jueves, 24 de diciembre de 2009

EL PODER PETROLERO Y LA ECONOMÍA VENEZOLANA

CARLOS MENDOZA POTTELLÁ  - 1995

UNA CONCEPCIÓN DISIDENTE… UNA MIRADA INDISCRETA AL REY DESNUDO… DEMOSTRAR EL CARÁCTER ANTAGÓNICO AL INTERÉS NACIONAL DE LOS EMPRENDIMIENTOS DEL PODER PETROLERO


Universidad Central de Venezuela
Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico


Contratapa de la primera edición

Carlos Mendoza Pottellá, economista, Profesor de la Escuela de Economía de la U.C.V. Coordinador, desde hace nueve años del Postgrado en Economía y Administración de Hidrocarburos. Actualmente es Coordinador del Área de Postgrado en Ciencias Económicas de la Comisión de Estudios de Postgrado de FACES. El trabajo aquí presentado recibió mención de publicación de la Comisión de Proyectos del C.D.C.H., del jurado que lo examinó como trabajo de ascenso y mención honorífica del Premio al Mejor Trabajo de Ascenso 1994 de la APUCV.

La expansión constante del negocio petrolero ha sido impuesta al país como única salida de la crisis. 80 años de siembra infructuosa -en términos sociales- no han sido suficientes para hacer dudar a los eternos aprovechadores, quienes continúan postulando al petróleo como la locomotora del desarrollo. La prédica petrolera sobre la gallina de los huevos de oro se ha convertido en el sentido común nacional, en lo obvio, lo que no se discute. Un férreo control sobre los medios de comunicación y una masiva disposición de los recursos del estado para la promoción de su visión corporativa, añadidos a la abulia e ignorancia de la dirigencia política del país, han producido este fenómeno.

En este libro se expone una concepción disidente y absolutamente minoritaria, una mirada indiscreta sobre el rey desnudo. Se trata de fundamentar el carácter antagónico con el interés nacional de muchos de los emprendimientos del poder petrolero. De cómo megaproyectos inviables en términos nacionales son promovidos contra viento y marea porque constituyen el sustento del poder y riqueza de esa élite que medra dentro y en torno a la industria petrolera venezolana.
El último de estos proyectos está hoy en curso, con la entrega del lomito petrolero al capital internacional. Una consecuencia lógica de lo que queda expuesto en este volumen: la expansión de costos y de inversiones no prioritarias ha anulado la capacidad de la industria para asumir su opción más promisoria, la que le permitiría reponer bajo su control absoluto las reservas livianas y medianas agotadas. Con la apertura, ello se hará al costo de una merma de la soberanía nacional sobre el petrolero y en consecuencia, una vez menor participación fiscal…. Pero el negocio será muy grande y muy bueno… para los de siempre y sus socios internacionales.

Copyright, 1995
Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico
Universidad Central de Venezuela
Diseño de carátula: María Ana Urdaneta
ISBN 980-00-0855-1
Impreso en Caracas, en LITOPAR, C.A. de Artes Gráficas

DEDICATORIA

A la memoria indeleble de
Carlos Manuel Mendoza Hernández y
Flor de María Pottellá Azócar,
fuente nutricias de amor y humanidad


A Yuli, Janin, Carolina y Lorena,
amores presentes y futuros,
razones de existencia y de lucha.


A mis hermanos consanguíneos
y a todos mis sobrinos
A mis hermanos de Tacarigua


A la esperanza,
Que arde bajo las cenizas
del sueño truncado de Otto Castejón.

INDICE

Dedicatoria……
Prólogo (Gastón Parra Luzardo)………
Prefacio.……………………………………………………………


Introducción………………


De viejas polémicas y conflicto presentes.


El “Fin de la Historia” y la investigación social, una digresión ineludible


Hipótesis y objetivos…………………………


Hipótesis principales………………………


Objetivos generales y específicos


Conceptos fundamentales y planteamientos de la discusión


Caracterización del proceso estudiado


Una tendencia y sus perspectivas


El “poder petrolero” y sus manifestaciones


La “verdad petrolera” frente a la realidad


Desarrollo general de las hipótesis planteadas


El ingreso petrolero nacional y su destino:
participación fiscal versus reinversión petrolera


Macroeconomía e inversión petrolera


a) Del “efecto Venezuela” y otras enfermedades


b) la “inversión automática” y sus consecuencias


La Faja del Orinoco: bitúmenes y orimulsión


Refinación: ilusión versus realidad


La internacionalización


El expansionismo petrolero y las perspectivas del mercado


La OPEP, Venezuela y el poder petrolero


Impacto macroeconómico específico: la generación de empleo…


Conclusiones


Otros datos pertinentes


Bibliografía



PROLOGO


Carlos Mendoza Pottellá ha realizado un excelente estudio en torno a la actividad petrolera, el cual constituye un aporte de suma importancia para el cabal conocimiento de lo que aconteció con nuestra principal riqueza.


En esta obra se analiza de manera conciente y científica el proceso histórico de la vida petrolera venezolana, y se asume a plenitud la defensa de lo que debería ser una auténtica administración de la actividad petrolera, en aras de consolidar, que no desmoronar, como ha ocurrido, la nacionalización de los hidrocarburos.


Para la interpretación de ese largo proceso, vivido durante dos décadas, el autor se afianza en cifras, referencias documentales y bibliográficas, que le dan el aval necesario y legítimo para la real comprensión de lo que ha acontecido.


Con el proyecto de Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de Hidrocarburos, elaborado por la Comisión Presidencial de la Reversión Petrolera y presentado al Presidente de la Republica en acto solemne el 23 de diciembre de 1974, surgió la esperanza de abrir caminos en la búsqueda de una nacionalización que realmente fuera para el pueblo venezolano, para que la planificación, desarrollo y aplicación de la estratégica petrolera fuera realizada con independencia y plena soberanía. De haber ocurrido así, con justicia cabría decir que “el petróleo es de los venezolanos”. Pero, lamentablemente, las modificaciones sustanciales que el Ejecutivo y el Congreso Nacional le formularon al proyecto original y que arrojó como resultado la promulgación de la actual Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industrial y Comercio de los Hidrocarburos, así como su vigencia desde el 1° de enero de 1976, confirmaron la forma como se había fraguado la nacionalización petrolera. Con esas modificaciones específicamente la atinente al Artículo 5°, se auspiciaba el regreso de las empresas transnacionales mediante empresas mixtas, lo cual era incompatible con la nacionalización, tal cual lo había previsto el informe de la Comisión Presidencial de Reversión Petrolera.


Dolorosamente, el poder petrolero, ejercido ahora y desde 1976por PDVSA, no ha estado dirigido a consolidar la nacionalización petrolera. Durante estas dos largas décadas se ha propiciado un desmoronamiento de ese proceso por el que tanto se luchó.


Ciertamente, las medidas y procedimientos adoptados, tales como los contratos de comercialización, los de asistencia técnica, el proceso de internacionalización, la llamada apertura petrolera bajo la modalidad de las ganancias compartidas, son fiel testimonio de eses hecho.


Hasta 1975 el poder petrolero lo ejercían las empresas transnacionales que históricamente actuaron. Con todo su poder y medios de presión, sobre el Estado Venezolano para obtener beneficios de toda índole y, de esa forma, transferir a sus arcas excedente económico generado en la industria.


Ahora, el poder petrolero centrado en petróleos de Venezuela es más amplio. Así, por ejemplo, los gerentes de PDVSA están presentes en casi todas las instituciones del país, tales como la Corporación Venezolana de Guayana, la Oficina Técnica de Administración Cambiaria (OTAC), la Superintendencia de Administración Tributaria (SENIAT) y otras dependencias del Ministerio de Hacienda. Asesoran al Gabinete Económico y financian a organismos públicos y privados. Pero, sobre todo, ahora se cobran y se dan el vuelto, pues han tomado al Ministerio encargado de la fiscalización de sus actividades. Energía y minas, ocupando posiciones claves en el mismo y convirtiéndolo en un cascaron vacío al liquidar los equipos técnicos encargados de esa actividad y expulsar de su seno a los más incómodos.


El Estado venezolano, presionado por PDVSA, bajo la tesis de que existen una exagerada presión fiscal, ha venido otorgándole incentivos muy significativos, tales como la disminución, desde los inicios de la nacionalización, de todo de tasas impositivas, proceso que se ha acentuado recientemente con la eliminación de los Valores Fiscales de exportación, que significa un sacrificio fiscal del orden de los cientos cincuenta mil millones de bolívares anuales y con la rebaja de la tasa del Impuesto sobre la Renta del 65% al 30% en los convenios de asociación para la explotación, refinación, industrialización, emulsificación, transporte y comercialización, de petroleros crudos extrapesados, bitúmenes naturales y gas natural costa afuera.


Era de suponerse que al sacrificar el Estado, sobre todo en estos momentos (1995) de extrema crisis fiscal, al darle a PDVSA alicientes de tal magnitud, serían para el desarrollo de la industria petrolera nacional, en beneficio de la sociedad venezolana. Pero la realidad es otra, el beneficio lo recibirá, en gran parte, el capital extranjero, a través de las asociaciones estratégicas y la creación de empresas mixtas.


Mendoza Pottellá nos dice que el poder petrolero se refiere a la conjunción de cúpulas gerenciales públicas y sus asesores internacionales, con una reducida elite empresarial e internacional, para el trazado de líneas de acción en materia política petrolera, favorables a sus particulares intereses grupales.


PDVSA se cree dueña del petróleo y, por tanto, de Venezuela, considerando que los poderes Ejecutivos, Legislativos y Judiciales deben ser instrumentos de la organización petrolera. “El Estado soy yo”, se proclaman los auténticos “barones del petrolero”.


Hoy día, no se conforman con los logros obtenidos, sino que aspiran a más. En ese sentido, planifican llevar a un hombre de la propia industria a dirigir los destinos del país, a gobernar directamente para actuar sin limitaciones de ninguna naturaleza en el negocio petrolero.


Esta obra de Mendoza Pottellá permite comprender hacia donde va PDVSA.


Se estudian con rigurosidad los mecanismos de distribución del ingreso petrolero neto total con la participación fiscal y la reinversión en el mismo sector, lo cual permite aseverar que durante estos últimos tiempos se ha acentuado el dominio de lo mecanismos de acumulación y de redistribución desigual del ingreso. Asimismo, se profundiza la desaceleración y caída de la capacidad generadora del excedente.


Es indudable que en el análisis de la participación del Estado venezolano en el negocio petrolero, es indispensable el estudio de los costos.


En la época concesionaria era común señalar que el Estado venezolano carecía de eficacia para el control de los costos y precios petroleros y, por ende, era imposible controlar a ciencias cierta el ingreso neto con fines de terminar la participación efectiva en el producto generado.


Se advertía que el estudio de los costos de la industria petrolera era una de las tareas fundamentales que Venezuela debería emprender para lograr, en realidad, una participación razonable y, de esta manera, disminuir la desproporcionada transferencia al exterior del excedente económico.


Pero ocurre que esa preocupación, aun con la nacionalización, persiste. En esta obra se pone de manifiesto, a través de una documentación precisa y fehaciente, cómo los costos operativos netos, en términos de dólares, han pasado del 17,5 por ciento del ingreso bruto consolidado en 1976 al 54 y 60 por ciento en 1991 y 1992. En cambio, la participación fiscal, con respecto al ingreso total consolidado para el mismo lapso, bajó del 76,20 al 36,49 por ciento y para 1994 se situó en el ciento.


Estos resultados financieros deben llamar la atención del Estado venezolano y, específicamente, de los Ministerios de hacienda y Energía y Minas, y de la propia Contraloría General de la República, ya que a través de esos elevados costos de operación consolidados, se despoja al país de una buena parte del excedente económico


Es indudable que ese comportamiento contable-financiero de PDVSA, incide fuertemente en el déficit fiscal.


Por ello, urge proceder a una revisión de los costos de la industria petrolera, así como revisar el plan de inversiones de PDVSA, especialmente las realizadas en el exterior.


En ese sentido, el Ministro de Hacienda, Luis Matos Azócar, manifestó la preocupación del Gobierno:


El aporte de PDVDA es cada vez menor, e inclusive para 1996 el aporte será inferior al de 1995 , y al referirse específicamente al análisis de los costos de la industria petrolera, aseveró que algunas de las empresas de la industria petrolera tienen costos de operación artificialmente elevado, de manera de pagar menos impuesto sobre la renta 2.


Las declaraciones del Ministro denotan preocupación ante tales hechos, pero lo realmente importante radica en la posibilidad de acabar con tales prácticas, dado el poder que ejerce PDVSA.


Una contribución fundamental de Carlos Mendoza Pottellá en este trabajo reside en su análisis sobre la internacionalización petrolera. Constituye una investigación pionera, venciendo miles de obstáculos, se diagnóstica de manera impresionante el proceso de internacionalización petrolera. Allí demuestra la dolorosa realidad del fracaso de los negocios de PDVSA en el exterior.


La ineficiencia de la internacionalización petrolera, presentada fehacientemente en esta obra, debería provocar un cambio de la política petrolera. Es conveniente proceder a una exhaustiva revisión de los costos operativos y de las inversiones realizadas por PDVSA en el exterior. Ello, sin duda alguna, tendría efectos positivos, entre ellos una mayor participación fiscal, y liberaría recursos monetarios para la inversión productiva.


En un trabajo como el que comentamos, era indispensable incluir el tema sobre la OPEP, Venezuela y el poder petrolero.


La campaña que se ha venido desarrollando contra la OPEP, tanto a nivel nacional como internacional, es de tal naturaleza que el objetivo es provocar su desmoronamiento. Recordemos la frase del señor Reagan, cuando ejercía la Presidencia de los Estados Unidos, en ocasión de adoptar medidas contra el precio del petrolero, cuando afirmó que esas acciones “han puesto de rodillas a la OPEP”.


En este capítulo del libro, Mendoza Pottellá nos describe e interpreta con gran poder de síntesis la mayoría de las acciones que el poder petrolero ha venido desarrollando con la finalidad de debilitar y acabar definitivamente con la Organización de Países Exportadores de Petróleo. En ese sentido, presenta la documentación precisa y oportuna que a través de estos años han venido produciendo los “barones del petrolero.


Esa campaña no se ha ejercido solamente en el ámbito internacional, sino que cuenta con legítimos representantes en nuestro país.


Ante tal posición, se requiere por parte de los países miembros de ese organismo, de una acción en conjunto que impida su derrumbe o transformación en un instrumento al servicio de las empresas transnacionales y de los gobiernos de las naciones industrializadas del actual modo de producción. Al contrario, el objetivo debe ser lograr el fortalecimiento de la OPEP como organismo que representa una esperanza para el desarrollo autónomo de los países del Tercer Mundo.


La OPEP es una organización de carácter social y, por tanto, debe procurar medidas permanentes para la conservación y defensa de los precios del petróleo, que fueron los objetivos esenciales. Asimismo, se requiere que los países miembros de la OPEP, como propietarios soberanos de ese recurso natural agotable, diseñen una nueva estrategia que les permita actuar como organismo multiestatal, en beneficio de la humanidad.


Compartimos plenamente con el autor este libro su criterio de mantener y defender la existencia de la OPEP.


A nuestro juicio, el reto de los países de la OPEP, consiste en planificar una lucha interna y externa como organización multiestatal y encaminada a la búsqueda del desarrollo.


Por todas estas razones, la caída de la OPEP significaría un desaliento para los países del Tercer Mundo, que perdería una clara esperanza institucional para lograr su propio desarrollo.


En el capítulo referente al Impacto Macroeconómico y la Generación de Empleo, el autor asevera , después de realizar el estudio de ese proceso a través de la industria petrolera, que la investigación conduce a sostener que las magnitudes de la inversión petrolera son claramente desproporcionadas respecto a su capacidad generadora de empleo en el sector productor de bienes de capital, dado que dicha capacidad, globalmente considerada, se podría estimar en centenares- o en muy pocos miles- de nuevos puestos de trabajo.


Además, afirma, ese impacto sólo se produce en las etapas iniciales de ejecución de la inversión y se revierte posteriormente, generando capacidad ociosa, con lo cual se debilita la estabilidad del empleo creado.


La lectura de esta obra será mucha utilidad para conocer la realidad de lo que ocurre en la industria petrolera y sus incidencias para la sociedad venezolana.


GASTÓN PARRA LUZARDO






PREFACIO


Los usos y costumbres editoriales obligan a algunas consideraciones preliminares que, aunque en gran parte ajenas al contenido mismo de la obra, son de relevancia para su abordaje.

Así poder ejemplo, para marcar la individualidad del compromiso, y por esta única vez, hablo en singular. En todo el resto del trabajo he utilizado el plural mayestático para referirme a mi mismo, no por pretensiones regias o papeles, sino por preferencia particular y a riesgo de que algún psicólogo diagnostique ciertas taras atávicas. En consecuencias, debo señalar expresamente que ese nosotros no compromete, en ningún momento, a nadie más que a quien suscribe estas líneas.

Sea propicia la oportunidad para expresar mi mayor agradecimiento a todos aquellos que, de alguna manera, prestaron su concurso a la conclusión de este trabajo. Hacer una lista de ellos resulta una tarea espinosa: en algunos casos, la omisión comportará una injusticia, en otros, una mención no autorizada puede sugerir identificación con planteamientos comprometedores cuya única responsabilidad es, en verdad, del autor.

De manera particular, debo agradecer el apoyo prestado por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV , el cual , al financiar parcialmente mi proyecto “Estudio Sobre los Procesos de Generación y Distribución del Excedente Petrolero en Venezuela”, me ha permitido contar con la invalorable ayuda de mi colega Josefina Pérez Rengifo, quien me ha asistido en la procura y preparación de todo el material estadístico, ha leído las distintas versiones del trabajo, realizando pertinentes observaciones y, por último pero no menos importante, ha realizado una minuciosa labor de corrección de pruebas.

Al Prof. Víctor Grüber debo agradecer sus observaciones de orden metodológico y sus referencias bibliográficas sobre temas históricos y políticos. Igualmente, agradezco al Prof. Carlos Alcántara por responder docta y pacientemente mis ignaras consultas sobre aspectos de la técnica petrolera de los cuales sólo tenía nociones elementales.

Con otros colegas y alumnos del Postgrado en Economía y Administración de Hidrocarburos, así como de la Escuela de Economía, he discutido algunos de los temas planteados. Sus observaciones, desacuerdos y críticas me han servido para afinar algunos planteamientos. Igualmente debo agradecer la colaboración que, en cumplimiento de sus funciones y más allá ellas, me prestaron los compañeros del personal administrativo de la Comisión de Estudios de Postgrado de FACES.

Las deudas intelectuales están referidas en el texto y en las referencias específicas que de ellas hago. No quiero, sin embrago, dejar de mencionar en este prefacio que ellas se concentran, de manera destacada, en Juan Pablo Pérez Alfonzo y Francisco Mieres. Ello, desde luego, no los hace responsables de mis desatinos.

Una motivación particular, también destacada en el contexto del trabajo, pero sobre la cual quiero insistir para garantizar su lectura, está referida a la eliminación de la asignatura “Economía y Política Petrolera y Minera” del Pensum de Estudios de la Escuela de Economía de la Universidad Central. Mi intención es hacer de este trabajo un alegado contra esa barbaridad y una pública exigencia de restituir el carácter obligatorio y el espacio requeridos por una temática básica para la formación de un economista venezolano.

Finalmente, debo expresar mi agradecimiento a la Comisión de Proyectos del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV y al jurado examinador de mi Trabajo de Ascenso -los doctores. Francisco Mieres, Héctor Malavé Mata y Pedro Miguel Pareles- por recomendar la publicación de este material.


I


INTRODUCCIÓN:

De viejas polémicas y conflictos presentes

Mucho más que un lugar común, afirmar que Venezuela se encuentra hoy, en todos los ordenes de su vida económica y social, en una gran encrucijada, puede ser un recordatorio inútil de una realidad que golpea todos los días a la gran mayoría de la población. Pero es necesario hacer el señalamiento para poder destacar otra circunstancia obvia pero que, por eso mismo no se trae con la debida frecuencia a la conciencia de los diagnósticos, sino que se deja como un trasfondo estructural peculiar de nuestra realidad, pero respecto al cual sólo opinan los "técnicos en la materia": Es el hecho de que el petróleo y su industria no escapan a esta situación dilemática y conflictiva sino que, por el contrario los procesos que se desarrollan en su seno forman parte esencial de la génesis del problema global del país.
En consecuencia, las decisiones que se tomen en esta materia en la presente coyuntura afectarán por largo tiempo los rumbos, no sólo de la industria petrolera, sino de la sociedad venezolana toda. Tal es, a nuestro entender, la entidad de lo que se discute: la magnitud de los recursos cuyo destino está en juego constituyen una masa crítica suficiente para dejar huella profunda en las estructuras socioeconómicas del país, tal como lo ha hecho durante todo este siglo.
El sentido de esa huella, favorable o contrario al tantas veces ofrecido y tantas veces preterido futuro de progreso y modernidad, de bienestar económico y justicia social, que aún esperan los sectores mayoritarios de la población venezolana, depende, en gran parte, de la claridad con la cual los dirigentes del país logren visualizar y evaluar las consecuencias a mediano plazo de las políticas, planes y programas planteados hoy sobre nuestra industria petrolera. Porque, como en tantas oportunidades anteriores, existen serias y muy fundamentadas dudas sobre las reales posibilidades de éxito de tales propuestas y su coherencia con las expectativas y prioridades de la Nación venezolana como un todo y, en particular, de esos numerosos y perennes marginados del convite petrolero.
Es indispensable, en consecuencia, aguzar todos los sentidos para escudriñar la verdad entre la madeja de predicciones y escenarios, paraísos e infiernos, que elaboran los distintos grupos de interés que pululan en torno al petróleo.
De esta manera concebimos nuestro obligación como investigadores sociales comprometidos con la lucha por un destino mejor para las mayorías nacionales. De ese compromiso queremos dar testimonio en este trabajo, realizado para cumplir con los requisitos académicos para el ascenso en el escalafón a la categoría de Profesor Agregado.
El tono polémico que anunciamos en esta Introducción responde al hecho de que la política petrolera venezolana ha sido y es el escenario de confrontación de dos posiciones irreconciliables en la concepción de la economía y la política económica. Por años -los que tenemos en el oficio de la investigación económica- nos hemos colocado en una de esas aceras conceptuales, en aquélla donde consideramos que está representado, de manera abigarrada, difusa y diversa, con muchos matices y contradicciones, el interés de las mayorías nacionales, y en la cual se agrupan quienes conciben, postulan, o simplemente son intuitivos partidarios de políticas tendientes a un funcionamiento más equilibrado de la economía y la sociedad venezolana, que propendan a la diversificación de las fuentes y los medios generadores de producción e ingresos, al funcionamiento autónomo y autosostenido de su aparato productivo, con minimización del tutelaje extranjero y de la consecuente y abusiva expatriación de parte sustancial de la riqueza creada internamente. Políticas económicas que, sobre todo, reviertan las regresivas características de la distribución del ingreso determinadas por el establecimiento -a partir de las ventajas que proporcionaron, y proporcionan, los vínculos privilegiados con el Estado, cultivados por mafias peculadoras y élites aprovechadoras- de un capitalismo salvaje, con un elevado sesgo monopolista y parasitario.
Desde esa perspectiva, cuya certeza tratamos de fundamentar en los datos que aportan la historia y la realidad contemporánea, nos abocamos al análisis crítico de la otra postura, perfectamente definida: la de los partidarios de intensificar el carácter petrolero-dependiente de nuestra sociedad.
Sus más conspicuos representantes siguen soñando con la "imposible siembra" a que hiciera referencia Pérez Alfonzo, proponiendo para Venezuela el mismo camino que ésta recorriera durante siete décadas del presente siglo, es decir, el camino de la expansión sin miramientos de la industria petrolera, previa asociación incondicional con el gran capital petrolero internacional y ofrecimiento al mismo de toda clase de garantías. Todo ello para continuar recibiendo la habitual recompensa por el mantenimiento de esa posición: participación privilegiada en los negocios que esa expansión generará.
A tal conglomeración de intereses internos y externos, semipúblicos y privados, es a la que hacemos referencia al hablar del poder petrolero. En nuestro país, su influjo es avasallador y multifacético: tiene potencialidades de inundación amazónica y penetración de vaso capilar. Ese poder petrolero cuenta, desde luego, con el control de posiciones claves en la dirección de los destinos políticos y económicos del país.
Razones históricas, que hemos expuesto en otros trabajos y discutiremos más adelante, han determinado la concentración de ese poder en torno a las posiciones de comando de la industria petrolera pública, las cuales han venido a convertirse en sujetos y objetos de ese poder. Ello es lo que explica la circunstancia de que, aún después de la nacionalización, desde esas posiciones, se ha mantenido la política anterior -la de las concesionarias extranjeras- de diseñar y financiar labores de acción cívica y propaganda para "vender", con todo la potencia de los grandes recursos que administran, las imágenes y escenarios más favorables a los sectores interesados en la política expansiva ya mencionada.
Ese influjo se manifiesta en todos los ordenes y niveles de nuestra vida social, desde las más pequeñas escuelas y asociaciones de vecinos, pasando por las Universidades, sean éstas públicas o privadas, hasta -y sobre todo- los principales medios de comunicación masiva, asociaciones empresariales, sindicatos, partidos políticos de todas las tendencias y órganos decisivos de los poderes públicos.
En todos esos sitios campea por sus fueros el "sentido común petrolero", una cierta ideología de lo aparentemente obvio, de fácil comprensión hasta para el más lerdo, que se fundamenta en un cúmulo de medias verdades y situaciones presentadas fuera de su contexto y complejidad, a saber:
En Venezuela no hay otra industria o actividad económica con magnitudes de ingreso, rentabilidad y rendimiento comparables a la petrolera. Por tanto, el mejor destino del ingreso petrolero es su masiva reinversión dentro del mismo sector para preservar y expandir su capacidad productiva. Seremos petroleros por centenares de años más, así lo indican las inmensas reservas que colocan al país en las "grandes ligas" del sector: PDVSA está clasificada como la tercera empresa petrolera del mundo. Y si añadimos las "reservas posibles" de la Faja somos el primer país petrolero del mundo. Por lo demás, esa es la mejor opción para el país como un todo, la que le ofrece reales ventajas comparativas y competitivas: es la actividad que genera más del 90 por ciento de las divisas que ingresan al país. Sin embargo, la voracidad fiscal, el rentismo parasitario, característico de un nacionalismo tercermundista ajeno a las realidades contemporáneas, amenaza la salud de la "gallina de los huevos de oro" y obstaculiza sus megaproyectos expansivos, obligándola a acudir al endeudamiento interno y externo. La empresa petrolera venezolana es pechada con la mayor tasa impositiva del mundo. Obviemos la circunstancia de que esos impuestos no son otra cosa -en el caso venezolano- que los dividendos del único accionista; lo cierto es que ese ingreso fiscal petrolero se destina principalmente a alimentar el gasto corriente de una sociedad parasitaria e improductiva, perdiéndose todo efecto multiplicador.
Todo lo anterior configura, según los ideólogos del poder petrolero, el enfrentamiento de una perspectiva o escenario rentista, representado en la voluntad maximizadora del ingreso fiscal y un escenario productivo, el que promueve y privilegia la expansión y profundización de las actividades petroleras -y sólo de ellas, si nos atenemos a las proporciones y magnitudes propuestas y comprometidas en sus megaproyectos.
Si acogemos esta línea de razonamiento, y la agregamos a la política económica que ha determinado la eliminación de barreras arancelarias y la apertura del país a los mercados internacionales -sin gradualidad en la transición desde el proteccionismo parasitario anterior y con la cual se ha colocado a los inermes productores nacionales, agrícolas e industriales, frente a la fiera competencia monopolista (y vergonzante proteccionismo) que impera en tales mercados- podremos construir sin mucho esfuerzo el escenario de un país fundamentalmente exportador de petróleo y sus derivados, productor de algunos otros y contados rubros minero-energéticos, industriales y agrícolas e importador de toda clase de bienes y servicios para cuya producción competitiva se encuentra incapacitado. En otras palabras, el tradicional destino de Venezuela en este siglo, como podremos constatar si revisamos las estadísticas productivas y del comercio exterior del país en el presente siglo.
Todo ello en nombre de una supuesta mayor eficiencia en la aplicación de los recursos disponibles y en desmedro de monsergas tales como las de soberanía, diversificación de la economía, crecimiento equilibrado, autonomía alimentaria, redistribución del ingreso y otros productos de las mentes trasnochadas de los eternos inconformes.
En este trabajo tratamos justamente de hurgar mas allá de lo aparente en estas materias y de presentar lo que consideramos las reales perspectivas y limitaciones de la industria y la política petrolera venezolanas.
Siempre es difícil defender posiciones restrictivas en materia económica. En el caso del petróleo venezolano, ello se convierte en un asunto extremadamente delicado. Una apreciación incorrecta en cuanto a los niveles óptimos de su explotación e industrialización, a la magnitud, oportunidad, sentido e intensidad del crecimiento de esas actividades, puede, como dijimos en los primeros párrafos de esta introducción, acarrear consecuencias de efectos desastrosos a nivel de todo el país.
Así sentimos el peso de la responsabilidad al hacer afirmaciones que pueden ser interpretadas como postulación de una política ultraconservadora, conducente a la frustración de iniciativas productivas que pudieran rendir reales beneficios al país.
De hecho, esa dificultad es explotada por quienes, colocados en una posición más confortable -a la par que irresponsable- defienden políticas expansivas y culpan a sus contradictores por las oportunidades perdidas: "De seguir el plan de expansión hoy estaríamos cansados de ganar dinero...". La discusión se presenta siempre como escenificada entre quienes hacen y quienes critican inoficiosamente, entre modernos pioneros, avasallantes tycoons promotores de soluciones y oportunidades lucrativas, deslastrados de complejos nacionalistas pasados de moda y los críticos sistemáticos, quienes se aferran, cual avaros, a la defensa feudal de la propiedad del recurso y a su conservación improductiva. Planteadas así las cosas se hace sumamente difícil sostener una posición moderada y, como es nuestro caso, proponer la paralización de proyectos y la desaceleración de los ritmos inversionistas. Corremos el riesgo de pecar por omisión y exceso de cautela.
Pero aún estando en lo cierto en nuestras expectativas pesimistas, el sentirnos de una cierta manera colocados en el papel de Casandra o, como diría un Ex-Presidente venezolano, de profeta del desastre, es realmente incómodo, tanto, que muchas veces quisiéramos estar equivocados: Constatar fracasos no produce ninguna satisfacción... al menos mientras no se alimenten tendencias sadomasoquistas.
Todo lo anterior viene a cuento porque queremos dejar expreso que entendemos la gravedad de los planteamientos que hacemos y que, por ello, queremos darle a los mismos el carácter de aportes al esfuerzo colectivo de búsqueda de la verdad. Tarea en la que nos sentimos inmersos y en la cual el intercambio de visiones encontradas puede permitir la revelación de ángulos incógnitos de la realidad que pretendemos aprehender.
Aunque apelamos a la historia para fundamentar nuestras afirmaciones y percepciones de la realidad bajo estudio y sus posibles desarrollos, el tiempo histórico en el que nos ubicamos es el presente. Un presente evanescente, volátil, del cual no podemos tomar suficiente distancia para presentar un análisis imparcial y desapasionado, porque somos parte interesada, en tanto que no aceptamos este presente y aspiramos a que el futuro no sea una reproducción ampliada del mismo.
Un presente en el cual la verdad cambia de bando cada día, al calor de fenómenos y procesos inéditos que socavan los cimientos de convicciones y creencias seculares. Los datos de esta realidad contemporánea se mueven vertiginosamente, sin ritmo, de las cimas a las simas, con amplios rangos de variabilidad y gran carga aleatoria, haciendo de la impredictibilidad uno de sus rasgos dominantes. Es así como, al querer descubrir las claves de esa evolución, nos encontramos frente a verdaderas avalanchas de información que de un día para otro se hacen obsoletas por la aparición de nuevos y contradictorios elementos.
Por todo lo anterior, aún cuando inicialmente habíamos definido al año 1991 como "fecha de cierre" del análisis de la realidad que presentamos, nos vimos precisados a tomar los datos que iban surgiendo en el tiempo real en el cual estábamos insertos al momento de la redacción del material, casi hasta el momento de poner punto final, muchas veces, también, pospuesto. Esto explica, en parte, el énfasis hemerográfico de nuestras referencias. De manera particular, debemos señalar la circunstancia de que a partir del segundo semestre de 1991 y hasta el presente, se ha agudizado la crisis largamente incubada a que hacemos referencia en nuestro planteamiento del problema y, de pronto, lo que hasta entonces era una posibilidad futura e incierta, cuya realidad debía demostrarse, algo de lo que costaba convencer a los incrédulos venezolanos petroleros, es ahora inescapable realidad: el petróleo ya no da para más. Lo que había ameritado un gran esfuerzo argumental, es ahora el obvio pan de cada día y hasta motivo para infelices cuñas televisivas como aquella que sostiene que "Ahora el petróleo eres tu".
La presentación que hacemos para los declarados fines académicos, es un reporte del estado actual de una investigación todavía en proceso. Constituye la conclusión de una etapa dentro de un proyecto a más largo plazo, que hemos titulado "Estudio Sobre los Procesos de Generación y Distribución del Excedente Petrolero en Venezuela" y en razón del cual hemos recibido financiamiento del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico para la contratación de una Asistente de Investigación y la adquisición de un equipo de computación. Hasta el momento es un proyecto individual en vías de convertirse en línea institucional de investigación del Postgrado en Economía y Administración de Hidrocarburos, en tanto que los temas y propuestas del mismo se seguirán trabajando en ese ámbito académico, en Seminarios y Talleres de Investigación.
Pretendemos que los resultados expuestos aquí constituyan un ensayo de interpretación sobre una compleja realidad para cuya certera caracterización aportamos indicios, elementos de juicio, evaluaciones parciales y nuevas interrogantes. Aunque develamos algunos aspectos ocultos de esa realidad, estamos seguros de que cuando emerja de cuerpo entero desbordará todas nuestras presunciones.
Los problemas teóricos y metodológicos que plantean las cambiantes circunstancias contemporáneas en todos los órdenes de la vida social nos han obligado a hacer una referencia particular al mar de fondo político-ideológico en el medio del cual navegamos.

