jueves, 31 de diciembre de 2009

Apuntes para una discusión


Petróleo: El peligroso atractivo de la simpleza interesada

Carlos Mendoza Pottellá

Lunes, 14 de agosto de 2000

Referirse a las complejidades del mercado petrolero internacional puede llevar, muchas veces, al enunciado de un conjunto de lugares comunes. Pero no se puede dejar de hacer mención de ellas cuando evaluamos lo sucedido en ese mercado durante el pasado mes de julio y lo que transcurre de agosto, a partir de la declaración saudita sobre la necesidad de incorporar al suministro petrolero, de manera inmediata, unos 500 mil barriles diarios adicionales.

El objetivo declarado de tal incremento de la oferta, en momentos en los cuales el precio se mantenía sólidamente por encima de los 32 dólares el barril para el crudo West Texas Intermediate (de 32,06$/bl el 27 de junio había pasado a 32,72 el 29 de junio y a 32,50 el 3 de julio), fue el de llevar el precio promedio de la cesta de crudos de la OPEP al nivel de los 25 dólares el barril, punto medio de la "banda" recientemente aprobada por esa Organización como rango ideal dentro del cual debería ubicarse el precio de dicha cesta (22-28 dólares el barril).

Pero, dada la magnitud de la capacidad productiva cerrada y rápidamente disponible en el Reino Saudita, el anuncio de esa voluntad de incrementar la producción, interesadamente amplificado por las agencias de noticias internacionales, provocó una sensible baja en los precios contractuales y en las cotizaciones a futuro del crudo (una caída que para el WTI comenzó en 2,05$/bl el 5 de julio y se amplió hasta 2,8 dólares el 11 de julio, cuando se detuvo) Igualmente, ello dio lugar al surgimiento de preocupaciones entre los productores por un posible colapso de los precios. Desde luego, inmediatamente se hicieron múltiples consultas entre todos los miembros de la OPEP, dentro de las cuales se destacan las gestiones del Presidente de esa Organización, el Ministro venezolano Alí Rodríguez, quien en esos días había iniciado una gira por esos países. Veamos la historia.

Varias semanas antes de la reunión de la OPEP del 27-28 de marzo pasado, se había iniciado la acostumbrada campaña de presiones, amenazas y lamentos, por la insuficiencia del suministro de crudos desde los países miembros de la Organización y por la inconveniencia de los altos precios. En ese escenario fue en el que, el 28 de marzo, la OPEP acordó incrementar su aporte al mercado en 1 millón setecientos mil barriles diarios a partir del primero de abril. Los precios se movieron hacia niveles inferiores durante pocos días, pero poco a poco, debido a la fortaleza de la demanda, se volvieron a colocar en el entorno de los 30 dólares el barril para el crudo WTI. Desde luego, se reanudaron las presiones externas exigiendo a la OPEP la apertura de sus grifos petroleros. Reaparecieron las propuestas de usar las reservas estratégicas norteamericanas y de aplicar, una vez más, la ya bien conocida extraterritorialidad de las leyes internas de ese país; en esta oportunidad, para castigar las restricciones de esa Organización a la "libre competencia", en el mercado más monopolizado del mundo.

Y así fue como, nuevamente, el 21 de junio, la OPEP decidió incorporar 708 mil barriles diarios adicionales a la oferta petrolera. Los precios retrocedieron, pero no lo suficiente para los gustos de los consumidores y peor aún, en pocos días volvieron a remontar la cuesta de los míticos 30 dólares para el crudo WTI, -hasta alcanzar la ya citada cumbre de 32,72$/bl del 29/6- al constatarse que, en realidad, con esta decisión no se incorporaba nueva producción, sino que se legalizaban las cantidades que ya se estaban sobreproduciendo respecto a los niveles acordados el 28 de marzo.

