lunes, 14 de marzo de 2011

Memorias de la prédica en el desierto (I)

En el espíritu general de este blog, de reiterar posiciones asumidas en décadas pasadas. En testimonio, también, de que no fueron escuchadas por sus destinatarios.
CMP 14 de marzo 2011

 Se acabó el parasitismo
de la renta petrolera


Revista "Punto Socialista N° 4 - Agosto 1983
Carlos Mendoza Pottellá



Es evidente que, como partido con auténtica vocación de poder, el Movimiento Al Socialismo debe tener respuestas concretas para las urgencias coyunturales. Pero es ineludible que esas respuestas se correspondan con su condición de fuerza inequívocamente socialista. Todas las proposiciones del MAS tienen que prefigurar una voluntad política de transformación estructural, desde sus cimientos del sistema económico social imperante.
Es por ello que no concebimos dos discursos divergentes, uno coyuntural y otro para el largo plazo y no compartimos la idea de que debemos sumergirnos en el campo de las manipulaciones financieras y monetarias prescindiendo o disimulando nuestras concepciones globales. Mucho menos si consideramos que los largos plazos comienzan hoy y no pueden convertirse en una suerte de horizonte eternamente inalcanzable.


Tal es la orientación de la exposición que hacemos a continuación, para cuyo desarrollo utilizamos en extensas formulaciones hechas originalmente por el profesor Francisco Mieres en “Hacia una Sociedad Independiente y no Petrolera” y que aparecen parcialmente recogidas en la Revista Resumen No. 500.


El primer elemento a tener en cuenta a la hora de formular alternativas de política económica para la Venezuela actual es la constatación de que el país se enfrenta al definitivo colapso de una economía fundada en el parasitismo de la renta petrolera. Ese derrumbe previsto por algunos estigmatizados “profetas del desastre”, pero sorpresivo para quienes se hacen ilusiones desde los tiempos de “la gran Venezuela”, con una supuesta superación del subdesarrollo y la entrada triunfal de Venezuela al exclusivo círculo de países “modernos”, se manifiesta entre otras cosas en: 1) la desaceleración y caída de las tasas de crecimiento del producto territorial bruto, 2) el deterioro persistente del ingreso real de la mayoría de la población, 3) la reducción de la capacidad del gasto público para inducir el crecimiento económico y 4) la postración de la inversión privada.


Todas estas manifestaciones críticas están determinadas, en última y no muy lejana instancia por un proceso degenerativo que afecta al corazón de esta economía artificial, la industria petrolera, que se expresa en la declinación persistente, por más de una década, de la rentabilidad endógena real de la industria petrolera. (Mieres, loc. cit.)






Esa declinación es el resultado, en primer lugar, del agotamiento de los yacimientos petroleros convencionales, al cabo de más de 70 años de saqueo indiscriminado. Agotamiento que se manifiesta en una tendencia, contenida a duras penas, a la caída del potencial productivo, y por ende, a la elevación de los costos unitarios reales. Vale la pena señalar, de paso, que las expectativas de costos son mucho mayores en el área que se perfila como relevo de los viejos yacimientos: la Faja Petrolífera del Orinoco.


Viva expresión de este proceso evolutivo es la intensa campaña actual de Petróleos de Venezuela para demostrarle al país que las necesidades de la industria son cada día mayores y que se deben multiplicar los sacrificios fiscales si se quiere mantener con vida la menguada gallina de los huevos de oro, porque ya el petróleo no alcanza para todo.


Pero esa declinación de la rentabilidad del petróleo se produce también por el éxito de los países consumidores en sus políticas de ahorro energético, con las cuales han producido una modificación tecnológica que ha modificado sustancialmente el aprovechamiento de cada barril de petróleo y producto utilizado, disminuyendo sensiblemente los coeficientes energía/producto y avanzado en la sustitución del petróleo por otros energéticos. Todo ello unido a una concertada estrategia anti-OPEP, fundada en las propias debilidades de la organización que permitieron la acumulación de inventarios estratégicos que hoy son utilizados para debilitar aún más los precios y colocar a los países miembros de la OPEP en la condición de suplidores marginales, de última instancia.


El impacto de esas políticas se acentúa porque se generan en el marco de una crisis económica de magnitudes globales y de larga data por efecto de la cual las tasas de crecimiento de los principales países consumidores de petróleo se mantienen en niveles muy bajos. En el ínterin se consolida la reestructuración tecnológica a que hacíamos referencia y ello impedirá la vuelta a los niveles anteriores de consumo petrolero cuando se produzca la tan esperada reanimación de la economía.


Con tales elementos en cuenta es que afirmamos que son estériles los sueños de un nuevo “boom” petrolero que nos salvará en el último momento. Por tanto, debemos encarar desde ya la remodelación de la economía nacional, proponiendo medidas que abran el camino hacia una mayor emancipación, el autoabastecimiento, la austeridad y la redistribución social. Primera exigencia de ese camino es la maximización del rendimiento neto de la industria petrolera para poder cubrir los requerimientos de inversión implicados en el mismo.


Con lo dicho dejamos resumidos el diagnóstico y la concepción global que inspiran las propuestas de acción inmediata que a continuación detallamos.


*Reajustar drásticamente el gasto y la inversión públicas, en particular en la industria petrolera y en las industrias exportadoras y despilfarradoras de energía barata –hierro y aluminio fundamentalmente-


*Devaluar abiertamente y poner en práctica un efectivo control de cambios.


*Control de precios.


*Reestructuración del sistema bancario y financiero.


*Reevaluación del salario real de los trabajadores.


*Reforma tributaria.


*Modificación de las prioridades de financiamiento, privilegiando a la agricultura y a la industria nacional no importadora.


*Remodelación ecológica y energética de las actividades de producción, consumo, transporte y urbanización.


*Colonización agrícola y forestal, pesca y cría. Recuperación ambiental.
CMP










Revista "Punto Socialista" - N° 4 -  Agosto de 1983

En el espíritu general de este blog, de reiterar posiciones asumidas en décadas pasadas. En testimonio, también, de que no fueron escuchadas por sus destinatarios. 
CMP 14 de marzo 2011
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