jueves, 12 de enero de 2017

ENTREVISTA EN PETROGUÍA


Carlos Mendoza Pottellá

Entrevista en Petroguía

Diciembre2016

Revisada y editada parcialmente por mi en Enero 2017, he mantenido, sin embargo, el estilo coloquial, de transcripción de una conversación informal con la Revista Petroguía, la cual asume, al no registrar créditos personalizados, la autoría de la entrevista, su título e intencionalidad de los comentarios del innominado entrevistador y redactor.

CMP - Enero 1917 

“La Faja del Orinoco se va a quedar 
como una curiosidad geológica”

El economista venezolano Carlos Mendoza Pottellá fue uno de los asesores petroleros del presidente Hugo Chávez. Reconoce que fue un error haber asumido que el precio del crudo permanecería por encima de 100 dólares, considera equivocado que la estrategia de producción de Venezuela se focalice sólo en la Faja del Orinoco y advierte que los avances hechos por el fallecido mandatario de pagar la deuda social con los ingresos procedentes de hidrocarburos se revirtieron en los últimos tres años. Tampoco ve factible que la cotización del crudo llegue a 70 dólares como quiere el presidente Nicolás Maduro.

En la actualidad es asesor en esta área del directorio del Banco Central de Venezuela, pero en su curriculum, además de su trayectoria docente figura el haber sido director de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y embajador del país en Arabia Saudita.

Su visión sobre la paternidad del editorial “Sembrar el petróleo” o mejor dicho sobre el significado se la atribuye sin lugar a dudas al abogado y economista Alberto Adriani, quien fuera ministro de Hacienda y de Agricultura en el gobierno del general Eleazar López Contreras y quien compartió actividades en esa administración con el escritor Arturo Uslar Pietri. ¿Hubo plagio por parte de Uslar Pietri al momento que escribió el emblemático texto que fue publicado en julio de 1936? Mendoza Pottellá no lo coloca en esos extremos.

“Uslar Pietri actuó como un periodista muy inteligente y un intelectual que captó las ideas de su compañero de Gabinete”, comenta Mendoza Pottellá. “Los economistas consideramos que fue sobre todo Alberto Adriani el verdadero autor de los principios económicos de la frase ´Sembrar el petróleo´”, acota. Vale mencionar que Adriani murió casi un mes después que el referido editorial salió en el diario Ahora, según se informó por un infarto que sufrió en su habitación del hotel Majestic, el más lujoso que tenía Caracas en la década de los 30.

Mendoza Pottellá sustenta su señalamiento sobre la paternidad de “Sembrar el petróleo” en un libro de Adriani llamado “Labor Venezolanista”, que incluye un artículo titulado “La crisis, los cambios y nosotros”. Antes de comenzar la entrevista pidió leer varios párrafos que señalan como en la dictadura del general Juan Vicente Gómez en Venezuela se vivió lo que podría considerarse como el primer boom o bonanza petrolera entre 1918 y 1929.

“Durante los años de prosperidad habríamos podido descubrir en esa situación de apariencias tan favorables ciertos aspectos adversos. Los beneficios de esa industria petrolera no podían ser los que esperábamos”, dice Mendoza Potellá leyendo a Adriani. “En verdad que esa industria aumentó el volumen de nuestra producción y de nuestra exportación, acreció la productividad del trabajo nacional y apresuró mejoras en nuestra comunicación con el exterior y en nuestras facilidades para el comercio extranjero. Sin embargo, por su índole y su estructura particular que ofrece en Venezuela, esa industria es desde el punto de vista económico una provincia extranjera enclavada en nuestro territorio y el país no obtiene ventajas con las cuales podamos estar jubilosos por más que sean en cierto sentido satisfactorios. Hay que ver que gran parte de la suma correspondiente a las exportaciones petroleras se quedan en el extranjero para satisfacer rentas de capitales extranjeros invertidas, maquinarias y aprovisionamientos extranjeros, fletes de navíos extranjeros, altos empleados extranjeros”. 