Era obvio que el ambiente de tensión y de presiones se acentuaría, y ello se hizo evidente con el anuncio saudita del 3 de julio. Como ya mencioné, las agencias noticiosas escandalizaron a placer con la noticia, provocando la también citada caída de los precios en más de dos dólares por barril. Luego de la sorpresa inicial se produjeron declaraciones de representantes de los demás países de la OPEP y de la propia Arabia Saudita matizando el sentido de su anuncio. Los días comenzaron a pasar y, después del bajón inicial, los precios del WTI volvieron a alcanzar cumbres cercanas a los 32 dólares (31,94$/bl el 18 de julio)... debido a la falta de noticias que confirmaran el anuncio inicial.

Sin embargo, el tira y encoge prosiguió, y así, el 19 de julio se conocieron informes de "fuentes serias" (según las agencias noticiosas especializadas) de que Arabia Saudita había comenzado a "dejar colar" unos 250 mil barriles diarios hacia los mercados asiáticos... Los precios volvieron a retroceder, llevando al WTI a un piso de 27,4 dólares para el 31 de julio.

Pero en pocos días, en medio de informaciones contradictorias, la ratificación de compromisos adquiridos y otras aclaratorias, la falta de evidencias concretas sobre tales incrementos dramáticos de la oferta, desvaneció el impacto inicial de esa sedicente "noticia" atribuida como siempre a "fuentes generalmente bien informadas": los precios recuperaron su curso ascendente, estimulados por la fortaleza de la demanda y el bajo nivel de los inventarios, sorpresivamente registrado por el inefable American Petroleum Institute. Así, durante la primera semana de agosto los precios del crudo WTI volvieron a las cercanías de los 30 dólares el barril. Cabe resaltar, además, una circunstancia que pretenden olvidar quienes apuestan a la disolución de la OPEP: los precios del crudo se encuentran ubicados, desde el 19 de julio, dentro de los límites de la banda establecida por esa Organización.

Esta evolución contradictoria, de vueltas y revueltas, hace cundir el desconcierto entre los pronosticadores maniqueos, incapaces de discernir entre los diversos tonos del gris. A mi manera de ver y tal como he referido recientemente, ("Balance OPEP: Antes y después del 28 de marzo", Venezuela Analítica, mayo de 2000 y "Cuarenta años de discusiones sobre la OPEP y Venezuela", Venezuela Analítica, junio de 2000), es necesario tomar en cuenta que se trata de un mercado sometido a una conflictiva composición de fuerzas, en la cual predominan los grandes poderes internacionales: los estados más poderosos del planeta -principales y desproporcionados consumidores de los hidrocarburos- y sus corporaciones transnacionales, las cuales controlan los principales mercados y canales de comercialización. Por su parte, la OPEP, cuyos miembros son depositarios de las mayores reservas y capacidades de producción, ejerce una limitada capacidad de maniobra que le permite defender, también limitadamente, los intereses de esas naciones. Las tensiones, las presiones y conflictos de intereses se multiplican y entrechocan, obligando a los miembros de esa Organización a moverse con celeridad, astucia y delicadeza para no ser aplastados por los bloques de poder que quieren imponer el rumbo más adecuado a sus intereses.

Sólo entendiendo la complejidad de estas circunstancias podemos ser certeros al evaluar las potencialidades y debilidades de esa Organización y su capacidad como instrumento colectivo, de unión de débiles frente a poderosos, para permitir, que cada uno de sus miembros reivindique una porción más justa en el inequitativo reparto -dispuesto por los grandes estados consumidores y las corporaciones transnacionales del ramo- de la fabulosa renta petrolera que se genera internacionalmente.

Pues bien, esa percepción de la complejidad es inexistente –¿o es deliberadamente ignorada?- entre los anteriores dirigentes de la política petrolera venezolana. Así por ejemplo, para el momento de la declaración saudita del 3 de julio y, como siempre, aprovechando para intrigar sobre los compromisos de Venezuela en el seno de la OPEP, al presentarnos como un país de tontos útiles al servicio de gobiernos enemigos de nuestros principales clientes, amén de feroces competidores, se levantó un coro de informaciones interesadas, propaladas por los voceros de ciertos sectores empresariales privados, nacionales e internacionales, sobre la pérdida de posiciones en el mercado que generaban los recortes de la producción; el lamentable desplazamiento de nuestro petróleo por crudos más costosos, y toda la gama de argumentos que constituyeron "la verdad petrolera" cuyo predominio, entre 1990 y 1998, contribuyó a llevar el precio de la cesta venezolana de crudos y productos hasta los 8 dólares el barril en febrero de 1999.