El "Fin de la Historia" y la investigación social,
una digresión ineludible

El carácter especializado de este trabajo, limitado al análisis de un aspecto de las relaciones económico-sociales -la política energética y petrolera- no puede relevarnos de hacer algunas consideraciones, de carácter general y muy somero, sobre el conjunto de circunstancias que en los últimos años han modificado estructuralmente el entorno global dentro del cual se insertan los procesos que estudiamos. Por el contrario, la magnitud y profundidad de las transformaciones aludidas es tal que, so pena de obsolescencia del análisis, se hace obligante una asunción explícita de las mismas.
Nos referimos, en primer lugar, a los procesos que han conducido al cataclismo histórico, humano en fin de cuentas, que representa la desintegración del sistema socialista, es decir, la desaparición de la Unión Soviética y de su entorno de "Democracias Populares", procesos junto a los cuales se quiere aparejar una supuesta muerte de las ideologías, en particular de aquellas que colocan a la justicia social como un valor fundamental y, en definitiva, la pérdida de sustentación de todas las utopías de corte humanista o socialista.
Todo ello obliga, a nuestro entender, a establecer una posición clara respecto a circunstancias que afectan directamente los diagnósticos y propuestas de cualquier investigador social. La inevitabilidad de una toma de posición es mucho mayor para aquellos que al estudiar la economía venezolana, lo han hecho hasta ahora sin esconder su identificación socialista, postulando en cada oportunidad las acciones y políticas que consideran como las opciones mas justas y representativas de los intereses colectivos; tratando de encontrar el elusivo camino hacia un sistema de relaciones económicas y sociales sustentado en el desarrollo integral del hombre, que se materialice en una alternativa de existencia social que supere en todo sentido a la depredadora sociedad capitalista imperante.

La pose del avestruz, que sería la más cómoda y que parece ser la escogida por quienes aspiran al perdón por sus posiciones pasadas, y se orientan según los vientos que soplan, enterrando todo lo que antes fueron o dijeron ser, no es la que preside estas reflexiones. Y como de lo que se trata en este caso es, precisamente, de establecer la posición teórica, la definición de las concepciones y enfoques de alguien que pretende demostrar la certidumbre y pertinencia de sus puntos de vista sobre un aspecto de la realidad socioeconómica, debemos dejar establecida nuestra posición personal ante las dramáticas transformaciones de esa realidad que comportan los acontecimientos mencionados, cuya trascendencia histórica no necesita énfasis ni demostración
En la discusión previa de estos materiales hemos recibido observaciones de varios colegas que consideran que la presentación de resultados de una investigación no puede estar precedida por referencias personales y exposición de los sentimientos y frustraciones del investigador respecto a la realidad que estudia. Según ellos, tales referencias conspiran contra el poder de convicción del material presentado, porque arrojan sombras sobre la objetividad del mismo. Mantenemos, sin embargo, la convicción de que, sin mengua de una rigurosa objetividad, el investigador social no es, ni puede ser, un transcriptor imparcial -entendida la imparcialidad como neutralidad- de la realidad que observa; debe evaluarla con algunos de los sistemas de patrones y medidas que el desarrollo histórico pone a su alcance. Sobre el tema traemos en nuestro auxilio la referencia que hacen dos eminentes científicos sociales en reciente trabajo:

"La producción de conocimientos en las diversas áreas de las ciencias económicas y sociales, tal como han afirmado Schumpeter, Lange y Robinson, no es ni puede ser ideológicamente neutra. La neutralidad valorativa es impracticable en cualquier disciplina de la creación teórica"
Ahora bien, en tanto y en cuanto siempre se es contemporáneo con diversas interpretaciones de lo socialmente ético, la escogencia de los criterios de evaluación siempre es una opción personal que, a nuestra manera de ver, debe ser explícita para que nadie se llame a engaño.
La discusión sobre el problema de la fundamentación de los juicios de valor sobre la realidad social, respecto a la verdad y la "justicia" en ese campo, tiene una entidad epistemológica que desborda las pretensiones de este trabajo. Pero no hay ninguna duda de que nos encontramos en una coyuntura histórica como la descrita por el filósofo contemporáneo Ernst Tugendhat, según el cual,

La pregunta por la fundamentación de los juicios morales era ineludible y vuelve a reaparecer inevitablemente en el momento histórico en el que las convicciones morales pierden su fundamentación religioso-tradicional anterior, percibiéndose acto seguido como históricamente relativas.
Por todo lo anterior transcribimos nuestra percepción sobre las consecuencias de la desaparición de lo que pretendió ser, pero que a todas luces nunca fue -pese a todo el sacrificio y heroísmo derrochados, pese a las innumerables vidas ofrendadas o quitadas en su nombre- un camino para la superación del hombre, para la materialización de los sueños ancestrales de igualdad y justicia social.
Y nunca lo fue, porque tras el tinglado de los discursos y declaraciones principistas prosperó la mediocridad estólida y burocrática, instauradora de un régimen político atroz, de cercenamiento de toda disensión, amparado en el falaz y despiadado supuesto de que el fin justifica los medios. La altura, generosidad y pureza de los ideales humanos en nombre de los cuales se estableció tal régimen, dan también la magnitud de la traición que el mismo representó. Su entrópico final no es más que la consecuencia lógica de su falta de autenticidad.
Quienes compartimos el ideario socialista caímos muchas veces en el autoengaño, al pretender que el stalinismo era simplemente una perversión del sistema y no el sistema mismo: abrigamos siempre la esperanza de que funcionarían mecanismos automáticos de corrección del rumbo, de ajuste de las irregularidades, que permitirían el desarrollo pleno de los fines que lo justificaban. Mijail Gorbachov, su glasnost y perestroika, -transparencia y reestructuración- fueron, en realidad, la última esperanza de "mejorar" el sistema. El estúpido y frustrado golpe de agosto de 1991 sólo sirvió para reventar la delgada capa que cubría la dramática e increíble realidad: el sistema ya no funcionaba y no existían posibilidades reales de "mejorarlo". Debía, pues, desaparecer junto con todas sus criaturas, incluida la URSS como nación multirracial donde decenas de pueblos se sentían, y estaban de hecho, sometidos -algunos desde la época zarista, otros a partir de fechas tan recientes como 1940- a la superposición y primacía de una lengua, una cultura, un sistema de valores y relaciones socioeconómicas, extranjeros.
A todo esto ¿cómo influyen tales acontecimientos en un analista socio-económico que se quiere mantener en la lucha por conquistar un mundo menos inicuo que el actual?
Pasada la sensación inicial de estar sometidos al castigo de Sísifo, se plantea una lucha contra la desesperanza. Como en la mitología, volver a empezar. La maldición terminará algún día. Mientras tanto, no es posible esperar sentados. Y en nuestro caso, la mejor forma de no hacerlo es perseverando en el análisis del mundo que nos rodea, profundizando la crítica de la injusta estructura social que padecemos y promoviendo su transformación.
Además, aparece un deber adicional, ya sugerido en la cita de Ernst Tugendhat: Desaparecida la fundamentación apriorística de nuestras propuestas político-sociales, de su certeza y pertinencia, la comprobación fáctica de las aseveraciones que hagamos sobre tales materias es, hoy más que nunca, imprescindible. Seguramente, ello hará más laborioso y complicado nuestro trabajo, pero redundará en la elevación de su estatura científica, contribuirá a deslastrarlo de afirmaciones meramente ideológicas y apologéticas de modelos que ya no existen.
Se hace necesario repensar el tipo de sociedad a la que se aspira, a partir de la experiencia, de la realidad, de la propia lucha y de sus alternativas positivas y negativas. Desechar las recetas mágicas y modelos infalibles, pero mantener intacta la voluntad transformadora.
Para expresarlo con palabras de un epistemólogo más cercano a nuestras vivencias particulares:

Hace falta volver a probar que la voluntad puede estar éticamente fundada: en la capacidad de resistencia ante el poder y sus miserias; en la capacidad de construir alternativas para otro modo de vivir y pensar en el presente..."
De lo anterior se puede colegir que sostenemos una posición básica: Ni la historia ni los sueños han terminado. La lucha por los más avanzados e inalcanzados ideales humanos proseguirá sin pausas, pese a todos los tropiezos.
Por ende, tampoco creemos en retrocesos históricos. No puede serlo el fin de una mentira, el descubrimiento de la verdad en torno a las deplorables condiciones de existencia material y espiritual de cientos de millones de seres humanos, el fin de un régimen fundado sobre la mistificación y el absurdo.
Y no lo es, a pesar de que esa realidad haya impuesto una transformación histórica contraria a nuestras particulares percepciones de lo que es el progreso, provocando la emergencia de un cúmulo de demonios, hasta ahora dormidos en el alma de aquellos pueblos: ultra nacionalismo, racismo, xenofobia e intransigencia religiosa. Estas son sólo, a nuestra manera de ver, la expresión de creencias, convicciones y sentimientos largamente incubados, los cuales salen de su situación larvaria para estallar en el momento en el cual se abren las espitas de la libre expresión del pensamiento.
Tales estallidos constituyen, de paso, una muestra adicional del fracaso de un adoctrinamiento materialista forzado y de un internacionalismo que a duras penas escondía una voluntad dirigista y estrechamente nacionalista. Agudizadas hasta alcanzar las cimas del absurdo y la demencia criminal que contemplamos en la antigua Yugoslavia, consideramos, sin embargo, que esas expresiones pueden tomar un curso racional, dentro del incesante movimiento general de crecimiento y desarrollo de la humanidad del cual forma parte, sin duda, el proceso que las desencadenó.
Debemos concluir estas reflexiones generales y definitorias afirmando en consecuencia de lo anterior y en contraposición a aquellos que se apresuraron a cambiar de casaca, que el fracaso de una vía alterna al capitalismo no puede inducirnos a pensar que no existe otro camino y que el capitalismo es la estación terminal de la humanidad. Por ello asumimos y sostenemos los planteamientos de quienes, por múltiples vías y en miles de formas, han demostrado la inhumanidad y la injusticia esencial del sistema capitalista y de las estructuras que le son inherentes.
En segundo lugar, y como se desprende de todo lo anterior, no nos inscribimos en la ola neoliberal que resurge bajo los escombros de la agotada política económica keynesiana, basamento teórico de una sedicente tercera vía que, durante veinticinco años, -segunda post-guerra y guerra fría- sustentó el mayor ciclo expansivo del capitalismo en este siglo. Al respecto debemos hacer las siguientes precisiones:
La desaparición de los supuestos en los cuales se basaban las políticas keynesianas, en particular el sistema económico internacional basado en el patrón-oro cambio, con la libre convertibilidad del dólar en oro, su régimen de paridades fijas flexibles y compensación de desajustes de balanza de pagos, sistema construido sobre una pujanza y preeminencia que la economía norteamericana comienza a perder a mediados de los años sesenta, hacen que sus capacidades de previsión y regulación de las crisis de superproducción entren en colapso. El monstruo bifronte de la "estanflación" y una recesión recurrente como tendencia secular de movimientos espasmódicos e impredecibles de los principales indicadores de funcionamiento de la economía, terminan por hacerla inviables.
Huérfanas de razón y validez ante las nuevas perspectivas de la economía mundial, liquidada, como ya hemos visto, la principal alternativa "socialista real", las concepciones keynesiano-estructuralistas dan paso entonces a las visiones positivistas de quienes regresan a la aceptación acrítica del "funcionamiento natural" de las fuerzas del mercado como supremas ordenadoras de las relaciones humanas y que, a partir de esa aceptación, diseñan políticas económicas basadas en la búsqueda de equilibrios macroeconómicos por la vía de la minimización de la intervención estatal en los procesos económicos, reduciéndola a la manipulación de ciertos atributos fenomenológicos del sistema, es decir, de magnitudes, parámetros y variables que se ubican en la esfera de las manifestaciones externas del funcionamiento del mismo, tales como la tasa de interés, las políticas monetaria y arancelaria, el tipo de cambio, etc.
Se asume, con el auxilio de cierta modelística macroeconómica, que ello será suficiente para estimular a los factores dinámicos de la economía, vale decir, a los inversionistas nacionales y extranjeros, para que produzcan las transformaciones estructurales que restablezcan el perdido equilibrio.
Comienza así a florecer el extremismo neoliberal según el cual se promueve la eliminación de todo tipo de intervención estatal en la economía, para dejar su desarrollo librado al mercado, único instrumento para medir eficiencia, pertinencia y oportunidad de los rumbos a seguir en cuanto a la asignación de los recursos existentes y a la distribución de la riqueza creada, con prescindencia de toda otra consideración. El Estado, con todas sus políticas, quedaría, de esta manera, relegado al traslúcido papel de garante del status quo que ya le había asignado Adam Smith.
La actualidad del problema es tal que, estando ya en la fase de conclusión del trabajo, debemos abrir brecha para tomar en consideración elementos aportados en una muy reciente polémica sobre la materia. Esa polémica es iniciada por Héctor Silva Michelena en importantes y sugerentes declaraciones ofrecidas a Fernando Rodríguez para el Papel Literario de El Nacional , cuando entre otras cosas, se muestra partidario de reconocer la pertinencia de los principios más generales del paquete oficial de medidas de ajuste macroeconómico, tales como la globalización de la economía, la creación de un mercado competitivo y el achicamiento del Estado por la vía de las privatizaciones y la inserción en el sistema financiero internacional, dada la imposibilidad de "...volver a economías amuralladas, a un Estado que lo hace todo y mal, a proteccionismos que crean industrias enclenques...".
Al respecto debemos decir, que si bien entendemos el fundamento lógico, racional-económico, dentro de los moldes del modo de producción imperante, por los cuales Silva reconoce la pertinencia de tales principios, creemos que en cuanto a la responsabilidad del Estado en la debacle socioeconómica del país, ella no procede del fracaso de unas supuestas concepciones "estatistas" de sus dirigentes, sino de la pérdida del oxígeno rentista que alimentaba un estatismo de hecho. En tal sentido, compartimos lo que responde Rigoberto Lanz en el mismo espacio del Papel Literario una semana después:

"Esta inercia ideológica fabrica mitos con la mayor tranquilidad. Lo más reciente de estas simpáticas leyendas es la presunta responsabilidad del "Estado" en los males de la sociedad. El folklore de la "privatización", la reforma del Estado y el "boom" de las "rectificaciones" que se ha desatado en Venezuela después del 04 de febrero, ilustran bien las falacias que han puesto a andar los verdaderos responsables de los sistemáticos desastres que vive la nación en todos los terrenos. El Estado venezolano... no sólo ha servido desde siempre para garantizar la acumulación de los sectores dominantes, sino que nuestras burguesías parasitarias han sido totalmente creadas por la generosa acción de las políticas económicas de los gobiernos democráticos"

... y no democráticos, agregaríamos nosotros.
Este último aserto de Lanz es confirmado históricamente por todos nuestros economistas, desde Adriani, Peltzer y Mayobre, hasta... Miguel Rodríguez. Precisamente este adalid de las políticas de corte neoliberal, describe en 1985 uno de los últimos grandes episodios de esa transferencia: el que alimentó la fuga masiva de capitales privados al exterior entre 1981 y 1983, la cual según su parecer "se constituyó en el mayor descalabro que la economía venezolana haya sufrido en toda su historia contemporánea":

Pero, ¿por qué se da el masivo endeudamiento del sector público que termina financiando la acumulación de riqueza en el exterior del sector privado? La paradoja la constituye el hecho de que el gran ahorrista financiero nacional en el período 1974-1983 fue el sector público. Por consiguiente, para que el sector privado haya terminado siendo el gran acreedor en dólares, tiene que haberse producido una masiva infusión de ahorro financiero en bolívares del sector público hacia el sector privado.
Es sólo posteriormente, cuando el deterioro de la capacidad sustentadora de toda la economía que sufre el ingreso petrolero lo hace inevitable para el Estado que lo administra, que se plantea e inicia la eliminación de una extensa gama de subsidios al consumo y a la producción, así como de las múltiples vías para la evasión impositiva. Incluso el viejo peculado, ennoblecido por el paso de las generaciones, y en general todo aprovechamiento privado de los fondos públicos, verdaderas fuentes naturales de la "acumulación originaria" de la burguesía venezolana desde principios de siglo, comienzan a ser presentados ahora como "corrupción administrativa", lo cual no deja de ser amenazante novedad para ese sector social y para quienes pretenden ingresar a él por la vía tradicional.
Por todo ello, si bien reconocemos las preocupaciones esenciales de Silva Michelena sobre el desconcierto de la izquierda y la necesidad de una aproximación no dogmática a la realidad, y nos sentimos identificados con él cuando en la misma entrevista observa la existencia de "un fundamentalismo dañino en la mayoría de los neoliberales", el cual consistiría en "dejar que el capital haga de las suyas sin ninguna traba, dejarlo que crezca salvajemente y sentarse a esperar que venga el bienestar para todos. Esto es falso y es lo que crea situaciones como las que vivimos ahora en Venezuela...", no compartimos su entusiasmo con las privatizaciones y otros instrumentos parecidos.
Con todo, Silva Michelena tiene el suficiente poder de convocatoria como para desatar una fructífera jornada de reflexión sobre la materia como la que, de hecho, se está produciendo. Así, las características unidimensionales del neoliberalismo a que hace referencia, son expresadas luego con contundencia por otro polemista que tercia en el debate:

"Así como la dependentología fue un reduccionismo, de la misma forma lo es la utopía neo-liberal...

Los nuevos utopistas del mercado perfecto de libre concurrencia llegan tardíamente a un mundo donde los futurólogos calculan que para finales de siglo sólo existirán cuatrocientas transnacionales dueñas del mercado de libre concurrencia".
Por cierto que, con anterioridad, también lo expresaron claramente los Individuos de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas cuando suscribieron lo siguiente:

"En opinión de la mayoría de los individuos de número de esta Corporación, dicho plan responde a una concepción estrictamente economicista y monetarista (enfoque de lo económico y monetario por lo económico y monetario mismo), cuyo carácter rígido y dogmático impide considerar los problemas con una visión de globalidad, tiende a caer en el reduccionismo, por no decir estrecheces de criterio, y no permite considerar y ponderar los numerosos aspectos que influyen en la consideración del hecho económico.

Dentro de esa concepción se han subestimado o perdido de vista los factores reales de la economía o ámbito estructural donde se configura la producción y se ha confiado demasiado en que, con la sola aplicación del expediente monetarista, pueda reactivarse la economía sin tomar en cuenta las rigideces de nuestro aparato productivo.

Como complemento a estas deficiencias de apreciación se ha confiado también demasiado en las leyes del mercado, en un país tradicionalmente regido por monopolios y oligopolios que impiden al consumidor beneficiarse de la libre competencia."
En las condiciones de crisis del modelo petrolero parasitario de la economía venezolana, el neoliberalismo se presenta a si mismo como la opción válida, frente al desconcierto e incapacidad para plantear salidas viables que aquejan a las demás alternativas teóricas y metodológicas.
La elevación de las tasas de interés por encima de la tasa de inflación para convertirlas en tasas positivas reales, la liberación del tipo de cambio para permitir su ajuste creciente, la maxidevaluación amparada en la necesidad de cambiar el sesgo importador de la economía, la desregulación de los precios de los artículos de consumo masivo, la elevación paulatina del precio del principal bien subsidiado, la gasolina, y la eliminación de las barreras arancelarias para abrir la economía interna a la libre competencia internacional, eliminado también trabas burocráticas a la exportación e importación, tales como las prohibiciones, delegaciones y restricciones cuantitativas, pero sobre todo, la privatización del extendido sector público productor de bienes y servicios, constituyen la gama instrumental utilizada para aplicar la medicina monetarista según las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, organismo que previamente había obligado a establecer un mecanismo de refinanciamiento de la deuda externa pública que garantizara su cancelación, o cuando menos, un servicio adecuado.
Pero este proceso que intenta regular los desequilibrios macroeconómicos y sincerar el funcionamiento del aparato económico, trae aparejado un gran costo social. Costo social que no es pasajero sino que, por el contrario, su eternización es la razón de la invalidación del neoliberalismo como proyecto viable y lo convierte en agente del "Crimen Social" a que hace referencia Ron Pedrique en el artículo antes citado.
El funcionamiento de la medicina monetarista, que como primera medida de ajuste se plantea la sinceración de la paridad cambiaria de acuerdo con la caída real de la capacidad generadora de ingresos del país, determina una violenta reducción del poder adquisitivo de los sueldos y salarios y una mayor concentración de la riqueza. El resultado ha sido el incremento de los porcentajes de la población hundida en la pobreza crítica y la colocación en escalones inferiores, muy cerca de los niveles de subsistencia, de la inmensa clase media establecida al amparo del aprovechamiento parasitario del ingreso petrolero.
Este proceso de deterioro, anterior a la aplicación de las medidas de ajuste en cuestión, es consecuencia, desde luego, del derrumbe de un aparato económico que tenía como único factor dinámico a la capacidad generadora de excedentes de un sector que ha ocupado siempre menos del uno por ciento de la población económicamente activa. Pero el paquete económico del actual gobierno, ha sido factor concomitante en la aceleración de ese proceso, como resultado de la aplicación dogmática, sin ningún tipo de aclimatación a las peculariedades estructurales del país, de recetas diseñadas en otros contextos socioeconómicos, para la promoción del desarrollo capitalista sin demasiadas consideraciones sociales, las cuales -de acuerdo a estos modernos "gourmets" de la economía- corresponden al "populismo" del viejo modelo del paternalismo estatal.
Los gestores criollos de la panacea neoliberal, antiguos izquierdistas mutados en apóstoles de una nueva religión, se comportan con el fanatismo de todo converso, como aprendices de brujo, indigestados con las recién descubiertas fórmulas del saber económico. Se han hecho sordos a todas las críticas, ensoberbecidos por lo que consideran ignorancia generalizada, o lo que es peor, insistencia en políticas populistas y demagógicas.
Aparejado a ello, los resultados en cuanto al estímulo a la economía no tradicional, al desarrollo de nuevas exportaciones y al crecimiento del producto interno bruto, han sido bastante limitados. La Academia Nacional de Ciencias Económicas, en el documento citado anteriormente, señala el relativo estancamiento de las exportaciones no tradicionales al deteriorarse las ventajas de costos comparativos adquiridos con las devaluaciones y junto a ello, un incremento de las importaciones "incluso de renglones que se producían en el país de manera relativamente satisfactoria y cuya producción significa una apreciable fuente de empleo y ahorro de divisas."
La opinión que compartimos es la que sostiene que el neoliberalismo es, sin más, la vuelta a la racionalización y justificación de lo aparentemente inevitable, a la lógica capitalista más descarnada, que desecha el velo tercerista con el cual se cubrían las peores lacras del sistema, durante el período 46-70 antes mencionado, frente al reto del entonces temido socialismo.
Los brillantes epígonos neoliberales de nuestro tiempo no hacen más que recitar y aplicar sin remilgos y sin consideraciones de gradualidad, curados de espanto y de remordimientos socialistoides o populistas, las fórmulas extraídas de una observación acrítica del funcionamiento del sistema económico imperante. Cronistas de pretendidos éxitos de esta política en otras latitudes, no paran mientes en los medios que se necesitaron para lograrlos: el éxito es la única verdad. Los perdedores no escriben la historia, así sean la inmensa mayoría.
Es a esa mayoría, hundida en la pobreza, a la que hace referencia el Dr. Maza Zavala, cuando reseña esa circunstancia como inaceptable resultado del funcionamiento de la economía en un país que ha recibido 200.000 millones de dólares en poco más de 15 años y es esa misma mayoría la que soporta, además, el peso fundamental de los "ajustes macroeconómicos" del paquete fondomonetarista:

"Lo que deseo plantear es que no es sostenible una estrategia que esté fragmentada en dos partes inconexas: el ajuste económico y la política social. Se intenta exhibir éxito en la primera parte, en el juego de los indicadores convencionales, que no tienen significado real para la gente del común. No intento discutir ahora la verdad y la consistencia de ese éxito y sus indicadores: lo que discuto es la impertinencia del argumento de que lo económico es un objetivo circunscrito a un objetivo que no tiene que ver con lo social.

La más elemental verdad de la economía, como actividad humana y como ciencia, es que su objetivo es el bienestar social, la satisfacción de los seres humanos, la plenitud del derecho primigenio de existir. No es admisible que los factores del mejoramiento de la vida humana sean diferentes de aquellos por los cuales se crea, distribuye y utiliza la riqueza. No puede haber un hecho económico revestido de la ayuda social, como un ropaje accesorio, como un maquillaje para cubrir las feas lacras del lucro desmedido y la acumulación desprovista de proyección social."
Precisamente los doctores Maza Zavala y Malavé Mata son los autores, ya citados, de un recién y didáctico trabajo sobre el tema, cuyas consideraciones asumimos completamente y de las cuales transcribimos párrafos relevantes:

"...los programas de estabilización y ajuste instruidos por el FMI para corregir los desequilibrios de las economías de América Latina se basan sólo en principios de la doctrina monetarista, omitiendo la consideración de los problemas estructurales del aparato productivo, tanto como la incidencia negativa de las supuestas medidas correctoras en el espacio social donde se aplican."
...
"El paradigma neomonetarista en que se basa ese modelo omite el comportamiento de las variables reales de la economía, y por esto se explica su tendencia a generar recesión, déficit externo recurrente, caída de la demanda agregada, postración del aparato productivo, desempleo, concentración del ingreso, auge del enriquecimiento especulativo y nuevas modalidades de la dependencia externa."
...
"Este organismo -el FMI, n.n.- dominado por los G5, encontró la vía expedita para obligar a los países latinoamericanos endeudados y económicamente deprimidos a adoptar políticas de índole neoliberal monetarista, mediante las cuales se allana el terreno para la completa transnacionalización de la economía. La deuda y la crisis -ahora interdependientes- han determinado una nueva dependencia, mucho más ominosa y con mayor grado de incondicionalidad que la tradicional."
Llegados a este punto, la digresión deja de ser tal, por cuanto en el nivel específico de la materia que nos ocupa, la economía y política petrolera, las consideraciones generales expuestas en las páginas de este aparte sustentarán las referencias que sobre aspectos similares haremos en el desarrollo de nuestras argumentaciones.

