domingo, 17 de diciembre de 2017

Consideraciones Mendoza Pottellá



Consideraciones sobre  
la industria petrolera venezolana
y sus perspectivas
a corto y mediano plazo



Carlos Mendoza Pottellá
 Diciembre 2017



Preámbulo

La industria petrolera venezolana atraviesa en los actuales momentos por un conjunto de circunstancias críticas de orden interno y externo, nacionales e internacionales. La evaluación de esos escenarios conflictivos y sus consecuencias para la vida económica y política del país debe ser una tarea colectiva, de todos los venezolanos en capacidad de aportar elementos para la construcción de una visión certera de la realidad, o lo más cercano a ella, que fundamente las decisiones políticas y económicas requeridas para la superación de la crisis y el logro de los objetivos nacionales de progreso social, espiritual y material de nuestra población.

En este sentido, asumiendo esa obligación desde mi particular visión profesional y política, he elaborado, en el transcurso de este año, un conjunto de materiales –presentados en este blog y publicados en la Revista Síntesis y en el portal web Aporrea.com- en los cuales pretendo exponer aspectos sensibles de la realidad contemporánea de nuestra industria petrolera y, de manera particular, un intento de evaluación de las posibilidades reales de crecimiento y desarrollo de la producción petrolera nacional, en abierta negación de sueños irrealizables fundados una exagerada cuantificación de nuestras reservas probadas.

Previamente, sin embargo, quiero hacer mención de una dimensión que generalmente se obvia, supuestamente por sobreentendida, en los planteamientos sociopolíticos y económicos: la dimensión ética, la cual se encuentra justamente en cuestión en nuestros días.

Apelo para ello a un texto de 2016 elaborado a propósito del inicio de un seminario en la Escuela Venezolana de Planificación sobre las características de la formación social capitalista imperante y los retos que se plantean quienes pretenden crear una nueva sociedad, fundada en la igualdad, la justicia y la solidaridad, en particular, la  fundamentación ética de esa construcción:

Conciencia social y ética socialista frente a la racionalidad económica capitalista

En Los cuentos del Arañero, narra Chávez su reencuentro con un campesino: “Entonces él muy alegre me dice: “Hugo, te  doy las gracias”. “¿Por qué?” “No, ya yo me arreglé”. “¿Qué es eso, qué significa?” “Bueno, el tractor que me prestaste.” Yo no se lo presté, se lo prestó el gobierno revolucionario, yo ni sabía que a él le habían prestado un tractor a crédito. Ahí me detengo, lo agarro por el hombro y le pregunto: “¿Qué es lo que has hecho con el tractor?, ¿cuántas hectáreas has sembrado?” “No, yo ahora no siembro, chico. Ahora lo que hago es alquilar el tractor y me he ganado ya como veinte millones de bolívares, compré una casa nueva, ahora soy rico”. Fíjense la parte de la conciencia, él cree que eso es bueno. Yo lo regañé y le dije: “Tú eres un…”. Bueno no voy a decir la palabra. “¿Cómo tú vas a hacer eso?” Estaba explotando a sus hermanos porque tenía un tractor. Lo mismo que a él le hicieron durante mucho tiempo los dueños de la máquina, que le alquilaban el tractor y le quitaban un ojo de la cara, y todo el dinero, toda la ganancia se la llevaba el dueño de la máquina. Y esos campesinos trabajando toda la vida y nunca salieron de la miseria, esa es la verdad, ese es el capitalismo, esa es la perversión del capitalismo”.
Luis Britto García, “Regalos sin Navidad” en  www.eljoropo.com, diciembre 2015.

Ante la necesidad de aportar una explicación a la derrota electoral bolivariana de ese año, el Profesor Britto García apela a la anterior cita de Los Cuentos del Arañero. Debo decir que esas consideraciones me llevan a colegir que tanto el citado como el que cita subestiman el peso de 500 años de racionalidad económica capitalista. Dejan de lado, sin espíritu autocrítico, la evidente circunstancia de que en estos años de intento de construcción de un socialismo renovado, del Siglo XXI, el mensaje redentor, de conciencia y justicia social, de solidaridad y de todos los valores que se asocian al pensamiento socialista ha sido superado con creces por la cultura del emprendimiento individual y egoísta, promovida cada día con mayor intensidad y por novedosos medios de manipulación de la conciencia colectiva.

Lo peor es que a esa superación negativa han contribuido muchos de los pretendidos constructores socialistas, la mayoría por ignorancia y no pocos por malicia y aplicación, precisamente, de la racionalidad capitalista imperante en el entorno para el beneficio personal.

El dictum neoliberal según el cual no hay otro mecanismo más eficiente que el mercado para la asignación de los recursos escasos no ha podido ser desmentido por una planificación pretendidamente socialista que intenta eludir las complejidades de la realidad y dar saltos en el vacío, a menudo haciendo aguas en escenarios fantasiosos, como es evidente en nuestra industria petrolera, que lleva 11 años programando incrementos de la producción hasta 6 millones de barriles diarios, mientras que presenta desde entonces una real declinación anual de ese indicador. 

