lunes, 18 de enero de 2010

APUNTES PETROLEROS - Agosto 1998

Petróleo, fracaso gubernamental y coyuntura electoral: mezcla peligrosa

Carlos Mendoza Pottellá
La dramática situación que vive el país por el insondable fracaso de este gobierno en materia de política petrolera (y por ende, en toda la política económica) está comenzando a adquirir visos peligrosos desde el punto de vista institucional. Al inmenso despeñadero de los precios del petróleo al que nos condujeron, entre otros factores, las tercas políticas expansivas de los actuales dirigentes de PDVSA, se añade la circunstancia de encontrarnos con un gobierno que no tiene ninguna posibilidad de rectificar, de cambiar el rumbo enajenado por el cual lo empujó el poder petrolero.
Viernes 28 de agosto de 1998




El peligro mayor reside en la actitud de estos dirigentes, desesperados por marcar el gol de la honrilla, pescando en el río revuelto de los últimos días, tal como lo hicieron en los tiempos del interinato presidencial de Ramón J. Velázquez para imponer la eliminación de los Valores Fiscales de Exportación.

Eso es lo que explica la insistencia del Ing. Luis Giusti, al traer de nuevo sobre el tapete su tesis, políticamente derrotada en intentos anteriores, de la venta de acciones de PDVSA para resolver problemas fiscales. La magnitud del rechazo que provocó en esta oportunidad su exposición ante la Asamblea de FEDECAMARAS fue tal, que se vio obligado a salir, al otro día y actuando él mismo como vocero de la industria, a decir que ésa no era una política oficial. Pero lo hizo con tal nivel de revanchismo que dejó escapar la verdad que tantas veces hemos denunciado: No es necesario vender acciones -total, las uvas están verdes- porque PDVSA ya está siendo privatizada a través de las distintas modalidades de la apertura petrolera.

El grado de desconcierto que priva en los sectores oficiales se puede medir por la declaraciones del Ministro Arrieta: ante la persistencia de las tendencias a la baja de los precios del crudo, que marcaron récord negativo el pasado martes 11 de agosto (9,5 dólares el barril de la cesta venezolana de crudo y productos), aparece al día siguiente dando unas incalificables declaraciones (El Universal, 12/8/98, pág. 1-2):

“Yo debo tener la percepción o la sospecha de que evidentemente existe una sobreoferta” (¿Qué es, por fin: evidencia, percepción o sospecha?) Y, como si ello no tuviera nada que ver, reconoce que “Venezuela ha recortado su producción en unos 450.000 barriles diarios (bpd), cifra que está por debajo de los 525.000 barriles acordados con otros países productores”, para terminar insistiendo, también como que si no fuera con él: “Yo coincido, y hay también un sesgo de sospecha, de que hay una sobreoferta”. Pero Grullo no lo hubiera dicho mejor.

La agudización de la crisis financiera internacional, que parece ser el inicio de una nueva gran depresión, extenderá –según diversos analistas- el período de bajos precios petroleros más allá de tres años. Informes recientes del mercado petrolero norteamericano muestran que las importaciones de crudo, que se habían intensificado en los momentos iniciales de la caída de los precios con el fin de llenar sus depósitos de inventarios con crudos baratos, una vez conseguido ese objetivo, están disminuyendo, en más de un millón de barriles diarios respecto a los niveles del pasado mes de julio.

Sin embargo, nuestros dirigentes petroleros, siguen buscando la justificación de sus fracasadas políticas expansivas, diciendo que la no recuperación de los precios es una muestra de la inutilidad de los recortes de la producción acordados en Riad, Amsterdam y Viena.

Para ello, estimulan a sectores empresariales privados afectados por el frenazo a las planes expansivos para que exijan la restitución de los niveles de producción anteriores. Es así como los directivos de PDVSA han reunido a la Cámara Petrolera, Conindustria, AIMM, Asoquim, Cámara de la Construcción, etc., para firmar un “convenio de optimización de sus relaciones comerciales” (El Nacional, 26 de agosto de 1998, pág. E/2). La reivindicación principal que se asoma en esa información es, justamente, detener los recortes de la producción. En esa misma página del citado diario aparece la recomendación de FEDECAMARAS: aumento inmediato de la producción petrolera.
“Hoy por hoy, no entiendo para qué sirve la OPEP”
“Hay que declarar un estado de emergencia nacional y expresar que no podemos seguir tolerando los recortes que habíamos prometido, para evitar que siga profundizándose la crisis”.
Luis Eduardo Paúl, Presidente de la Cámara Petrolera
(El Universal, 17 de Agosto de 1998)

“La implementacion de los recortes ha sido un error. Se basa en un criterio fiscal que busca aumentar los precios, pero no toma en cuenta que la industria petrolera es un factor que dinamiza la economía”.
Juan Francisco Mejía, Presidente Ejecutivo de Conindustria.
(El Nacional, 26 de Agosto de 1998, pág. E/2)

“...planteamos la conveniencia de aumentar de inmediato nuestra producción petrolera, revirtiendo la política de reducción que se ha manejado en los pasados meses...”
Francisco Natera, Presidente de FEDECAMARAS  
          .(El Nacional, 26 de Agosto de 1998, pág. E/2)

Realmente, parece increíble tanta ceguera. En medio del naufragio, estos señores siguen exigiendo que sus cubiertos sean de plata y que se le eche más leña al fuego.

Se puede entender el drama particular de decenas de empresas, vinculadas a las operaciones de la industria petrolera, que se comprometieron financieramente ante la magnitud de los planes expansivos y ahora, ante el fracaso de las desmañadas políticas que condujeron a la zambullida de los precios, quedaron colgadas de la brocha: Miles de trabajadores petroleros cesantes, empresas contratistas con dificultades en sus flujos financieros y proveedores que no encuentran salida a sus onerosos inventarios, son las realidades que impulsan tales peticiones. Pero la solución de sus problemas no puede ser la vuelta a los niveles productivos que contribuyeron decisivamente al desplome de los precios.

Pues bien, la conducta de los actuales dirigentes petroleros oficiales, estimulando peticiones inviables del sector privado y proponiendo la privatización de PDVSA como remedio para todos los males, es un real y tangible peligro para el futuro del país. Constituye un elemento de juicio para exigir a este gobierno moribundo que asuma esta última condición y, al menos por una vez, actúe responsablemente para preparar las cuentas que pronto deberá presentar.

Pero, como no se le pueden pedir peras al olmo, es necesario alertar a la opinión pública, a los sectores responsables de la misma, para que se mantengan vigilantes ante las posibles “ocurrencias” de este gobierno de salida que pretendan comprometer a una futura gestión e impedir el necesario cambio de rumbo que la Nación está exigiendo. En un país acostumbrado a las trapacerías de la justicia vacacional, no es de extrañar que éste, un gobierno ya “accidental”, tome decisiones que amarren las manos de la próxima magistratura.

Nada tendría de extraño, porque la campaña del poder petrolero para imponer condiciones favorables a sus particulares intereses en materia de política petrolera se mantiene viento en popa: No pasa un día sin que por cualquier medio de comunicación salgan llamados corporativos, de asociaciones empresariales y gremiales, amén de individualidades y expertos, clamando por la privatización de PDVSA, la salida de la OPEP y el mantenimiento de las metas del plan de expansión petrolera contra viento, mareas y realidades. Están en su Ley. Defienden sus legítimos y particulares negocios. Pero esos negocios tienen un campo de acción limitado por las también particulares aspiraciones de los otros 23 millones de venezolanos y por algo que algunos denominamos los intereses colectivos: los intereses de la Nación, los intereses del país.
Publicar un comentario