II


HIPÓTESIS
Y
OBJETIVOS

Hipótesis Principales

Como instrumentos metodológicos para organizar nuestra investigación, elaboramos un conjunto de hipótesis, las cuales resumen las principales afirmaciones que sustentan la exposición anterior. En el desarrollo de las mismas discutimos opiniones, datos cuantitativos e informaciones que abonan o niegan su certeza. Con ello tratamos de precisar sus límites, de establecer su alcance real, cuantitativa y cualitativamente. Estas hipótesis son las siguientes:
1.- La magnitud de las inversiones propuestas por la industria petrolera en sus periódicos planes "a mediano plazo", han sido, a través de los años, el resultado de presentaciones optimistamente sesgadas, tanto de las perspectivas del mercado petrolero internacional, como de las posibilidades de desarrollo inmediato de las reservas petroleras disponibles, por parte de los directivos de las empresas estatales. Su efectiva aplicación generaría una expansión innecesaria y de muy altos costos unitarios, de la capacidad de producción. Inconveniente en las condiciones actuales del mercado y de dudosa rentabilidad a largo plazo, esa expansión se contrae a un incremento del rubro "Propiedades Plantas y Equipos" con mediocres posibilidades de recuperación de la inversión en el largo plazo.
Con ello se hace un uso ineficiente, desde el punto de vista nacional, de recursos cada vez más escasos y costosos que podrían ser, por el contrario, la base financiera e infraestructural sobre la cual se establezca una economía alternativa, diversificada, fincada en el crecimiento de un mercado interno, menos aleatoria y menos dependiente de los centros económicos internacionales. En consecuencia, es indispensable establecer un sistema explícito de asignación de los recursos financieros provenientes de la liquidación de los hidrocarburos regido por las prioridades que establezcan los poderes soberanos del Estado y los entes planificadores a los cuales se delegue esa responsabilidad.
2.- La presión hacia la expansión constante de las actividades petroleras en Venezuela es hoy el principal efecto de la acción sin contrapeso de un conglomerado de intereses privados nacionales y extranjeros, los cuales han sido beneficiarios directos por décadas del sistema de relaciones productivas y de negocios establecidas sobre el petróleo venezolano. En la época concesionaria, ese conglomerado, el Poder Petrolero, estaba claramente encabezado por las principales corporaciones extranjeras establecidas en el país. Pero a partir de la reversión anticipada de las concesiones de hidrocarburos, su presencia se ha mimetizado y difuminado en la representación que de ellas ejercen múltiples socios -o candidatos a serlo- nativos. Ahora, y como es ampliamente conocido, por los discretos caminos de la asistencia técnica y tecnológica mantienen vínculos privilegiados en todos los emprendimientos de la empresa estatal venezolana, a la cual han trasfundido, incluso, una impronta gerencial antiestatal, de la cual son vectores algunos de sus antiguos empleados de confianza, integrados a los niveles directivos de dicha empresa.
3.- La expansión de las actividades en el sector de los hidrocarburos y la intensificación del carácter petrolero de nuestra economía significan la insistencia en un modelo de funcionamiento que ha demostrado, sin atenuantes, su incapacidad para resolver los problemas críticos de la sociedad venezolana, enfrentada a un crecimiento vertiginoso de la marginalidad, la miseria y la insatisfacción generalizada de las necesidades básicas de la población.
4.- Por el contrario, Venezuela debe marchar hacia una economía -como ya caracterizáramos- diversificada, autónoma y autosostenida, desechando el camino aparentemente fácil del parasitismo petrolero y tratando de desligarse del papel que una nueva división internacional del trabajo, diseñada por los estrategas globales del centro capitalista, quiere seguir, como en el pasado, asignándole: suministrador de productos con un procesamiento primario, de bajo nivel tecnológico, de las materias primas autóctonas, donde se asume la mayor parte de los costos energéticos e importador masivo de manufacturas y servicios de alta y no transmisible tecnología.

Objetivos Generales y Específicos

Aunque implícitos en la exposición introductoria y en la presentación de nuestros fundamentos conceptuales, queremos dejar expresamente asentados los objetivos generales y específicos que nos planteamos para realizar la investigación, en la cual seguimos inmersos y cuyos resultados parciales presentamos como Trabajo de Ascenso. Esos objetivos están circunscritos a la evaluación del proceso de generación y asignación de los recursos financieros generados por la explotación petrolera en Venezuela.
Para cumplir con esa tarea hemos abordado el problema por las vías que nos impone una fragmentada y edulcorada información petrolera, que mediante consolidaciones y omisiones muy bien distribuídas cumple con su función de presentar la mejor de las imágenes y privilegiar los escenarios que complacen o justifican las políticas preestablecidas por la cúpula gerencial y política de la industria.
En una de esa vías estudiamos los mecanismos de distribución del ingreso petrolero neto total entre participación fiscal y reinversión en el mismo sector, destacando el carácter automático de los mismos. Ello nos llevó a evaluar el problema de ese automatismo en cuanto a los fondos asignados para la reinversión en la industria petrolera, la pertinencia, eficiencia y oportunidad de estas inversiones automáticas y los problemas que ello trae aparejado, tanto desde el punto de vista estrictamente interno de la industria como en su impacto global sobre la economía nacional. Reseñamos aquí una discusión que tiene los años de la nacionalización, pero que en cada oportunidad adquiere tonalidades diferentes, según cambian las circunstancias y las posiciones de los intereses en juego.
Para el desarrollo de esta dirección de la investigación partimos de la constatación de lo obvio: La industria petrolera instalada en Venezuela, con sus dimensiones y características actuales, es la generadora fundamental de los ingresos externos del país y lo seguirá siendo a muy largo plazo, si no median políticas económicas encaminadas a la transformación de la actual estructura productiva. Ello no puede conducirnos a postular la liquidación de la industria ni de los beneficios que reporta sino, por el contrario, a enfatizar la necesidad de acometer una tarea que, planteada desde hace 6 décadas como la "siembra del petróleo", ha sido imposible cumplir hasta el presente: la incorporación efectiva de esos beneficios al proceso de desarrollo integral de la economía nacional.
En consecuencia, evaluamos los programas automáticos y crecientes de inversión petrolera en dos dimensiones: en cuanto a su eficiencia interna y su real capacidad generadora, multiplicadora o no, de nuevo excedente, y en tanto que expresión de la persistencia en un modo de aprovechamiento de los recursos naturales que ha demostrado, en todo este siglo y particularmente en los años transcurridos desde la toma del control de la industria por el Estado, su incapacidad para resolver los problemas críticos de las mayorías nacionales, objeto y sentido, en última instancia, de las políticas con las cuales se disponga de nuestro principal patrimonio colectivo.
En este análisis tratamos de establecer una relación causa-efecto entre la referida tendencia manifiesta al agotamiento de la capacidad generadora de excedentes de la industria petrolera y el proceso de agudización de las circunstancias críticas que vive la sociedad venezolana.
Elemento determinante dentro de la evaluación realizada lo constituye el estudio de las perspectivas, a mediano y largo plazo, del mercado petrolero y energético mundial. En este aspecto se trata, también, de un esfuerzo por encontrar la verdad detrás de un bosque de presentaciones sesgadas de las tendencias reales. Para ello, contrastamos distintos y divergentes escenarios y fuentes, presentando los catastróficos resultados que, al ser confrontadas con la realidad, arrojan las predicciones optimistas en las cuales se han fundamentado, recurrentemente, los megaproyectos de inversión petrolera en Venezuela.
La última fase de nuestro trabajo consiste en la presentación de un enfoque particular sobre una variable macroeconómica concreta: la capacidad generadora de empleo de la inversión petrolera en el resto de la economía. Esa capacidad la evaluamos a partir del comportamiento de la variable empleo en el sector industrial más imbricado con esas inversiones: la industria productora de bienes de capital.
El estudio detenido de esta variable nos ha permitido verificar algunos de los postulados que adelantamos en otros capítulos a partir de consideraciones mas generales. En esta materia, presentamos parte de los resultados de una investigación realizada por el autor en 1988 para el CONICIT, cuyas conclusiones siguen, a nuestro entender vigentes hoy y así lo confirman las cifras con las cuales hemos actualizado dicho trabajo.
En lo que sigue, presentamos el desarrollo con el cual pretendemos dar cumplimiento a los objetivos declarados y demostrar la pertinencia de las hipótesis planteadas.

III

CONCEPTOS
FUNDAMENTALES
Y
PLANTEAMIENTO
DE LA DISCUSION

El basamento conceptual de nuestra argumentación en el área temática que nos ocupa, la economía y política petrolera en general, y los procesos de generación y distribución del excedente petrolero en Venezuela en particular, lo establecemos al analizar la importancia y consecuencias de un proceso involutivo que se manifiesta en la industria petrolera venezolana desde mediados de los años 60 y hasta el presente: la desaceleración y caída de su capacidad generadora de tales excedentes.
Nuestra evaluación de la situación nos lleva a sostener que se trata del principal factor de la evolución reciente de la economía venezolana, determinante del desencadenamiento de la crisis global -económica, política y social- que hoy vive el país.
A pesar de múltiples advertencias, la existencia real de ese proceso y sus previsibles consecuencias fueron subestimadas, o simplemente negadas por los dirigentes de la política económica hasta mucho después de 1983. Se llegó a calificar como "profetas del desastre" a quienes alertaban sobre ello. Hoy, esas consecuencias son sufridas con gran intensidad por el país y en primer lugar por las cuatro quintas partes de la población que han sido lanzadas a las miasmas de la miseria, aquellas que se agrupan en los estratos de las familias con "necesidades básicas insatisfechas" y de la "pobreza crítica" a que hacen referencia las estadísticas, de las cuales transcribimos algunas muestras representativas.
Nuestra intención es llamar la atención sobre ese factor, su carácter estructural y sus efectos pasados, presentes y futuros sobre la economía Venezolana, así como el planteamiento de las alternativas de política económica con las cuales, en nuestra opinión, ha debido y debe afrontarse la inevitable acción de una condición crónica y cada día más crítica de los yacimientos petroleros nacionales.

Ello es necesario hacerlo porque, reiteramos, a pesar de tener más de 25 años incubándose, ha sido una realidad escasamente tomada en cuenta por los responsables de la política económica nacional, como se evidencia en las circunstancias actuales, cuando los efectos de esa caída se han descargado masiva y "sorpresivamente" sobre el país. Múltiples han sido las referencias periodísticas a esta "sorpresa", sobre todo, después del 27 de febrero de 1989. Optamos por no citarlas, por respeto a los sorprendidos analistas, cuyos niveles de información en esta materia ha sido proporcionado por el diario palangre petrolero que inunda los medios de comunicación nacional. Lo que si no podemos dejar de mencionar es la inexcusable ceguera de los planificadores petroleros oficiales, quienes todavía fincan sus propuestas en los presuntos efectos dinamizadores de la inversión en esa industria:

"...el plan petrolero debe considerarse como una estrategia de desarrollo del país, no sólo por su rol tradicional de principal proveedor de divisas, sino también por sus efectos dinamizadores sobre la economía, ya sea por efectos directos como son las compras de bienes y servicios y por la industrialización de los hidrocarburos como por sus efectos indirectos. Se estima que, desde el inicio del plan de expansión, más de la mitad del crecimiento del PIB correspondió a los efectos de la actividad petrolera."

Pese a que la experiencia venezolana de este siglo dice lo contrario y así lo confirman los analistas del funcionamiento de nuestro aparato económico en todas las épocas, el poder petrolero se empeña en querer demostrar que el petróleo será "la locomotora que impulsará al resto de la economía nacional".
Se trata, simplemente, de seguir insistiendo en el mismo modelo de desarrollo que ha fracasado en toda la línea en las décadas pasadas. Como queda probado con estas recientísimas citas, y pese a que, como dijimos, se han producido serias advertencias en cuanto al proceso involutivo señalado, ellas fueron -y siguen siendo- dejadas de lado.
Al parecer todavía subsiste el mito forjado durante los años de "La Gran Venezuela", según el cual, la nuestra es una "economía petrolera avanzada". Se esgrimían -entonces como ahora- argumentos relativos a tasas de crecimiento relativo de la economía no petrolera, "ya en franco despegue de la tutela estatal", las cuales, a la postre resultaron meros espejismos. Hoy, pese a los catastróficos resultados del funcionamiento de ese modelo, resucitan los mismos argumentos con los cuales se pretende seguir repitiendo la historia. Y nosotros nos vemos compelidos a refrescar la memoria de nuestros olvidadizos planificadores y ejecutivos petroleros.
Una de las primeras voces que alertó sobre esta realidad fue la de Juan Pablo Pérez Alfonzo, quien, en el mismo año en el que se registró el máximo histórico de producción petrolera señaló -no por dones de taumaturgo, sino por su conocimiento de la industria- que esa sería la cumbre, que el país no la volvería a alcanzar en mucho tiempo, quizás nunca más, y que, cuando las cosas se pusieran verdaderamente duras por la imprevisión e irresponsabilidad de los gestores de la política petrolera y económica, "en la bajadita", nos esperarían los caimanes del capital petrolero internacional para imponer sus condiciones.
En junio de 1972 una nota editorial de Prensa Petrolera, marcada con su estilo característico, fue titulada: "Al igual que las golondrinas de Becquer, tampoco volverán los codiciados records de producción petrolera" .
Tres años después puntualizaba:

"Desde 1960 Venezuela había iniciado su declinación en las reservas probadas, y con todo, en 1970 se nos llevó al record de la producción, forzando los yacimientos hasta más de 3,7 millones de barriles diarios".

Sobre este proceso en particular, se pueden consultar los gráficos y cuadros preparados al efecto e insertos en el Capítulo VII de este trabajo.
Meses antes, en marzo de ese mismo año 75 había ratificado sus temores "...los países industrializados, conociéndonos, están al acecho de la bajadita, puesto que saben de nuestra facilidad para resbalar."
Y otros tres años más tarde, en octubre de 1978, alertaba a estudiantes de post-grado y al país, sobre la posibilidad de que el gozo de la nacionalización también se fuera al pozo, presentando las cifras que confirmaban que la tendencia declinante no se había detenido con el fin de la era concesionaria. La claridad y actualidad de ese llamado de atención, la profundidad de la argumentación y la certera convicción de que no sería oído, nos obliga a extendernos en la cita:

"Agregados a las dañosas modalidades de la nacionalización criolla se agregan otros hechos no valorados en sus efectos agravantes para la situación de Venezuela. Sin exagerar puede afirmarse que el futuro es difícil.

La caída violenta de la Participación fiscal es uno de estos hechos. Son estos ingresos los que cuentan de verdad para el pueblo venezolano. Son ellos los que se supone sembrar para sustituir la liquidación de tan valiosos activos nacionales sin perjudicar las futuras generaciones ni la perpetuidad de la nación. Los excedentes que la misma industria guarde con destino a ser invertidos en la propia liquidación del petróleo, es errado o malicioso pretender integrarlos a aquellos ingresos que si quedan disponibles para invertirse en todos los proyectos imaginables... La verdadera participación fiscal, que es la efectiva, va llegando en su caída de 1978 a unos $ 3.367, casi el nivel de 1973, después de haber alcanzado la millonada de 1974...

Otra caída inesperada que impulsa la anterior es la declinación oficialmente admitida del potencial de producción. Hasta el 29 de diciembre pasado, cuando se conoció el informe del Presidente de Petróleos de Venezuela, nadie había llegado a sospechar que nuestras reservas de petróleo estuviesen perdiendo capacidad de ser producidas a la velocidad de una quinta parte por año.
...
Así, en vez de un techo para el ingreso fiscal petrolero, tantas veces propuesto con el fin de ir corrigiendo la distorsión y vulnerabilidad de la economía nacional, ahora descubrimos un derrumbe que amenaza atrapar en sus escombros todas las actividades nacionales. Este derrumbe es el resultado de la negligencia e irresponsabilidad que prevalecen. El esperpento denominado V Plan de la Nación, con su inexcusable endeudamiento, se proyecta y se intenta aplicar cuando lo que ocurre ya se veía venir. No era necesario ser profeta ni nada que se le parezca para vislumbrar que con la montaña de oro de los $ 10.000 millones de 1974 habíamos alcanzado la cima de lo que más podía esperarse del petróleo.
...
Lo cierto es que en el fondo, poco nos preocupó esa responsabilidad de invertir la liquidación del petróleo, por lo demás imposible de realizar eficientemente al exceder ciertos mínimos niveles. Otros pueblos ya han tenido la oportunidad de comprobarlo. En cambio por acá continuamos haciéndonos los tontos porque el verdadero interés de elites y privilegiados, antes que nada, es aprovechar el despilfarro de esos cuantiosos ingresos. Conforme se ha venido constatando, mayores dimensiones facilitan nuevas dimensiones de aprovechamiento indebido.

La relectura de los párrafos anteriores, 14 años después y encontrándonos de lleno en los tiempos difíciles augurados, nos revela cuán profundamente conocía Pérez Alfonzo al país y a su gente, y los efectos que sobre ellos ejercería el ingreso petrolero.
No en balde Francisco Mieres considera esta Clase Magistral como el legado más importante de su autor en materia petrolera. Por nuestra parte, debemos consignar aquí la deuda intelectual que nos lleva a pretender que los planteamientos centrales del presente trabajo son de inspiración perezalfoncina. Cuando menos, hemos tratado de ser consecuentes con sus enseñanzas.
¡Hoy estamos en plena bajadita!
Y los dirigentes políticos y económicos del país están buscándole la vuelta a la Constitución Nacional, al Artículo 5º de la Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, a la Ley de Impuesto Sobre la Renta y a todo el ordenamiento legal y reglamentario pertinente a la materia, para abrir las puertas al capital extranjero. Ya redujeron la tasa impositiva aplicable a las asociaciones estratégicas a un 30%, con el fin de "estimular" a las transnacionales petroleras para que vengan y ayuden a los petroleros vernáculos, sacándolos del berenjenal en que se han metido con sus fantasiosos megaproyectos.
Pero, como referimos en otro aparte, olvidan que las transnacionales se fueron del país por sus propios pasos, luego de una evaluación negativa de las perspectivas del negocio en las fases exploratoria y de producción de la industria petrolera venezolana. Los modestos resultados de los llamados a constituir "asociaciones estratégicas" confirman lo dudoso de los negocios planteados: British Petroleum se retira de la "joint-venture" BP-Bitor y recomienda a PDVSA que se concentre en los crudos livianos y medianos y posponga sus planes de la Faja para el 2.010. Elf-Aquitaine ratifica lo dicho por BP al afirmar que tales inversiones no son rentables hoy ni en el mediano plazo, aunque manifiesta su voluntad de mantenerse en los proyectos de investigación a largo plazo. El proyecto Cristóbal Colón confronta dificultades de factibilidad -también en el mediano plazo- dados los precios actuales del gas natural en el mercado norteamericano, Mitsubishi anuncia su retiro, Shell pide garantías adicionales y todo nos hace pensar que se escenifica una batalla en la cual la posición negociadora del país luce muy debilitada y proclive a la aceptación por adscripción de los términos exigidos por los socios internacionales. En los campos marginales se ofrece, como gancho, la posibilidad de explotar otros horizontes, con lo cual, de llegar a realizarse localizaciones exitosas, los contratos no serán sobre los campos marginales, sino sobre nuevos campos. Se siguen firmando "cartas de intención" y convenios para estudiar factibilidad, como el muy reciente con CONOCO para evaluar proyectos de mejoramiento de crudos de la Faja el Orinoco, pero nada nos permite vislumbrar logros efectivos a mediano plazo.
Volviendo a nuestro eje central, debemos señalar que además de Pérez Alfonzo, otros investigadores de nuestra realidad económica avizoraron la tendencia declinante que estudiamos, entre ellos y de manera destacada, Francisco Mieres, quien la plantea y caracteriza en varios artículos y ensayos sobre la materia.

"Uno de los rasgos sorprendentes de la aguda crisis venezolana es que se verifica al cabo de un período de creciente aflujo de ingresos petroleros hasta niveles inusitados. Sin embargo, lo más serio para la evaluación de la crisis es que ocurre sobre un telón de fondo de decadencia irreversible de la rentabilidad del sector petrolero venezolano, tanto por la caída tendencial de su potencial productivo como por la elevación coetánea de los costos unitarios reales de producción de petróleo convencional.

"En otras palabras, pese al encarecimiento de su petróleo en el mercado internacional, Venezuela ha entrado en la fase menguante de su renta petrolera neta."

Nadie le hizo caso y muchos han hecho mofa de su propuesta ulterior -coherente con su diagnóstico de la situación económica en general y de la industria petrolera en particular- de iniciar la construcción de una Venezuela pospetrolera. ¿Cómo puede ser "pospetrolero" un país con reservas superiores a los 62 mil millones de barriles, o 330 mil millones si se incorpora "sólo el 22%" de los recursos de la Faja?

"Mi tesis es que hemos llegado al ápice de la parábola como sociedad petrolera y que nos deslizamos por la rama descendente hacia una nueva configuración socioeconómica que ya no girará en torno a la exportación de petróleo como eje principal. Lo cual no quiere decir que dejará de exportar petróleo y otros hidrocarburos. Es a esa nueva forma de organización socioeconómica hacia la que marchamos pero que aún desconocemos con precisión a la que denominamos provisionalmente Venezuela postpetrolera."

Ciertamente, el petróleo como fuente de energía, no está muerto, pero el modelo petrolero como espina dorsal de la sociedad venezolana, sí está agonizando"

Aunque la evolución posterior terminó por dar la razón al Dr. Mieres, el tiempo perdido ya lo comenzó a pagar con creces el pueblo venezolano, tal como ha pagado en otras oportunidades la ceguera y egoísmo de los dirigentes del país.
En lo que a nuestro aporte concierne, el desarrollo que presentamos aquí mantiene la línea argumental que iniciáramos en nuestro anterior trabajo de ascenso , según la cual, la apropiación del excedente petrolero, de la renta petrolera producida a partir de la liquidación de los recursos hidrocarburíferos del subsuelo venezolano, -eje, motor, corazón de la economía nacional- es el objeto de una puja permanente, desde la primeras décadas de este siglo, en la que han participado, con éxito diverso, el Estado venezolano y los sectores que medran en su entorno, en competencia y asociación contradictoria con el gran capital petrolero internacional y sus aliados internos.
En otros trabajos hemos insistido en este planteamiento, en particular en "Reflexiones en Torno a la Política Petrolera..." del cual retomamos y ampliamos la estructura argumental en cuanto a la inversión petrolera. En ponencia presentada posteriormente, "Petróleo: Entre la Reinversión y el Gasto Fiscal", afirmamos, justamente, que

"... después de siete décadas de intensa explotación por parte de las concesionarias extranjeras, la industria petrolera venezolana funciona en la actualidad enfrentada a un escenario de costos reales crecientes, tanto en los yacimientos tradicionales, sometidos en su mayoría a la terapia intensiva de la recuperación secundaria, como en las nuevas localizaciones, efectuadas por lo general en horizontes mucho más profundos, en las fronteras sedimentarias del cretáceo o costa afuera."

Otros planteamientos centrales del presente trabajo han sido expuestos inicialmente en los lugares citados. De manera, particular, la concepción del "Poder Petrolero" con el cual hemos querido titular este trabajo para destacar la relevancia de un protagonista fundamental de nuestra historia contemporánea que, sin embargo, prefiere -con Sosa Pietri como excepción que confirma la regla- la conveniente penumbra del "low profile": En las largas décadas de permanencia del capital petrolero en "asociación conflictiva" con los factores de poder nacional, logró establecer con algunos de ellos, estrechas vinculaciones institucionales y personales que le permitieron tener vectores "nativos" de sus intereses. Recuérdese, como muestra, la constitución de la Cámara de la Industria del Petróleo, que agrupaba a las concesionarias extranjeras y a partir de la cual se organizó a FEDECAMARAS.
Numerosos son los testimonios de esas ligazones. Uno muy revelador fue el conflicto planteado en 1966 a raíz de la reforma tributaria propuesta por el gobierno de Leoni, ha sido referido antes por nosotros, citando a Tugwell, cuando ...

"Copei, Uslar Pietri y su FND, FEDECAMARAS, la Cámara de Comercio de Caracas y el inefable Guillermo Morón con su Comité de Defensa de la Clase Media, unieron sus voces [a la de Leo Lowry, Presidente de la Creole, n.n.] para anunciar todo tipo de desastres, entre ellos la liquidación de la industria petrolera y la segura marcha del país hacia el comunismo". -

El poder petrolero que hoy medra, propone, dispone y se escuda tras el "sector petrolero nacional", es hijo directo de esas vinculaciones:

"...como resultado de la compleja confluencia de intereses privados y corporativos que ... ejerció presiones determinantes en el sui-géneris proceso de avenimiento que condujo a la nacionalización de los activos de las antiguas concesionarias, se ha estructurado un sector petrolero estatal con personería jurídica de sociedad anónima, encabezado por hombres de cultura gerencial transnacional y espíritu de cuerpo formado en las ex-filiales, que constantemente reclaman autonomía operativa frente a los poderes soberanos, que deslindan permanentemente el campo entre lo técnico y lo político, para poder ejercer un poder relativamente sin control y constituir, de hecho, un Estado dentro del Estado que compromete y determina, con sus decisiones sedicentemente técnicas, variables fundamentales de la política económica nacional."

Tan recientemente como un mes antes de iniciar la impresión definitiva de este trabajo nos llega una confirmación insospechada de este aserto: el libro, ya citado, de Andrés Sosa Pietri, donde se nos presenta de cuerpo entero y con mucho candor como un heredero legítimo de ese "Poder". Recomendamos ampliamente su lectura, porque aligera la necesidad de demostraciones adicionales sobre la existencia y carácter del Poder Petrolero, tanto que nos obliga a hacer inserciones en diversos contextos argumentales de este trabajo. Para muestra, un botón:

"Recibo propuestas de trabajo, todas muy tentadoras. La primera de ellas: de la Creole. Me siento muy inclinado a aceptarla. Es la empresa más importante de Venezuela, la filial de la petrolera más grande del mundo. Mi abuelo ha sido su consultor jurídico por más de 40 años y papá asesor de ella por 13."

Sea propicia la oportunidad para dejar claro que las referencias personales que hacemos, las discusiones que planteamos con los integrantes del Poder Petrolero, a quienes mencionamos con nombres y apellidos, no comportan una manifestación denigrante, ni una voluntad de exposición al desprecio público de estas personas. Consideramos que las posiciones asumidas por los hombres que se desenvuelven en este campo, y en su entorno económico y político, están determinadas por el conjunto de circunstancias históricas dentro de las cuales se ha desarrollado la industria petrolera y la sociedad venezolana misma. A cada cual le ha correspondido un rol particular, así sea, en la mayoría de los casos, el de espectador. A otros les ha tocado en suerte, por sus propios méritos, por haber estado en el momento preciso, en el lugar preciso y con las capacidades y contactos requeridos, asumir posiciones dirigentes.
Pues bien, en esta materia, como en cualquier otra de igual trascendencia, esas posiciones deben estar sometidas al escrutinio público. En el caso que estamos refiriendo, se trata de que, en el proceso de análisis de la realidad petrolera venezolana hemos identificado un determinado patrón de comportamiento, un cierto perfil ideológico y político, un conjunto de sectores económicos y sociales, de características homogéneas, cuyos rasgos distintivos principales son, justamente, su interés en el negocio petrolero y su poder.
En este aspecto, también es necesario establecer los límites, la cobertura del concepto, por cuanto los auténticos miembros del "poder petrolero" pretenden arroparse con el manto de la técnica y la meritocracia, asumiéndose a sí mismos como "los técnicos", "los petroleros", "el sector petrolero", logrando efectivamente, a través de la imposición de una "mentalidad corporativa" en el seno de la empresa petrolera estatal, el establecimiento de su particular "visión empresarial" como verdad petrolera indiscutida.
Rechazamos esa amplitud. Cuando hablamos del poder petrolero nos referimos a la conjunción de cúpulas gerenciales públicas y sus asesores transnacionales con una reducida elite empresarial nacional e internacional, para el trazado de líneas de acción, en materia de política petrolera, favorables a sus particulares intereses grupales.
Es decir, que no incluimos dentro del concepto a toda la gama de técnicos de la industria, quienes ocupan posiciones gerenciales, de supervisión y coordinación, pero que están lejos de participar de las decisiones políticas que se concentran en el ápice directivo. Por el contrario, creemos que en las filas de ese amplio espectro técnico se encuentra una mayoría de individuos conscientes de la verdadera realidad. Ellos constituyen el futuro y la esperanza de un manejo más idóneo del patrimonio colectivo. Por propia experiencia sabemos que ellos tienen la mayoría de las respuestas correctas a los problemas aquí planteados... pero es en los "niveles políticos" de la gerencia petrolera, -niveles a los cuales esos técnicos no tienen acceso- donde se toman las decisiones trascendentes.
Y tampoco incluimos a la mayoría del sector privado nacional vinculado a las actividades de la industria, mayoría constituida por empresas cuyas capacidades de participación son desbordadas en el diseño de megaproyectos acordes más bien con las dimensiones de las grandes firmas internacionales de ingeniería.
Finalmente, y como motivación principalísima del presente trabajo, debemos destacar la evidencia de que en todo el tejido de acuerdos y enfrentamientos mediante el cual se ha producido el reparto de la renta petrolera, han sido testigos, más que participantes, los sectores mayoritarios de la población. Testigos las mas de las veces mudos, y sólo en situaciones excepcionales -27 de Febrero de 1989, 4 de Febrero, 27 de Noviembre de 1992 ... - han levantado algo más que voces de protesta en reclamo de su derecho a esa participación.
Esos sectores, tradicionalmente desfavorecidos, ahora han sido definitivamente desposeídos de la irrisoria tajada que se les asignara. Valga la oportunidad para recordar, como punto de partida de esa situación, una caracterización de la Venezuela de 1975, hecha a partir de las estadísticas oficiales:

"Más del 70 por ciento de los venezolanos, y la casi totalidad de la población agrícola, vive en condiciones de subalimentación. ...

Dos de cada tres venezolanos ocupados en actividades no agrícolas y la casi totalidad de los ocupados en actividades agrícolas, perciben ingresos mensuales inferiores al salario mínimo de subsistencia...” .