Mucho menos posibilidades tienen los sueños preindustriales con el conuco como modelo de organización de la producción rural.

Para los creadores del pensamiento socialista contemporáneo,  desde hace más de siglo y medio, la construcción del socialismo pasa por la superación positiva del capitalismo, por el desarrollo de las fuerzas productivas y la conciencia del poder de las clases trabajadoras. Muchas cosas han sucedido desde entonces, entre ellas los fracasos de esa construcción en sociedades preindustriales. Pero los sueños con una sociedad más justa que el capitalismo depredador, el cual concentra las riquezas de la humanidad en un ínfimo porcentaje de ella, continúan inalterables y vigentes.

Por todo ello, la consolidación de una ética y pensamiento socialistas sigue siendo una tarea por cumplir para quienes seguimos sosteniendo esos ideales. Pero, por eso mismo, por ser una tarea pendiente, no cumplida y muy lejos de serlo, dado el comportamiento de los que se proclaman socialistas, no podemos cargar las culpas de la inexistencia de esa ética y pensamiento, sobre los agentes económicos activos, compelidos a actuar según la racionalidad vigente, so pena de ser aplastados por las fuerzas del mercado.

Volviendo a la cita que encabeza este artículo, podemos analizar unas hipotéticas circunstancias del beneficiario del tractor:

Siendo propietario de una parcela de 10 hectáreas, se encuentra en posesión de un medio de producción suficiente para trabajar 100 hectáreas. ¿Qué debe hacer después de preparar su parcela, teniendo disponible el 90 por ciento de la capacidad de esa maquinaria?  La respuesta es obvia, si en su vecindario hay otros productores que no poseen ese recurso. No se trata, simplemente, del afán de lucro y explotación, o de que a la oportunidad la pintan calva. Es, en términos de cualquier economista, utilización eficiente del recurso.

En este caso, la asignación ineficiente fue hecha por el Estado. Si se quería evitar la explotación de unos sobre otros, ha debido hacerse una asignación colectiva, evaluando los requerimientos generales. Y aquí entramos en uno de los nudos gordianos de la cuestión: ¿Con cuáles criterios de eficiencia, justicia y oportunidad se realiza esa asignación? ¿Cuál es la incidencia de métodos corruptos y clientelares en ese proceso?

Otro aspecto de la cuestión es que, en un espacio socioeconómico en el que privan los valores capitalistas, la búsqueda del lucro, en sí misma y mientras no transgreda las leyes vigentes, no es un delito punible aunque pueda ser  poco presentable entre promotores del socialismo. Y ese comportamiento es más difícil de objetar en un ambiente en el que cualquier trámite, permiso, alcabala, entrada o constancia se convierte en una oportunidad para el lucro ilegal de personeros del Estado en todas sus instancias. Los ejemplos sobran, como cuando se escuchan testimonios sobre el costo efectivo de la asignación en usufructo de una vivienda, construida con fondos públicos, supuestamente gratuita, y el posterior reclamo clientelar cuando se evidencia un comportamiento electoral “desleal”.

La ética comercial capitalista está en el ambiente, rezuma por todos los poros de esta sociedad, la ética socialista tiene que ser promovida, justificada por la acción ejemplar de sus promotores y de hecho, impuesta por medios educativos legales y reglamentarios, antes de convertirse en cultura colectiva, moral pública y conciencia social.
  Febrero 2016



Apuntes para un programa de política petrolera nacional [1]

El primer acto revolucionario en materia  de política petrolera es el combate a la ignorancia en esta materia. Masificar la información sobre el tema para que sea realmente democrática la toma de decisiones  y poder combatir todos los mitos y falacias imperantes, generadas por los distintos grupos de intereses nacionales e internacionales que se mueven en torno a los hidrocarburos y que se han instalado en la mente de los venezolanos como verdades irrefutables.

Justamente, el primero de esos mitos es el de que somos una potencia petrolera y que nuestro destino será siempre ese, extractor de un material precioso y generador de una inmensa y eterna renta.

Al respecto, es indispensable el estudio de la estructura y relaciones de la industria petrolera mundial, su génesis histórica y sus perspectivas presentes y futuras. La posición de nuestro país en esa historia y en el desenvolvimiento futuro de una industria condenada a minimizarse en el largo plazo por su papel en la generación de gases responsables del efecto invernadero.

Las política de producción y desarrollo de la industria petrolera venezolana tiene que formularse dentro de un panorama global en donde se enfrentan los intereses de muchos centros de poder y en especial el del capital financiero internacional, máxima expresión del capitalismo contemporáneo y determinante de los nuevos rumbos del desarrollo industrial, que exprimirán, mientras sea posible, los yacimientos petroleros más eficaces.

