jueves, 31 de diciembre de 2009

Apuntes Para Una Discusión


ELECAR, PDVSA: Globalización y Capitalismo Nacional

Carlos Mendoza Pottellá
Jueves, 6 de julio de 2000

A manera de respuesta al artículo "El Fracaso de la propuesta de FUNDAPATRIA" , de Francisco Monaldi. / (Venezuela Analítica, miércoles 17 de mayo de 2000)
La civilización, el desarrollo de tendencias humanistas y los convencionalismos sociales nos permiten olvidar, a veces, la indeseable vigencia de ciertas leyes naturales en el seno de las comunidades humanas. Tal es el caso de la darwiniana ley de la selección natural que dictamina la supervivencia depredadora de los más aptos y fuertes.

Volvemos a la triste realidad cuando presenciamos guerras como la inefable "Tormenta del Desierto" y sus bombardeos "quirúrgicos", la "limpieza étnica" en Bosnia y en Kosovo, o las guerras tribales entre los hambrientos pueblos africanos. Pero, adormecidos como ranas tontas en la seguridad de este "patio trasero" de los amos del mundo, muchos observan esos conflictos como si no fuera con ellos, como cosas que pasan en un mundo lejano y ajeno, donde todavía impera "la ley de la selva", con la misma actitud del televidente que se estremece frente a las escenas que registran el zarpazo de una leona sobre alguna aterrorizada cebra o a una manada de perros salvajes devorando a un indefenso antílope.

Y de repente... ¡¡zas!! con una relampagueante demostración de poder, la corporación norteamericana AES se apodera del 81 por ciento de las acciones de la Electricidad de Caracas, la empresa insignia del capitalismo nacional venezolano. El estupor generalizado en gran parte del sector "moderno" de la opinión pública fue el característico del burro que olfatea al tigre. Muchos de esos cantores de las bondades de las privatizaciones y de la aceptación, sin remilgos ni condiciones, de las leyes del mundo unipolar y globalizado, se quedaron sin habla ante esta contundente muestra de lo que nos reserva tal aceptación. Otros, desde luego, estaban en la movida. Tal como lo demostró una de las más ilustres profetas de la inevitable postmodernidad, miembro destacada de la sociedad civil, promotora de la transparencia electoral, de la competitividad y de los nuevos paradigmas empresariales, Cira Romero, quien ahora aparece abiertamente en su rol de "representante de AES en Venezuela" y, consecuentemente, integrante de la nueva Junta Directiva de la Electricidad de Caracas controlada por ese monopolio transnacional. ¡Una brillante muestra de la verdadera esencia de la "competitividad" en tiempos del fin de la historia!

Pero algunos tuvieron arrestos suficientes para abandonar su prepotente discurso primermundista, privatizador y anti-estatal... para pedir, exigir e implorar, con la alarma y urgencia del caso, la intervención salvadora del paternal Estado venezolano... ¡nacionalizando a la Electricidad de Caracas! Tal es el caso de Francisco Monaldi:

"...se presenta ahora la prueba de fuego de la idea de cambio: Adoptar el laissez faire, aceptando pasivamente la apropiación hostil de nuestra empresa emblemática, o sellar el encuentro nacional mediante una asociación estratégica del gobierno con Elecar"

("La nacionalización de Elecar", en Venezuela Analítica, lunes 29 de mayo de 2000)
Cosas de la vida, que cobra nuestras ingratitudes: el papaíto Estado, que crió y amamantó con los ingresos petroleros a las empresas capitalistas nacionales, que las protegió con barreras arancelarias de todo tipo, que las exoneró de impuestos y las llenó de subsidios y "estímulos", llegó a convertirse en un estorbo para esas empresas, las cuales, en un momento dado de su parasitario "desarrollo", creyeron haber crecido lo suficiente para caminar solas y, por tanto, ya les disgustaba el permanente recuerdo de su filiación respecto al Estado paternal, de su origen y permanente condición como beneficiarios privilegiados de los ingresos fiscales, y fue entonces cuando comenzaron a acusar al padre de "omnipotente". Luego, estimulados por los cantos de sirena del "pensamiento único", avizoraron un mundo ideal, donde ellas, asociadas con los grandes capitales internacionales, se desentenderían de una vez por todas de la pesada tutela estatal e iniciarían el brillante imperio del "libre mercado" en Venezuela.

Comenzaron entonces las campañas aperturistas y privatizadoras. Se comenzó a condenar el atraso ideológico representado en la persistencia en el seno de la sociedad venezolana de tendencias estatistas, socialistoides, rentistas, tercermundistas, populistas, proteccionistas, estructuralistas, justicialistas, redistributivistas, keynesianas, cepalistas, etc., que ponen obstáculos al desarrollo de la libre empresa y a la postmodernidad.