Mendoza Pottellá hace una pausa y busca otras páginas marcadas y consigue otro párrafo que habla del primer boom petrolero en Venezuela reseñado por Alberto Adriani:
“en lo que atañe al superávit de nuestra balanza de pagos, cabe preguntarse: ¿se economizó? ¿Se convirtió en reserva del país?¿se empleó en inversiones útiles susceptibles de aumentar la productividad del país? No se puede responder con un sí o un no absoluto a estas preguntas pero en general puede afirmarse que fue mucho mayor la parte que se empleó en consumo inmediato y en inversiones más propias para aumentar los gastos futuros que la futura productividad del país. Muchos de los beneficiados por los años de prosperidad y otros por seguir su ejemplo fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de los viajes de placer, los consumidores de automóviles, vitrolas, licores, sedas, prendas, perfumes y otros artículos de lujo. En cambio, la producción de artículos de exportación vernáculos, los que verdaderamente aumentarían la riqueza del país ha permanecido estacionaria”.

Por lo que leyó del texto de Alberto Adriani, ¿ese primer boom petrolero de Venezuela –como todos los que vinieron después‐ fue un boom de consumo?

‐Ciertamente, un boom de consumo.

¿La siembra del petróleo entonces siempre ha sido una siembra de consumo?

‐Totalmente. Ese artículo de Alberto Adriani es sobre política cambiaria y plantea que la economía minera de un país solo se mantiene mientras dura una mina, pero eso no es una economía sustentable, dicho en términos contemporáneos porque él no uso ese término, pero en todo caso esa es la génesis de lo que Uslar Pietri definió como “Sembrar el petróleo”.

¿Uslar lo que hizo fue hacer un resumen del pensamiento de Alberto Adriani con fines pedagógicos?

‐Periodísticos y se convirtió en una consigna. Consigna que de paso fue asumida permanentemente desde entonces por todos los gobiernos. Bajo esa consigna comenzó la construcción de carreteras, infraestructura, se constituye el Banco Agrícola y Pecuario, Banco Industrial de Venezuela, Corporación Venezolana de Fomento, Instituto Agrario Nacional, Banco Obrero. Los gobiernos venezolanos se organizaron para intentar de alguna manera sembrar el petróleo y convertir ese recurso en otra riqueza, en infraestructura fundamentalmente, pero reproductivamente nada porque la política que estimularon, entre otros, el presidente Rómulo Betancourt y el empresario norteamericano Nelson Rockefeller, quien tenía inversiones comerciales en Venezuela, estaba dirigida a organizar las actividades económicas de manera capitalista, creando comercios modernos como los supermercados Cada o estilos de consumo implantados por la cadena Sears Roebuck. También se impulsó la industrialización por sustitución de importaciones y con eso lo que hicimos fue inventar algo que los mexicanos ‐30 años después‐ le pusieron el nombre de maquila. Se construyeron ensambladoras que solamente se dedicaban a los procesos finales y eso genera una improductividad gigantesca.

¿Por qué improductivo si se promovía la industrialización del país?

‐Porque se estaba haciendo por sustitución de importaciones. La Avena Quaker y Corn Flakes se comenzaron a fabricar en el país. Ese fue el proceso de industrialización. Un patrón de consumo que creó el petróleo, se comenzó a comer pan cuando antes lo que consumíamos era arepa y casabe; y se implantó un patrón de consumo que impusieron los comisariatos de las compañías petroleras.

¿Ese patrón de consumo lo creó el petróleo?

‐Definitivamente lo creó el petróleo.

¿No hay antecedentes que indiquen que el venezolano tenía ese patrón de consumo antes?

‐Para nada. El patrón de consumo nuestro era convencional de ocumo, yuca, apio, casabe, chivo, pescado o carne salada. No había nevera ni nada de eso. Teníamos fábricas de hielo en las ciudades.

A su criterio, ¿cómo debió ser ese proceso productivo distinto al de industrializar para sustituir importaciones?

‐Tuvo que hacerse así porque fue el patrón que nos impuso el petróleo. Se nos impuso el comisariato.

¿No había opción?

‐No. Lo que pasa que hay que ver la forma como nace el capitalismo en Venezuela, que era un país feudal, el último territorio de América porque Paraguay era un país más industrializado. Nosotros no teníamos oro ni plata. Solo fue en 1777 cuando el Rey Carlos III de España decide que convertir a Venezuela en una Capitanía General, antes éramos una provincia del Virreinato de Santa Fé de Bogotá e incluso una dependencia de la Real Audiencia de Santo Domingo. Fue dos siglos después del Descubrimiento, que Venezuela adquiere unidad geográfica propia pero después se desangra con dos guerras salvaje: la de Independencia y la Guerra Federal. En 1890 estaba llena de analfabetismo, paludismo y sin una clase dirigente culta. Venezuela era un país destrozado. Había dos fábricas: una en Barquisimeto de capelladas de alpargatas y otra en Valencia de ruedas de carreta.