Precisamente, los yacimientos petroleros venezolanos no se encuentran entre ellos. Las perspectivas, a mediano plazo, son de un difícil estancamiento de los niveles de producción y una tendencia indetenible a su disminución, tanto por la declinación de los campos convencionales que ubicaron al país como fuente principal de petróleo a nivel global desde 1925 hasta nuestros días, como por la inviabilidad en el mediano plazo, en términos de precios y costos, de un relevo garantizado por la expansión  de los campos de la Faja de Orinoco.

Aunque esta pueda ser una visión pesimista, si se consideran los delirios extractivistas, tales son los retos que debe enfrentar una política económica realmente revolucionaria y que pretenda construir un país realmente productivo, creador de valor y no beneficiario o parasitario de una renta producto de la fertilidad petrolera del suelo venezolano.

En definitiva, no se trata de una simple política petrolera, de expansión a todo trapo de la producción, independientemente de las restricciones que imponen los mercados, entre las cuales la principal es la de renuncia a nuestra soberanía sobre los recursos minerales del país, sino, precisamente de cómo afrontar las realidades contemporáneas en esta materia y, sobre todo, cómo construir las bases de una Venezuela post-petrolera y no extractivista.


Un planteamiento fundamental que creo indispensable hacer, dentro de un conjunto de proyectos que puede encarar nuestra industria petrolera, es la consideración del  desarrollo de los yacimientos de gas natural, asociado y no asociado, como una prioridad nacional.

Es urgente  hacer realidad una planificación ya largamente pospuesta, que se ha expresado  en  varios proyectos en desarrollo y distintas fases de ejecución,  que es necesario acelerar, amén de los nuevos proyectos que tienen que plantearse en de las nuevas localizaciones, pero descartando las pretensiones que desborden nuestra capacidad financieras.

El gas es vital y es urgente extraerlo para ayudar a la producción petrolera en los campos convencionales, enfrentados ya a su fase de declinación y que plantean requerimientos de estímulo energético para extender su vida productiva.


En general, el destino prioritario del gas natural debe ser el mercado interno, para los proyectos de gasificación directa de los hogares, para la alimentación plantas de generación eléctrica que todavía consumen costosos hidrocarburos líquidos, sustitución de gasolina en vehículos y para usos petroquímicos, y segundo, para iniciar el suministro hacia nuestro entorno caribeño.


Es importante lo que se ha hecho en la Faja Petrolífera del Orinoco hasta ahora, pero en las condiciones actuales son inviables nuevos proyectos de ese tipo de crudos. Los bloques asignados en la Faja y en producción temprana se demoran  y, con suerte y unas condiciones de precios distintas a las actuales, podrían estar en producción mejorada dentro de 10 años o más. Mientras tanto y desde ya, es primordial mantener e incrementar la producción  de crudos livianos y medianos en las regiones tradicionales.
Hay ya una producción temprana de crudo extrapesado para mezclar, que requiere de crudos más livianos que podrían ser suministrados desde los campos tradicionales, pero que hoy tienen que ser importados a costos muy altos que minimizan el rendimiento final de esas mezclas.

Mayo 2016





Entrevista en Petroguía

Revisada y editada parcialmente por mí en Enero de 2017, he mantenido, sin embargo, el estilo coloquial, de transcripción de una conversación informal con la Revista Petroguía, la cual asume, al no registrar créditos personalizados, la autoría de la entrevista, su título e intencionalidad de los comentarios del innominado entrevistador y redactor.
CMP - Enero 1917 
“La Faja del Orinoco
se va a quedar como
una curiosidad geológica”

El economista venezolano Carlos Mendoza Pottellá fue uno de los asesores petroleros del presidente Hugo Chávez. Reconoce que fue un error haber asumido que el precio del crudo permanecería por encima de 100 dólares, considera equivocado que la estrategia de producción de Venezuela se focalice sólo en la Faja del Orinoco y advierte que los avances hechos por el fallecido mandatario de pagar la deuda social con los ingresos procedentes de hidrocarburos se revirtieron en los últimos tres años. Tampoco ve factible que la cotización del crudo llegue a 70 dólares como quiere el presidente Nicolás Maduro.

En la actualidad es asesor en esta área del directorio del Banco Central de Venezuela, pero en su currículum, además de su trayectoria docente figura el haber sido director de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y embajador del país en Arabia Saudita.

Su visión sobre la paternidad del editorial “Sembrar el petróleo” o mejor dicho sobre el significado, se la atribuye sin lugar a dudas al abogado y economista Alberto Adriani, quien fuera ministro de Hacienda y de Agricultura en el gobierno del general Eleazar López Contreras y quien compartió actividades en esa administración con el escritor Arturo Uslar Pietri. ¿Hubo plagio por parte de Uslar Pietri al momento que escribió el emblemático texto que fue publicado en julio de 1936? Mendoza Pottellá no lo coloca en esos extremos.