La masiva proletarización -en el sentido de deterioro de su status- de la antes pujante clase media, y la caída en los niveles de miseria y pobreza crítica de la gran mayoría de la población constituyen palmaria demostración del empeoramiento de la situación caracterizada por Chossudovsky en plena "bonanza petrolera". Lo que es peor, los indicadores del agudizado despojo son utilizados con descaro, por algunos de los principales beneficiarios del mismo, como representativos de los logros de las medidas de ajuste macroeconómico y anzuelo para inversionistas extranjeros:

"Venezuela tiene entre sus ventajas competitivas para ofrecer a los inversionistas uno de los más bajos costos de mano de obra en el mundo...”




Venezuela tiene entre sus ventajas competitivas para ofrecer a los inversionistas uno de los más
bajos costos de mano de obra en el mundo, como puede apreciarse en este cuadro.



Si partimos de las estadísticas disponibles hasta 1988, desde 1981 y hasta ese año se mantenía bajo la línea de la pobreza más del 41 por ciento de las personas (ver cuadros). Considérese la situación actual, después del impacto de las draconianas medidas de "ajuste macroeconómico" que acentuaron la tendencia secular a la caída del ingreso real de la población. Algunas instituciones e individualidades han mencionado estimaciones que ubican la proporción de personas y hogares bajo la línea de la pobreza en las cercanías del 80% ( )

"Una Curva de Lorenz de "demografía vs. ingreso" típica de Venezuela sería la que demostrara que el 80% de la población tiene ingresos de pobreza crítica donde no hay ninguna calidad de vida y el otro 20% lo tiene. Y dentro de éste sólo algunos son ricos de verdad." ( )





Desde nuestro particular punto de vista, identificado en los capítulos introductorios, esta involución es inaceptable, sean cuales sean las tasas de "crecimiento de la economía" que se presenten como contrapartida. Y hoy en día es imposible tapar con un sólo dedo, y ni siquiera con las dos manos, el sol de esta realidad. La pugna por el destino del menguante excedente se ha acentuado y ahora es pública y descarnada: "el hueco fiscal" es cada día mayor. Ahora, aún entre los grupos privilegiados en el reparto, la lucha es a cuchillo. Las posiciones se polarizan, allí también, por garantizarse puestos destacados en el convite. Ello es lo que ha permitido, de paso, poner en evidencia los aspectos más absurdos de los megaproyectos petroleros, sobre todo en sus versiones más delirantes.

IV


CARACTERIZACION
DEL PROCESO
ESTUDIADO

Una tendencia y sus perspectivas

La evolución que nos ocupa, la declinante capacidad generadora de renta del petróleo y su industria, es el resultado de la acción de diversos factores, siendo el principal, en nuestra opinión, el ya mencionado saqueo al cual fueron sometidos los yacimientos convencionales a partir de 1961, como respuesta de las concesionarias a la política de no más concesiones, hecha norma constitucional en ese mismo año por la decidida voluntad política de Pérez Alfonzo.
Esa política, uno de los pilares del "Pentágono de Acción" del entonces Ministro de Minas e Hidrocarburos para garantizar la "participación razonable" del Estado en la liquidación de los recursos de la Nación, es descrita por los actuales planificadores de la empresa petrolera estatal -que al parecer no se sienten identificados con esta condición estatal- como una agresión a "la actividad productiva petrolera":

"...y ya en la era democrática, se desataron fuerzas nacionalistas en contra de la actividad productiva petrolera. En lo institucional, esto se sintetizó en la política de 'no más concesiones’... La presión a partir de 1958 en contra del capital provoca un proceso de desinversión neta..." .

Justifican así -treinta años después, pero con fines muy contemporáneos- la política de extraer al máximo posible, antes del término de la mayoría de sus concesiones en 1983-84, con la cual las concesionarias extranjeras violaron todas las normas técnicas de conservación y elevaron los niveles de producción hasta llevarlos a su récord histórico de 3,7 millones de barriles diarios en 1970, año a partir del cual se inició el pronunciado declive que analizamos en otro capítulo.
En verdad, estos argumentos justificadores de la política de las concesionarias frente a la norma impuesta en el Artículo 97 de la Constitución Nacional no son nuevos. Los mismos fueron formulados inicialmente por Luís Vallenilla, en su obra "Auge, Declinación y Porvenir del Petróleo Venezolano", donde, precisamente, se identifica la "declinación" con el principio de "no más concesiones". Viniendo del Secretario de la Cámara de la Industria del Petróleo, que agrupaba a las concesionarias, esta argumentación era de una pertinencia irreprochable. No era dable esperar otra cosa de un dirigente de la empresa privada ante una avanzada del Estado en reivindicación de sus derechos como propietario del recurso. Lo que si es absolutamente incongruente, antinómico, es el hecho de que una concepción como la que dejan traslucir esas afirmaciones sea la filosofía de la empresa estatal.
Con la misma intención, pero además limitando erradamente esta política de las concesionarias al período 71-75, Humberto Peñaloza la caracteriza con bastante detalle y precisión en una presentación de PDVSA:

"Las compañías petroleras transnacionales evitaron en lo posible realizar inversiones que no tuvieran una recuperación inmediata o un altísimo factor de multiplicación dentro del futuro previsible de las concesiones (1983); e igualmente, trataron de reducir los costos por todos los medios a su alcance, para maximizar la línea final de las ganancias."

Los resultados, según la misma fuente, fueron los siguientes:

1. Bajas inversiones en activos fijos. Promedio de desembolsos: 1.316 MMBs. anuales.

2. Mínimas operaciones de exploración y desarrollo. Reducción de las reservas probadas de petróleo provenientes de descubrimientos y extensiones: 5.466 MMB producidos vs. 2.007 MMB incorporados por descubrimientos y extensiones.

3. Contracción de las actividades generales de producción. Caída del potencial de producción: 4,0 MMBD a finales de 1970 vs. 3,0 MMBD a finales de 1975. Promedio de desembolsos: 3.527 MMBs. anuales.

4. Reducción de la fuerza-hombre. De 45.600 trabajadores en 1957 a 23.300 trabajadores en 1975, con desmantelamiento de importantes unidades de estudio.

5. Vulnerabilidad con respecto al sector externo. Prácticamente todo lo que se producía era para la exportación y prácticamente todo lo que se necesitaba para producir era importado."

Valga la oportunidad para precisar algo que intencionalmente olvidan los críticos de la política de "no más concesiones", como es el hecho de que este comportamiento de las ex-concesionarias estaba previsto dentro de la política estructurada en el "pentágono de acción" de Pérez Alfonzo, quien estableció un mecanismo de vinculación de las ganancias de las concesionarias con sus activos fijos netos, limitando aquélla a un porcentaje de éstos: 15%. Fue creado también un organismo interministerial -Minas, Fomento y Hacienda- para fiscalizar esa relación, la Comisión Coordinadora del Comercio y la Conservación de los Hidrocarburos. Si esta Comisión, -establecida en el menos nombrado de los vértices del "pentágono"- nunca funcionó y pocos años después se estimaba que los beneficios netos de las concesionarias rebasaban el 40 por ciento de sus activos netos, materializando el proceso de desinversión que estamos analizando, ello se debió a la omisión de los gobiernos encargados de ejecutar esta política, comenzando por el mismo en el cual era Ministro el Dr. Pérez Alfonzo.
En verdad, su Pentágono de Acción fue, desde el vamos, acatado pero no cumplido, al estilo de lo acostumbrado por virreyes y gobernadores de Indias con las Reales Cédulas. Por ejemplo, en su discurso de inauguración de la CVP, el Presidente Betancourt se curó en salud ante las transnacionales, aclarando que esa nueva corporación estatal no iría a competir con ellas y que, por el contrario, sería el instrumento para el otorgamiento de "contratos de servicios y otras fórmulas de arreglo" 49
Y fueron las irresistibles presiones del poder concesionario las que disuadieron a los sucesivos gobiernos de la cabal aplicación del "pentágono", y en particular de la Comisión Coordinadora, con lo cual se abrió paso a la señalada expatriación masiva del capital petrolero. No puede, en consecuencia, achacarse a la política de "no más concesiones" la desaforada acción de las compañías.
Si nos detenemos en esta vieja disquisición es porque, como hemos visto tiene mucha actualidad entre los argumentos justificativos de la política expansiva del Poder Petrolero. "Las inversiones que no se hicieron en el pasado pesan ahora sobre PDVSA. Así se pagan los errores de la política petrolera equivocada del pasado" Notas como ésta, en las cuales se hacen referencias unilaterales y distorsionadoras sobre la significación de la política de "no más concesiones", aparecen con una frecuencia digna de mejores causas.
A partir del máximo de 1970 se inició el señalado deterioro de la capacidad productiva que se ha convertido en tendencia "natural" y permanente a la disminución, estimada inicialmente en 14 mil barriles diarios cada mes y que hoy, según informa industria monta a los 50 mil barriles diarios mensuales (600 mil barriles diarios al año, más del 21% del potencial declarado actual). Esta evolución, no considerada cuando se pretende disimular el incremento de los costos unitarios de la producción petrolera nacional y destacar una pretendida "competitividad" en los mercados internacionales, se ha convertido ahora, como en 1979, en el instrumento favorito para justificar los escandalosos presupuestos de gastos de PDVSA:

"Es de enfatizarse que los requerimientos de financiamiento de Petróleos de Venezuela por encima de los recursos disponibles como resultado de su gestión, obedecen fundamentalmente a la necesidad de reponer potencial de producción de petróleo crudo que cae en unos 600.000 barriles diarios por año debido a la declinación natural de los yacimientos muy maduros, así como para contar con una cantidad adicional de producción en anticipo del incremento de la demanda petrolera mundial."

Tales cifras son las que determinan el escenario de costos crecientes al cual nos referíamos anteriormente y en nuestra ponencia de 1989, dejando claro que ellas corresponden solamente a los crudos procedentes de las localizaciones tradicionales. Pero además, los costos de producción en los nuevos horizontes establecidos crecen por las mayores profundidades a las cuales se localizan. Los crudos pesados y extrapesados, por su misma naturaleza, implican costos adicionales de manejo, tratamiento y transporte. En el caso de los extrapesados, si nos atenemos a los precios vigentes y en perspectiva para la próxima década y los costos de su conversión en un material directamente utilizable, su definición como reservas probadas parece más ejercicio ilusionista que registro de una realidad. Más adelante -Cáp. VII- presentamos un estudio detallado de este aspecto, clave para una evaluación certera de las posibilidades reales de expansión de la industria petrolera nacional.
Ahora bien, pese a que la caída efectiva de la capacidad productiva y de la producción misma duró más de 15 años -hasta 1985-, ello no se reflejó en los niveles absolutos del ingreso fiscal petrolero porque, simultáneamente (1970-1982), se produjo el conocido proceso que llevó los precios del crudo marcador de la OPEP desde menos de dos dólares hasta más de 34. Fueron los tiempos de la luna de miel con esa Organización, cuando algunos llegaron a pensar que se podía cometer impunemente cualquier barbaridad en materia de política económica, porque el país contaba con un ángel de la guardia que hablaba árabe.
De hecho, aún reconociendo las debilidades estructurales de los sectores productivos no petroleros, en vez de iniciar una política destinada a la reconstrucción de la economía nacional sobre nuevas bases, utilizando recursos de los cuales todavía se disponía, la dirigencia política y económica apostó todas sus esperanzas de salvación del modelo parasitario a una prolongación permanente de la señalada evolución ascendente de los precios del petróleo.
Los "megaproyectos" de la Faja del Orinoco, por ejemplo, se basaban en la presentación de escenarios tales que, en su opción "moderada", contemplaban precios de más de 43 dólares el barril de crudo de 24º API para 1993, escalando hasta 56,22 $/bl para el año 2.000. Para la mezcla entre crudos de 24 y 10 grados API, que iba a ser el "producto" de uno de los más absurdos de tales megaproyectos, el Guanipa 100 +, (Cien más o Cien plus, según las afinidades lingüísticas del lector), se estimaba obtener un precio por barril de $35,21 para 1993 y 44,89 para el 2.000.
La inversión de esa progresión de los precios petroleros a finales de 1982, cuando el correspondiente al crudo árabe marcador simplemente no mantuvo la tendencia precedente, sino que cayó en cinco dólares, hasta 29 dólares por barril, fue lo que comenzó a despertar, vía electro shock, a los embriagados venezolanos: El 18 de febrero de 1983 se convirtió en el "Viernes Negro" nacional, en mención del fin de la Venezuela del bolívar duro, de veinte años de tipo de cambio fijo a razón de 4,30 bolívares por dólar y de tabaratismo mayamero, última etapa de una era de seis décadas de estabilidad cambiaria. Fue la fecha en la cual el Ejecutivo Nacional tomó las primeras, tardías e inefectivas medidas restrictivas ante la cada día más evidente disparidad entre el tipo de cambio sobrevaluado de la moneda nacional y la crisis de la fuente generadora de excedentes. En los dos años anteriores se había producido la debacle económica histórica a que hacía referencia Miguel Rodríguez en su ya citado "Auge Petrolero...".
Esas medidas anunciaban los amargos paquetes actuales, pero no aminoraban el optimismo petrolero. La caída de los precios en 1986 hasta los 10 $/bl y el período de inestabilidad en el mercado petrolero que se inició entonces debía darle el golpe de gracia a los sueños de boom de la demanda en los cuales fundamentaban sus proyectos no pocos estrategas. Sin embargo, los nuevos megaplanes formulados por PDVSA para elevar el potencial productivo más allá de los 3,5 millones de barriles diarios para 1995, -y aún su reformulación, con meta de 3,7 MMBD para 1997- indican claramente la persistencia de tales sueños, y demuestran que algunos dirigentes petroleros son más tercos que la realidad... o simplemente, no les importa, porque son otros sus parámetros para evaluar la factibilidad del negocio.
Todavía muy recientemente, marzo de 1993, se continuaba mencionando la vieja meta de 4 millones de barriles diarios, pero ahora pospuesta para el año 2.002 .
En otras palabras, podemos resumir la experiencia del petróleo venezolano en los 20 años que se inician en 1973: Después de generar en la primera de esas dos décadas los más altos niveles de riqueza efectiva jamás percibidas por el país y de que en virtud de ello afluyeran al país, también, colosales montos de capital en calidad de préstamo, la caída de los precios a principios de la siguiente década ha sumido al país en una grave crisis.
Uno de los rasgos dominantes de esa crisis ha sido, precisamente, la necesidad de renegociar, en condiciones de gran severidad para el país y de acuerdo con los dictámenes de Fondo Monetario Internacional, los compromisos crediticios adquiridos que no pudieron ser asimilados ni utilizados para el desarrollo autónomo y autosostenido. Emerge ahora una economía más vulnerable y dependiente de los centros del poder económico mundial.
En suma, y por todas las circunstancias planteadas, consideramos que la disminución ya ocurrida en la capacidad generadora de excedente de la industria petrolera venezolana tendrá vigencia a largo plazo. Y esa capacidad será aun más limitada en la medida en que se enfrente la necesidad de explotar las reservas remanentes más pesadas debido al agotamiento de las posibilidades de expansión, e incluso mantenimiento de los niveles actuales, en la producción de crudos livianos y medianos. Las peticiones de eliminación de los Valores Fiscales de Exportación se fundamentan, además de otras consideraciones, justamente en esto:

"...los costos de producción e inversiones requeridos por los nuevos proyectos de la FPO, producción y procesamiento de P/XP y desarrollo de C/L/M, están en el orden de 60% y 120% más altos que los desarrollos actuales de C/L/M. Tales magnitudes hacen necesario adecuar la estructura tributaria para poder desarrollar dichas áreas.

La posición que sostenemos ha sido expresada sintéticamente por Francisco Mieres al concluir, en un informe al Consejo de Economía Nacional, con las siguientes constataciones:

"Por una conjunción de factores exógenos nada circunstanciales, y otros de carácter nacional, en que se enlazan la calidad de nuestros yacimientos petrolíferos, la madurez de nuestra industria petrolera, la proliferación de actividades, de costos y de inversiones, y su responsabilidad de principal financiadora del presupuesto fiscal, ocurre que el rendimiento económico de la explotación petrolera, el excedente capaz de generar recursos para la inversión y para el gasto social, se ha venido reduciendo sustancialmente, y ya no alcanza para satisfacer plenamente ambos requerimientos.

Nada indica que en el futuro los factores exógenos vayan a mejorar tendencialmente, ni que los de orden estructural endógenos puedan modificarse favorablemente. Ello significa que los factores objetivos tenderán a mantener el abatimiento de la rentabilidad petrolera.

Por todo lo anterior, se hace indispensable un análisis profundo de la política petrolera y, en particular, de la conveniencia, pertinencia y oportunidad de los proyectos, -billonarios en bolívares, mil millonarios en dólares- inicialmente formulados por PDVSA en su Plan de Mediano Plazo para 1991-96 y mantenidos con ligeras variaciones en las versiones subsiguientes de ese instrumento, de inversiones encaminadas a la expansión de las actividades de esta industria. Tal fue uno de los objetivos que animó la realización del presente trabajo y a su cumplimiento dedicamos el capítulo V y sus distintos apartes.

El "Poder Petrolero" y sus manifestaciones
En tanto que en la segunda hipótesis de este trabajo hemos atribuido al conglomerado de intereses económicos y políticos que denominamos Poder Petrolero el carácter de promotor principal de las políticas expansionistas a todo trance dentro de la industria petrolera, y habiendo iniciado su caracterización en el capítulo correspondiente a los fundamentos conceptuales de nuestra investigación, corresponde ahora aportar otros elementos, que terminan de definir los rasgos de ese factor esencial de la política petrolera venezolana:
Su núcleo matriz, como ya dijimos, lo constituyeron los "hombres de confianza" de las antiguas concesionarias, quienes, contando con el poderoso instrumento de los contratos de asistencia técnica y comercialización suscritos con sus antiguas casas matrices, -con la absoluta aceptación gubernamental de los términos presentados por éstas- se convirtieron en garantes del mantenimiento de los vínculos dependientes de la nueva empresa estatal con el capital petrolero extranjero.
Esos vínculos dependientes, han dejado su impronta hasta en la estructura organizativa de nuestra empresa estatal, la cual, después de un confuso inicio con 14 operadoras, es sometida a procesos de "racionalización" para concluir con cuatro operadoras "integradas", Lagoven, Maraven, Llanoven y Meneven, que inician proyectos paralelos de exploración, explotación y refinación, garantizando la participación de sus respectivas ex-matrices, Exxon, Shell, Mobil y Gulf, en los negocios que tales proyectos comportan: Cuatro cambios de patrón de refinación, cuatro frentes de operación en la Faja, cuatro matrices de asesoría tecnológica... La situación es tan evidente que, cuando en los Estados Unidos desaparece la Gulf, en Venezuela se liquida a Meneven.

Pues bien, estos cónsules de la transnacionalidad generan, en el seno de las operadoras, una mentalidad corporativa antiestatal, amparados en la necesidad de operar con criterios "técnicos" y no político-partidistas, estableciendo artificiosas separaciones entre "el mundo político" y "la industria", sintiéndose, al igual que sus antecesores extranjeros del enclave petrolero, "una empresa del primer mundo en un país del tercer mundo", rodeándose de una aureola de eficiencia no siempre justificada por los hechos, pero si escudada en la inmensa capacidad generadora de renta del producto que manejan, designando como "meritocracia" a un proceso de asignación de cargos gerenciales cargado de subjetivismos y exigencias de incondicionalidad:

La meritocracia es un vocablo que las nuevas generaciones petroleras oyen mencionar hasta el cansancio en cursos, discursos y seminarios, pero que en la práctica no se aplica por ninguna parte. Todo lo contrario. En la medida en la cual el individuo es competente y capaz, en la medida en que demuestre tener un alto potencial, en esa misma medida los directivos lo excluyen porque representa, en el corto y mediano plazo, el reto a la competencia que ellos, por su incapacidad, no están en condiciones de enfrentar

La sobrevaloración de sus méritos, el percibirse como ejecutivos de una empresa mil millonaria que figura en los primeros puestos del ranking mundial, ("PDVSA has targeted an aggressive strategy of expansion to assume an increasing role in the global market as a world class major energy corporation" los conduce a exigir privilegios de "Nueva Clase", como refiriera un articulista de El Universal en respuesta a otro, uno de los más connotados miembros del Poder Petrolero. Aún cuando no negamos que quien maneja miles de millones de dólares deba recibir un tratamiento adecuado a la delicadeza y complejidad de sus responsabilidades, pensamos que tales pretensiones están vinculadas al olvido -mas que olvido, negación- de su condición de servidores públicos pues, con igual o mayor nivel de responsabilidad y legitimidad, podrían exigir tales privilegios el Presidente de la República, sus Ministros, y las cúpulas de los demás poderes públicos. A tal punto se comportan como empresarios privados nos lo demuestran los numerosos pliegos conflictivos introducidos por los trabajadores petroleros en las zonas operativas de oriente y occidente, motivados fundamentalmente porque esa remuneración privilegiada se detiene en las cúpulas, ante la necesidad de "racionalizar los costos".
Estas referencias a la mentalidad corporativa privatista que impera en Petróleos de Venezuela pueden parecer anecdóticas o folklóricas, sin embargo, constituyen parte fundamental de la razón de ser del expansionismo petrolero y a ellas haremos referencias en los diversos capítulos donde tratamos específicamente los resultados de los proyectos surgidos bajo esa concepción.
Por lo pronto, es oportuno mencionar algunos ejemplos del funcionamiento de ese espíritu corporativo: Las campañas alarmistas sobre los peligros a que se enfrentaría la industria petrolera si se produjera una disminución muy pronunciada de su flujo de caja como consecuencia de la aplicación de políticas "fiscalistas", el reclamo constante de "autonomía operativa" y cese de controles e interpelaciones, la exigencia -ya aceptada por todo el espectro político nacional- de eliminar los Valores de Exportación. El recurrir a argumentos que parten de comparaciones con las grandes empresas privadas transnacionales para proclamar que la nuestra es la empresa que "paga más impuestos", olvidando que, en el caso de Petróleos de Venezuela, son precisamente los impuestos la materialización del beneficio neto del propietario de los activos: el Estado.
En el ejercicio de su condición, el poder petrolero apela a todos los medios a su alcance, utilizando recursos considerables para la promoción de los escenarios más convenientes a sus intereses. En ello ha tenido un resonante éxito, al convertir sus "presentaciones" en la encarnación viva y generalmente aceptada de "la verdad petrolera".
Sus esfuerzos han ido desde las campañas institucionales y el adoctrinamiento de los periodistas que cubren la fuente, hasta la "toma" de "El Nacional" por uno de sus más destacados espadachines: Alberto Quirós Corradi. En efecto, el diario que había sido vocero predilecto de las ideas de Pérez Alfonzo, en cuyas páginas se discutía abiertamente la inconveniencia, por ejemplo, del "Plan 2.000" de PDVSA o se denunciaba el Contrato de Desulfuración Mayobre-Creole, se ha convertido, después de "la toma", en un difusor acrítico de todo el palangre que generan los departamentos de relaciones públicas de la industria. A "El Universal" no fue necesario tomarlo, porque siempre ha sido un vocero complaciente del poder petrolero -antes y después de la nacionalización- e igual consideración podemos hacer sobre los canales de televisión, altamente dependientes de la generosa pauta publicitaria petrolera.
Con los partidos políticos la campaña de ablandamiento del poder petrolero ha dado frutos absolutamente positivos para sus fines: las Comisiones de Energía y Minas del Senado y Diputados se han convertido en estaciones repetidoras de los temas preferidos de la verdad petrolera y han abandonado una actividad contralora que de alguna manera, con supremas limitaciones de recursos e información, se intentaba ejercer en las anteriores magistraturas. Ahora, en pleno vendaval electoral, la feria de las ilusiones se alimenta con las inmensas reservas que permitirán al país mantenerse como líder petrolero mundial y otras bellezas por el estilo.
Ni los más radicales se han salvado del masaje ablandador y, además de la particular indiferencia por estos temas que se ha generado en ellos, del dejar el problema a "los técnicos", no es ya extraño ver, de vez en cuando, a Teodoro Petkoff, Freddy Muñoz o Andrés Velásquez declarando sobre la exagerada presión fiscal que aqueja a PDVSA y la urgencia de eliminar los Valores Fiscales de Exportación, o la necesidad de "ponerle comillas a la OPEP" .
En las universidades, escenario de muchas batallas por una nacionalización consecuente con los intereses de las grandes mayorías, promotoras de jornadas de crítica y análisis, denunciadoras de trapacerías como las de los contratos de "Asistencia Técnica" de 1976, la guardia ha caído hasta el punto de que muchos profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales han sido convencidos de que estando la industria del petróleo en tan eficientes manos, ya no es tan indispensable el estudio detenido de los temas que le atañen. Los mismos han perdido su carácter básico y pueden interpretarse como los problemas comunes y corrientes de cualquier industria: un problema de administración y gerencia.
Es así como, pese a nuestras encendidas protestas, interpretadas por algunos como "defensa del conuco" y dejadas de lado en el Consejo de Escuela por haber sido expuestas "fuera del lapso establecido para ello" , en la Escuela de Economía de la UCV se ha eliminado la materia Economía y Política Petrolera, remitiendo algunos de sus contenidos a materias genéricas como Historia Económica, Estado y Economía o Políticas Económicas III. Los nuevos economistas de la UCV también serán munidos de la "verdad petrolera" que suministran los medios de comunicación y las bonitas presentaciones gerenciales que, de vez en cuando se hacen en los auditorios de la Facultad. En otros ámbitos universitarios se han escenificado debates en torno a esta materia, en particular en el Postgrado en Economía y Administración de Hidrocarburos, pero en líneas generales lo que impera es el "sentido común petrolero" alimentado por los torrentes del mismo que suministran diariamente los principales medios de comunicación.

La "Verdad Petrolera" frente a la realidad

La "verdad petrolera", materializada en una visión corporativa inversionista a troche y moche, espoleada por los consejos de los bien pagados asesores "tecnológicos" de las antiguas casas matrices extranjeras, ha conducido al país a fracasos gigantescos como el de la Faja Petrolífera del Orinoco, en donde se consumieron y esterilizaron varios miles de millones de dólares. A la ejecución por la vía más costosa de proyectos ciertamente justificados, como el cambio de patrón de refinación, y al actual y no suficientemente evaluado programa de adquisición de capacidades refineras en el exterior.
Sin embargo, el planteamiento de la necesidad de análisis y evaluación pública de los planes de inversión petrolera choca con los "derechos adquiridos" que, por las coyunturas históricas ya señaladas, se han adjudicado a la industria petrolera de propiedad pública.
Como señaláramos, en virtud de las particulares condiciones en que se produjo el proceso de reserva al Estado de las actividades petroleras, en Venezuela funciona un mecanismo de distribución del ingreso petrolero que asigna a la reinversión dentro del mismo sector una proporción definida, la cual ha promediado en los últimos años un nivel cercano al veinte por ciento de dicho ingreso. (Ver Sumario Financiero)
Ese mecanismo distributivo está constituido por el sistema legal y reglamentario que rige a Petróleos de Venezuela y sus empresas filiales, cuyo eje central es su paradójica condición de empresas estatales con personería jurídica de sociedades anónimas. En el aparte V.1. describimos detalladamente el funcionamiento de estos instrumentos.
Pues bien, no contentos con la proporción de esa asignación automática indiscutida, desde poco tiempo después del inicio de sus actividades, los directivos de PDVSA han adoptado como política permanente el inflar sus requerimientos de inversión y desatar campañas periódicas para justificar planes y proyectos gigantescos, megaproyectos, como es de su gusto llamarlos, frecuentemente sobredimensionados.
Ya en el Primer Informe Anual del Directorio de PDVSA a la Asamblea Ordinaria de Accionistas se afirmaba que,

"Para la industria petrolera nacional es indispensable la autosuficiencia financiera. Petróleos de Venezuela considera que debe estructurarse una política fiscal de hidrocarburos que pueda garantizar esta autosuficiencia no sólo a corto sino a mediano y largo plazo..."

Hace más de nueve años denunciamos el caso concreto de la fraudulenta conversión de inventarios por 10.000 millones de bolívares en inversión supuestamente ejecutada durante los años 81 y 82 para justificar el nivel de inversiones propuestas para 1983. El resultado fue una muestra de la potencialidad del Poder Petrolero. Apenas conseguimos que un candidato presidencial, Teodoro Petkoff, hiciera la denuncia, tomando un tanto por sorpresa al diario El Nacional, el cual la reseñó de manera destacada. Rápidamente, sin embargo, la denuncia fue anulada con el fácil expediente de no comentarla, tanto por ese diario, como por los demás medios de comunicación y, a pesar de la magnitud de las cifras involucradas, dejada de lado en medio del carnaval electoral.
Reproducimos aquí (ver Cuadro No. 2) los balances 81 y 82 presentados por PDVSA en sus informes y la modificación de los mismos realizada según una "Nota" de los auditores.



Decíamos entonces:
Mediante el cómodo expediente de convertir Existencias de Materiales y Suministros en Propiedades, Plantas y Equipos, transfiriendo irregularmente 3.621,5 millones de bolívares en 1981 y 7.472 millones en 1982 de una partida a otra se oculta el hecho de que la industria mantiene inventarios por más de 10.000 millones de bolívares y de paso se abulta dolosamente el monto de la inversión bruta fija efectivamente realizada.

Esta transferencia, que infla el rubro Propiedades, Plantas y Equipos del Activo Fijo de la industria petrolera desde 22.889 millones de bolívares en 1980 a 53.849 millones en 1982, es la que permite sostener que las inversiones requeridas en 1983 por PDVSA y sus operadoras, aún con reajustes, alcanzan a 15.000 millones de bolívares.

Ante este tipo de maniobras, efectuadas para PDVSA por la firma de auditores Espiñeira, Sheldon y Asociados, empresa filial de la mayor transnacional en ese campo, Price Waterhouse, no podemos menos que poner en duda los recaudos presentado por PDVSA para sostener sus exigencias: la "caja negra" de las manipulaciones financieras de PDVSA debe ser abierta ante el país.