¿El petróleo entonces logró amalgamar el país?

‐El petróleo no amalgamó el país. Fue a partir de los campos petroleros, en el medio de aquel mar de feudalismos, y en el que Venezuela estaba vinculado al mercado internacional a través de sus cultivos de plantaciones de cacao y de café negociadas por los ingleses y los alemanes que controlaban los puertos y ese era nuestro vínculo con el mundo, que era un vínculo feudal completo. El capitalismo arrancaba en los puertos pero la producción interna era la del peón conuquero y la hacienda del gran latifundio . El capitalismo llega con el petróleo a los campos petroleros y a los comisariatos y la primera masa de consumidores la constituyen los obreros petroleros, entre quienes se implanta ese patrón de leche en polvo y sardinas enlatadas. Recuerdo en mi infancia los muebles que comenzaron a llegar con Sears Roebuck que ya no eran los de paleta. Todo esa "modernidad" la trajo el petróleo y Rockefeller. Nuestra producción manufacturera era artesanal, aquí no había clase obrera sino gremios artesanales. No eran industrias sino gremios precapitalistas porque el capitalismo comienza a irradiarse en el país como un cáncer a partir de los campos petroleros y el ingreso petrolero que se concentra en Caracas por el decreto que concede al Estado la propiedad de las minas hace que las compañías extranjeras hagan el pago al Estado venezolano en Caracas y eso convierte a una ciudad de 300.000 habitantes en otra de 5 millones de habitantes.

¿En ese momento ya había muerto que general Juan Vicente Gómez?

‐Se dice que Venezuela entró en el siglo XX en 1936 después de la muerte de Gómez pero el ingreso petrolero comenzó antes y la riqueza se centralizaba en el centro del país, sobre todo en Caracas. Hubo intentos en el siglo XIX, tanto en el oriente del país como en el Zulia, de otorgar concesiones petroleras por parte de los estados como el de Nueva Andalucia, que era gigantesco, que comprendía todo el oriente y en esos años se le otorgó a Manuel Antonio Olavarría una concesión para sacar productos de los bosques y eso era petróleo. Eso no funcionó mientras que en el Zulia, el general Sutherland, que era el presidente del estado también otorgó una concesión, pero fueron dos excepciones.

¿Hasta cuándo se mantuvo ese modelo de industrialización por sustitución de importaciones?

‐En 1973, Juan Pablo Pérez Alfonzo dijo que la siembra del petróleo era imposible mientras disfrutemos de una renta que es producto externo, no generada por la productividad del trabajo sino por una cierta fertilidad del suelo.

¿Fue cuando dijo entonces que Venezuela se estaba hundiendo en el excremento del diablo?

‐Eso de hundiéndonos en el excremento del diablo no lo dijo así. Lo sé porque fui el editor de ese libro y grabé las conversaciones con él. Yo iba semanalmente a su casa a corregir los originales de las ruedas de prensa que salían publicadas en la página D‐1 de El Nacional porque la mamá de Miguel Henrique Otero (María Teresa Castillo) era hermana de la esposa de Pérez Alfonzo, y el padre de MHO (el escritor Miguel Otero Silva) era amigo de Pérez Alfonzo. Esas entrevistas que salieron publicadas en tiempos del primer gobierno de Rafael Caldera (1969‐1974) se convirtieron en un libro y estuvimos discutiendo qué nombre le íbamos a poner. Él decía que la economía petrolera se estaba hundiendo por la renta y que nos obligaba a una estructura de consumo no productivo. Él había estudiado unos materiales noruegos en los que se hablaba del efecto Venezuela y eso fue lo que determinó que en Noruega posteriormente dijera que no le iba a pasar lo mismo y llevó a constituir un fondo que va a dejar el ingreso rentístico petrolero fuera de Noruega. A Noruega solo entra 4% del ingreso petrolero y hoy tiene un fondo de casi 2 billones dólares para una población de 4 millones de habitantes. Pero volviendo a lo de Pérez Alfonzo y la frase de ¨hundiéndonos en el excremento del diablo”, él quería graficar de alguna manera lo que estaba ocurriendo en el país y nos acordamos –tanto él como yo‐ de unas memorias de los exploradores de Indias, que estando en la isla de Cubagua, vio un celaje sobre las aguas y evidentemente era petróleo. A partir de allí la reina Juana La Loca, madre de Carlos V, mandó a pedir un barrilito de esos para curarle la gota al pobre rey y lo obligó a tomarse unas cucharadas de petróleo venezolano. Dicho en el español de aquella época, Oviedo y Baños dice: preguntádoe cómo fue a los indígenas de qué se trataba eso, ellos respondieron que eso era stercus demonis , entonces a Pérez Alfonzo le encantó la frase y dijo hundiéndonos en el excremento del diablo. Pero él no estaba diciendo que el petróleo era un excremento del diablo sino que usó esa frase que supuestamente dijeron los indios, pero claro, eso era un invento español porque los indios no hablaban latín.