“Uslar Pietri actuó como un periodista muy inteligente y un intelectual que captó las ideas de su compañero de Gabinete”, comenta Mendoza Pottellá.

“Los economistas consideramos que fue sobre todo Alberto Adriani el verdadero autor de los principios económicos de la frase ´Sembrar el petróleo´”, acota. Vale mencionar que Adriani murió casi un mes después que el referido editorial salió en el diario Ahora, según se informó por un infarto que sufrió en su habitación del hotel Majestic, el más lujoso que tenía Caracas en la década de los 30.

Mendoza Pottellá sustenta su señalamiento sobre la paternidad de “Sembrar el petróleo” en un libro de Adriani llamado “Labor Venezolanista”, que incluye un artículo titulado “La crisis, los cambios y nosotros”. Antes de comenzar la entrevista pidió leer varios párrafos que señalan como en la dictadura del general Juan Vicente Gómez en Venezuela se vivió lo que podría considerarse como el primer boom o bonanza petrolera entre 1918 y 1929.

“Durante los años de prosperidad habríamos podido descubrir en esa situación de apariencias tan favorables ciertos aspectos adversos. Los beneficios de esa industria petrolera no podían ser los que esperábamos”, dice Mendoza Potellá leyendo a Adriani. “En verdad que esa industria aumentó el volumen de nuestra producción y de nuestra exportación, acreció la productividad del trabajo nacional y apresuró mejoras en nuestra comunicación con el exterior y en nuestras facilidades para el comercio extranjero. Sin embargo, por su índole y su estructura particular que ofrece en Venezuela, esa industria es desde el punto de vista económico una provincia extranjera enclavada en nuestro territorio y el país no obtiene ventajas con las cuales podamos estar jubilosos por más que sean en cierto sentido satisfactorios. Hay que ver que gran parte de la suma correspondiente a las exportaciones petroleras se quedan en el extranjero para satisfacer rentas de capitales extranjeros invertidas, maquinarias y aprovisionamientos extranjeros, fletes de navíos extranjeros, altos empleados extranjeros”. 

Mendoza Pottellá hace una pausa y busca otras páginas marcadas y consigue otro párrafo que habla del primer boom petrolero en Venezuela reseñado por Alberto Adriani:

“en lo que atañe al superávit de nuestra balanza de pagos, cabe preguntarse: ¿se economizó? ¿Se convirtió en reserva del país? ¿se empleó en inversiones útiles susceptibles de aumentar la productividad del país? No se puede responder con un sí o un no absoluto a estas preguntas pero en general puede afirmarse que fue mucho mayor la parte que se empleó en consumo inmediato y en inversiones más propias para aumentar los gastos futuros que la futura productividad del país. Muchos de los beneficiados por los años de prosperidad y otros por seguir su ejemplo fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de los viajes de placer, los consumidores de automóviles, victrolas, licores, sedas, prendas, perfumes y otros artículos de lujo. En cambio, la producción de artículos de exportación vernáculos, los que verdaderamente aumentarían la riqueza del país ha permanecido estacionaria”.

Por lo que leyó del texto de Alberto Adriani, ¿ese primer boom petrolero de Venezuela –como todos los que vinieron después‐ fue un boom de consumo?

‐Ciertamente, un boom de consumo.

¿La siembra del petróleo entonces siempre ha sido una siembra de consumo?

‐Totalmente. Ese artículo de Alberto Adriani es sobre política cambiaria y plantea que la economía minera de un país solo se mantiene mientras dura una mina, pero eso no es una economía sustentable, dicho en términos contemporáneos porque él no uso ese término, pero en todo caso esa es la génesis de lo que Uslar Pietri definió como “Sembrar el petróleo”.

¿Uslar lo que hizo fue hacer un resumen del pensamiento de Alberto Adriani con fines pedagógicos?

‐ Periodístico… y se convirtió en una consigna. Consigna que de paso fue asumida permanentemente desde entonces por todos los gobiernos. Bajo esa consigna comenzó la construcción de carreteras, infraestructura, se constituye el Banco Agrícola y Pecuario, Banco Industrial de Venezuela, Corporación Venezolana de Fomento, Instituto Agrario Nacional, Banco Obrero, etc. Los gobiernos venezolanos se organizaron para intentar de alguna manera sembrar el petróleo y convertir ese recurso en otra riqueza, en infraestructura fundamentalmente, pero reproductivamente nada porque la política que estimularon, entre otros, el presidente Rómulo Betancourt y el empresario norteamericano Nelson Rockefeller, quien tenía inversiones comerciales en Venezuela, estaba dirigida a organizar las actividades económicas de manera capitalista, creando comercios modernos como los supermercados Cada o estilos de consumo implantados por la cadena Sears Roebuck. También se impulsó la industrialización por sustitución de importaciones y con eso lo que hicimos fue inventar algo que los mexicanos ‐30 años después‐ le pusieron el nombre de maquila. Se construyeron ensambladoras que solamente se dedicaban a los procesos finales y eso genera una improductividad gigantesca.