Lo único que se logró, según nos manifestaron posteriormente algunos funcionarios de la industria, fue que se modificara el tratamiento estadístico y contable, así como el nivel de agregación de la presentación, de los rubros del Activo comprometidos en la manipulación descubierta.
La insistencia de la cúpula gerencial petrolera y su entorno aprovechador ha sido tal que, como mencionamos repetidamente, han logrado convencer a toda "la opinión pública", es decir, a los medios que controlan dicha opinión y los partidos que les hacen la corte, al Ejecutivo y al Congreso, que hay una exagerada presión fiscal sobre PDVSA y que es necesario eliminar a la brevedad los Valores de Exportación, tal como ya se está ejecutando. La realidad, en tiempos de "hueco fiscal", es diametralmente opuesta, y así lo revelan las cifras de la propia PDVSA.
Invirtiendo el orden lógico de los hechos, después que la explosión de sus costos y gastos en 1990-91 -determinada justamente por el inicio de la ejecución de los megaproyectos, usando la vía tradicional de presentar hechos cumplidos- ha conducido a la empresa petrolera estatal a tener que apelar a financiamiento interno y externo por primera vez en su historia, tratan de presentar la crítica situación de su flujo de caja como el resultado de la "voracidad fiscal":

La alta tributación fiscal, la cual ni siquiera permite en el futuro inmediato hacer las inversiones necesarias para compensar la declinación y mantener la capacidad de producción, es el principal obstáculo que encuentra la Industria Petrolera Nacional para su desarrollo...

Por ello el Plan de la IPPCN se basó en la premisa fundamental de aliviar la carga tributaria sobre PDVSA mediante reducción progresiva del valor fiscal de exportación hasta su total eliminación en tres o cuatro años...
...

Cabe resaltar que un paso primordial en la realización de este plan lo ha constituido la reciente aprobación, por parte del Congreso Nacional, de la reducción gradual del Valor Fiscal de Exportación, que lo llevará de un 16% en el presente año a un 8% en 1994, a un 4% en 1995 y a su total eliminación en 1996 .

La presentación manipulada de la realidad petrolera nacional, la mistificación del carácter de las empresas estatales y las pretensiones de soberanía de éstas con respecto a los poderes públicos, se han convertido en un arte exquisito del "Poder Petrolero". Veamos algunos ejemplos de como es manejado ese arte por los directivos y planificadores de PDVSA:

"La tasa de ganancia de las transnacionales en sus últimos dos años, en 1974 y 1975, promedió apenas un 6,6%. Luego, entre 1976 y 1986, este promedio era del 15,2%, muy por encima de los niveles históricos. Sin embargo, el concepto de ganancia había perdido vigencia. Lo que ocurre es que el Estado, propietario del recurso natural y accionista único de la compañía productora, simplemente se apropia todo excedente más allá de los gastos y los recursos necesarios para inversiones de la industria. El nivel de las ganancias reflejaba así simplemente el alto nivel de inversiones que se realizaba en este período."

Cabría preguntar a los autores, prestigiosos economistas iniciados hace algunos años en las artes de la "verdad petrolera", ¿Cómo podría ser de otra manera? ¿Que PDVSA acumulara "ganancias" por encima de sus requerimientos de inversión para colocar en bancos o en las Bolsas de Valores de Nueva York o Tokio, por ejemplo? ¿A quién pertenecen las ganancias de PDVSA, si no a sus accionistas? ¿Es que acaso no son una y la misma cosa PDVSA y el Estado venezolano?
La respuesta es NO, según el poder petrolero y tal como nos lo expresa Sosa Pietri en su ya comentado libro:

"La aparición de esta empresa [PDVSA n.n.] en el escenario petrolero venezolano, así como su organización, se volverán, desde el inicio, en el motor de una nueva concepción de la actividad petrolera en el país.

Esa idea, que irá formándose de la experiencia y el trabajo de los gerentes petroleros profesionales, iniciará un camino de confrontaciones casi permanentes entre PDVSA y el gobierno nacional, aún no resueltas. Se perfilará un enfrentamiento claro entre quienes conciben al petróleo como un "negocio" y a PDVSA como una "empresa mercantil", y quienes insisten en ver al petróleo como un "asunto de Estado" y a PDVSA como una "dependencia del gobierno".

Idéntica respuesta es la contenida en el material de Espinasa y Mommer antes citado, y está vinculada a la peculiar concepción según la cual el doble carácter del petróleo como actividad productiva y fuente rentística se desdobla en el caso venezolano: la actividad productiva la desarrolla PDVSA y el aprovechamiento rentístico lo hace el Estado por vías del Ministerio de Energía y Minas y los demás entes de la administración pública.
Después de esa asignación de roles, el mandado está hecho para presentar escenarios favorables al expansionismo petrolero. En Venezuela hay un "sector petrolero moderno", productivo, liderizado por PDVSA y un conjunto de sectores atrasados, rentistas, parasitarios, de vocación tercermundista etc., que se oponen al mejor de los destinos para el ingreso petrolero: su reinversión en el sector.
Esta es la concepción que impregna a las ya citadas Guías Corporativas 1993-1998, las cuales, debemos decirlo ahora, tienen la impronta de los Planificadores Mayores Espinasa y Mommer:

El [escenario, n.n.] primero, al cual llamaremos PRODUCTOR, supondrá que se dan las condiciones políticas y fiscales para la expansión de la Industria en función de nuestra base de recursos de hidrocarburos. En contraposición, un segundo escenario al cual llamaremos RENTISTA, supone que dichas condiciones dan pie a un nivel de desarrollo de la Industria que estaría por debajo del potencial que brinda la base de recursos existente...

... en el escenario PRODUCTOR, el desarrollo del sector petrolero permitiría realizar la transición de una economía petrolera rentista hacia una economía menos petrolera y definitivamente no rentista, donde el petróleo apuntalaría el desarrollo de otros sectores económicos...

El escenario RENTISTA, por su parte, representa otro extremo, la ausencia de acción, la simple explotación de la base actual de recursos con su agotamiento paulatino. La consecuencia sería la prolongación, por quince años más, de un cuadro de crisis y estancamiento.

Huelga decir que los autores de ambos escenarios los adoban convenientemente y el resultado es siempre el esperado por ellos. No importa que, por ejemplo, no existan los sostenedores del escenario rentista ni se puedan identificar sus supuestos en ningún escrito o discurso público o privado... lo que importa es que el escenario que yo defiendo siempre gana. Pero cuando un tercero hace ejercicios imparciales con tales escenarios aparecen sorprendentes contradicciones, como veremos más adelante.
El otro ejemplo que queríamos referir respecto a esta manera de presentar las cosas, no se contrae a una cita, sino a toda una trayectoria documental y declarativa en ese sentido. Nos referimos a Humberto Peñaloza, Ex-Directivo de PDVSA y maestro de las "presentaciones", desde la época de "Los Grandes Números de la Industria Petrolera Nacionalizada":

"...los recursos financieros que PDVSA y sus filiales proporcionan al fisco nacional por vía de impuestos..."

"...una industria tipo primer mundo en un país empeñado en mantenerse en el tercermundismo."

"...la IPN ha venido cumpliendo a cabalidad las misiones que le fueron asignadas en el acto nacionalizador, y ha seguido con rigor y disciplina los lineamientos emanados del Ministerio de Energía y Minas en representación del Ejecutivo Nacional. De modo que no tiene asidero alguno la especie de que la industria petrolera se comporta como un Estado dentro del Estado."

"...el Estado, dueño del negocio, toma para sí las dos terceras partes del ingreso por venta de hidrocarburos. Después de pagos al fisco y de cubrir los costos y gastos de operaciones, la IPN apenas retiene como ganancia el 10% de esos mismos ingresos por ventas, una retención estructuralmente insuficiente para una industria que, como la petrolera, es intensiva de capital y exigente de tecnología."

"El Gobierno ha irrespetado la autonomía financiera de PDVSA. Ese irrespeto no sólo está dado por la desviación de los recursos en dólares que, en calidad de reservas, poseía PDVSA en el exterior ganando buenos intereses sino por la insoportable tasa impositiva." .

La manipulación es más burda y descarada mientras más nos alejamos de las fechas en que se levantaron aquellos polvos que hoy producen estos lodos y así, para dos de sus ex-presidentes y su actual presidente, PDVSA aparece como una pobre víctima, que se debate

"entre el endeudamiento y la voracidad fiscal...hoy parece cada vez más afectada por la crisis financiera y fiscal que sacude al sector público venezolano y a su economía toda."

Recordemos, pues, como en verdad, esta es una historia que comienza con los Contratos de Asistencia Técnica y la forma como los mismos determinaron compromisos y ligazones no escritas con el gran capital petrolero internacional e hicieron florecer planes sujetos a esa asociación: el muy jugosamente facturado cambio del patrón de refinación y el frustrado desarrollo -propuesto para una inversión de cien mil millones de dólares- de la Faja Petrolífera del Orinoco. Que continúa con la política de adquisición de capacidades refineras, de almacenamiento y distribución en el exterior, para garantizar la colocación de la producción de crudo, el florecimiento de vastas y costosas redes de distribución interna de derivados, algunas no suficientemente justificadas, y el voceo de afirmaciones escandalosas sobre los peligros que asechan a la gallina de los huevos de oro y a su flujo de caja si no se le asignan los recursos solicitados. Y que termina con el gigantesco plan de inversiones a mediano plazo, 91-96 ó 92-97 según la versión o revisión de que se disponga.
Tal es la génesis de la formulación por PDVSA del "Megadisparate" según Mieres, o el "Megasuicidio" según Quirós Corradi .
Como dijéramos, esa historia ha sido aderezada con la constante solicitud, hecha en nombre de la necesidad de financiar tales proyectos, de reducir o eliminar los Valores de Exportación, que no son otra cosa que el mecanismo anómalo mediante el cual el Estado recobra parte de los beneficios de su inversión petrolera, dada su condición de propietario de PDVSA y sus filiales. Solicitud con la cual, por cierto, estamos de acuerdo, pero por motivos exactamente opuestos: Para que todo el ingreso petrolero sea percibido por el Tesoro Nacional y para que la asignación destinada a nuevas inversiones sea hecha después de la consideración, por los órganos del poder público, de la viabilidad y conveniencia nacional de los proyectos presentados por la industria.
Con lo anterior estamos reafirmando una posición sostenida por años, como lo demuestra un artículo escrito en noviembre de 1982 y que transcribimos íntegramente por su carácter inédito y porque encaja exactamente en la argumentación que venimos realizando, titulado "El Conflicto BCV-PDVSA: Petróleo, Poder e Intereses Nacionales" . Aclaremos previamente que algunas de las circunstancias descritas en el texto han sufrido modificaciones, pero el problema planteado sigue siendo sustancialmente el mismo.

La suscripción de un nuevo convenio cambiario entre el BCV y el Ministerio de Hacienda, que condujo a la centralización de las divisas del país en las arcas del instituto emisor, ha provocado un vendaval de reacciones de variado tono y calibre. Y ello no es gratuito porque la cuestión tiene una entidad suprema: se trata del PODER con mayúsculas, se pugna por el control de los excedentes del negocio petrolero.

Para un grueso sector de la opinión la cuestión se resume diciendo que el Gobierno le ha quitado las divisas a Petróleos de Venezuela, de lo cual se coligen las más ominosas consecuencias para la gallina de los huevos de oro.

Desde nuestro punto de vista, por el contrario, lo anómalo era la situación anterior, que permitió la conversión de la industria petrolera en un Estado dentro del Estado, con una autonomía supranacional que le permite no rendir cuentas a nadie. El Poder de ese ente paraestatal es tan grande que se ha permitido mostrar públicamente su resistencia a la medida ejecutiva, tornándose intransigente en la suerte de comisión de avenimiento que hubo de constituirse para negociar la aplicación del referido convenio. Los voceros de la industria han proclamado la inconveniencia de todo control externo sobre sus operaciones mercantiles internacionales. Externo en este caso es el Banco Central, pero también lo serían la Contraloría General de la República y el Congreso Nacional si alguna vez pudieran materializar sus infructuosos intentos en el mismo sentido. El Presidente de PDVSA se atreve, en acto de suprema soberbia, a afirmar que "las medidas cambiarias deben ser temporales" (El Nacional 3-11-82).

Lo cierto del caso es que los dólares en cuestión no pertenecen a PDVSA ni a sus operadoras. Ellos son el producto de la liquidación de un patrimonio colectivo de todos los venezolanos: sus recursos petroleros. Sin embargo, por las peculiaridades de la nacionalización llevada a cabo en el país, a las operadoras nacionalizadas se les aplica un tratamiento similar al que recibían las antiguas concesionarias, cobrándoseles regalías e impuesto sobre la renta a partir de una previa fijación de "valores de exportación" con fines exclusivamente fiscales. Esta circunstancia determinó que parte de los beneficios obtenidos por el país en la venta de petróleo y productos pudiera ser represada en los "fondos de reserva" mantenidas por la industria en cuentas bancarias en el extranjero. Estos fondos, que por su magnitud dejan de constituir un simple capital de trabajo, fueron pilar de la referida autonomía de la industria: en ninguna instancia del poder estatal venezolano se discuten, revisan, aprueban o desaprueban los gastos e inversiones de PDVSA y sus operadoras. Tales magnitudes son siempre un dato que se conoce las más de las veces como hecho cumplido. Es patética en este sentido la incómoda situación del máximo organismo planificador del Ejecutivo, CORDIPLAN, cuando tiene que explicar las razones de tal o cual partida de los planes petroleros: sencillamente no las conoce.

La gravedad de la situación no está en la minusvalía de un órgano del Estado frente a otro, sino en que esa autonomía de la industria petrolera sólo es tal frente al país y se alimenta de una relación subordinada con el capital petrolero transnacional a través de los Contratos de Asistencia Técnica, Comercialización y Gestión, que han permitido a esas grandes corporaciones seguir teniendo injerencia en el negocio petrolero venezolano, obteniendo pingües ganancias sin riesgo alguno y determinando el rumbo de la industria como proveedor seguro del mercado petrolero norteamericano y con sustanciales descuentos sobre los precios marcados por la OPEP, hasta el punto de convertir al país en el oferente del petróleo más barato del mundo.

Ahora bien, es evidente que en la escogencia del momento para suscribir el referido convenio han influido las "intenciones cosméticas" -según la calificación que le diera el Wall Street Journal- de un gobierno apremiado por presentar garantías a la hora de refinanciar sus deudas en la banca internacional. Pero la discusión sobre el destino de esas divisas es materia de interés público y es sólo ahora, que han salido de la caja negra en que eran mantenidas por la industria petrolera, cuando la opinión nacional puede tener injerencia real en la determinación de ese destino.

La oportunidad debe ser aprovechada para ponerle bridas al desbocado poder de un enclave gerencial que opera con criterios no contrastados con las prioridades del país y generalmente desconocidos por una voluntad de ocultamiento que es parte de su base de poder.

El papel de las operadoras y su casa matriz tiene que limitarse a la eficiente gestión y desarrollo de la industria, de los recursos petroleros del país. La administración de los beneficios de esa actividad es de la competencia del poder público a través de sus diversos órganos ejecutivos y debe estar, sin omisiones ni privilegios de confidencialidad, bajo control y supervisión legislativa.

La discusión planteada desborda los límites de la mera administración y gestión ejecutiva de la industria y se ubica de lleno, tal como insistimos repetidamente en diferentes capítulos de este trabajo, en el plano del diseño de la política económica de largo plazo, de la estrategia de desarrollo del país.
Por tanto consideramos, como decíamos en el texto transcrito, que las decisiones a tomar en esta materia son de la competencia del poder nacional y de sus órganos respectivos, en particular del Congreso y el Consejo de Ministros. Es decir, constituyen materia de interés público, que no puede resolverse en cogollos y conciliábulos de los representantes de las "fuerzas vivas".
Por lo pronto, y volviendo al cometido del capítulo, hemos iniciado la discusión de algunos elementos de "la verdad petrolera", contrastándola con la realidad, demistificándola. Esto es, en verdad, lo que hacemos en el resto del trabajo, al encarar diversos planos de la realidad para evaluar los principales componentes del sentido común petrolero que impera en el país.

V


DESARROLLO GENERAL
DE LAS
HIPÓTESIS PLANTEADAS

El Ingreso Petrolero Nacional y su destino:
Participación Fiscal versus Reinversión Petrolera

El complejo mecanismo de precios e impuestos mediante el cual se produce la distribución de los ingresos petroleros entre el fisco y la industria donde son generados, fue el resultado del proceso de avenimiento y compromisos que supuso la política de "transición sin traumas" adoptada como prerrequisito para la materialización de la nacionalización petrolera.
Uno de esos compromisos, no escritos, se centraba en el mantenimiento del status de ingresos y prerrogativas conquistados por los empleados de la industria y, de manera determinante, los adquiridos por la alta gerencia de las antiguas concesionarias, la cual se mantendría al frente, a partir de entonces, de las operadoras nacionalizadas y de la nueva casa matriz, Petróleos de Venezuela.
En virtud de dicho compromiso, y dados los límites de sueldo imperantes en la administración pública -donde su máximo nivel, el sueldo del Presidente de la República, alcanzaba a ser apenas una fracción del promedio de las remuneraciones devengadas en las cúpulas gerenciales concesionarias- se estableció una administración petrolera liberada de las limitaciones inherentes a los tradicionales Institutos y Empresas del Estado, otorgándosele a las mencionadas operadoras y casa matriz el carácter formal de sociedades anónimas. Figura del derecho mercantil, la de sociedad anónima es una condición anómala y sui géneris para un ente del dominio público, una empresa cuyo único accionista sería el Estado venezolano.
En razón de tales concesiones, quedó establecido en las leyes y reglamentos que se promulgaron al efecto, incluida dentro de aquellas la Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, que las relaciones del Estado con la empresa petrolera de la cual pasaba a ser propietario se regirían por las disposiciones de las leyes de Hidrocarburos, Impuesto Sobre la Renta y todas aquellas que se aplicaban a las relaciones del Estado con las concesionarias extranjeras.
Así, en cuanto al destino de los ingresos petroleros, el esquema adoptado fue el resultante de la aplicación de tales leyes: Las operadoras nacionalizadas extraen, procesan y comercializan el petróleo y sus derivados, percibiendo directamente los ingresos resultantes de tales actividades. En este sentido hay, sin embargo, una modificación con respecto al esquema concesionario:

"...el Estado venezolano... le otorgó a Petróleos de Venezuela el privilegio fiscal establecido en el parágrafo quinto del artículo sexto de la Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, según el cual el 10% de los beneficios generados por las exportaciones petroleras valoradas a precios de realización se constituyen en un aporte a Petróleos de Venezuela S.A., siendo deducible a los efectos de la determinación de las contribuciones establecidas en la Ley de Impuesto Sobre la Renta, lo cual se traduce en una menor captación de los beneficios financieros establecidos en la mencionada Ley, en relación a los que obtenía el Fisco con la aplicación del modelo impositivo bajo el régimen concesionario."
La participación del propietario del capital accionario, el Estado, se materializa por la vía impositiva, a través de los distintos canales que estudiaremos de seguidas:

1) Regalía - Impuesto de Explotación:

Las producciones de petróleo y gas fiscalizadas pagan un Impuesto de Explotación -la antigua Regalía heredada del quinto real hispánico, convertida en impuesto en 1943- equivalente al 16 2/3 por ciento, la sexta parte, del volumen de dichas producciones. Ese Impuesto de Explotación era pagado anteriormente, por las concesionarias, a tenor de los Convenios Sobre Precios de Liquidación, es decir, eran precios acordados entre el Estado y las empresas en cuestión. En el último de esos convenios, acordado en 1975, los precios de las regalías de petróleo equivalían a los valores de exportación. A partir de 1976, ese precio pasa a ser establecido unilateralmente por el Ministerio de Energía y Minas, con un procedimiento bastante confuso para definir lo que a partir de entonces es un simple mecanismo de reasignación de los ingresos petroleros entre diversos entes estatales. Las cifras que se registran en el cuadro No. 3 y los Gráficos Nos. 1 y 2, que insertamos de seguidas, permiten evaluar el comportamiento contemporáneo de este rubro impositivo.






Es necesario destacar que durante el período concesionario, cuando los Precios de Liquidación de la Regalía eran calculados tomando como referencia los precios efectivos de una mezcla particular de crudos norteamericanos, siempre superaron a los precios de realización declarados -previa manipulación con fines de evasión fiscal- por las concesionarias, e incluso a los precios de referencia fiscal programados para sustituir a los muy envilecidos de realización, según acuerdos suscritos en 1969. Como ya se señalara, en 1975 se equipararon a los valores de exportación.
Después de la nacionalización de la industria, desde 1976 y hasta 1983, el precio de liquidación de la regalía es mantenido estancado en un nivel inferior al registrado para 1975 -13,5 $/bl.- mientras que los precios de realización alcanzaban en ese período los máximos históricos que impulsaran las decisiones de la OPEP, hasta llegar a los 29, 71 $/bl. de 1981. El gráfico No. 1, ya citado, elaborado a partir de las mencionadas cifras muestra la magnitud de la brecha entre ambos tipos de precios. Esa brecha configura un considerable sacrificio fiscal a favor de la industria petrolera.
Para 1986, con una situación de mercado que condujo el precio de realización promedio a 13,90 $/bl., las regalías liquidadas alcanzaron un promedio de 11,9 $/bl. para el crudo, haciendo más pequeña la brecha mantenida hasta el año anterior. En 1987, por única vez en todo el lapso considerado, la situación se invierte, siendo la regalía superior al precio de realización en 12 centavos. En 1988 la situación vuelve a cambiar y el precio de realización supera una vez más al de liquidación de la regalía, manteniéndose así hasta 1991. Para 1990 y 1991, el precio de la regalía fue de 18,81 y 15,83 $/bl respectivamente, cifras ambas inferiores al precio de realización promedio correspondiente a cada uno de esos años, a saber, 20,33 y 17,0 $/bl. Esa circunstancia se refleja también en el hecho de que, en los tres últimos años, (89-92) la regalía representa porcentajes inferiores al 16,6% del ingreso total a precios de realización, 13,82, 11,24 y 10,95 por ciento en cada uno de esos años.
En resumen, se constata que a partir de 1976 disminuyó la importancia del Impuesto de Explotación o Regalía como instrumento de recaudación. El sacrificio fiscal que ello configura se ha producido, tal como sucede en los otros instrumentos de recaudación, a nuestro entender, por una combinación de factores, que van desde la simple omisión burocrática hasta la imposición de las presiones de los sectores partidarios de privilegiar la reinversión petrolera. Este es, precisamente, uno de los elementos probatorios de nuestro aserto en el sentido de que el ingreso petrolero se distribuye por mecanismos automáticos, sin mediación de una voluntad planificadora. Y si alguna voluntad se ha impuesto, es la que conduce al sacrificio fiscal.
La degradación de la regalía se hace cada vez más crítica para la Nación, por cuanto, con la eliminación de los Valores Fiscales de Exportación y el incremento acelerado de los costos, la regalía se convertirá, de nuevo, -como antes de 1943- en el elemento fundamental de la participación fiscal. De ello se infiere, consecuentemente, que será una participación fiscal también degradada. Remitimos al lector a la consideración de la reciente evolución de esa participación y el ejercicio unitario que hacemos al final de este aparte sobre el sistema tributario petrolero venezolano (Cuadros 5 y 6, Gráfico No. 3)


2) Impuesto Sobre la Renta:

Las operadoras cancelan la tasa correspondiente del Impuesto Sobre la Renta Neta, es decir, después de descontados los costos, regalía y aporte a PDVSA. Ese cálculo se hace sobre los llamados Valores de Exportación, un precio de referencia estimado con un porcentaje fijo por encima de los precios efectivamente realizados.
Tales valores de exportación, mecanismo fiscal utilizado en la época concesionaria para garantizar la participación estatal frente a las manipulaciones de los precios de realización por las transnacionales, habían alcanzado para 1975 un nivel promedio de 27% por encima los precios realizados. Entre 1977 y 1979 el margen se redujo a niveles entre 11 y 14%. A partir de 1980 volvió a niveles entre 24 y 29%. En diciembre de 1981, con la Reforma de la Ley de Impuesto Sobre la Renta, queda establecido que ese margen podría ser de hasta el 30% para 1982, no pudiendo exceder del 25% para los ejercicios de 1983, 84 y 85 y del 20% a partir de 1986. (Art. 169 Ley ISR).
La tasa efectiva del ISR aplicable a las actividades de hidrocarburos había llegado, en 1975, al 70,03%. En el transcurso del año 76, al comprobarse que las operadoras registrarían pérdidas contables si se mantenía ese nivel, la tasa se redujo a 65,13 por ciento. Desde 1981, esa tasa se mantiene en el 67,7%, con 2% de descuento por realización de nuevas inversiones, lo que hace que la tasa efectiva sea, en realidad, de un 65,7%. (Art. 70 Ley ISR).
La señalada evolución de tasas y valores de exportación desmiente, en este aspecto, la escandalosa campaña orquestada para presionar la definitiva eliminación de la figura de los VFE, según la cual "la voracidad fiscal" del Estado amenaza la salud de la "gallina de los huevos de oro". Tal campaña resulta una falacia, una inversión de la realidad, al cargar sobre los dividendos que retira el propietario por vía impositiva, la responsabilidad de una problemática situación financiera resultante del desbordamiento de planes económicamente inviables a corto y mediano plazo.
Presentamos al pie de esta página dos muestras -apenas dos de un aluvión- representativas de esta exitosa acción del Poder Petrolero. , .
El meollo de la cuestión se encuentra en el hecho de que la combinación de Valores de Exportación y tasas del ISR es el principal mecanismo redistribuidor de los ingresos y por eso la discusión se centra en este aspecto. La modificación de la Ley de ISR que hemos señalado intentaba establecer un patrón fijo en esas proporciones, pautando una escala de modificaciones hasta 1986, año a partir del cual se suponía que cesaban dichos cambios. Sin embargo, lo que no ha cesado desde entonces ha sido el señalado proceso de ablandamiento de la opinión pública y oficial para propiciar la eliminación de los Valores de Exportación como principal mecanismo perceptivo de la participación del fisco nacional en el negocio petrolero.
El gobierno aprobó el Proyecto de Ley que establece el programa paulatino de reducción de los VFE que proyecta cumplir con ese cometido para 1996. El anuncio de este programa se había hecho con antelación como una proposición de PDVSA. Por cierto, por una de las vías predilectas de los petroleros: filtrando información anónima, no respaldada por algún declarante que se responsabilice de ella, a los periodistas especializados, tal como se refleja en la nota de la periodista Ana Díaz, citada anteriormente en otra muestra de la campaña alarmista.

"En este sentido, PDVSA contempla presentar al Ejecutivo un Proyecto de ley para la eliminación gradual del VFE partiendo de una tasa del 19% a partir de 1992. El año siguiente, la proporción sería del 16%, en 1994 el 13% y el 10% y 5% para 1995 y 1996, respectivamente. Hacia 1997, el Valor quedará eliminado, pero Venezuela tendrá una posición más holgada y ventajosa en el mercado petrolero internacional con una industria solvente, sin problemas de flujo de caja, y adaptada a las necesidades de sus clientes.
Estos propósitos fueron confirmados posteriormente, con documentos de PDVSA en los cuales se le daba categoría de "premisa fundamental" de la planificación de la industria a la reducción de la carga tributaria que soporta . De hecho, a todo lo largo de este documento se pretende establecer que los Valores Fiscales de Exportación son los responsables de la incapacidad de PDVSA para acometer planes de más alto costo y menor rentabilidad.

La alta tributación fiscal, la cual ni siquiera permite en el futuro inmediato hacer las inversiones necesarias para compensar la declinación y mantener la capacidad de producción, es el principal obstáculo que encuentra la Industria Petrolera Nacional para su desarrollo.

De mantenerse esta situación, mucho menos se realizarán las inversiones en los proyectos en refinación requeridos, tanto para aumentar la capacidad de procesamiento de nuestros crudos P/XP, como para cumplir los requisitos de calidad de productos exigidos por nuestros mercados, reduciendo nuestra habilidad para competir en un mundo con tendencias ambientalistas cada vez más acentuadas.

Por ello, el Plan de la IPPCN se basó en la premisa fundamental de aliviar la carga tributaria sobre PDVSA mediante la reducción progresiva del valor fiscal de exportación hasta su total eliminación en tres o cuatro años...
Esta argumentación constituye una de las más grandes falacias del poder petrolero que descansa en el desconocimiento general -en particular de los políticos que toman decisiones sobre la materia- del funcionamiento de los VFE. Por ello es indispensable analizar en detalle este instrumento mediante un pequeño ejercicio modelístico que aclare la definición ya hecha y que nos permitirá descubrir algunas otras cosas. Veamos:

Si el precio efectivo de realización de la producción es 100, el VFE para calcular el ISR es 120. A ese monto de 120 se le deducen los costos, regalía (impuesto de explotación) y otros impuestos directos, además del Aporte a PDVSA, que se calcula como el 10% del ingreso neto (ingreso bruto menos costos). A ese saldo se le aplica la tasa efectiva del ISR ya citada, del 65,7%. Obsérvese que los costos han sido deducidos para hacer el cálculo porque se trata, valga la redundancia, del Impuesto Sobre la Renta. En consecuencia, es falsa la afirmación de que el esquema fiscal actual hace imposible el tránsito hacia regiones con costos de producción mayores y más intensivas en capital , por cuanto a mayores costos menor será la base a la cual se aplica la tasa del ISR.
Esto lo podemos demostrar con resultados de los años recientes, en los cuales ha habido un incremento de los costos, en una parte explicadas por el proceso de declinación de los yacimientos y en otra no menos importante por la ejecución -vía hechos cumplidos- de gastos vinculados a los megaproyectos todavía no aprobados.
En el Cuadro No. 4 hemos incluído el Estado Consolidado de Ingresos de PDVSA 1991-1992, tal como se presenta en el último Informe Anual (1992), simplemente hemos añadido la expresión porcentual de los distintos rubros respecto al ingreso global. En el Cuadro No. 5 hacemos una presentación resumida, a partir de las mismas fuentes, de la evolución de las relaciones entre los costos operativos e impuestos y su expresión como porcentajes del ingreso bruto entre 1988 y 1992.