¿En el debate que tuvo Pérez Alfonzo con Uslar Pietri en 1963 por televisión no quedó también planteada las ideas que ambos tenían y que expresaban con sus respectivas frases sobre el tema petrolero?

‐Ese debate fue por el tema de la OPEP, no por si se sembraba o no petróleo. Uslar Pietri era del criterio que Venezuela debía producir y llegar a 8 millones de barriles diarios.

¿Hubo siembre esas discrepancias entre Uslar Pietri y Pérez Alfonzo?

‐Claro. Sobretodo producirlo a mansalva.

¿Y con respecto a la siembra o el uso del petróleo?

‐Sobre la siembra no hubo una discusión. Pérez Alfonzo dijo lo de “hundiéndonos en el el excremento del diablo” al calor de la lectura que hizo de los textos noruegos sobre el efecto Venezuela y comprender lo que había dicho Adriani. Pérez Alfonzo más bien consideraba que era imposible  sembrar el petróleo.

¿Es imposible la siembra del petróleo?

‐Sí. Eso ha quedado muy claro con el tiempo. Lo que han hecho es constituir fondos.

En Venezuela se han creado varios fondos con el fin de sembrar el petrólo, ¿qué paso?

‐Lo creamos hipócritamente. Por ejemplo, el Fondo de Inversiones de Venezuela se creó obligado, a juro, por iniciativa de Pérez Alfonzo porque tenía mucha influencia en el gobierno adeco pero nadie creía en eso. Yo militaba en el MAS (Movimiento al Socialismo) y trabajaba con Pérez Alfonzo, pero los masistas se burlaban de mí porque me decían que me iba a volver loco, como ellos decían que era "mi jefe". Fíjate lo que ocurrió con el presupuesto público, el último del primer gobierno de Caldera (1973) era de 14.000 millones de dólares y en el primer año del gobierno de Carlos Andrés Pérez se pasó a 44.000 millones de dólares; y el salario mínimo que estaba en 600 bolívares mensuales con Caldera, Carlos Andrés Pérez lo subió a 1.500 bolívares y allí iniciamos la escalada inflacionaria que no ha terminado desde entonces.

¿Todos las bonanzas petroleras han sido boom de consumos?

‐Así es.

¿Incluiría también la bonanza que tuvo el presidente Hugo Chávez?

‐También pero eso es otra cosa.

Antes de que llegara Chávez al poder, a fines de los 90, se creó un fondo de estabilización macroeconómica (FEM) que lo administra el Banco Central de Venezuela, ¿por qué no funcionó?

‐Se llegó a acumular algo pero inmediatamente se lo gastaron. Eso ocurre porque nunca se ha tenido la actitud de Noruega de asumir que ese dinero no se va a tocar.

¿Por qué en Venezuela persiste esa actitud?

‐Siempre ha estado el argumento de que la gente tiene hambre.

¿Ese es el mismo criterio que tuvo Chávez y se gastó lo del FEM?

‐Sí. Exacto.

¿Entonces por qué a Noruega si le funcionó lo del fondo y a Venezuela no?

‐Porque las circunstancias venezolanas son distintas. El desarrollo petrolero toma a Noruega ya como un país desarrollado, tiene la primera industria naviera del mundo, tiene una destacada industria pesquera, es dueño de la mitad de Nokia. Eso para tener una pequeña idea de ese país.