¿Por qué improductivo si se promovía la industrialización del país?

‐Porque se estaba haciendo por sustitución de importaciones. La Avena Quaker y Corn Flakes se comenzaron a fabricar en el país. Ese fue el proceso de industrialización. Un patrón de consumo que creó el petróleo, se comenzó a comer pan cuando antes lo que consumíamos era arepa y casabe; y se implantó un patrón de consumo que impusieron los comisariatos de las compañías petroleras.

¿Ese patrón de consumo lo creó el petróleo?

‐Definitivamente lo creó el petróleo.

¿No hay antecedentes que indiquen que el venezolano tenía ese patrón de consumo antes?

‐Para nada. El patrón de consumo nuestro era convencional de ocumo, yuca, apio, casabe, chivo, pescado o carne salada. No había nevera ni nada de eso. Teníamos fábricas de hielo en las ciudades.

A su criterio, ¿cómo debió ser ese proceso productivo distinto al de industrializar para sustituir importaciones?

‐Tuvo que hacerse así porque fue el patrón que nos impuso el petróleo. Se nos impuso el comisariato.

¿No había opción?

‐No. Lo que pasa es que hay que ver la forma como nace el capitalismo en Venezuela, que era un país feudal, el último territorio de América porque Paraguay era un país más industrializado. Nosotros no teníamos oro ni plata. Solo fue en 1777 cuando el Rey Carlos III de España decide convertir a Venezuela en una Capitanía General, antes éramos una provincia del Virreinato de Santa Fe de Bogotá e incluso una dependencia de la Real Audiencia de Santo Domingo. Fue entonces dos siglos después del Descubrimiento, que Venezuela adquiere unidad geográfica propia, pero después se desangra con dos guerras salvaje: la de Independencia y la Guerra Federal. En 1890 estaba llena de analfabetismo, paludismo y sin una clase dirigente culta. Venezuela era un país destrozado. Había dos fábricas: una en Barquisimeto de capelladas de alpargatas y otra en Valencia de ruedas de carreta.

¿El petróleo entonces logró amalgamar el país?

‐El petróleo no amalgamó el país. Fue a partir de los campos petroleros, en el medio de aquel mar de feudalismo, en el que Venezuela estaba vinculada al mercado internacional a través de sus cultivos de plantaciones de cacao y de café negociadas por los capitales ingleses y alemanes que controlaban los puertos. Y ese era nuestro vínculo con el mundo, que era un vínculo feudal completo. El capitalismo arrancaba en los puertos pero la producción interna era la del peón conuquero y la hacienda, del gran latifundio. El capitalismo llega con el petróleo a los campos petroleros y a los comisariatos y la primera masa de consumidores la constituyen los obreros petroleros, entre quienes se implanta ese patrón de leche en polvo y sardinas enlatadas. Recuerdo en mi infancia los muebles que comenzaron a llegar con Sears Roebuck que ya no eran los de paleta. Todo esa "modernidad" la trajo el petróleo y Rockefeller. Nuestra producción manufacturera era artesanal, aquí no había clase obrera sino gremios artesanales. No eran industrias sino gremios pre capitalistas porque el capitalismo comienza a irradiarse en el país como un cáncer a partir de los campos petroleros y el ingreso petrolero que se concentra en Caracas, por el decreto que concede al Estado la propiedad de las minas, hace que las compañías extranjeras hagan el pago al Estado venezolano en Caracas y eso convierte a una ciudad de 300.000 habitantes en otra de 5 millones de habitantes.

¿En ese momento ya había muerto que general Juan Vicente Gómez?

‐Se dice que Venezuela entró en el siglo XX en 1936 después de la muerte de Gómez pero el ingreso petrolero comenzó antes y la riqueza se centralizaba en el centro del país, sobre todo en Caracas. Hubo intentos en el siglo XIX, tanto en el oriente del país como en el Zulia, de otorgar concesiones petroleras por parte de los estados como el de Nueva Andalucía, que era gigantesco, que comprendía todo el oriente y en esos años se le otorgó a Manuel Antonio Olavarría una concesión para sacar productos de los bosques y eso era petróleo. Eso no funcionó mientras que en el Zulia, el general Sutherland, que era el presidente del estado también otorgó una concesión, pero fueron dos excepciones.

¿Hasta cuándo se mantuvo ese modelo de industrialización por sustitución de importaciones?

‐En 1973, Juan Pablo Pérez Alfonzo dijo que la siembra del petróleo era imposible mientras disfrutemos de una renta que es producto externo, no generada por la productividad del trabajo sino por una cierta fertilidad del suelo.