Es obvio que existe una relación inversamente proporcional entre los niveles absolutos y relativos de los costos y los correspondientes del Impuesto Sobre la Renta, que es lo que queríamos demostrar. Para ser más rigurosos, y no dejar lugar a dudas sobre la improcedencia de la argumentación de PDVSA, plantearemos un ejercicio porcentual (Cuadro No. 6), para una producción unitaria, asumiendo los costos reales iniciales y los incrementales que anuncian las "Guías Corporativas". La liquidación de la regalía, que debedría ser 16,66% del ingreso bruto a 100% del precio de realización, la estimamos de acuerdo al promedio real de la misma en los últimos 5 años -incluídas las proyecciones de PDVSA para 1994: 10%. Estos son los resultados:






En el Gráfico No. 3 se puede observar cuál sería la evolución de los principales rubros impositivos si se mantienen los supuestos del modelo: crecimiento de los costos y eliminación del valor fiscal de exportación. Si el precio de realización, que es la base a la cual se aplican esos menguantes porcentajes también sigue deprimiéndose, tendremos todos los ingredientes para hacer crónica la crítica situación actual.
Como puede observarse al comparar los cuadros Nos. 5 y 6, en el ejercicio teórico 92, con 60% de costos y 4% de aporte a PDVSA resulta un ISR de 30,22% superior al porcentaje real de ese año, (23,97%) cuando los costos mas la participación empresarial representaron el 66,45% del ingreso bruto. Además, el porcentaje de la participación fiscal total obtenido en el ejercicio -40,22- es mayor al real de 1992 -39,95- en parte porque en el ejercicio se asume que la Regalía se liquida a precios de realización, lo cual no es así en la realidad, como se demostró en el aparte anterior y reflejan las cifras..
Estos resultados confirman que, para cualquier situación, a mayores costos menor impuesto sobre la renta, por definición del concepto renta y como debería ser obvio para cualquiera. La eliminación del VFE prácticamente anularía el impuesto sobre la renta en las opciones de altos costos, hacia las cuales nos enrumbamos por imperativos de la planificación, lo cual no es una presunción arbitraria, sino que así lo anuncian las Guías Corporativas 93-98 de PDVSA:

En cuanto a los costos de producción e inversiones requeridos por los nuevos proyectos de la FPO, producción y procesamiento de P/XP y desarrollo de C/L/M, están en el orden de 60% y 120% más altos que los desarrollos actuales de C/L/M. Tales magnitudes hacen necesario adecuar la estructura tributaria para poder desarrollar dichas áreas.

Un crecimiento del 60% en los actuales niveles de costos netos internos, que ya sobrepasan 40% significa llevarrlos muy cerca del 70%. La posibilidad de una elevación de costos del 120% haría pasar a éstos por encima del 90% del ingreso bruto, alternativa absurda por definición.

Programar actividades con costos por encima del 85% -cota a partir de la cual se anula el Impuesto Sobre la Renta- en una industria en la cual, a menores niveles de actividad todavía es posible obtener beneficios que merecen todavía ser clasificados como "renta", forma parte de la ceguera expansionista que criticamos. Según el modelo descrito, al 85% de costos y manteniendo el VFE en 20%, el ingreso petrolero nacional sería del 15%, pero ello sería el resultado de la suma algebraica de una participación fiscal positiva y una participación empresarial negativa. El intento de llevar la monoproducción petrolera hasta tales extremos, y más allá, como se plantea en las citadas Guías Corporativas, habla de la poca seriedad con la cual se plantean tales metas y constituye una muestra de los límites de la "verdad petrolera" según la cual no existe mejor destino para el ingreso petrolero que su reinversión dentro de la misma industria.
Lo anterior da una medida del exabrupto con el cual se ha justificado el vigente programa de eliminación de los VFE. Así planteado, el problema de la "adecuación" de la estructura tributaria queda restringido a manipulaciones para satisfacer los intereses del Poder Petrolero, sin parar mientes en los verdaderos factores de la crítica situación financiera que enfrenta la industria.
Pero el nivel de ablandamiento y desinformación de nuestro mundo político es tal que pueden ser convencidos -todos sin distingo- por presentaciones donde simplemente se miente a conciencia.
Nuestra opinión en este caso de los Valores de Exportación se fundamenta en la constatación de que se trata, en verdad, de un alambicado mecanismo heredado de las peripecias que tenían que hacer los gobiernos nacionales para lidiar con las transnacionales y garantizar un ingreso fiscal digno. Sin embargo, su eliminación ante las nuevas condiciones surgidas con la nacionalización no puede ser promulgada como un instrumento para resolver problemas de flujo de caja de la industria y mucho menos el curso de endeudamiento en el que se ha embarcado por la insistencia expansionista, contra viento, marea y perspectivas del mercado, sino que, tal medida debe responder a un plan nacional de asignación de los recursos disponibles. Plan dentro del cual, la reinversión en la industria petrolera es sólo una alternativa a considerar y no el destino automático de esos recursos. En cualquier caso, deberá realizarse un estudio preciso de cada proyecto, de los costos de oportunidad, de las reales ventajas comparativas y competitivas de cada alternativa, de las economías y deseconomías de escala, en un horizonte macroeconómico a largo plazo. En tal esquema, las inversiones petroleras no estarían limitadas por las disponibilidades de la empresa estatal, sino que, si se consideran prioritarias, el Estado garantiza su financiamiento con recursos propios o no.
Se trata de hacer la evaluación de las inversiones a nivel Nación, como suelen decir algunos documentos de PDVSA. No es cuestión, simplemente, de eliminar los VFE, sino también, y sobre todo, de sincerar la situación de PDVSA como empresa estatal (al menos mientras no caiga dentro de los trofeos de la creciente fiebre privatizadora) y de incorporar los planes petroleros a la planificación nacional, a cuyas prioridades debe someterse. Esto es lo que intenta eludir el poder petrolero, para garantizar su supervivencia como tal, al centrar la discusión en los VFE.
Pero lo cierto es que las campañas del Poder Petrolero han logrado dejar establecido en la opinión pública, como verdad indiscutida, el que los VFE son el instrumento de la voracidad fiscal que ocasiona los problemas financieros que confronta PDVSA. Sin embargo, la agudización de la crisis abrió algunas brechas en esa convicción. Por ejemplo, el ex-Ministro de Energía y Minas y ex-Presidente del BCV, Hernán Anzola, en trabajo donde postula que la mejor solución para los problemas de PDVSA es la apertura de su capital accionario a la participación de las grandes transnacionales -opinión que no compartimos y que discutimos en otra parte- plantea el tema de la eliminación de los VFE en su correcta dimensión, al destacar la consecuente reducción del Tesoro Público y el que la industria petrolera no tiene, en verdad, una carga impositiva excesiva. Así, según la reseña periodística:

"Opina que debe hacerse un gran esfuerzo en el control y la reducción de costos tal como hace la actual administración de PDVSA, ya que plantear como solución la eliminación del VFE es peligroso, pues el escenario de tener una industria petrolera boyante y en pleno desarrollo en un país con una seria crisis Fiscal y graves problemas sociales no es un escenario estable."

'Por el contrario, pensando en el país en su conjunto el remedio (que) se plantea puede resultar peor que la enfermedad, con el agravante de que no sea suficiente para curarla' ".
Empero, y como ya señaláramos, en esto, como en casi todo, se sigue imponiendo la voluntad del poder petrolero, cuando el Consejo de Ministros aprueba, en el mes de octubre de 1992, el Proyecto de Ley Sobre Eliminación Gradual de los Valores Fiscales de Exportación, el cual estableció niveles máximos para los años siguientes: 16% para 1993, 8% para 1994 y 4% para 1995, quedando totalmente eliminados a partir de 1996.
La justificación para formular tal Proyecto de Ley es precisamente la que aquí consideramos como improcedente e inaceptable: el "mejoramiento del Flujo de Caja" comprometido por la ejecución, vía hechos cumplidos, de gastos relacionados con proyectos de inversión no aprobados por la Asamblea de Accionistas, ni en ninguna otra instancia competente.

"...la realidad actual de la industria petrolera nacional impone la necesidad de aliviar su carga tributaria, con el fin de mejorar su disponibilidad de fondos."

"...las inversiones previstas originarán mayores ingresos para la industria y al Fisco Nacional en los años venideros. De esta manera, se da la oportunidad a la industria petrolera, de retener los recursos indispensables para la ejecución de sus planes, cuya culminación irá generando mayores pagos de impuesto sobre la renta."

"...esta decisión de trascendental importancia que propone el gobierno nacional, mejora el flujo de caja de la industria en aproximadamente 9.000 millones de bolívares en 1993..."




3) Venta de las divisas al BCV:

Las operadoras quedan obligadas entregar al Banco Central de Venezuela los dólares obtenidos por sus actividades en el exterior. Inicialmente esto se hacía a un tipo de cambio inferior al vigente para las operaciones normales, generando beneficios cambiarios a favor del Banco. El tipo de cambio al cual habían vendido las concesionarias sus dólares en 1975 fue de 4,20 bolívares, lo cual producía una ganancia en cambio para el BCV de 10 centavos de dólar. El 1o. de junio de 1976 se modificó ese tipo de cambio a 4,28, produciéndose allí una nueva fuente de sacrificio fiscal a favor de la industria, por las mismas razones que fueron reducidas las tasas del ISR y los valores de exportación y congelados los precios de liquidación de la regalía.
A partir de septiembre de 1982 se reduce aún más la diferencia cambiaria, al ser colocado el tipo de cambio del dólar petrolero en 4,2925 bolívares. Las subsiguientes disposiciones de colocar ese tipo de cambio en 5,99, 7,49, 14,49, 42,99, 48,23 y 56 bolívares por dólar, fueron consecuencia de la caída de nuestro signo monetario y su subsecuente devaluación, y tuvieron también el propósito de minimizar o anular cualquier beneficio cambiario del ente emisor. Como se observa, en este rubro tampoco puede hablarse de presiones fiscalistas. Por el contrario, obviando la obligación mencionada de ingresar las divisas al BCV, hasta 1982 se le permitió a PDVSA mantener un fondo en dólares depositado en cuentas en el exterior. La restitución de esa obligatoriedad, en momentos en los cuales se avecinaba el fin de la bonanza, es uno de los casos que se presentan como atentados contra la autonomía financiera de la industria petrolera nacional. Esa medida, según Humberto Peñaloza,

"arruinó lo que en esencia era un fondo propio de la IPN para estabilizar sus inversiones futuras..."

"...las devaluaciones frecuentes del bolívar a partir de 1983 ha llevado a los 5.500 MM$ originalmente transferidos al BCV a convertirse en una especie caja chica de apenas 435 MM$ (7,9% del valor inicial)..."

Este tipo de argumentos, que desconoce, entre otras cosas, la unidad del tesoro público nacional y que pretende presentar a PDVSA como un ente autónomo, que no puede ser "irrespetado" por controles y regulaciones de los poderes públicos, viene a constituirse en una especie de ideología petrolera tras la cual se escudan los sectores interesados en los planes expansivos a todo trance de esa industria. A ella ya nos referimos más extensamente en el aparte dedicado a caracterizar lo que concebimos como "poder petrolero".


4) Derechos de importación:

Casi totalmente exonerados en los primeros años, comienzan a ser un rubro importante a partir de 1980 por la supresión de esas exoneraciones. Así, pasan de 39 millones de bolívares en 1976 a un tope de 619 millones en 1982 y decae un tanto en los años siguientes y repuntan de nuevo al pasar de 550 millones en 1986 a 1996 millones en 1989. Desde luego, hay que volver a insistir que tales cifras en bolívares de los últimos años están infladas por el proceso de devaluaciones infligidas a este signo monetario.
Los derechos de importación constituyen, en verdad, el único rubro impositivo en donde se ha incrementado la percepción fiscal. Pero estos pagos no son motivo de discusión porque su magnitud no es relevante para la cuestión planteada.

5) Impuesto Superficial:

Pagado en bolívares por cada hectárea asignada a las operaciones petroleras, su monto no es significativo para las magnitudes consideradas: De 21 millones de bolívares en 1982 pasa a 13 millones para 1986 y a 5,6 millones en 1989, cifra irrisoria si se considera el tipo de cambio vigente para ese año.

6) Otros Impuestos:

Las operadoras pagan un conjunto de impuestos menores, nacionales y municipales, cuyo monto total alcanza niveles máximos de 75 a 80 millones de bolívares entre 1985 y 1988, montando a 543,3 millones en 1989, más por el efecto cambiario que por incremento real en los mismos. A nuestro entender, carecen de significación a los efectos del problema estudiado.

7) ISR de la Asistencia Técnica:

El fisco percibe además el impuesto sobre la renta pagado por las empresas, extranjeras y subsidiarias de las antiguas matrices concesionarias, que prestan asistencia técnica a las operadoras, cuyo monto fue de 2.435 millones de bolívares en el lapso 76-7. Esta cifra, correspondiente en ese lapso al 50% de lo percibido por tales empresas, en verdad y valga la disgresión, lo que revelaba era el monto desproporcionado de los pagos hechos por concepto de una "asistencia técnica" que no fue tal, sino el tenue velo con el cual se trató de ocultar el pago del "lucro cesante" exigido por la antiguas concesionarias como peaje para permitir el "adelanto de la reversión", vergonzosa incidencia que, como todos los escándalos que afectan al patrimonio público en este país, quedó en el olvido, impune, a pesar de que las responsabilidades fueron claramente establecidas en su oportunidad.
Este rubro del ISR alcanza magnitudes inferiores a partir de 1980, como resultado de la renegociación de los contratos de asistencia técnica, que determinó la reducción de las tasas aplicables a esa actividad a 30% y la conversión de una parte de tal actividad en "servicios tecnológicos" pagados a empresas respecto a las cuales, y por ser extranjeras, se consideraba, además, que parte de sus ingresos remuneraban actividades realizadas en el exterior, no siendo procedente, por tanto, que se gravara íntegramente.
Según el nuevo instrumento fiscal, lleno de intencionadas complicaciones, asunciones absurdas y ambigüedades, se llega a determinar que sólo el 57% del los ingresos percibidos por las empresas mencionadas es renta neta gravable, dando como resultado que ya no sea 30, sino 17,1% la percepción fiscal por ese concepto, es decir, un sacrificio fiscal de 32,9% respecto al esquema impositivo anterior. Price Waterhouse realiza, como corresponde, una brillante exposición esquemática del sistema -ver copia inserta, Gráfico No. 4- en una publicación dirigida a pescar inversionistas extranjeros para la industria petrolera venezolana .


Obsérvense las mecánicas subdivisiones y desgravámenes presuntos que se realizan a partir del pago de un millón de bolívares por servicios tecnológicos a una empresa extranjera, hasta llegar a determinar que la renta neta gravable correspondiente a ese monto es 570.000.
De esta manera, el monto de lo percibido fiscalmente por ese concepto entre los años 1980-88 fue de 783 millones de bolívares, el 32 por ciento de lo recaudado (en bolívares corrientes) en los cuatro años 76-79. Como en los otros conceptos el ISR por Asistencia Técnica, por efectos cambiarios, monta entre 1989 y 1991 a 2.923 millones de bolívares, equivalentes ahora a sólo 63,4 millones de dólares.
La evolución 80-92 del ISR pagado por las empresas que prestan Asistencia Técnica a la industria petrolera comporta una baja sustancial respecto de los niveles 76-79, tanto en la percepción fiscal como en los pagos brutos de PDVSA por este concepto. Sin embargo, y en sentido contrario, durante los once años 80-90, los pagos de la industria por concepto de "otros servicios", rubro de la balanza de pagos petroleros, el cual, para 1981, estuvo integrado en más de un 90% por el pago de "servicios tecnológicos" y "otros contratos de asistencia técnica", promedia 435 millones de dólares anuales, lo cual sigue siendo un cifra considerablemente alta. La precisión de la real proporción de los pagos por concepto de servicios tecnológicos dentro de este concepto agregado, escapa a nuestras manos, y es una de las motivaciones para la exigencia de cuentas claras que formulamos en diversas ocasiones.
En este aspecto, ratificamos la opinión, expresada en nuestro anterior trabajo de ascenso, donde caracterizábamos la reforma de la Ley de Impuesto Sobre la Renta con la cual se introdujo la diferenciación entre "Asistencia Técnica" y "Servicios Tecnológicos" a los efectos fiscales, como la apertura de "Los Caminos Verdes del Costo Tecnológico".
En efecto, el principal resultado de tal manipulación no fue la disminución de los injustificados pagos, como queda demostrado, sino apagar los fuegos del escándalo en torno a los mismos, minimizando los pagos por la "asistencia técnica" y desviando montos similares -4.570 millones de dólares en la década de los 80, como se ha visto- hacia unos "servicios tecnológicos" sobre los cuales se tendió entonces un manto de discreción tal que a partir de 1982, año en que alcanzaron una suma del orden de los 990 millones de dólares, fue dejada de publicar, por varios años, la sectorización de la Balanza de Pagos correspondiente a la actividad petrolera. Los Cuadros Nos. 7 y 8 que se insertan de seguidas, nos muestran los inusualmente elevados valores registrados en el rubro Otros Servicios entre los años de 1979 y 1986.









8) Aporte a PDVSA:

Las operadoras deben separar el 10% de sus ingresos netos como aporte a PDVSA. Ese aporte es deducible a los efectos del pago de Impuesto sobre la Renta por las operadoras. Dicho aporte forma parte, desde luego, de la participación de la industria petrolera en el reparto del ingreso y se asume como constituyente del fondo de desarrollo y nuevas inversiones de la misma. De hecho, este aporte materializa la concepción de autonomía financiera de la industria, al dotarla de una porción preestablecida de los ingresos netos a los fines de garantizar la expansión de sus actividades.
Obviamente un aporte establecido como porcentaje fijo de los ingresos netos presenta claros rasgos de inflexibilidad, la cual puede operar en diversas direcciones, a saber: sobrestimando el fondo para inversiones en períodos de baja actividad y expectativas de mercado y subestimándolo cuando estos indicadores adquieren signos positivos. Muestras de ello ya tenemos suficientes. En el aparte IV.3 hicimos referencia a nuestra denuncia de 1983 sobre las manipulaciones de los estados financieros de años anteriores a ese por parte de PDVSA, en complicidad con la firma de auditores Espiñeira, Sheldon y Asociados para justificar el mantenimiento de los altos niveles de gastos
Hoy, por el contrario, somos testigos del masivo endeudamiento, del cargo a costos de operación de actividades vinculadas a las inversiones proyectadas y de las peticiones de asociación y participación transnacional en el capital de la empresa, como producto de la incapacidad de la misma para sufragar los montos de sus megaplanes. Se vuelve a plantear en este ítem el problema de la artificialidad con la cual se produce la asignación del ingreso petrolero y son procedentes los comentarios hechos anteriormente sobre la materia.
Podemos concluir ratificando que, a nuestra manera de ver, la multiplicidad de vías por las cuales se produce el reparto del ingreso petrolero entre gasto social y reinversión petrolera, producto coyuntural del proceso de "adelanto de la reversión", ha impedido una clara definición al respecto.
El mantenimiento de esa indefinición había sido, hasta ahora, propiciado por los sectores interesados en el escenario expansivo de las actividades de la industria. Tales sectores, en particular las cúpulas gerenciales petroleras y los grupos de económicos privados organizados, están muy bien dotados para ejercer las presiones requeridas en cada caso y determinar un reparto que los favorezca, manteniendo siempre el consabido "bajo perfil". Sin embargo, recientemente y a raíz de la agudización de la pugna por el destino del ingreso petrolero ya referida, las presiones se han hecho más abiertas y pasan por la también mencionada campaña de preparación de la opinión pública, centrada en la necesidad de eliminar los valores de exportación y, en general, detener la supuestamente creciente voracidad fiscal, que ha conducido a la industria a su actual crisis de flujo de caja y a la necesidad de endeudarse para poder realizar programas de expansión no suficientemente evaluados en las instancias planificadoras centrales, pero que se presentan como ineludibles e irremplazables.
En nuestra opinión, de lo que se trata es de decidir cuál es el destino mas conveniente desde el punto de vista social y económico, a corto y a largo plazo, del ingreso petrolero. Dicho desde una óptica y con una intención opuesta a la que venimos exponiendo, pero con claridad:

"La disyuntiva ante la cual se encuentra el Estado Venezolano, es la de definir en qué proporción se debe distribuir el excedente petrolero entre el fisco para alimentar el gasto fiscal y la inversión en la propia industria para preservar su capacidad y financiar su desarrollo."
Ello representa un problema que, como lo señalamos a través de todo este trabajo, sobrepasa lo meramente administrativo. En otras palabras, para Venezuela, la cuestión petrolera no es un problema de simple negocio petrolero, de gerencia eficiente, de precios y sus diferenciales, cotizaciones y conquista de mercados o de mantenernos en las "grandes ligas" petroleras, como pretenden Calderón Berti, Peñaloza, Quirós Corradi y otros, sino que va más allá de los límites de lo gerencial-empresarial y se ubica en el centro de la problemática político-económica del país.
Este ritornelo puede parecer una simpleza, pero no es tal, si consideramos el alud de palangre y lugares comunes con el cual se quiere convencer al país de que el mejor camino hacia el desarrollo, el progreso, o cómo quiera que se defina al futuro deseable, pasa por la intensificación del carácter petrolero de la economía.

Para concluir este aparte, vamos a traer a colación una fuente de mérito que resume claramente la posición que sustentamos en esta materia:

"La reforma de la Ley de ISLR en cuanto se refiere al régimen tributario petrolero, puede y debe ser una coyuntura para considerar la necesidad de establecer un régimen integral de asignación del excedente petrolero entre la propia industria y el Fisco, dentro del cual, definida una estrategia de desarrollo nacional, pueda implementarse un modelo operativo para la asignación óptima de aquél excedente. Esto supone que el costo de la industria sea el mínimo posible; supone también que los costos de oportunidad (financiamiento del gasto público e inversión petrolera) serán bien determinados y ponderados".

Lo planteado por el Dr. Maza Zavala constituye, asumido plenamente por nosotros, uno de los planteamientos centrales de este trabajo, que dejamos expreso tanto en la formulación de los objetivos del mismo, como en sus conclusiones. Dentro de esa línea de pensamiento, más adelante hacemos otros abordajes del tema para destacar sus diferentes ángulos. En los siguientes capítulos analizamos en detalle la dinámica y consecuencias del descrito reparto automático del ingreso petrolero, en cuanto al monto y características de la reinversión petrolera y en cuanto a las perspectivas de la industria petrolera venezolana en el contexto de los mercados energéticos internacionales.


Macroeconomía e Inversión Petrolera

a) Del Efecto Venezuela y otras enfermedades.

Ad nauseam: las decisiones fundamentales dentro de la actividad petrolera en cuanto a inversiones y planes de expansión, por su entidad nacional, deberían estar subordinadas a los criterios y prioridades establecidas por los poderes soberanos y los entes planificadores del Estado. Sin embargo, en los años de funcionamiento de la industria petrolera nacionalizada tales decisiones le han sido impuestas al Estado, en nombre de una supuesta racionalidad técnica, desde la gerencia de PDVSA y sus filiales, afectando con ello variables fundamentales de la política económica nacional.
Veámoslo dicho por otros analistas:

El Presidente de PDVSA ha argumentado que si la empresa fuese privada nadie se preocuparía del crecimiento y de las inversiones de la industria, en su lugar ha comentado que todos estarían contentos de ver que la compañía se expande. Esto sería cierto si el crecimiento sólo conllevase efectos positivos sobre el bienestar económico nacional, pero en realidad PDVSA es una empresa pública de gran importancia, por lo cual el volumen de inversiones que se plantea significará detraer recursos que de otra forma podrían ser orientados hacia otras actividades o sectores, con lo cual se modifica la composición y estructura no sólo del gasto público consolidado, sino también de la demanda agregada y de la producción global, por su gran peso dentro del desenvolvimiento económico del país. Por lo tanto, acometer un plan de inversiones tan ambicioso trae efectos colaterales que deben ser debidamente evaluados

Lo anterior nos conduce a encarar detenidamente el problema del estilo de desarrollo implícito que le es impuesto al país sin ninguna discusión, debido a la singular estructura funcional de ese sector, y los efectos que, como resultado de tal funcionamiento, se producen en el resto de la sociedad venezolana.
En este sentido es procedente transcribir más en detalle la percepción que de este problema presenta el Prof. Emeterio Gómez, en la obra que ya citamos. Refiriéndose al Programa Económico gubernamental, destaca la existencia de contradicciones entre las versiones explícitas e implícitas de dicho programa:

" ... el Programa Explícito (o formal) del Presidente Pérez, centrado inequívocamente en la diversificación de la economía, el estímulo a las exportaciones no tradicionales, la primacía del capital privado y, sobre todo, la ruptura de la dependencia con el petróleo, en desmedro del crecimiento del Gasto Público y del tamaño del Estado." ... el cual en la práctica "... ha ido siendo sustituido por lo que podríamos llamar un 'Programa Económico Implícito', cuyo componente básico lo constituye una masiva inversión para reforzar el carácter petrolero de nuestra economía. A este incremento respecto de la 'exportación tradicional' se unen ahora los megaproyectos destinados a explotar nuestras ventajas comparativas en petroquímica, energía, aluminio, y en general, productos primarios."
Gómez, mantiene su percepción de la contradicción entre ambos cursos, pero se muestra convencido de que el "programa económico implícito" es el correcto. Según él, el programa de inversiones de PDVSA muestra lo vacío de la idea según la cual el modelo rentista petrolero está agotado. En posterior artículo de prensa continúa sosteniendo que

"Los que defendemos la necesidad de mantener sobrevaluado el bolívar, nos apoyamos en la idea de que nuestra economía sigue siendo una economía petrolera, que no era cierto que el "modelo petrolero estaba agotado" -como supusimos en 1989, con lo cual justificamos la devaluación sistemática-. Pero si el ingreso de divisas petroleras per cápita ha caído sustancialmente en el tiempo, sería absurdo entonces mantener un TC sobrevaluado.

Al parecer, y a pesar de la contradicción que refleja el último "pero" transcrito, Gómez ha sido convencido por la prédica del Poder Petrolero. Lo muestra en sus argumentos subsiguientes, centrados en la capacidad de producir dólares del petróleo -"80 ó 90 por ciento de las divisas que generamos"- frente a la mínima capacidad del resto de la economía y tildando de "conseja" la merma de la capacidad generadora de renta.
En un trabajo del mismo autor que obtuvimos muy recientemente se refiere hasta la fecha de ese convencimiento:

"...a partir del 2 de agosto de 1990, cuando redescubrimos que seguíamos siendo un país eminentemente petrolero"

El problema, en nuestra opinión consiste, precisamente, en el carácter insostenible, en el mediano plazo, de esa preeminencia petrolera -por la cada día más evidente minimización de "las ventajas comparativas" que refiere Gómez- y la necesidad consecuente de comenzar ya a construir una alternativa. Aunque no guste el término, "una Venezuela post-petrolera". Por no hacerlo, ya estamos pagando las consecuencias, como señalamos en el planteamiento de la discusión.
No se trata, como sostiene Gómez, "de definir el TC a partir del 10 ó 20% restante de la economía...", sino de estimular el crecimiento de ese porcentaje, de usar el 80 ó 90 petrolero, mientras dure, para preparar una sustitución inevitable. Incluso, la persistencia de la relación mencionada, pese al reconocido decrecimiento de los niveles absolutos, es una muestra del escaso dinamismo del resto de la economía y de la manera como es arrastrada por el petróleo en su declive.
Se trata de una situación constatada hace más de medio siglo por nuestros primeros economistas, caracterizada luego por los noruegos, cuando la sintieron hace casi veinte años, como "efecto Venezuela", como lo reseñara Pérez Alfonzo en su momento, y que ahora nuestros modernos y primermundistas economistas redescubren como "enfermedad holandesa", algunos tal vez por olvido de nuestra experiencia histórica y otros simplemente por menosprecio de las caracterizaciones, teñidas de tercermundismo y "dependentismo", hechas por sus predecesores en este rincón norte de la América del Sur. No queremos restar méritos a los reales aportes de estos colegas, que tratan de hurgar en la sabiduría macroeconómica desarrollada en centros de excelencia académica del primer mundo para identificar fórmulas aplicables a los problemas del país, pero estamos convencidos de que, sin menospreciar tales aportes, el punto de partida debe ser nuestra propia realidad y experiencia acumulada, la cual tampoco puede ser puesta en minusvalía.

"Este esquema de funcionamiento de la economía venezolana que hemos bosquejado, sería tan sólo una variante del bien conocido síndrome de la "dutch disease", la enfermedad holandesa. Es el caso de economías abiertas fuertemente industrializadas (como Holanda y más tarde Inglaterra) que repentinamente reciben el impacto de la explotación de yacimientos de gas y petróleo, capaces de revaluar sus monedas, amenazando así la capacidad competitiva del resto de la economía, incluyendo aún industrias altamente productivas de acuerdo a los standards de este sector."

"...el efecto de un auge en el sector exportador caracterizado por lo que se ha dado en llamar la 'enfermedad holandesa' (Corden y Neary (1982), Corden (1984), que consiste en una apreciación real que produce una pérdida de competitividad externa de las actividades transables distintas al sector exportador."
"...la transferencia externa, por definición, solamente permite incrementar la oferta de transables mediante la importación."
"Esta reacción de la economía ante un mejoramiento del sector externo, caracterizada por la apreciación del tipo de cambio real y por la reducción de la producción de transables en favor de la de bienes no transables, se conoce en la literatura como la 'enfermedad holandesa'. Su nombre se deriva de la reacción de la economía de Holanda luego del descubrimiento de gas durante la década de 1970."
Antes que los autores citados, Lino Clemente hace una exposición de igual tenor en ensayo publicado en la Revista del BCV No. 1 de 1987 , describiendo la "enfermedad holandesa" y la modelística de su funcionamiento según Corden. Clemente se cuida muy bien de señalar que pese a ese nombre, tal enfermedad se ha manifestado en otros países, en particular los de la OPEP. Sin embargo, a nuestra manera de ver también cae en el olvido de la extendida vigencia de ese efecto sobre nuestro país, cuando refiere sus manifestaciones a las consecuencias del auge petrolero de los años setenta..
De manera particular, y por razones obvias, en tanto que nos tocan personalmente, queremos hacer referencia a las afirmaciones de uno de los árbitros de nuestra solicitud de subvención de un asistente para el desarrollo de la presente investigación ante el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV, quien, como fundamento de una evaluación negativa de nuestra propuesta de estudio sobre "Los Procesos de Generación y Distribución del Excedente Petrolero", planteó la ausencia de referencias por parte nuestra a la bibliografía noruega sobre la materia, siendo los noruegos "los principales beneficiarios-víctimas del petróleo", y nos alertaba sobre la existencia de la "enfermedad holandesa", que tampoco mencionamos en nuestro proyecto. Tales argumentos le sirvieron para concluir que no disponíamos de los instrumentos adecuados para hacer un análisis macroeconómico acertado:

"Tal como está planteado en la propuesta, el estudio es demasiado amplio. Por lo tanto, no son viables los métodos indicados en el tiempo estimado para su realización".
...
"Desde el punto de vista teórico, algunos de estos temas deben analizarse en el contexto de la literatura reciente sobre los recursos naturales. Otros, como la inversión extranjera, caen en el ámbito de la teoría de organización industrial, asociada con el nombre de Stephen Hymer".
...
"(1) Los efectos macro han sido estudiados con el nombre de 'mal holandés'. La literatura académica incluye estudios de Van Wijnbergen, Geoffrey Heal, Lance Taylor y otros. Los noruegos, principales 'beneficiarios-víctimas' del petróleo, han discutido el problema extensamente en círculos universitarios, en el Parlamento, y entre grupos de hombres de negocios, tal como el llamado Grupo de Oslo. Existen por lo menos dos tesis de doctorado sobre el tema macroeconómico. Una fue escrita por Salazar Carrillo, actualmente profesor en la Universidad Internacional de Florida. La otra fue escrita bajo la dirección de Raymond Vernon, en la Universidad de Harvard, por George Gabriel."

