viernes, 15 de enero de 2010

DOCUMENTOS DEL BLOG FUNDAPATRIA - Comunicado Petrolero Nº 7 - 20/6/98

TODAVIA PODEMOS SALVAR A VENEZUELA DEL DESASTRE DE LA ACTUAL POLÍTICA PETROLERA

Las naciones industrializadas -como desarrolladas que son- están estrechamente unidas entre sí a través de una serie de organizaciones internacionales, perfectamente estructuradas y coordinadas. Entre otras, la OECD que las agrupa; el Grupo de los Siete (G-7); la Agencia Internacional de Energía (AIE), promovida en 1974 para hacer frente al poderío de la OPEP; la Organización del Atlántico Norte (OTAN); y asimismo la Organización de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en los cuales también participa, nominalmente y pagando sus respectivas cuotas de mantenimiento, el resto de las numerosísimas naciones del Tercer Mundo, pero que son controladas por el puñado de naciones poderosas, para dominar el mundo política, económica y militarmente, en desmedro frecuentemente de las primeras. Y, cuando existe el “riesgo” de que las naciones “tercermundistas” -o un grupo de ellas- puedan organizarse internacionalmente en defensa de sus intereses, las poderosas neutralizan estos esfuerzos. Ello pudo comprobarse claramente en los años ochenta, cuando unos cinco o seis países latinoamericanos, agobiados por el peso de la deuda externa promovida por los bancos de las naciones industrializadas, con la connivencia corrupta de los gobiernos de aquéllos, dichos institutos financieros y sus países de origen se opusieron tenazmente y con éxito a la formación de un “club de deudores” y en cambio crearon, también con éxito, organizaciones internacionales que agruparon a miles de bancos acreedores (bajo la denominación de “sub-comités de la deuda externa”), los cuales impusieron a nuestros países condiciones de refinanciamiento que hoy nos asfixian. Los pocos intentos de organización internacional de los países sub-desarrollados, como el grupo de Naciones No Alineadas (“UNCTAD”) fracasaron, en parte por las manipulaciones en contra de las naciones desarrolladas (cuyos órganos de comunicación social observaron su “inoperancia”, una vez concluída la guerra fría) y en parte por la falta de visión y solidaridad característicos del subdesarrollo de sus miembros.


Pero hubo un caso, una luminosa excepción a esta regla general del sub-desarrollo, quizá único en el mundo y en la historia ancestral de la “dependencia (término -léase bien- mucho más vigente hoy que cuando sus voceros lo promovían con libertad en los años sesenta). Ello ocurrió cuando un pequeño grupo de naciones subdesarrolladas pudieron -temporalmente- imponerse a las naciones poderosas. Fue este el caso de la OPEP, promovida en 1960 por un ilustre venezolano, Juan Pablo Pérez Alfonso, quien -léase bien, de nuevo- con una visión de futuro, que la coyuntura petrolera de hoy demuestra su vigencia, supo unir a los cinco países subdesarrollados más grandes exportadores de petróleo, para defender los precios de ese producto esencial para el funcionamiento de las grandes naciones. Y evitar así que, respecto al petróleo, se repitiera la historia de siempre: que los países poderosos alimentan su desarrollo a base de las materias primas que venden a precios deprimidos las naciones subdesarrolladas. Tuvo éxito la OPEP a partir de 1973. Es cierto que las circunstancias internacionales le fueron propicias; pero, existía esta organización, y supo aprovecharlas.


Pero el pequeño grupo de grandes consumidores, ante este golpe “insólito y sin precedentes”, decidió destruir a la OPEP (“la pondremos de rodillas”, clamó el Presidente Reagan); o al menos neutralizar su acción, como ha venido ocurriendo. Y fue así como esos países -además de disminuir su consumo y desarrollar nuevos centros propios de producción facilitados por los elevados precios impuestos por la OPEP- emprendieron dos estrategias básicas: por una parte, penetrar el mercado petrolero, despojarlo de sus características tradicionales, desnaturalizarlo, y convertir la comercialización de este producto en uno o más de esos “commodities” que, como los granos, se transan en mercados de materias primas a través de una multitud creciente y altamente especulativa de operaciones, especialmente a futuro, que han sido divorciadas del volúmen real de las correspondientes transacciones físicas de compra-venta. Esta transformación de la comercialización petrolera mundial, movilizada en las grandes bolsas altamente especulativas de productos (“commodities”) norteamericanas y de Londres, era ya una realidad en los primeros años de la década de los ochenta. Y por otra parte, se infiltraron en las entrañas mismas de la OPEP, penetrándola a través de algunos de sus miembros.