Poco a poco se fue estableciendo una matriz de opinión moderna y liberal. Se popularizaban en los sectores político y empresarial los nuevos paradigmas de apertura, "desregulación", eficiencia, calidad y competitividad, difundidos por epígonos de la modernidad al estilo de Cira Romero. La buena nueva del verbo modernizante se hizo carne en la voluntad política oficial que se expresó en el "Paquete" de Miguelito Rodríguez y así, se comenzó a desmontar el aparato proteccionista estatal... lo cual desembocó, casi inmediatamente, en la desnacionalización y muerte del "capitalismo nacional": Corimón, Indulac, Cervecera Nacional, Frica y el mayor "emporio industrial venezolano", las empresas del Grupo Mendoza: Cementos Vencemos, Protinal, Venepal, etc., son algunas de las más rutilantes joyas de la corona globalizadora, a la que ahora viene a añadirse la Electricidad de Caracas. Todo ello sin mencionar al sector financiero, la más gorda y mimada de las sanguijuelas de la renta petrolera, ahora mayoritariamente -y crecientemente, si consideramos el anuncio sobre el destino del Banco Caracas- en manos de poderosos consorcios internacionales.

No podía ser de otra manera, porque se trataba de un capitalismo de opereta, parásito de los ingresos petroleros y, por tanto, estructuralmente incapaz de asumir los retos descomunales del nada libre mercado globalizado, controlado con mano de hierro por un puñado de corporaciones transnacionales y los estados de los más poderosos países industrializados y toda su corte "multilateral": Grupo de los Siete más uno, OCDE, FMI, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, etc.

Fue por eso que, cuando se dio inicio a una apertura comercial irresponsable e indiscriminada, fundada en una percepción irreal, maniquea, libresca y antihistórica del funcionamiento de los procesos sociales y económicos, las parasitarias criaturas del proteccionismo de la renta petrolera comenzaron a sentir los mismos síntomas que afectan a un morrocoy cuando le arrancan el caparazón.

Podrá entender ahora Francisco Monaldi por qué me opongo a sus funambulescos planes -y a los de Quirós Corradi, Giusti, Sosa Pietri, Calderón Berti y la Corte de los Milagros del IESA- de privatización de PDVSA. Si ese sector empresarial nacional no supo, o no pudo, defender su propio patrimonio privado de la voracidad de los capitales vampiros transnacionales, ¿cómo le vamos a entregar la custodia del mayor patrimonio colectivo de todos los venezolanos?

Repito, ahora coreado y apoyado por la propuesta de nacionalización del Elecar hecha por Monaldi: la única manera de garantizar el aprovechamiento colectivo -por cada uno de los venezolanos que hoy viven y por los que nacerán en un futuro- de los recursos petroleros depositados en el subsuelo de nuestro país, es que la propiedad de los mismos, y de la industria que los procesa y valoriza, se mantenga, de manera decisiva, en manos del Estado nacional.

Ello no significa el mantenimiento de posiciones xenófobas, ni que se niegue la posibilidad de asociaciones con el capital privado nacional o transnacional, de cualquier tipo, que demuestren ser convenientes para el desarrollo de nuestra industria fundamental. Tampoco significa negar el desarrollo de un capitalismo nacional capaz de salir a afrontar los retos de la competencia internacional. Sólo que tales asociaciones y tal desarrollo deben ser evaluados a la luz de los intereses generales de la nación venezolana en el largo plazo.

No tenemos que estar todos de acuerdo con las prefiguraciones que cada uno tenga sobre el mundo por venir, y la organización social que más convenga al país. Cada cual seguirá luchando por la suya, pero el límite de esa diversidad es la integridad nacional: su población, su territorio y su patrimonio físico natural. Desde el soberano absolutista Carlos III, pasando por todas las Repúblicas que en este país han sido, realistas, monárquicos, patriotas, godos, liberales, socialdemócratas, socialcristianos, sin llegar al socialismo, todos han concebido a los hidrocarburos como un patrimonio nacional, soberano, cuyo único garante es el Estado. ¿La fiebre neoliberal puede llegar hasta los extremos de pretender enajenar un patrimonio de proporciones intergeneracionales?

Debo finalmente responder a las insinuaciones de Monaldi sobre FUNDAPATRIA. Creo que las ejecutorias públicas de esa Fundación -de la cual sigo siendo miembro- hablan por sí solas. De ellas me siento orgulloso. Soy co-responsable de las posiciones de FUNDAPATRIA en materia petrolera y por ello, me precio de haber contribuido a frustrar los planes desnacionalizadores de la pasada administración. A través de mis artículos he seguido y seguiré sosteniendo las posiciones que en materia económica y social en general se delinearon en el seno de esa Fundación para la defensa del patrimonio nacional. El intento de vincular las posiciones de FUNDAPATRIA con las lamentables circunstancias que hoy afectan a su Presidente, es el producto de una maliciosa y chantajista generalización de problemas y responsabilidades individuales para intentar descalificar una opinión que no se comparte y frente a la cual no se tienen argumentos contundentes.
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