Al inicio del gobierno de Chávez se habló de la importancia de ese fondo y eso está en la Constitución de 1999, ¿qué pasó?


‐Nosotros estábamos entre la gente que acompañó a Chávez desde sus inicios y teníamos la idea esa de crear un fondo pero Chávez se enfrentó a una circunstancia que fue la que determinó su popularidad entre las masas como fue la denuncia de que después de 100 años de explotación petrolera, tomando los datos de Fundacredesa, Venezuela tenía 80% de pobreza, es decir, población que está por debajo de la línea de pobreza y 40% en situación de miseria. Entonces Chávez toma como prioridad pagar la deuda social y eso significa de alguna manera utilizar el dinero del petróleo.

¿Entonces cualquier opción de ahorro es imposible por el pago de la deuda social?

‐Ese ha sido el argumento de todos los gobiernos porque todos intentaron pagar la deuda social, pero invertir con ese criterio como el de sustituir importaciones o generar una agricultura mecanizada, termina convirtiéndose en especulación inmobiliaria y los que vemos es la imposibilidad de lograr la siembra del petróleo.

¿Quiere decir que la siembra del petróleo es imposible de concretarla?

‐Yo no parto de esa idea. Eso es la manifestación de la imposibilidad de la siembra del petróleo si no se toma en serio la necesidad de dejar fuera a la renta petrolera. La renta se puede sembrar y cuando vemos que todos los países petroleros tienen fondos de esa naturaleza fuera de su economía.

¿En este momento no se puede pagar esa deuda social porque el precio del petróleo está bajo?

‐No hay como cubrirla y volvemos a los mismos niveles. Es una situación dilemática y dramática. Es una de las cosas más graves a la que nosotros nos enfrentamos. Estos pronósticos que estamos viendo del mercado petrolero son hasta optimistas porque si se ve la curva de futuros, los precios en los cuales los especuladores están comprando para junio 2017 no llegan a 52 dólares.

¿Tiene sentido hoy día hablar de sembrar el petróleo?

‐Siempre tendrá sentido, pero ahora vemos como el petróleo está dejando de ser la sangre del aparato industrial contemporáneo porque el cambio tecnológico que se avecina. El petróleo va a dejar de ser un componente de la fórmula energética y el desarrollo no será sobre la base del cemento, el acero o los automóviles sino microelectrónica y sobre procesos difusos no sobre tecnologías consumidoras de energía masivamente. El transporte va a cambiar, la generación de calor y de energía para los aparatos será cada día más eficiente y eso hará que disminuya el consumo de petróleo. Hasta hace poco se decía que el 85% del consumo energético iba a ser satisfecho por gas natural, petróleo y carbón para el año 2015, pero ese escenario ha comenzado a cambiar radicalmente y después de la última reunión para el cambio climático en París los dos principales contaminadores como China y Estados Unidos accedieron a modificar el paradigma energético y que el petróleo no podría seguir siendo la principal fuente.

¿Cómo queda Venezuela en ese escenario?

‐Nosotros estamos engolosinados porque tenemos 28% del petróleo del mundo según las estadísticas.

¿Qué sentido tiene tener más de las cuartas partes de la reservas del petróleo del mundo si no se podrán explotar?

‐No se van a usar. La Faja del Orinoco se va a quedar como una curiosidad geológica. Después del año 2070 el petróleo fácilmente quede como en la quinta o sexta posición de la oferta energética y Venezuela seguirá siendo un productor de 500.000 o a lo sumo de 1 millón de barriles diarios.

¿No es contradictorio que el Gobierno continúe hablando de sembrar el petróleo cuando está ocurriendo un cambio tecnológico?

‐Ya no estamos sembrando el petróleo porque el precio del petróleo nuestro no está produciendo renta. A duras penas produce un beneficio. La renta sería lo que supera la ganancia socialmente establecida que podría estar en 25%. En el caso nuestro, tenemos una producción muy costosa.

¿Es costosa porque está focalizada en la producción de crudos pesados de la Faja?

‐Sí.

¿Es un error haber apostado a la producción de la Faja?

