todo, un ideario sustentado en el más profundo estudio de autores e investigadores sociales de todas las corrientes del pensamiento económico y social, ratificado constantemente en la lucha diaria por impulsar el pleno desarrollo de la soberanía nacional, en el combate contra las fuerzas internacionales que nos imponían la dependencia y contra los voceros nativos del entreguismo.

El suyo nunca fue un ideario libresco y de catecismo, sino que se forjó continuamente en la observación y el análisis de nuestra realidad nacional y latinoamericana, subdesarrollada y dependiente, sometida al saqueo de las potencias imperiales y grandes corporaciones internacionales.

De esas constataciones y experiencias surgió su permanente y radical identificación con las causas de la justicia social y de defensa de la soberanía nacional. La búsqueda constante de un camino hacia el desarrollo integral de Venezuela y de su población De allí su humanismo e integridad, su vertical comportamiento, acorde con la clara percepción que tenía sobre lo que era su responsabilidad histórica.

La problemática de la economía y política petrolera venezolana, de los procesos de generación, distribución y apropiación de la renta petrolera, el carácter dependiente del desarrollo económico del país que esa actividad contribuyó a reforzar durante tantas décadas y la búsqueda de alternativas que superaran esa dependencia rentística, fueron los temas que nos hermanaron durante más de tres décadas. Y es desde esa perspectiva que quiero dar testimonio expreso de dos momentos estelares en la trayectoria luchadora de Gastón Parra Luzardo.

En 1974, cuando ya contaba con una larga experiencia docente en las materias de Economía Petrolera y Economía Venezolana, y siendo Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad del Zulia, fue designado representante del Consejo Nacional de Universidades en la Comisión Presidencial de Reversión Petrolera. En el seno de esa Comisión y junto a otros ilustres venezolanos batalló durante todo ese año para hacer surgir, según sus palabras, la esperanza de abrir caminos en la búsqueda de una nacionalización que realmente fuera para el pueblo venezolano, que creara y afianzara la autonomía de decisión.

Más precisamente, tal como lo expresara en octubre de 1974 en una Conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de LUZ y lo ratificara el 28 de noviembre de ese mismo año, en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México:

“…queremos una nacionalización del petróleo para beneficio del pueblo venezolano, una nacionalización genuina, real, que contribuya con corregir y no con reforzar la desigual distribución del ingreso en nuestro país; una nacionalización petrolera que sea un soporte firme y poderoso para avanzar en el camino de la liquidación de la dependencia estructural; una nacionalización que sea el fundamento de una sociedad en que por lo menos las diferencias entre las clases sociales en Venezuela sean menos marcadas y donde la pobreza no reine y la riqueza abunde. Queremos una nacionalización para el pueblo venezolano y que esté al servicio de la humanidad entera, sin distinciones ni privilegios. Queremos, en suma, una nacionalización para que la producción y distribución de los medios materiales sirvan para satisfacer las necesidades humanas.”

Pero, como él mismo lo señala en su libro “De la Nacionalización a la apertura. Derrumbe de una esperanza”, las modificaciones realizadas por el Ejecutivo al proyecto original presentado desvirtuaron lo que pudo haber sido una auténtica nacionalización.

Esas modificaciones se centraron en la inserción en el artículo quinto de la Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos de la posibilidad de que las actividades reservadas pudieran ser desarrolladas por empresas mixtas. Desde entonces pudimos experimentar sus nefastas consecuencias, que quedaron de bulto luego con todas las perversidades de la apertura petrolera.

A partir de entonces una gran tarea del debate petrolero nacional debió ser la denuncia de la gran estafa que constituyó la supuesta “nacionalización” de 1976.

Así lo intentó Gastón Parra Luzardo, quien no cesó de escribir, de publicar artículos, ensayos, conferencias, diseccionando la realidad petrolera nacional, descubriendo las trapacerías del poder petrolero y los perversos resultados, nocivos para la Nación pero altamente provechosos para las corporaciones petroleras extranjeras y sus agentes internos, de las políticas impuestas por ese poder.