¿Fue cuando dijo entonces que Venezuela se estaba hundiendo en el excremento del diablo?

‐Eso de hundiéndonos en el excremento del diablo no lo dijo así. Lo sé porque fui el editor de ese libro y grabé las conversaciones con él. Yo iba semanalmente a su casa a corregir los originales de las ruedas de prensa que salían publicadas en la página D‐1 de El Nacional porque la mamá de Miguel Henrique Otero (María Teresa Castillo) era hermana de la esposa de Pérez Alfonzo, y el padre de MHO (el escritor Miguel Otero Silva) era amigo de Pérez Alfonzo. 

Esas entrevistas que salieron publicadas en tiempos del primer gobierno de Rafael Caldera (1969‐1974) se convirtieron en un libro y estuvimos discutiendo qué nombre le íbamos a poner. Él decía que la economía petrolera se estaba hundiendo por la renta y que nos obligaba a una estructura de consumo no productivo. 

Él había estudiado unos materiales noruegos en los que se hablaba del efecto Venezuela y eso fue lo que determinó que en Noruega posteriormente dijera que no le iba a pasar lo mismo y llevó a constituir un fondo que va a dejar el ingreso rentístico petrolero fuera de Noruega. 

A Noruega solo entra 4% del ingreso petrolero y hoy tiene un fondo de casi 2 billones dólares para una población de 4 millones de habitantes. 

Pero volviendo a lo de Pérez Alfonzo y la frase de ¨hundiéndonos en el excremento del diablo”, él quería graficar de alguna manera lo que estaba ocurriendo en el país y nos acordamos –tanto él como yo‐ de unas memorias de los exploradores de Indias, que estando en la isla de Cubagua, vio un celaje iridiscente sobre las aguas y evidentemente era petróleo. A partir de allí la reina Juana La Loca, madre de Carlos V, mandó a pedir un barrilito de esos para curarle la gota al pobre rey y lo obligó a tomarse unas cucharadas de petróleo venezolano. 

Dicho en el español de aquella época, el cronista y conquistador Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez afirma que al preguntarle  a los indígenas de qué se trataba eso, ellos respondieron que eso era stercus demonis , entonces a Pérez Alfonzo le encantó la denominación y escogió ese nombre: “Hundiéndonos en el excremento del diablo”. 

Pero él no estaba diciendo que el petróleo era un excremento del diablo, sino que usó esa frase que supuestamente dijeron los indios. Pero claro, eso fue un invento español porque los indios no hablaban latín, ni conocían al demonio.

¿En el debate que tuvo Pérez Alfonzo con Uslar Pietri en 1963 por televisión no quedó también planteada las ideas que ambos tenían y que expresaban con sus respectivas frases sobre el tema petrolero?

‐Ese debate fue por el tema de la OPEP, no por si se sembraba o no petróleo. Uslar Pietri era del criterio que Venezuela debía producir y llegar a 8 millones de barriles diarios.

¿Hubo siembre esas discrepancias entre Uslar Pietri y Pérez Alfonzo?

‐Claro. Sobretodo producirlo a mansalva.

¿Y con respecto a la siembra o el uso del petróleo?

‐Sobre la siembra no hubo una discusión. Pérez Alfonzo dijo lo de “hundiéndonos en el excremento del diablo” al calor de la lectura que hizo de los textos noruegos sobre el “efecto Venezuela” y comprender lo que había dicho Adriani. Pérez Alfonzo más bien consideraba que era imposible  sembrar el petróleo.

¿Es imposible la siembra del petróleo?

‐Sí. Eso ha quedado muy claro con el tiempo. Lo que han hecho es constituir fondos.

En Venezuela se han creado varios fondos con el fin de sembrar el petróleo, ¿qué paso?

‐Los creamos hipócritamente. Por ejemplo, el Fondo de Inversiones de Venezuela se creó obligado, a juro, por iniciativa de Pérez Alfonzo porque tenía mucha influencia en el gobierno adeco pero nadie creía en eso. Yo militaba en el MAS (Movimiento al Socialismo) y trabajaba con Pérez Alfonzo, pero los masistas se burlaban de mí porque me decían que me iba a volver loco, como ellos decían que era "mi jefe". 

Fíjate lo que ocurrió con el presupuesto público, el último del primer gobierno de Caldera (1973) era de 14.000 millones de dólares y en el primer año del gobierno de Carlos Andrés Pérez se pasó a 44.000 millones de dólares; y el salario mínimo que estaba en 600 bolívares mensuales con Caldera, Carlos Andrés Pérez lo subió a 1.500 bolívares y allí iniciamos la escalada inflacionaria que no ha terminado desde entonces.

¿Todas las bonanzas petroleras han sido boom de consumo?

‐Así es.

¿Incluiría también la bonanza que tuvo el presidente Hugo Chávez?

‐También pero eso es otra cosa.