(2) La teoría de la producción óptima de los recursos naturales se basa en el famoso artículo de Harold Hottelling publicado en 1931, y olvidado hasta 1974, cuando fue resucitado por Robert Solow en la Conferencia Ely ante la Asociación Americana de Economistas. Posteriormente, la teoría ha sido desarrollada vigorosamente por Dasupta, Geoffrey Heal, Robert Pindyck y otros. El profesor Marion Radetzki, de la Universidad de Estockolmo, (sic) que estuvo en Caracas en 1982, un experto en la economía de los recursos naturales, mantiene un punto de vista opuesto al de Hotelling.

En la respuesta que en su oportunidad dimos a este árbitro se encuentra una parte de las razones que nos llevan a criticar puntos de vista un tanto sesgados por una actitud que consideramos de postración novelera ante la moderna modelística macroeconómica.

"...considero que, después de más de 80 años de intensiva explotación petrolera en nuestro país, lapso en el cual numerosos científicos sociales han determinado el papel fundamental jugado por el petróleo en la conformación de nuestra economía, de nuestra sociedad y hasta de nuestras características nacionales, no es posible aceptar como valedera la afirmación de que los noruegos son los "principales beneficiarios-víctimas del petróleo" y que debemos acudir a ellos para diagnosticar nuestros males. A este respecto cabe recordar que precisamente los noruegos, conocedores de los estudios realizados en nuestro país, identificaron como expresión del "efecto Venezuela" (1) al conjunto de anomalías que la inusitada riqueza petrolera causaba en su hasta hace muy pocos años equilibrada sociedad.

Sin ningún ánimo menospreciador de la categoría intelectual de los autores citados por nuestro árbitro, de la utilidad de una referencia que por el contrario agradezco, creo que los venezolanos tenemos puntos de partida propios y sólidos para el análisis de los efectos del petróleo en nuestra sociedad: la evaluación crítica y la actualización, a la luz de la contemporaneidad, de los hallazgos y formulaciones teóricas de quienes en nuestro medio han tratado de diagnosticar maldades y bondades del petróleo.
Concluíamos nuestra respuesta con una lista de los economistas y estudiosos sociales venezolanos que han hecho aportes en esta materia, comenzando con Alberto Adriani. En efecto, la novísima enfermedad holandesa no es más que el cumplimiento de las premoniciones de Adriani hace más de 60 años y las constataciones de José Antonio Mayobre y Ernesto Peltzer hace 49, como se encargan de recordárnoslo los colegas Héctor Valecillos y Omar Bello en una magnífica recopilación de ensayos sobre la Economía Contemporánea de Venezuela, la cual, valga como reconocimiento, nos ha ahorrado mucho tiempo en la fundamentación de nuestros argumentos al ponernos frente a las constataciones previas de destacados analistas de la economía y la sociedad venezolana:

"Durante los años de la prosperidad habríamos podido descubrir en esa situación de apariencias tan favorables ciertos aspectos adversos. Los beneficios de la industria petrolera no podrían ser los que esperábamos..."

"... por su índole y por la estructura particular que ofrece en Venezuela, esa industria es, desde el punto de vista económico, una provincia extranjera enclavada en nuestro territorio..."

"En lo que atañe al superávit de nuestra balanza de pagos, cabe preguntarnos: ¿Se economizó? ¿Se convirtió en reserva del país? ¿Se empleó en inversiones útiles, susceptibles de aumentar la productividad del país? No se puede responder con un sí o un no absoluto a estas preguntas. Pero, en general, puede afirmarse que fue mucho mayor la parte que se empleó en consumo inmediato y en inversiones, más propias para aumentar los gastos futuros que la futura productividad del país. Muchos de los beneficiarios por los años de prosperidad y otros por seguir su ejemplo fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de placer, los consumidores de automóviles, victrolas, licores, sedas, prendas, perfumes y otros artículos de lujo. En cambio, la producción de artículos de exportación vernáculos, los que verdaderamente aumentan la riqueza del país, ha permanecido estacionaria."
Adriani en 1931 retrata futuristamente los resultados contemporáneos del aflujo de divisas petroleras durante los años 70 que hicieron soñar con una "Gran Venezuela". Mayobre en 1944 caracteriza la contradicción que, 47 años después, descubre Emeterio Gómez en su ya citado "Dilemas...":

"Hay una contradicción entre estas dos ramas de la producción y es aquí, a nuestro entender, donde radica el elemento perturbador del petróleo: en la coexistencia de una industria exportadora altamente desarrollada que no absorbe sino una pequeña parte de las fuerzas productivas internas, y una agricultura de exportación retrasada que ocupa gran parte de esas fuerzas, y en ser la primera la que fija el tipo de cambio dado su peso específico en el conjunto de la balanza de pagos.
....
Por eso, una vez abierta la brecha entre la economía del petróleo y la de la agricultura de exportación, era inevitable la intervención en el mercado de cambio.
...
"...se establecieron los cambios diferenciales, dividiendo así el mercado de divisas en dos sectores que corresponden cada uno a dos actividades de nuestra economía que tienen necesidades e intereses contradictorios."
Anotemos, de paso, la respuesta anticipada de Mayobre a Emeterio Gómez: El sector que genera la mayoría de las divisas, es sin embargo, el que menos fuerzas productivas internas ocupa. De lo que se trataba entonces y de lo que se trata ahora es del desarrollo de estas fuerzas productivas y no de seguir abrigando esperanzas en las ventajas comparativas y competitivas de la industria petrolera y en una supuesta "vocación petrolera de la economía venezolana...".
En la recopilación de ensayos que venimos citando, otro ilustre economista del pasado, Ernesto Peltzer, aporta un profundo análisis del problema en su ensayo de 1944 "La industrialización de Venezuela y el Alto Tipo de Cambio del Bolívar", en el cual diagnostica los efectos de la misma situación que cuatro décadas después sería rebautizada como "enfermedad holandesa", pero desde una óptica distinta a la de Mayobre, por cuanto da una ponderación mayor a la utilización de fuerzas productivas nacionales por la industria petrolera. Sostiene además que la devaluación no necesariamente estimularía el desarrollo industrial, dada la situación imperante entonces, que se resumen en una pequeña elasticidad de sustitución de muchos productos importados, la cual llega a ser nula en algunos casos:
Para la industria en su conjunto, lo más probable es que la elasticidad de sustitución sea pequeña, y la elasticidad de la demanda de productos importados, por consiguiente, menores que la unidad. Implica esto que, aun cuando una u otra industria nacional pueda extender sus ventas, es probable que el público en su totalidad no reduzca sus compras de productos del exterior en la misma proporción que suben los precios. Se eleva entonces el monto global de los gastos efectuados para la adquisición de productos del exterior y se restringe la parte de los ingresos que recae sobre los productos nacionales. El resultado es entonces contrario al que se esperaba al iniciar el proceso de devaluación.

A los planteamientos de Pérez Alfonzo sobre el "efecto Venezuela" y la indigestión económica, nos referimos en otros contextos de este mismo trabajo. Baste por ahora reproducir las impresiones de un periodista, quien además de relatar su profana creencia inicial de que el término había sido inventado por el profeta de Los Chorros debido al "repetido uso que de él hacía", aporta un poco más de agua al molino de nuestra argumentación sobre la materia:

"Pesquisas posteriores, me han llevado a pensar que el autor del término haya sido el economista noruego Erling Eide, quien ha especulado acerca de los efectos inflacionarios de la súbita riqueza de ese país escandinavo, recién llegado al selecto club de los países exportadores de petróleo. Desde luego que el fenómeno en sí, no es nuevo.
Podría hablarse de un "efecto Potosí" para describir lo que le sucedió a la economía española en los siglos XVI y XVII con la masiva importación a la Península de la Plata extraída de ese fabuloso cerro. Pero si bien es cierto que el fenómeno económico es viejo, su comprensión parece estar fuera del alcance de los políticos, quienes sucumben ante el espejismo de riqueza del Potosí de ayer o del petróleo de hoy."

Ahora nos parece propicia la ocasión para traer a cuento los planteamientos, de estricta pertinencia analítica macroeconómica, que formulara el Profesor Francisco Mieres, -no por casualidad tantas veces citado en este trabajo- al llamar la atención sobre la profundidad y entidad de la "Significación del carácter Petrolero de la Economía Venezolana" .
Mieres hace mención crítica a diversos analistas contemporáneos, -entre otros, los colegas Maxim Ross, Emeterio Gómez, Ricardo Hausmann y Gustavo Márquez- por no evaluar suficientemente el papel del petróleo en la evolución estructural de la economía venezolana y llegar tarde al redescubrimiento del contraste entre maximización del ingreso petrolero y los intentos de sembrarlo.
En cuanto al trabajo de Ross y Gómez que comenta, afirma lo siguiente:

Este redescubrimiento los conduce a redescubrir también el carácter artificioso, postizo, parasitario de nuestra industria -hubieran podido generalizar: nuestra agroindustria- y su estructura monopólica-oligopólica, su alto nivel de precios, bajo nivel de calidad, alta rentabilidad, etc., rasgos que distinguen a nuestra burguesía agroindustrial de invernadero."
Igualmente, aunque reconoce el virtuosismo de Haussman y Márquez en la presentación de la evolución coyuntural, Mieres afirma que "...dejan en segundo plano las determinaciones estructurales, de orden petrolero, que generan una decadencia general del modelo económico nacional" lo cual los conduce a concentrar su enfoque sobre el manejo inadecuado de los mecanismos de regulación como causa eminente de la crisis económica.
Mieres destaca que la "propensión secular a la depresión" del capitalismo interno venezolano es acompañada por otra, la propensión a la expatriación de fondos, en otras palabras, la expatriación de la demanda y de la inversión. Concluye entonces afirmando que la sobrevaluación externa del bolívar asegura la reproducción del modelo petrolero, es decir, de la necesidad de seguir exportando petróleo como fuente reiterada de los ingresos que alimentan el ciclo vicioso de un capitalismo interno importador por excelencia y una balanza de pagos "crónicamente deficitaria", características que lo convierten en un "excelente apéndice para el capital petrolero exógeno dominante, para su reproducción ampliada a escala mundial". Y es precisamente este rasgo de la economía petrolera venezolana el que pasan por alto los novísimos redescubridores del rentismo, como no lo hicieron "nuestros viejos autores vernáculos, que sencillamente describieron y procuraron tratar el síndrome del rentismo petrolero y sus secuelas -la revaluación del signo monetario entre otras- " .
No queda duda para nosotros, después de reseñar un debate de 62 años, de que es indispensable tener una cabal comprensión de los cambios sucedidos en la capacidad generadora de renta del petróleo entre los años 70 y el presente y los cambios que ello a producido en el papel que juega actualmente y jugará en el futuro la industria de los hidrocarburos en el panorama económico nacional.
Dada la entidad del problema, en esta oportunidad, ya antes caracterizada como etapa de un proceso continuo de investigación, sólo intentamos dejar planteados algunos de sus aspectos más relevantes. Tal propósito comporta, por un lado, apreciaciones sobre la eficacia del gasto fiscal, la pertinencia de su destinación desde el punto de vista socioeconómico o su carácter despilfarrador de un patrimonio colectivo. En esa discusión estamos inmersos y no podemos sustraernos de ella.
Por otro lado, y dados los objetivos de nuestro trabajo, el centro de nuestra atención se dirige de manera particular hacia la evaluación de la inversión petrolera y su impacto macroeconómico, así como los criterios que orientan los proyectos específicos, su factibilidad a distintos niveles de consideración -empresa pública, nación, sector privado- como "negocio" propiamente tal, los lapsos de recuperación y los niveles de rendimiento a mediano y largo plazo. Por ello es el aspecto en el cual insistiremos.


b) La "inversión automática" y sus consecuencias.

La magnitud de la inversión realizada y por realizar en este sector pretenden determinar, como ahora es evidente, un curso de consolidación e intensificación del carácter petrolero-dependiente de la economía nacional. Reiteramos, sin embargo, que esa inversión, -37.500 millones de dólares entre 1976 y 1992- no ha sido programada en cumplimiento de líneas estratégicas de algún organismo planificador de la economía a nivel nacional, sino que los proyectos han surgido del seno de la propia industria, como instrumentos para justificar la utilización -vale decir, la ejecución presupuestaria- de los gigantescos recursos de que ha dispuesto durante los años de bonanza.
Ahora, cuando se plantea la práctica desaparición del excedente que proveía tales holguras, la necesidad de esa inversión, de mantenerla a los niveles alcanzados en los primeros años de la década pasada, se convierte en elemento para presionar hacia una redistribución del ingreso en detrimento del gasto fiscal, el cual ahora se presenta con sus mas negros tintes, que desde luego nosotros no negamos, de rentismo parasitario e improductivo, alimento de la corrupción y demás yerbas.
Sin embargo, la misma escasez de los recursos hace abrir los ojos de alguna gente: y así, se comenzó con los recortes al presupuesto de gastos de PDVSA en 1992, de más de 25.000 millones de bolívares. Recortes que no fueron sólo el resultado de la necesidad de rellenar el "hueco negro" fiscal, sino el inicio de una revisión forzada de las reales posibilidades y rendimientos de los "megaproyectos". Desde entonces, de una u otra manera, los arrestos inversionistas del poder petrolero han venido siendo contenidos y "pospuestos". El problema es que, todavía, pocos se atreven a decir que el rey está desnudo.
La excedentaria disponibilidad de recursos de los años anteriores fue el resultado de la operación de los ya descritos mecanismos automáticos de reparto del ingreso petrolero. Centraremos ahora la atención sobre los resultados de ese proceso. Para ello, insertamos de seguidas un conjunto de cuadros y gráficos. Los Cuadros Nos. 10, 11 y 12, recogen el sumario financiero de la industria petrolera venezolana, tal como es presentado por el Ministerio de Energía y Minas y Petróleos de Venezuela y su expresión en dólares corrientes -al tipo de cambio petrolero oficial de cada año- y en porcentajes del ingreso bruto. En el Cuadro No. 13, las inversiones realizadas por la industria petrolera entrte 1976 y 1992, discriminadas por función productiva. Los Cuadros 14, 15, y 16 son presentaciones del Ingreso Petrolero Bruto y sus destinos: Participación fiscal, costos e inversiones, en bolívares, dólares corrientes y constantes de 1976. El Cuadro No. 17 es un resumen acumulado, para los años 1976-92, con el promedio procentual de cada rubro del destino del Ingreso Bruto..
En los Gráficos, -7 al 19- queremos resaltar aspectos fundamentales de las cifras contenidas en los cuadros ya referidos: "Variaciones sobre un mismo tema", para analizar diversas maneras de presentar los mismos hechos.
Para muestra un botón: En cuanto al destino del ingreso petrolero, tradicionalmente se nos ha mostrado la distribución del ingreso neto (Gráfico No. 13) entre el Fisco y "la industria". -sea ésta concesionaria o estatal. Presentado así el problema, observamos que el Fisco se lleva la parte del león: llegó a alcanzar el 95% de dicho ingreso en 1974 y durante los años posteriores a la "reversión anticipada" a promediado una participación del 85%. Sin embargo, si nos salimos de ese esquema y analizamos la distribución del ingreso bruto entre costos, gastos, inversiones y participación fiscal, podremos observar que esta última ha pasado de 76% en 1976 a 37% en 1992.
Dejemos pues, por un momento, hablar a las cifras y a su intencionada presentación gráfica:






















Como se puede constatar en los cuadros y gráficos que reflejan la evolución del "Destino del Ingreso Petrolero", durante los años de la nacionalización más del 18 por ciento, en promedio, del ingreso petrolero nacional neto, sin incluir las partidas de depreciación que garantizan el mantenimiento de los activos existentes, ha sido retenido por la industria bajo las formas de utilidad de las operadoras, aporte a PDVSA e intereses devengados por colocaciones. El total de los fondos disponibles anualmente por la industria ha promediado, por su parte, un 18 por ciento de los ingresos brutos.
Empero, y como ya mencionáramos, el gasto petrolero -costos más inversiones- ha ido creciendo en términos absolutos y relativos, de manera tal que pasa de 21 a por ciento del ingreso bruto en 1976 a 79% en 1992. Promediando en ese lapso un 44%. Esa evolución del gasto total tiene su correlato inverso en la correspondiente de la participación fiscal, que cae del 76% del ingreso bruto en 1976 a 37% en 1992.
El impacto del gasto petrolero va más allá, al manifestarse en la creciente tendencia de la industria a endeudarse para sufragar compromisos superiores a sus posibilidades de autofinanciamiento. reflejada en el hecho de que, a partir de 1981 la suma de Gasto Total más Participación Fiscal es consecuentemente superior al monto de los ingresos brutos de cada año.
Las inversiones realizadas por la industria (Cuadro No. 13, Gráfico No. 18) que representan en promedio el 85% de los fondos dispuestos por PDVSA, experimentan un acelerado crecimiento entre 1976 y 1982, cuando alcanzan la cima de 17 mil millones de bolívares (3.980 millones de dólares), disminuyendo a montos entre los 13 y 12 mil millones durante los años 83 al 85 y reiniciando un comportamiento expansivo a partir de 1986 y hasta el presente.
En estos últimos años, y por efectos de la constante devaluación de nuestro signo monetario, la expresión de esta magnitud en términos de bolívares no refleja efectivamente las magnitudes de la inversión realizada. Al hacer la evaluación en términos de dólares observamos que la inversión total ejecutada en los últimos años cae sucesivamente entre 1982 y 1989, -con un descanso entre 1984 y 1986- y repunta entre 1990 y 1992, hasta alcanzar en el 91 y superar en el 92 el tope de 1982, con 3.675 y 4.203 millones de dólares, respectivamernte.
En el trienio pico de 1981-83, campeaban por sus fueros los megaproyectos de la Faja, farragoso emprendimiento del poder petrolero venezolano, de cuyas consecuencias todavía se resiente el país, aunque sus dirigentes no tengan conciencia de ello y los gestores de tales fiascos sigan pontificando y haciendo gala de "eficacia gerencial". El repunte de 1990-91 se hace al calor de nuevos megaproyectos, "el megadisparate de PDVSA" al que alude el Dr. Mieres, con el cual los petroleros venezolanos pretenden mantenerse dentro de "las grandes ligas" de la industria mundial.

"Para emprender estos planes 'grandiosos', PDVSA necesita liberarse de los controles 'parroquiales' del MEM, de Hacienda, de CORDIPLAN, de la Contraloría -de todo lo que la ate al Ejecutivo Nacional-, del Congreso, por supuesto, y de cualquier 'cuota' u obligación con la OPEP. Liberarse de la estrecha 'dependencia nacional' y manejarse como la 'gran transnacional' que se siente".
En 1982 y 83, la inversiones representaron el 126 y 121 por ciento, respectivamente, de los fondos disponibles en esos años. Ese déficit pudo ser cubierto entonces con los remanentes de años anteriores, durante los cuales el gasto fue sólo una fracción de los recursos asignados -recuérdese, una vez más, el famoso fondo en dólares colocados en el exterior del cual disponía la industria. En 1991 y 1992, ese porcentaje ha subido a 178 y 205% respectivamente, pero en esta oportunidad, el gasto excedentario es cubierto con endeudamiento.
En tiempos del boom de precios se podía observar claramente la altísima correlación de los presupuestos de inversión con las disponibilidades generadas en años inmediatamente anteriores a los referidos por los incrementos en los precios dispuestos por la OPEP. En la programación quinquenal 1986-1991, ya ejecutada, las solas inversiones "mayores", que excluían a todos los proyectos menores de 10 millones de bolívares, alcanzaban a 65.793 millones de bolívares, magnitud que representaba un promedio superior a los 13 mil millones de bolívares de 1976 anuales. La cifra total de inversiones prevista inicialmente para el lapso, 83.000 millones de bolívares, elevaba el promedio a 16 mil seiscientos millones anuales (2.136 millones de dólares). Con la bajas y repuntes ya reseñados, ese rubro alcanzó, hasta 1991, un promedio de 2.102 millones de dólares, con lo cual se logra un cumplimiento del 98,41% de las metas previstas en el referido plan, al menos en cuanto a la cuantía del gasto. En estos casos, como saben los especialistas en presupuesto, prevalece la práctica perversa de "ejecutar" a todo trance las sumas asignadas, sin parar mientes en la efectividad o pertinencia del gasto.
Pero en los últimos años las cosas van más allá de la simple ejecución injustificada de asignaciones generosas. Entre 1990 y 1992 se ha desbordado todo cauce y la inversión petrolera alcanza en el último de esos años al ya mencionado 205% de los fondos disponibles. Si asumimos que las partidas de depreciación se han de aplicar a costos de mantenimiento y reposición del activo preexistente, estos desembolsos por inversiones de 1992 representaron el 287,9% del ingreso neto de la industria en ese año. Huelga recordar que ese ingreso neto constituye el verdadero fondo para el financiamiento de inversiones de la industria. Su asignación automática lo hace sobrancero en algunos años y deficitario en otros, como se registra en los bienios 82-83, 85-86 y el trienio 90-92, lo cual confirma lo irracional del mecanismo en cuestión, tal y como lo demostramos en el aparte anterior dedicado al análisis más detallado del mismo.
Por otro lado, la explosiva evolución de los costos operativos netos, que pasan de 17,5% del ingreso bruto en 1976 a 54 y 60 por ciento en 1991 y 92, respectivamente, agrava aún más las cosas. En los años 90-92 se ha intensificado otra practica perversa, también tradicional pero, hasta ahora, discretamente utilizada: la ejecución, vía hechos cumplidos, de programas de inversión no aprobados por la Asamblea de Accionistas. El expediente no puede ser más sencillo: cargando a costos del año los desembolsos incurridos en esos nuevos emprendimientos.

En el Cuadro No. 18 y Gráfico No. 14 "Principales Rubros de Ingresos y Gastos", en los cuales se presenta se presenta un índice de las variaciones de estos conceptos a partir de 1976 como año base, se puede observar como la participación fiscal se mantiene para 1992 en 117 puntos respecto a 100 de 1976, involuncionando en relación al Ingreso Total que alcanza 240 puntos en el último de los años mencionados, mientras que los costos operativos salta, en el mismo lapso, a 820 puntos. Los gráficos 15 y 16 focalizan el índice en los distintos rubros de costos y explican el origen de ese alto crecimiento. Así, en el Gráfico 15 se puede observar el efecto distorsionador que ejercen los 2.261 puntos de crecimiento de las compra de crudo y productos en el exterior, rubro de cosrtos que se incorpora de manera significativa a partir de 1989, reflejando los costos de los negtocios de PDVSA fuera de las fronteras. Pero si omitimos este rubro, como se hace en el Gráfico No. 16, el índice de crecimiento de los costos internos se mantiene más que cuadruplicando el índice de crecimiento de la participación fiscal, al registrar 498,5 puntos. En el Gráfico No. 17, que limita el análisis a lo sucedido entre los años 88 y 92, se visualiza la inversión que se produce en esos años: con un moderado crecimiento de la producción -de poco más del 24%- los costos se elevan más que proporcionalmente del 34 al 60%, mientras que la participación fiscal total cae de 64 a 37%%.
Todo lo anterior confirma, la falacia de las afirmaciones del poder petrolero según las cuales ha sido la "exagerada presión fiscal" a que está sometida la industria la causa de sus problemas de flujo de caja y obligado a su masivo endeudamiento externo e interno. Sólo su apabullante poder comunicador y la mediocridad de la dirigencia política del país han permitido establecer como verdad indiscutida lo que no es más que una presentación trucada de la realidad.
El carácter y magnitud de las cifras y relaciones anteriores, su manejo de "bajo perfil" con las asociaciones de empresarios interesados en tales desembolsos y su escasa relación con las inestables expectativas del mercado petrolero internacional nos llevan a insistir en nuestro planteamiento central: La peculiar autonomía de Petróleos de Venezuela respecto a los poderes públicos nacionales y la conveniente rigidez y oscuridad del régimen fiscal aplicable a las actividades petroleras, han impedido una consideración previa sobre la pertinencia y ajuste de las inversiones en ese sector a las prioridades y planes de desarrollo nacional establecidos por esos mismos poderes públicos o sus entes planificadores.
Tal como ya mencionáramos al concluir la caracterización del poder petrolero, la disposición estatutaria de ingentes magnitudes de recursos libres se convirtió, de esta manera, no sólo en un acicate para la proliferación de toda clase de proyectos que sirvieran principalmente al objetivo de ejecutar lo más completamente posible el inmenso presupuesto preestablecido, sino también en generadora de una mentalidad corporativa y productivista que asume a la constante expansión de las actividades de la industria como principio sagrado e indiscutible, en tanto que garantía del mantenimiento de su status prominente dentro de los cuadros del poder económico y político nacional.
Como hemos visto, la situación se agrava cuando los recursos asignados se hacen insuficientes y se pretende echar mano a la igualmente disminuida participación fiscal. Y esta es la situación en la que nos encontramos actualmente, cuando se continúan programando inversiones del orden de los 43.000 millones de dólares (Cuadro No. 19) para el período 92-97. Es decir, desembolsar en cinco años una cifra superior a la ejecurtada en los 16 años anteriores (37.500 millones de dólares). Más adelante -en los capítulos 6 y 7- haremos referencia a la significación de esta intensificación de la inversión petrolera en las deprimidas condiciones actuales y perspectivas del mercado y enfrentados a la declinante calidad de las reservas petroleras nacionales.
Por ahora, y en un plano más específico, en los siguientes apartes revisaremos los resultados y perspectivas en tres de los más importantes campos de la inversión petrolera: Faja del Orinoco, refinación e internacionalización.

La Faja del Orinoco:
Bitúmenes y Orimulsión

Los recursos hidrocarburíferos de carácter bituminoso acumulados en la Cuenca Oriental -a todo lo largo de su límite sur, adosado al Escudo Guayanés- cuya existencia fue detectada desde los años treinta de este siglo, se convirtieron en los años setenta en un importante objetivo de la geopolítica energética norteamericana.
Haciendo un poco de historia antigua, debemos señalar que, en efecto, ante las sombrías perspectivas avizoradas entonces en esta materia, dados los incrementos exponenciales del consumo energético, el inevitable curso parabólico de los recursos fósiles disponibles y el estancamiento de la alternativa nuclear, la necesidad del tránsito hacia la utilización de crudos pesados y extrapesados parecía acercarse rápidamente. Ello condujo a los estrategas norteamericanos ha realizar estudios sobre los cursos de acción más convenientes para garantizarse la disposición de esos crudos cuando ello fuera necesario. En el caso venezolano, las presiones comenzaron a sentirse y ha dar algunos resultados en el sentido esperado por dichos estrategas: Un viaje a Caracas de James Akins, Secretario de Energía del Gobierno de Nixon, tuvo como respuesta una resolución del Gobierno del Dr. Rafael Caldera renombrando como "Petrolífera" lo que hasta entonces había sido Faja Bituminosa . Posteriormente aparecieron estudios del Congreso Norteamericano que resaltaban el interés estratégico de dicha Faja para los Estados Unidos y la necesidad de estimular a los venezolanos para que dieran nuevas muestras de su voluntad cooperadora. El Departamento de Energía, también encargaba estudios para proceder en el mismo sentido.
Poco después, en una de las movidas características del escenario energético de los años setenta, se produce, con la anuencia y casi a instancias de las compañías "afectadas", el adelanto de la reversión de las concesiones petroleras en Venezuela. Establecidas las operadoras de Petróleos de Venezuela sobre las antiguas concesiones, una de las primeras medidas fue extender la competencia operativa de aquellas hacia nuevas áreas, reservas nacionalesr no unificadas por la antigua CVP y, en poco más de dos años, a la Faja del Orinoco. Esa atribución significó la liquidación de un plan de investigación y desarrollo a largo plazo coordinado desde el Ministerio de Energía y Minas, y su sustitución por cuatro frentes de operaciones de producción a corto y mediano plazo, asignados a cada una de las cuatro principales operadoras de PDVSA, justamente aquellas en las cuales se perpetuaba, a través de estrechos vínculos comerciales y tecnológicos, la presencia de las cuatro "majors" exconcesionarias: Exxon, Shell, Mobil y Gulf.

"In December 1977, the Government assigned the Orinoco Belt to the stateowned company, Petróleos de Venezuela S.A. An evaluation area of 54.000 sq km was marked out and in September 1978, each of the four operating subsidiaries of Petroleos de Venezuela was assigned a region".
Aparecieron entonces los "megaproyectos de la Faja del Orinoco", con el "Desarrollo del Sur de Monagas y Anzoátegui", DSMA, de Lagovén en el área de Cerro Negro y el "Guanipa 100+" de Menevén en el área de Hamaca, como primeros frentes, quedando pendientes de "presentación en breve plazo" los correspondientes de Maravén y Corpovén para las áreas de Zuata y Machete.