Es con gran orgullo que rememoro aquí el trabajo colectivo “Incidencia de los Contratos de Tecnología y Comercialización en el rumbo de la industria petrolera nacionalizada”, en cuya redacción participamos, en 1978, junto a los profesores Gastón Parra Luzardo, D. F. Maza Zavala y Francisco Mieres, para denunciar el papel propiciador de la desnacionalización que desempeñaron los primeros contratos de asistencia técnica y comercialización que fueron suscritos en 1975, con la excusa de garantizar la continuidad del funcionamiento de la industria petrolera recién nacionalizada, pero que en realidad constituyeron instrumentos para extender la ingerencia transnacional en esa industria.

Como era de esperar entonces, dada la preeminencia del poder petrolero, los vetos mediáticos y la sordera generalizada convirtieron a Gastón Parra y a quienes le acompañamos, en predicadores del desierto, “profetas del desastre” como anatematizó un Presidente de la República.

Veinte años después, el propio Parra Luzardo hace el balance de ese período:

“A lo largo de estas dos décadas, el poder petrolero, ejercido ahora por PDVSA, ha venido desarrollando y poniendo en práctica toda una política dirigida a profundizar, de manera progresiva, el proceso de privatización de la industria petrolera”.

…toda la economía deberá estar al servicio de los intereses de la globalización y no de la solución de los problemas peculiares y básicos del país…

Es a esta concepción ideológica del “poder mundial” a la cual la clase dominante del país y, en particular, la “meritocracia petrolera”, se aferran en adoptar como único y seguro camino transitable.

Por cierto que, releyendo estas líneas, podremos comprender la virulencia con la cual esa “meritocracia” reaccionó ante el nombramiento de Gastón Parra Luzardo como Presidente de PDVSA. Un nombramiento “contra natura”, como diría algún lúcido analista de ese entonces,“la industria nunca lo aceptará”.

En efecto, y parafraseando lo dicho entonces en un programa de televisión especialmente convocado por el poder petrolero para oponerse a la Directiva encabezada por Gastón Parra, en el cual participaron destacados ex vicepresidentes, gerentes y asesores de la empresa estatal en los tiempos de la apertura: “Han sido siempre enemigos de la industria: Se opusieron a la nacionalización, a los convenios de asistencia técnica y comercialización, a los megaproyectos de la Faja del Orinoco, al Proyecto Cristóbal Colón, a la Internacionalización y a la apertura, ¿cómo pueden ser ahora Directivos de PDVSA?”

El segundo gran momento estelar al cual hacía referencia, trata de la participación de Gastón Parra Luzardo en la Asamblea Nacional Constituyente. Los artículos 302 y 303 de la Constitución vigente son de su autoría. Pero ello no fue un resultado fácil, ni completo. También allí, en la Comisión de lo Económico y Social, se libró el mismo combate: la preservación de la integridad de Petróleos de Venezuela como patrimonio nacional inalienable de todos los venezolanos.

Por múltiples e inesperados flancos llegaban las proposiciones para relativizar el carácter estatal de PDVSA que quedara expreso en la redacción presentada por Gastón Parra. Fuimos testigos de esas maniobras. Fueron días enteros de debates y argumentaciones, con madrugadas de negociaciones trascorrales, donde algunos constituyentes se reunían con bufetes de abogados de larga tradición transnacional, en busca de dar una vuelta a la redacción Parra Luzardo del artículo 303, para dejar viva la posibilidad de una futura privatización de PDVSA.

A la postre, y en nombre de garantizar la “flexibilidad operativa” de la industria petrolera nacional, esos conspiradores del entreguismo lograron imponer una “coletilla” en dicho artículo, en la cual se “exceptuaba” a las filiales de la norma principal que establecía que Estado conservaría la totalidad de las acciones de PDVSA. Quedaba abierta así la posibilidad de que, en un futuro más propicio para sus intereses, PDVSA fuera reprivatizada, por la vía de privatizar a sus filiales y dejarla como un cascarón vacío.

Al recordar estos momentos particulares de su trayectoria, estamos ratificando que Gastón Parra Luzardo nos sigue convocando a mantener en alto las banderas por las cuales combatió y sigue combatiendo, desde las páginas de sus libros y desde los testimonios que seguiremos dando quienes compartimos con él algunas de sus vivencias. La vigencia de su pensamiento y su acción se mantendrá y perdurará en la medida en que perseveremos en la vigilia de los intereses nacionales y en la lucha por satisfacer las más urgentes y sentidas reivindicaciones de nuestro pueblo.

Muchas gracias.
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