Existen evidencias de que en 1974 -en pleno embargo petrolero de los países árabes al occidente- los gobiernos de Arabia Saudita y los Estados Unidos estaban inmersos en una intensa colaboración financiera, la cual constituyó la base para la recirculación de los petrodólares, que dió origen a inmensos préstamos por los bancos de las naciones industrializadas a los países del Tercer Mundo y creó la bomba de la deuda externa que comenzó explotando en México en agosto de 1983. Esa estrecha relación entre Arabia Saudita y los Estados Unidos se fue ampliando luego al ámbito petrolero y dió lugar a que esa nación árabe - la mayor exportadora de la OPEP y del mundo-


fuera la responsable fundamental del derrumbe petrolero de 1986, al imponer, en ese año una política expansiva para recuperar mercados, que concluyó con la destitución del Ministro Yamani. En vista de la hecatombe, en diciembre de ese mismo año, la OPEP ratificó el sistema de cuotas, estableciendo una meta de precios para el crudo liviano de 18 dólares el barril. Sin embargo, Arabia Saudita propició, en los años subsiguientes, a través de sus estrechos aliados en la Organización -Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos- la sobreproducción por parte de éstos últimos, en los comienzos de los años ochenta, en abierta violación de las cuotas convenidas con todos sus colegas en el seno de la OPEP. Este saboteo de las cuotas de la organización puede apreciarse en el cuadro siguiente:


VIOLACIONES DE LA CUOTA OPEP
( Miles de Barriles Diarios)

    Emiratos AU Kuwait Arabia S. TOTALES


1987   516       613         26   1.155


1988   517       496        743   1.756


1989   755       704        355   1.814


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Estas violaciones, conformaron un exceso de suministro al mercado que mantuvo la debilidad de los precios y colocó a diversos países productores en situación crítica. Ello fue esgrimido por Irak como una excusa para su invasión a Kuwait, al afirmar el dictador Saddam Hussein, con razón, que la guerra no se hacía sólo con cañones, sino también con la sobreoferta petrolera que estaba dañando a la economía de su país.

La conducta de estos reinados y emiratos - en encubierta connivencia con los Estados Unidos - obviamente fue una traición contra sus colegas de la OPEP, incluyendo a Venezuela. Pero debe observarse también que los monarcas de esos reinados y emiratos buscaban a cambio de su turbia acción, algunos beneficios para sus países, como la defensa de su territorio por parte de los Estados Unidos y aliados, frente a eventuales apetencias de Irak y, eventualmente, Irán. Ello quedó claramente demostrado durante la llamada “Guerra del Golfo” de 1990-91.


Pero a partir de la presente década y muy especialmente en los últimos cuatro años, ha ocurrido un hecho insólito: en una “democracia institucionalizada” como Venezuela, su cúpula dirigente petrolera, con el obvio apoyo del Ejecutivo, quizá desconocedor en parte (con excepción hecha del Ministro Arrieta) del alcance de los designios de los primeros, decide participar y completar con creces la faena de Arabia Saudita y de sus seguidores (Kuwait y Emiratos Arabes Unidos) y continuar -en grande- el saboteo de la OPEP, en perfecta armonía con los intereses de los Estados Unidos que han abierto las puertas de su mercado a PDVSA, la cual ostenta ahora el honor de ser el primer suplidor de dicho mercado, desplazando a la Arabia Saudita. Venezuela ha venido efectuando en los últimos años una sobreproducción petrolera que significa una extraordinaria violación de sus cuotas convenidas con la OPEP, que se acercó en el último año al millón de b/d:



VIOLACION DE LA CUOTA OPEP POR VENEZUELA
        (Miles de Barriles Diarios)


            1995    351


            1996    654


            1997    916


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Esta acción de nuestra dirigencia petrolera ha sido factor principal del derrumbe de los precios que han descendido, en términos nominales, por debajo de los prevalecientes en 1974, o sea a un nivel inferior a los 9 dólares. En términos reales, la caída es aun más dramática, estando de vuelta a los deprimidos niveles de los años sesenta que forzaron la creación de la OPEP. Este es, precisamente, el estrepitoso fracaso previsto en anteriores Comunicados Petroleros de FUNDAPATRIA. Ese fracaso es consecuencia -como lo viene afirmando FUNDAPATRIA- de la insistencia de la cúpula de PDVSA en su política negadora de la OPEP, y en la búsqueda de un imposible “Acuerdo OPEP No-OPEP” como es el que se intentó en Riad en marzo, y luego en Amsterdam en mayo de este año. Pero tiene su génesis real en un profundo desconocimiento de las leyes elementales de la economía. Desconocimiento del que hace gala Luis Giusti cuando declara que “ha quedado demostrada la fortaleza petrolera de Venezuela porque todos nuestros barriles están siendo colocados en el mercado” (El Nacional 17/6/98, pág. E-1). Definitivamente, si tal es el criterio del Presidente de Petróleos de Venezuela, jamás podremos esperar una rectificación, porque está mentalmente imposibilitado para entender que es, justamente, esa colocación de “todos nuestros barriles” la que mantendrá deprimidos los precios hasta más allá del año 2000. Este es el mismo tipo de razonamiento absurdo que ha dado lugar a políticas infructuosas como la del famoso “trato hemisférico” o el “diálogo entre productores y consumidores”, es decir, mecanismos con los cuales se pierde la fuerza de ser un polo del mercado, el de la oferta, y se dejan encandilar con la “tecnología” del otro polo, el de la demanda, el cual sí obtiene para sí, taimadamente, lo que quiere: precios bajos.