Con todo eso se pretendía hacer olvidar la pequeñez de que esos recortes habían permitido triplicar los precios de la referida cesta en menos de año y medio para entonces. Y de que no se trata de un simple dilema entre volúmenes y precios, sino de que, entre otras cosas, ¡válgame Dios, Pero Grullo!, hay que hacer la multiplicación de los volúmenes por los precios en cada una de las alternativas, para poder evaluar cuál es la que genera más ingresos. Pero la obnubilación que produce el interés particular de esos sectores empresariales, encandilados por los beneficios a corto plazo que les puede generar el incremento de las operaciones de producción, les hace ser ciegos y sordos ante cualquier razonamiento basado en el interés general de la Nación venezolana.

Tal es la única explicación que encuentro a la posición de los fracasados dirigentes petroleros de las décadas pasadas, quienes montaron su fiesta por la casi segura desaparición de la OPEP, el fin de la política de defensa de los precios y la reivindicación de sus visiones expansivas a todo trance. Aprovecharon para ello un foro previamente organizado por la Cámara Petrolera en FEDECAMARAS, en el cual intentaron demostrar, una vez más, que para "aprovechar al máximo nuestra inmensa base de recursos" Venezuela debe lanzarse a un agresivo programa de inversiones, porque el nuestro es el país con las mayores reservas entre los miembros de la OPEP y en consecuencia, como es obvio, deberíamos reclamar una mayor participación en el mercado; de no ser satisfecha esa exigencia, deberíamos separarnos de esa incómoda asociación "y sanseacabó", como dijera alguna vez uno de los más ilustres proponentes de estas "decisiones soberanas". Todo ello, adobado además con sus audaces denuncias (y en el caso de algunos ex-gerentes, verdaderas profecías autocumplidas) sobre la incapacidad que PDVSA para satisfacer las continuas exigencias del mercado, debido a que la política de recortes había dañado su potencial productivo. Desde luego, no podía faltar allí la renovación de las propuestas para "desestatizar al Estado" y otros latiguillos del folklore aperturista y privatizador.

En fin, y a mi manera de ver, se trata, por un lado, de escupir al cielo, al bombardear a la asociación que ha permitido la maximización de nuestro ingreso petrolero, y por el otro, de seguir utilizando el recurso falaz y comprobadamente fracasado de contar los pollos antes de nacer, incorporando a la contabilidad de nuestras reservas probadas, hasta duplicarlas, unas supuestas reservas de crudos extrapesados, cuya determinación es toda una exquisitez de la ciencia ficción, al punto de que, a las tasas actuales de producción de Orimulsión, esas reservas nos durarán unos 3 mil años.

Debo reconocer, sin embargo, que lo de la "inmensa base de recursos" es la más popular de las falacias, porque es aquella que estimula la fantasía y la ambición de los crédulos, haciéndolos soñar con los grandes negocios, el empleo masivo y las grandes riquezas que se derramarían sobre este país si se adoptan las políticas expansivas de la producción petrolera. Esa creencia es la que lleva a muchos a lamentarse por "la pérdida de nuestras posiciones en el mercado petrolero norteamericano, donde dejamos de ser el primer proveedor y ahora somos el tercero o el cuarto", como si se tratara de un asunto de "ranking", de alcanzar posiciones en el "All Star" para ufanarnos de ellas y de que queden registradas en los libros de récords, y no de la maximización de nuestros ingresos petroleros de la manera más eficiente posible.

Para mí es increíble, pero parece infinita la capacidad de olvido de algunos, cuando todavía padecemos los desastrosos resultados de las políticas expansivas, aplicadas sin mesura durante la década pasada. Vale la pena pues, traer a la memoria algunas cifras y gráficos sobre estos temas, elaborados en oportunidades anteriores, pero que a mi entender no han perdido vigencia, dada la contumacia expansionista:



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