Antes de que llegara Chávez al poder, a fines de los 90, se creó un fondo de estabilización macroeconómica (FEM) que lo administra el Banco Central de Venezuela, ¿por qué no funcionó?

‐Se llegó a acumular algo pero inmediatamente se lo gastaron. Eso ocurre porque nunca se ha tenido la actitud de Noruega de asumir que ese dinero no se va a tocar.

¿Por qué en Venezuela persiste esa actitud?

‐Siempre ha estado el argumento de que la gente tiene hambre.

¿Ese es el mismo criterio que tuvo Chávez y se gastó lo del FEM?

‐Sí. Exacto.

¿Entonces por qué a Noruega si le funcionó lo del fondo y a Venezuela no?

‐Porque las circunstancias venezolanas son distintas. El desarrollo petrolero toma a Noruega ya como un país desarrollado, tiene la primera industria naviera del mundo, tiene una destacada industria pesquera y forestal, es dueño de la mitad de Nokia. Eso para tener una pequeña idea de ese país.

Al inicio del gobierno de Chávez se habló de la importancia de ese fondo y eso está en la Constitución de 1999, ¿qué pasó?

‐Nosotros estábamos entre la gente que acompañó a Chávez desde sus inicios y teníamos la idea esa de crear un fondo pero Chávez se enfrentó a una circunstancia que fue la que determinó su popularidad entre las masas como fue la denuncia de que después de 100 años de explotación petrolera, tomando los datos de Fundacredesa, Venezuela tenía 80% de pobreza, es decir, población que está por debajo de la línea de pobreza y 40% en situación de miseria. Entonces Chávez toma como prioridad pagar la deuda social y eso significa de alguna manera utilizar el dinero del petróleo.

¿Entonces cualquier opción de ahorro es imposible por el pago de la deuda social?

‐Ese ha sido el argumento de todos los gobiernos porque todos intentaron pagar la deuda social, pero invertir con ese criterio como el de sustituir importaciones o generar una agricultura mecanizada, termina convirtiéndose en especulación inmobiliaria y los que vemos es la imposibilidad de lograr la siembra del petróleo.

¿Quiere decir que la siembra del petróleo es imposible de concretarla?

‐Yo no parto de esa idea. Eso es la manifestación de la imposibilidad de la siembra del petróleo si no se toma en serio la necesidad de dejar fuera a la renta petrolera. La renta se puede sembrar y cuando vemos que todos los países petroleros tienen fondos de esa naturaleza fuera de su economía.

¿En este momento no se puede pagar esa deuda social porque el precio del petróleo está bajo?

‐No hay como cubrirla y volvemos a los mismos niveles. Es una situación dilemática y dramática. Es una de las cosas más graves a la que nosotros nos enfrentamos. Estos pronósticos que estamos viendo del mercado petrolero son hasta optimistas porque si se ve la curva de futuros, los precios en los cuales los especuladores están comprando para junio 2017 no llegan a 52 dólares.

¿Tiene sentido hoy día hablar de sembrar el petróleo?

‐Siempre tendrá sentido, pero ahora vemos como el petróleo está dejando de ser la sangre del aparato industrial contemporáneo porque el cambio tecnológico que se avecina. El petróleo va a dejar de ser un componente mayoritario de la fórmula energética y el desarrollo no será sobre la base del cemento, el acero o los automóviles, sino microelectrónica y sobre procesos difusos, no sobre tecnologías consumidoras de energía masivamente. El transporte va a cambiar, la generación de calor y de energía para los aparatos será cada día más eficiente y eso hará que disminuya el consumo de petróleo. Hasta hace poco se decía que el 85% del consumo energético iba a ser satisfecho por gas natural, petróleo y carbón para el año 2015, pero ese escenario ha comenzado a cambiar radicalmente y después de la última reunión para el cambio climático en París los dos principales contaminadores como China y Estados Unidos accedieron a modificar el paradigma energético y que el petróleo no podría seguir siendo la principal fuente.

¿Cómo queda Venezuela en ese escenario?

‐Nosotros estamos engolosinados porque tenemos 28% del petróleo del mundo según las estadísticas.

¿Qué sentido tiene tener más de la cuarta parte de la reservas del petróleo del mundo si no se podrán explotar?

‐No se van a usar. La Faja del Orinoco se va a quedar como una curiosidad geológica. Es factible ya que después del año 2070 el petróleo quede en la quinta o sexta posición de la oferta energética y Venezuela seguirá siendo un productor de 500.000 o a lo sumo de 1 millón de barriles diarios.

¿No es contradictorio que el Gobierno continúe hablando de sembrar el petróleo cuando está ocurriendo un cambio tecnológico?

‐Ya no estamos sembrando el petróleo porque el precio del petróleo nuestro no está produciendo renta. A duras penas produce un beneficio. La renta sería lo que supera la ganancia socialmente establecida que podría estar en 25%. En el caso nuestro, tenemos una producción muy costosa.