‐Sí. Esa es mi opinión. La he expresado en muchas partes. Creo que Venezuela ha debido y todavía puede revisar sus campos maduros porque tiene 35.000 pozos perforados y produce sólo por 17.000 de ellos, y de ese grupo hay unos 15.000 que producen medio millón de barriles diarios y si se hacen labores de recuperación secundaria intensas podrían llegar a 1 millón de barriles diarios de petróleo liviano sin mejorador, pero eso implicaría abandonar muchos proyectos costosos en la Faja
del Orinoco.

¿Ahora tiene una posición crítica a la política petrolera que impulsó el presidente Hugo Chávez?

‐Ahora sí. Lo que pasa es que yo no pude decir eso en su momento porque también estaba casado con la idea de que el precio de 100 dólares era un estándar que no iba a bajar. Yo tengo una cita de 2013 en la que repetía casi textualmente lo que pregonaban los pronosticadores internacionales, que 100 dólares era el precio necesario para que no se produjera una explosión de los mismos hasta 200 dólares, porque esa era la garantía de que se iban a hacer las inversiones en aguas profundas del Golfo de México, Alaska, Canadá y Venezuela, que tienen el petróleo que sustituiría a aquellos que se ibaan a agotar. Entonces, para poder garantizar esa producción se necesitan precios de 100 dólares porque si bajaban no iban se a hacer las inversiones requeridas. Ahora, lo que está pasando es que de todas maneras no se harán.

¿Por qué?

‐La estrategia de seguridad energética de Estados Unidos incluyó el desarrollo del crudo de las lutitas, aprovechando unas circunstancias muy peculiares geográficas y de infraestructura que se tenía por la disposición de multitud de vías férreas desde Dakota del Norte y Texas sin necesidad de construir oleoductos ni nada por el estilo y una de las cosas que creció en estos años fue el transporte de petróleo por vía férrea y eso incorporó al mercado 5 millones de barriles.

¿Usted no hubiera imaginado esa situación cuando sostenía que el precio permanecería en 100 dólares?

‐No lo imaginaba. Toda esa masa de petróleo ha obligado a las compañías petroleras más grandes a disminuir 1 billón de dólares sus inversiones. Por tanto, tenía razón lo que se decía antes si el precio del petróleo cae no se van a hacer las inversiones en los lugares costosos, pero ahora no se van a hacer y eso no va a provocar una crisis de oferta porque hay unos oferentes nuevos que no se estaban considerando.

¿La expectativa que tiene el presidente Nicolás Maduro de que el precio del petróleo suba a 70 dólares usted no la ve?

‐No la veo.

¿A cuánto puede llegar el petróleo?

‐En junio 2018 a 60 dólares. Ese es un promedio de expectativas que va desde 45 a 74 dólares, es decir, hay quien dice que en 2018 el precio del petróleo va a estar en 45 dólares.

¿Más nunca volveremos a ver un boom petrolero?

‐Yo no creo ya en un boom petrolero en Venezuela, sobre todo porque vienen cambios tecnológicos radicales que están demostrado que hay suficiente petróleo en el mundo para suplir una demanda que es declinante por naturaleza tecnológica porque los países que se van a desarrollar que son la India y China fundamentalmente, además de Brasil un poco, no necesariamente van a seguir el camino de Detroit, ni de los Caterpillar o cosas por el estilo. La producción industrial va a trabajar con mecanismos menos consumidores de energía.

¿El petróleo es una maldición?

‐No. Eso es igual a decir que Pérez Alfonzo inventó lo de hundiéndonos en el excremento del diablo. Depende de cómo cada país use ese recurso natural y en algunos casos puede ser una maldición pero no lo es para los noruegos, kuwaities y tampoco para los sauditas. Es una maldición si un país se entrega solo a ese recurso y a esa dependencia.

¿Quiere decir que Venezuela en 100 años se entregó a esa dependencia?

‐Totalmente, pero no se puede culpar a nadie, en todo caso a la ignorancia generalizada. Yo tengo un artículo que escribí en 2014 en el que digo cosas que hoy niego por completo porque hay gente que sabe más que uno porque está en los puestos de control del poder.

¿No teme equivocarse y que volvamos a tener un boom petrolero?

-Eso sí no lo creo porque  hay tendencias profundas irreversibles, incluso  en lo político y tecnológico con lo del calentamiento global que llevan  a un cambio  radical de comportamiento en cuanto al consumo de energía.