Esta situación representa una tragedia para Venezuela, pues no solamente está precipitando la ruina del Estado, sino, mucho peor aun, la del pueblo venezolano. Y para colmo, lo extraño de todo ésto es que esa “política” de nuestra dirigencia petrolera, que está arruinándonos, aparte de la irracional traición a la OPEP, no conlleva -como en el caso mencionado de Arabia Saudita y de sus dos aliados- ningún beneficio para los venezolanos, la nación o el Estado. Quedará entonces por aclarar cuáles beneficios puede producirle a la cúpula petrolera nacional, la cual ha manifestado cínicamente que las dos tímidas reducciones de nuestra producción antes aludidas acordadas recientemente por Arabia Saudita, Venezuela y México, principalmente, en ningún caso afectarán a los nuevos “socios” extranjeros de PDVSA, sino a dicha corporación.

Invitamos a los venezolanos que no están vinculados ni comprometidos con esta trágica “política petrolera” (que puede costarle este año ingresos de divisas al país y al fisco, de unos de 5.000 a 6.000 millones de dólares y de 3 a 3,5 billones de bolívares, respectivamente, con todas sus consecuencias sociales, económicas y políticas, y que ya hicieron polvo los $ 3.000 millones que ingresaron al Estado como adelanto por la entrega ilegal y perjudicial de los ocho bloques bajo el régimen de “ganancias compartidas” y de los veinte convenios operativos), pero que acompañan, en su carácter de comunicadores sociales, o de líderes políticos o de simples “compañeros de ruta”, a la “apertura petrolera”, a que reflexionen sobre esta situación y su alcance destructivo para nuestra patria. Y asimismo, invitamos a los venezolanos que creen que pueden subir de categoría y dar el “gran salto hacia el desarrollo”, sirviendo incondicionalmente los intereses de las transnacionales y de los países industrializados (cuyos dirigentes en el fondo los desprecian a pesar de los servicios que puedan prestarles), a que estén muy pendientes sobre la acción que desplegarán nuestros representantes petroleros (a quienes da grima el sistema de cuotas petroleras), en la próxima reunión de la OPEP que se realizará entre el 24 y el 26 del presente mes de junio, porque el país está en juego.

Nuestros dirigentes petroleros, como no quieren saber nada de esa “demodé” y “tercermundista” y “obsoleta” Organización, y mucho menos de cuotas petroleras, han venido recurriendo al artificio de “convenios de reducción de producción” entre países OPEP y no-OPEP. Es curioso que en esta “ nueva política” sus socios sean precisamente la Arabia Saudita, miembro de la OPEP cuyo rol histórico ya analizamos, y México, no miembro de la OPEP y país otrora nacionalista (como reacción principalmente al despojo de más de la mitad de su territorio por parte de su gran vecino), pero que desde hace unos cuantos años entregó la guardia y hoy su política obedece a los lineamientos trazados desde el norte.

Ya hemos visto los resultados desastrosos de esos convenios de reducción petrolera entre países OPEP y no-OPEP. Ante la presente hecatombe petrolera y por lo tanto económica que enfrenta el país, sólo resta recurrir a la única organización que cuenta -la OPEP- que es la única que podría y debería decidir retirar ya cantidades substanciales del mercado a través de cuotas a respetarse escrupulosamente, para elevar así, también substancialmente, los precios. Sólo así, pensando en los intereses de Venezuela, sin el deslumbramiento “primermundista” desnacionalizador e insensible a la pobreza creciente de la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, y recurriendo a la organización y a los poderosos instrumentos de que dispone la OPEP, podremos comenzar a reconstruir nuestras finanzas; y, por lo tanto, a nuestra patria. Venezuela tiene que recuperar su credibilidad y su prestigio en el seno de la OPEP. Hoy, tal como lo revelan las acusaciones de Irán (El Nacional 17/6/98, pág. E-1) los miembros de la OPEP hoy desconfían de las intenciones de Venezuela, porque saben de sus trampas y argucias para no cumplirlas, tal como fuera denunciado FUNDAPATRIA en su Boletín Petrolero de Prensa Nº 1 (Quincenario FUNDAPATRIA 15.5.98, pág. 6), sobre el uso de los inventarios para no disminuir el suministro a los mercados internacionales, lo cual explica -de paso- cómo es que “seguimos colocando todos nuestros barriles”, según lo declarado por Giusti.


¡Estemos atentos!

Para salvar a Venezuela de los desastrosos resultados de la actual política petrolera es urgente, como lo ha venido planteando FUNDAPATRIA, el reemplazo de la dirigencia petrolera.

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