¿Es costosa porque está focalizada en la producción de crudos pesados de la Faja?

Sí.

¿Es un error haber apostado a la producción de la Faja?

‐Sí. Esa es mi opinión. La he expresado en muchas partes. Creo que Venezuela ha debido y todavía puede revisar sus campos maduros porque tiene 35.000 pozos perforados en capacidad de producir y efectivamente produce sólo por 17.000 de ellos, y de ese grupo hay viejos campos que producen medio millón de barriles diarios y si se hacen labores de recuperación secundaria intensas podrían llegar a 1 millón de barriles diarios de petróleo liviano sin mejorador, pero eso implicaría abandonar muchos proyectos costosos en la Faja del Orinoco.

¿Ahora tiene una posición crítica a la política petrolera que impulsó el presidente Hugo Chávez?

‐Ahora sí. Lo que pasa es que yo no pude decir eso en su momento porque también estaba casado con la idea de que el precio de 100 dólares era un estándar que no iba a bajar. Yo tengo una cita de 2013 en la que repetía casi textualmente lo que pregonaban los pronosticadores internacionales, que 100 dólares era el precio necesario para que no se produjera una explosión de los mismos hasta 200 dólares, porque esa era la garantía de que se iban a hacer las inversiones en aguas profundas del Golfo de México, Alaska, Canadá y Venezuela, que tienen el petróleo que sustituiría a aquellos que se iban a agotar. Entonces, para poder garantizar esa producción se necesitan precios de 100 dólares porque si bajaban no se iban a hacer las inversiones requeridas. Ahora, lo que está pasando es que de todas maneras no se harán.

¿Por qué?

‐La estrategia de seguridad energética de Estados Unidos incluyó el desarrollo del crudo de las lutitas, aprovechando unas circunstancias muy peculiares geográficas y de infraestructura que se tenía por la disposición de multitud de vías férreas desde Dakota del Norte y Texas sin necesidad de construir oleoductos ni nada por el estilo y una de las cosas que creció en estos años fue el transporte de petróleo por vía férrea y eso incorporó al mercado 5 millones de barriles.

¿Usted no hubiera imaginado esa situación cuando sostenía que el precio permanecería en 100 dólares?

‐No lo imaginaba. Toda esa masa de petróleo ha obligado a las compañías petroleras más grandes a disminuir 1 billón de dólares sus inversiones. Por tanto, tenía razón lo que se decía antes si el precio del petróleo cae no se van a hacer las inversiones en los lugares costosos, pero ahora no se van a hacer y eso no va a provocar una crisis de oferta porque hay unos oferentes nuevos que no se estaban considerando.

¿La expectativa que tiene el presidente Nicolás Maduro de que el precio del petróleo suba a 70 dólares usted no la ve?

‐No la veo.

¿A cuánto puede llegar el petróleo?

‐En junio 2018 a 60 dólares. Ese es un promedio de expectativas que va desde 45 a 74 dólares, es decir, hay quien dice que en 2018 el precio del petróleo va a estar en 45 dólares.

¿Más nunca volveremos a ver un boom petrolero?

‐Yo no creo ya en un boom petrolero en Venezuela, sobre todo porque vienen cambios tecnológicos radicales que están demostrado que hay suficiente petróleo en el mundo para suplir una demanda que es declinante por naturaleza tecnológica porque los países que se van a desarrollar que son la India y China fundamentalmente, además de Brasil un poco, no necesariamente van a seguir el camino de Detroit, ni de los Caterpillar o cosas por el estilo. La producción industrial va a trabajar con mecanismos menos consumidores de energía.

¿El petróleo es una maldición?

‐No. Eso es igual a decir que Pérez Alfonzo inventó lo de hundiéndonos en el excremento del diablo. Depende de cómo cada país use ese recurso natural y en algunos casos puede ser una maldición pero no lo es para los noruegos, kuwaitíes y tampoco para los sauditas. Es una maldición si un país se entrega solo a ese recurso y a esa dependencia.

¿Quiere decir que Venezuela en 100 años se entregó a esa dependencia?

‐Totalmente, pero no se puede culpar a nadie, en todo caso a la ignorancia generalizada. Yo tengo un artículo que escribí en 2014 en el que digo cosas que hoy niego por completo porque hay gente que sabe más que uno porque está en los puestos de control del poder.

¿No teme equivocarse y que volvamos a tener un boom petrolero?

-Eso sí no lo creo porque  hay tendencias profundas irreversibles, incluso  en lo político y tecnológico con lo del calentamiento global que llevan  a un cambio  radical de comportamiento en cuanto al consumo de energía.



Las subsiguientes entradas de este blog constituyen parte integral de estas "Consideraciones".




[1]  Ideas preliminaries que fundamentan parcialmente los escritos que se insertan en esta recopilación.