Todos estos proyectos respondían a fantasiosas evaluaciones de la condiciones prevalecientes entonces en el mercado y a una voluntaria ceguera ante numerosos indicadores de cambio en las perspectivas energéticas, entre ellos el abandono por las transnacionales de todos sus proyectos sobre bitúmenes y crudos extrapesados. "Ahora seremos los únicos", fue la respuesta entonces. Como una muestra de esa capacidad para dar por ciertos los escenarios que mejor se amoldan a los propios planes, insertamos el cuadro No. 20 contentivo de las expectativas de precios que sustentaban al Proyecto Guanipa 100 + en 1981, y el gráfico No. 20 de Reservas de los Principales Países Productores de Petróleo, fotocopia de una "presentación" de PDVSA en agosto de 1991.



Las advertencias sobre los riesgos implícitos en la política de "desarrollo acelerado de la Faja" fueron dejadas de lado sin más y satirizadas con referencias a "los sueños bucólicos y preindustriales de quienes piensan que todo tiempo pasado fue mejor", al miedo al progreso, la inercia tercermundista y todo el bagaje conceptual del expansionismo petrolero. El poder de convencimiento de las propuestas petroleras parece mayor cuanto más absurdas y desbocadas son las cifras manejadas. Una reciente muestra de ese poder y su perdurabilidad la dio Eduardo Fernández, cuando todavía era pre'candidato presidencial:

Mientras Venezuela tiene en la faja del Orinoco seis veces más petróleo que las reservas de Arabia Saudita, se trata ese potencial como "las joyas de la abuela", cuando podríamos estar produciendo 1 millón de barriles diarios durante 200 años consecutivos, si se hacen las inversiones necesarias..."

Pero volviendo a los planes originales: Por sí solo, el proyecto DSMA comprendía la perforación de mil pozos, más mil kilómetros de líneas sísmicas, instalación de plantas de inyección de vapor, refinerías complejas, planta eléctrica quemadora de coque, un oleoducto de 76 cm de diámetro y 280 kilómetros de longitud y construcción de un terminal marino para tanqueros de 100.000 TM de peso muerto, los cuales también serían adquiridos. Todo lo anterior implicaba un esfuerzo en ingeniería y construcción de 200 millones de horas hombres y un personal fijo de 18.000 personas.
La primera etapa concluiría en 1988, cuando arrancaría la producción de 125 mil barriles diarios de crudo mejorado, cifra que se incrementaría sucesivamente hasta alcanzar los 500.000 barriles diarios en el año 2.000 . La "planificación" del proyecto DSMA, asignada a una transnacional ingenieril, Bechtel, costó 445 millones de bolívares y la ejecución 76-83, 389 millones

En "The Orinoco Project" PDVSA señala que en 1983 se completó una exitosa campaña exploratoria que condujo a la identificación del más grande reservorio descubierto en el mundo. En realidad, lo que ocurrió en 1983 no fue una completación sino un "redimensionamiento" de las inversiones en la Faja -lo cual significó, en la práctica, la desactivación de los megaproyectos- debido a la emergencia del "viernes negro" venezolano el 18 de febrero de ese año. La magnitud de los recursos liquidados hasta esa fecha se puede inferir por la descripción que hace PDVSA de su tarea:

This task, conservatively estimated to have taken 2,500 man-years, included the drilling of 662 exploratory wells of which 546 were succesfull.
Ese esfuerzo exploratorio supuso, según el Informe Anual 1983 de PDVSA una inversión de 2.030 millones de bolívares hasta ese año. Además a ello hay que sumar, según la misma fuente, 202 millones de "evaluación regional", por 19 pozos exploratorios y 98 pruebas de producción. Igualmente, las actividades de producción ¡¿?! en la Faja para ese mismo año, "representaron un desembolso de 846 millones de bolívares" 122 Las cifras presentadas para este rubro de inversión entre 1982 y 1984, en ese mismo informe y en el del año siguiente, suman 3.089 millones de bolívares. Entre 1981 y 1983 se produjo una compra extraordinaria de tubulares, por un monto de 5.986 millones de bolívares, la mayoría de los cuales estaba inicialmente destinada al mencionado oleoducto de 280 kilómetros.
Con este conjunto de cifras, extraídas con pinzas de los resbalosos Informes de PDVSA, en la época en la cual todavía aparecían explícitamente rubros que luego se consolidaron según la práctica habitual, podemos aproximarnos a un estimado conservador de recursos comprometidos en los proyectos de la Faja entre 1978 y hasta el presente, del orden de los 5.000 millones de dólares, entre inversiones clasificadas como tales y desembolsos cargados a "costos operativos".
Tales cifras muestran la desaprensiva largueza con la cual se comprometieron los recursos de la Nación en un proyecto inviable. La pauta de esa generosidad la marcó el para entonces Presidente de Lagovén, Guillermo Rodríguez Eraso, quien en 1981, en un discurso en Nueva York, describe así los planes de PDVSA en la Faja:

At present we are actively working on two specific projects in the Orinoco Oil Belt Area... (Se refiere al DSMA y Guanipa 100+
The investment required for these two projects is estimated at eight billion dollars of 1979 and includes substantial expenditures for infraestructure as this is virtually virgin territory. Other projects of similar magnitude will necessary to raise production level from the entire Orinoco Oil Belt to one million barrels per day the year 2000, as contemplated in Venezuela's long range energy plans.
...
The total investment program that we have undertaken will require some $ 25 billion over the next six years. Afterwards and until the end of this century, the yearly rate of investment is likely to average some $ 5 billion (in 1980 dollars. We expect to generate most, if not all, of this capital internally, through reinvestment of future earn. Up to now, we have set aside more than six billion dollars to be used exclusively for future oil development activities.

Destaquemos de paso la majestuosa declaración según la cual "por ahora hemos apartado más de seis mil millones de dólares..." como una confirmación del funcionamiento de la mentalidad corporativa del poder petrolero, al asumirse a sí mismos como gerentes de una empresa con soberanía supraestatal. Ello nos permite también comprender la furia con la cual reaccionaron los ejecutivos petroleros cuando ese fondo en dólares fue bolivarizado por el Banco Central en tiempos de Díaz Bruzual.
La prepotencia y exagerado optimismo de entonces terminó aparentemente, en 1983, pero la voluntad inversionista a todo trance se mantuvo, como lo demuestran los más recientes y ya también fallidos "megaproyectos" 91-96 ó 92-97.

Hablamos de fin aparente, porque los proyectos de la Faja, aun "redimensionados", se mantienen generando desembolsos de inversión y "costos operativos". Así, para 1985, se menciona en el Informe Anual de PDVSA que "se perforaron 47 pozos se completaron las estaciones de bombeo y 100 kilómetros de oleoductos". En 1988 se informa de una inversión en producción, en la Faja del Orinoco, por 558 millones de bolívares. En 1991 se menciona que "prosiguieron las inversiones necesarias para la construcción de la infraestructura de producción en la Faja del Orinoco y las facilidades de almacenamiento y transporte asociadas al terminal marítimo en Jose."
Al escuálido resultado de esos cuantiosos desembolsos se puede aplicar el viejo símil "...y la montaña parió un ratón". En efecto, si nos atenemos a los datos de la Memoria del Ministerio de Energía y Minas de 1991, de los 30.292 millones de barriles de crudo extrapesado de la Faja identificados para ese año como "reservas probadas" del país, se producen, en promedio, 14.767 barriles diarios, que representan el 0,018% de tal acumulación y, a ese ritmo, un horizonte productivo de más de 5.620 años. Para 1992, y de acuerdo con la Memoria de Minas de ese año, la producción de extrapesados aumentó a 38.147 barriles diarios (0,045% de 30.304 miles de millones de barriles y la relación reservas-producción descendió a 2.176,4 años....
En el ya citado "Address..." de Rodríguez Eraso, se estimaba una inversión de 8.000 millones de dólares para el desarrollo de los primeros proyectos, los cuales generarían 270.000 BD de capacidad instalada, es decir, 81,18 dólares por barril de capacidad, lo cual, significaría un cargo de 4,05 $/bl para reposición de ese capital si le otorgamos un lapso de amortización de 20 años.
Pues bien, aún suponiendo que aquellos 38.147 de barriles diarios de 1992 puedan elevarse en el corto plazo, a 100.000, la inversión acumulada, hasta ahora ejecutada en la Faja, estimada conservadoramente en 5.000 millones de dólares -según los tipos de cambio vigentes a las fechas de su realización- representaría un costo de 137 dólares por barril de capacidad instalada. Todo ello asumiendo que no sea necesario ningún otro desembolso.
Si además, considerando que se trata de una inversión infraestructural, para uso durante muchos años, se deprecia linealmente esa inversión en 20 años, ello supondría un cargo por ese sólo concepto, reposición del capital, de 6,85 dólares por barril. Sin embargo, los planes que permitirían superar la meta de los 100 mil barriles diarios se han pospuesto sine die, lo cual hace que el cargo teórico por barril sobre la escuálida producción actual deba ser aún mayor.
Hágase cualquier ejercicio comparativo, a los precios actuales de los derivados pesados del petróleo, como el fuel-oil, con los costos de producción, movilización y mejoramiento de crudos entre 0 y 9 grados API, y podrá comprenderse cuán alejados de la realidad presente estaban -y están- las presunciones de los megaproyectos de la Faja.
Sin embargo, y como veremos más adelante en este capítulo, la discusión toma otro carácter cuando se pretende que estos cargos ya no son procedentes y que los desembolsos incurridos son pérdidas imputables a los ejercicios anuales en que se decidió el desfase de los proyectos. Dicho en otros términos, eso ya es clavo pasado y no podemos seguir haciendo cuentas ni exigiendo responsabilidades.
En la actualidad, la obnubilación de los planificadores petroleros en materia de crudos extrapesados está llegando a cumbres insospechadas y tiene un nuevo nombre, con pretenciosa "trade mark", ORIMULSION(TM) . Veamos:
Peculiar producto obtenido como una emulsión de bitumen en agua, la Orimulsión fue generada inicialmente, en un proyecto conjunto de INTEVEP y British Petroleum, como medio para resolver los problemas de movilización que confrontaba ese tipo de hidrocarburos debido a su alta viscosidad. Al quedar comprobadas las propiedades combustibles de dicha emulsión, PDVSA inició su promoción como energético sustituto del carbón.
Identificado el mercado potencial al cuantificar la participación del carbón dentro del consumo energético mundial, la cual superó el 27% del total durante la última década y se proyecta de estable a moderadamente creciente en el futuro previsible , PDVSA ofrece a esta amplia franja del mercado un combustible con un conjunto de ventajas teóricas y un precio atractivo. Allí, precisamente, comienzan los problemas.
La Orimulsión es un combustible de alto costo, tanto por la inversión ya materializada en la infraestructura productiva descrita anteriormente y en el propio proceso investigación y desarrollo -algo ha debido pagarse a British Petroleum, que no es precisamente una compañía de beneficencia científica- como por los desembolsos implícitos en la propia tecnología de producción y manejo de una emulsión cuya estabilidad depende de aditivos relativamente costosos, por ahora importados, los surfactantes, y de la atención permanente de personal técnico de altos niveles de calificación y remuneración. De alto costo es también el "intenso programa de comercialización" a que hace referencia el Informe Anual 1991 de PDVSA, ya que se trata de convencer al mercado de las bondades del tránsito de un combustible sucio, tradicional y producido localmente, hacia otro igualmente sucio, pero desconocido, delicado e importado. En el material de Bitor anteriormente citado se inserta un cuadro que habla a las claras de las dificultades del proceso y que se resume en los siguientes datos, para diciembre de 1990: de 87 compañías contactadas, se mantienen relaciones con 27, 8 han hecho estudios de factibilidad, 8 están negociando 8 millones de toneladas anuales (138 mil barriles diarios) y seis han firmado compras por 4 MM TM anuales (69 MBD) . Pero ni siquiera esta última cifra del programa de comercialización se han cumplido. Hasta los últimos reportes de los cuales tenemos conocimiento , todavía no se pasa de los 40.000 barriles diarios. Ofrecemos constatación de ello en las cifras de resultados que se incluyen en el Cuadro No. 21.





Simultáneamente, dada la franja del mercado en la cual se ubica -en donde si bien se compara con ligeras ventajas en cuanto a limpieza respecto al carbón, es superado por un combustible residual como el Fuel Oil Pesado No. 6, al cual, por ejemplo, duplica en las partes por millón de emisiones sulfurosas y supera en un 28% en las de óxido de nitrógeno- la Orimulsión es un combustible de bajo precio, el cual, aun en las presentaciones optimistas de BITOR se ubica en unos 54 dólares la tonelada -promedio 89-91-, que equivalen, aproximadamente a 8,5 dólares el barril.
La realidad, a duras penas reflejada en el Informe Resultados 1991 y en los Presupuesto Original 1992-94, es que el precio C&F para 1991 fue de 6,97 dólares el barril, proyectándose entonces que se obtendrían 7,30 $/bl en 1992. Peor aún, el net-back BP-BITOR fue de 4,24 $/bl en 1990, 3,71 en 1991 y se proyectaba obtener 4,61 $/bl en 1992. El Cuadro No. 22 registra estos niveles de precios y Net-Back. Compilado a partir de las mencionadas presentaciones, de diversas fechas, se reflejan en este Cuadro las discrepancias entre las estimaciones y la realidad. Tales discrepancias están signadas por el "optimismo" a todo evento de los ejecutivos de BITOR.



A estos niveles, sin embargo, y según estos ejecutivos, que realizan presentaciones en los auditorios de nuestras universidades y en las Cámaras de empresarios vinculados al sector, todavía "las cuentas dan".
Como se desprende de las relaciones establecidas por nosotros anteriormente, en cuanto a las inversiones realizadas y los plazos para la reposición de ese capital, la única manera de que "las cuentas den" sería echando a fondo perdido las colosales inversiones de los años ochenta. Y esto es evidentemente así, cuando se afirma que el costo de producción de la Orimulsión estará por debajo de los 4 dólares el barril cuando se salga de la fase "preoperacional"..
Esta contradicción nos lleva, y valga la digresión, a considerar el problema de las prácticas contables que permiten dejar de lado a cuantiosas inversiones infraestructurales y establecer relaciones costo-beneficio falseadas. Ello tiene que ver por un lado, con el manejo de las partidas de depreciación y por el otro con la evidente rutina de cargar a costos desembolsos vinculados a proyectos futuros, puesta de manifiesta en los párrafos anteriores.
Tratando de encontrar fuentes de mérito sobre la materia, encontramos que la Asociación Venezolana de Presupuesto Público, al estudiar las "Partidas que conforman los Estados de Resultados estimados de la industria petrolera", asienta que la partida de depreciación y amortización...

"...se calcula en función de la producción. Para tal efecto se establecen indicadores estándar, mediante análisis de series donde las relaciones de inversión-producción se vienen cumpliendo en situaciones normales. A ello se agregan consideraciones especiales para la depreciación de determinados activos; tal como la depreciación acelerada aceptada por la Administración del Impuesto Sobre la Renta, para los activos de algunos proyectos específicos." .
Nos preguntamos ¿Cómo establecer indicadores estándar en la Faja, para bitúmenes u Orimulsión, si no hay producción normal? ¿Qué lapso asumir para la recuperación de los capitales invertidos? Pasada una década, ¿cómo clasificar contablemente una inversión cuyas posibilidades de alcanzar las metas programadas son cada día más inciertas? ¿Será posible que el Impuesto Sobre la Renta haya aceptado la depreciación acelerada de los equipos instalados, cargando su costo sobre el resto de la producción petrolera? O, más simplemente, ¿se habrán asumido esos desembolsos como pérdidas incurridas en esos años?
Las estadísticas revelan que durante los años de holgura del excedente se decidió la depreciación acelerada de la inversión realizada: En efecto, si nos atenemos a las cifras de los Informes Anuales de PDVSA, durante los años transcurridos entre 1981 y 1988 se acumularon, por este concepto, 4.850 millones de dólares. Es también muy significativo el hecho de que la depreciación representó el 34% de la inversión total realizada en cada uno de los años 83 y 84. Si el camino fue la depreciación acelerada, tal depreciación sería anómala, por cuanto se trata de activos improductivos. A esa partida se asignarían montos provenientes del excedente generado en otras áreas de la industria y que se transmutaron de excedentes en gastos de capital.
Otra alternativa, reiteramos, pudo haber sido cargar a pérdida gran parte de esos desembolsos. Consultando al respecto, encontramos lo siguiente: Cuando se está realizando una inversión, los desembolsos hechos se clasifican en la contabilidad como Obras en Proceso. Si por alguna eventualidad, el proyecto para el cual se realizan tales obras es abandonado, los montos acumulados hasta ese momento en la referida partida del activo se llevan a Pérdidas. Pues bien, en el caso de la Faja, los proyectos fueron oficialmente desfasados en 1983 y es sólo seis años después, cuando arranca el Proyecto Orimulsión. Ello explicaría la consideración de que el valor en libros de la inversión realizada en la Faja en los años 80 sea cero en 1992.
Pero, ahora bien, ¿quién carga con esas pérdidas? Las operaciones normales de producción. Esto es lo que se desprende de nuestras indagaciones al respecto: Existe una partida en los Estados Financieros de la Filiales de PDVSA, "Administrativos PDVSA", alícuota para cubrir gastos de la casa matriz, en la cual cargan, en base al volumen de producción de cada filial, los gastos de las operaciones no productivas, tales como los del INTEVEP, administrativos propiamente tales, etc. En este etcétera se incluyen pérdidas incurridas en las operaciones de Pequivén o Bitor, por ejemplo. De esta manera -y con todo el arte de la "consolidación", cuyos secretos exceden el nivel de nuestros conocimientos contables- se escurre el bulto a la hora de presentar resultados críticos.
Nuestras observaciones, en estos aspectos vinculados al registro contable de las operaciones de la Faja, tiene carácter preliminar y, por ahora, planteamos el problema como una tarea para la investigación futura y como una exigencia de que se presenten abiertamente las cifras de ingresos y gastos en el negocio bituminoso... si la "necesaria confidencialidad" de tan jugoso negocio lo permite.
En esta área, por lo que se ve, flujo de caja, valor actual neto y tasa interna de retorno son zarandejas que se dejan al arbitrio de los departamentos de relaciones públicas para su utilización en las campañas alarmistas destinadas a exigir la eliminación de los Valores de Exportación.
Debemos establecer, sin embargo, algunas precisiones sobre la materia: Es ampliamente conocido que una política de contabilización costos e inversiones similar a la expuesta fue la establecida, en épocas anteriores, por las grandes firmas transnacionales que operaban sobre una base global y a largo plazo, con amplios márgenes de beneficio y apropiación de grandes tajadas de renta esquilmada a los países poseedores de las reservas. Esas características les otorgaban una amplia capacidad de autofinanciamiento y permitían cargar a pérdidas, o prorratear sobre sus ingresos globales, los gastos derivados de emprendimientos más o menos inciertos. En fin de cuentas ese era el costo de reposición de las reservas ya consumidas. Esa reposición se producía efectivamente y con creces: el campo costanero Bolívar, los grandes campos sauditas o iraníes, fueron el resultado de programas globales que comportaron gastos colosales en la exploración de zonas mediocres, como el Estado Guárico o la pampa Argentina, por ejemplo. Y tal política les funcionó mientras mantuvieron el control omnímodo del mercado petrolero, desde las principales fuentes de materia prima hasta la última bomba de gasolina. Las cosas han cambiado desde los años setenta y también para esas corporaciones terminaron tales holguras... a tal punto que, como ya sabemos, programaron su retirada de las fases mas riesgosas del negocio. Para un país, individualmente considerado, las cosas son aún más difíciles, por cuanto las pérdidas incurridas en una fase productiva afectan a toda la estructura generadora de ingresos. Por tanto, es obligante la minimización del riesgo.

En el caso de la empresa petrolera estatal venezolana las cosas deberían manejarse aún con más cuidado, porque el fondo de donde extrae los recursos que compromete no tiene como único fin su perpetuación en el negocio petrolero y, como repetimos a través de todo este trabajo, constituyen materia de interés público nacional. Sin embargo, y al parecer precisamente por esa misma condición, los recursos adelantados, invertidos y cargados a gastos de depreciación anticipada o a pérdidas por esa inversión en la Faja del Orinoco, parecen no tener dolientes. Al fin y al cabo, colegirán algunos acostumbrados a la diaria noticia del saqueo del erario público, son recursos estatales, -es decir, colectivos... es decir, de nadie- a los cuales podemos aplicar la máxima de que "lo que nada cuesta hagámoslo fiesta".
Retomando el análisis particular de la Orimulsión debemos señalar que sobre los resultados de las ventas del producto hechas hasta ahora no se ha informado con claridad a la opinión pública. Sólo hurgando en los reportes confidenciales que hemos venido citando -obtenidos de manos de ejecutivos que renuncian a la complicidad- y removiendo la gruesa capa del pastillaje cosmético con las cuales PDVSA recubre todas sus presentaciones, ha sido posible obtener la información aquí transcrita. Según esa información, nuestra presunción de que la Orimulsión era un negocio de alto riesgo, con un margen de rentabilidad muy estrecho y grandes posibilidades de generar pérdidas netas, aún sobre costos que no incluyen la amortización de la inversión realizada, queda confirmada: entre 1990 y 92 se registraron pérdidas por 47,12 millones de dólares, proyectándose que para 1993 esas pérdidas totalizarían de 73,85 millones .
En los cuadros 23 al 25 se recogen y organizan algunas de las evidencias que a este respecto se pueden pescar en las mencionadas presentaciones. Vale la pena destacar que, los planificadores de Orimulsión estiman que las pérdidas se detendrán en 1994, con más de 800 millones de bolívares de ganancias. Y ello por el simple expediente "presupuestario" de prever menores costos y mayores precios, cuando todo indicaba -a la fecha los pronósticos, 11-11-93- todo lo contrario.




A esto es a lo que los ejecutivos de BITOR denominan "costo del posicionamiento en el mercado". Otros analistas, -también seducidos por la verdad petrolera- consideran que es injusto cargar las tintas sobre este reporte de pérdidas, pues se trata de la curva de aprendizaje normal en proyectos de largo plazo. La Orimulsión está todavía en la etapa "preoperacional" En el conjunto de consideraciones que hacemos en este capítulo se encuentran los argumentos por los cuales no compartimos esa optimista visión del asunto. Aquí sólo queremos llamar la atención sobre el hecho de que ese largo plazo comenzó hace ya quince años, y las condiciones actuales y perspectivas del mercado energético no nos permiten avizorar el momento a partir del cual los rendimientos netos de este proyecto sean tales como para compensar las pérdidas pasadas, contemporáneas y planificadas para el mediano plazo.
Lo más grave de estas poco halagüeñas circunstancias, a nuestro entender, reside en el hecho de que ellas serían el resultado de la incineración de otros 911 millones de dólares, registrados como inversión realizada y por realizar entre 1990 y 1994. 774 millones ejecutados entre 1990 y 91 y 132 millones programados hasta 1994.
A la larga, y como no se puede seguir engañando a todo el mundo todo el tiempo, pese a la sordina que se le ha impuesto a las de por sí escasas voces de protesta, estos negativos resultados han pesado, para que los programas de inversión en nuevas capacidades de producción de Orimulsión hayan sido desfasados y sometidos a la eventualidad de conseguir socios extranjeros que compartan los riesgos.
Así, de la desbocada meta de producir 41 millones de toneladas métricas -aproximadamente 700 mil barriles diarios- para 1996, se pasa a una cota de 5 millones 220 toneladas anuales (unos 94.000 barriles diarios, lo cual representa un consumo máximo de bitumen del orden de los 66 mil barriles diarios entre 1992 y 1995, para cual se basta la capacidad ya instalada -5 millones 800 mil toneladas.
Mientras se materializa la empresa mixta y sólo si de aquí a 1995 se encuentra al socio extranjero que quiera arriesgar en este proyecto, la incorporación de nuevos módulos de producción elevarían la capacidad de requerimientos de bitumen por encima de los 160 mil barriles diarios a partir de 1996 hasta unos 460 mil bd en el año 2.000, que servirían para la producción de 36,5 millones de toneladas de Orimulsión en ese año. La inversión adicional estimada sería del orden de los 1.750 millones de dólares de 1993.
Todavía después del desfase y la obligación de buscar socios extranjeros, PDVSA insiste con metas funambulescas: en el Plan Corporativo 1992-1997 se sigue planteando -ahora para 1997- "un desarrollo acelerado de 900 MBD de potencial y 750 MBD de producción de Orimulsión maximizando la utilización de la infraestructura existente" .
Esta última afirmación es un implícito reconocimiento de la existencia -y peso en la conciencia de los eficientes gerentes de PDVSA- de instalaciones de alto costo y ninguna productividad, que bien pudieran obtener máximos honores en cualquier competencia de elefantes blancos, pero que siguen funcionando como sumidero de recursos cada vez más escasos y disputados, bajo la pretensión de "aprovechar el costo de oportunidad cero".
Más recientemente, en la introducción a la Memoria de Minas de 1992, el Ministro Alirio Parra continúa anunciando las metas de producción de Orimulsión: 13 MM TM (224,5 MBD) para 1996 y 36,5 MM TM (629,6 MBD) para el año 2.000.
Todo lo anterior y los inevitables redimensionamiento que todavía sufrirán estas metas al enfrentarse con las actuales perspectivas del mercado conforman un frustrante y costoso proceso de "planificación en retroceso", al compás del constante choque de los "escenarios" con la realidad, como ya reflejáramos en los citados cuadros 21-24..
Las proyecciones de oferta de un producto de gran carga contaminante, de altos costos y bajos precios, se encuentran en abierta contradicción con las expectativas globales de crecientes limitaciones al uso de hidrocarburos las cuales, según se anuncia en los principales países consumidores, serán impuestas por razones ambientales en los próximos años, amén de los demás factores restrictivos de la oferta petrolera que comentaremos al hacer referencia a las perspectivas energéticas. Sin embargo, nuestros planificadores petroleros apuestan a que esa "evolución hacia fuentes energéticas más limpias" sucederá en el largo plazo y la verán nuestros nietos. Mientras tanto, tenemos una "ventana" que aprovechar. . El Gráfico No. 21 y los Cuadros Nos. 26 y 27 recogen las principales metas y supuestos del Plan Orimulsión 92-97. Después de todo lo que hemos comentado, creemos que ellos hablan por sí solos.




En los nuevos y "redimensionados" planes, el Ejecutivo exigió la garantía de que los riesgos serían compartidos. Esperemos a ver con qué garantías de rentabilidad pescamos a un socio extranjero y cuáles serán, para el país, los resultados netos. No tardaron en aparecer algunas respuestas:
El 2 de marzo de 1993 fueron reproducidas por la prensa venezolana algunas de las conclusiones de un estudio de la British Petroleum, "Producción de Venezuela 1920-2030", que confirman, por si algo faltara, todo lo dicho:

"Desde el punto de vista económico, sostiene la British, los programas de la Faja no son todavía lo suficientemente atractivos pues se trata de proyectos con una ingeniería muy compleja y altos costos de inversión. A los actuales precios del petróleo, los proyectos de crudos pesados resultan marginales "en el mejor de los casos" (comillas de la periodista, n.n.) y si se comparan los rendimientos con la magnitud de la inversión requerida el barril de petróleo debería tener un precio constante de 25 dólares"
El informe en cuestión no tiene desperdicio. Así, por ejemplo, confirma nuestra estimación sobre el monto de lo invertido hasta ahora en la Faja, cuando asienta que "una planta de procesamiento de 110.000 barriles/día de capacidad cuesta entre 4.000 y 4.500 millones de dólares". (Recuérdese que hablamos de un monto global de 5.000 millones de dólares entre inversión y "costos operativos" y que la capacidad instalada actualmente es de 103.000 barriles diarios)
Por lo demás, British se recrea en las posibilidades venezolanas de expansión de las reservas de crudos livianos y medianos, recomendando el inicio de "un esfuerzo concertado de exploración", perforar 350 pozos exploratorios, etc., que merecerían consideración crítica y detallada, pero, por ahora, nos interesa destacar la acotación final de la periodista, en la cual se asienta la autoridad con la cual British Petroleum hace el estudio:

"Cabe destacar que BP firmó con PDVSA, en marzo de 1991, una carta de intención para estudiar la factibilidad de un desarrollo conjunto en la Faja del Orinoco. Un año más tarde, la empresa petrolera británica decidió no continuar, alegando que no tenía tecnología para adelantar un proyecto de esa naturaleza".

Veinte días más tarde, recibimos otro mensaje del capital petrolero internacional, esta vez de boca del Presidente de la empresa petrolera francesa Elf-Aquitaine quien, de paso, refuta la idea de que la inviabilidad de los proyectos de la Faja dependa exclusivamente de la alta tributación. Respondiendo al periodista que le trasmite la "verdad petrolera" sobre tributación, dice:

"Eso es cierto, pero no niega que usted no puede rivalizar hoy en día con un crudo pesado, cualquiera que sea la voluntad de disminuirle el impuesto, [Subrayado nuestro] y un crudo ligero de zonas fáciles de explotar. Eso es imposible. Está claro que para la economía venezolana ustedes tienen un petróleo que puede costar diez veces más que otro.
...
Venezuela para preparar el futuro de sus nietos tiene ganas de demostrar que el petróleo pesado, que es una de sus riquezas, puede ser explotado.
...
Ahora, desde el punto de vista económico es más interesante tanto para Venezuela como para las compañías hacer ese trabajo con el petróleo liviano. Y esto es cierto también para la refinación".
....
No hay posibilidad de decir hoy en día que se va a aumentar de dos millones de barriles diarios a cuatro millones de barriles diarios gracias al crudo pesado. Esa es una posibilidad que no existe.
La respuesta no se hizo esperar, al día siguiente, la transcriptora habitual de noticias de PDVSA en el diario de Puerto Escondido titula: "En la estrategia de PDVSA, Petróleos liviano/mediano y la Faja pesan lo mismo". Es decir, llueva truene o relampaguee en los campos de la factibilidad económica, los proyectos de la Faja se mantienen.
Al concluir la referencia a uno de los proyectos más irracionales del inversionismo petrolero, creemos propicia la oportunidad para llamar la atención, una vez más, sobre la impunidad con la cual los miembros del poder petrolero planifican fiascos colosales que gravitan negativamente y por décadas sobre la economía nacional, mientras siguen pavoneándose con sus deslumbrantes auras de eficiencia empresarial.
No nos llamamos a engaño buscando explicaciones de esta paradoja en la simple ceguera y capacidad de olvido de la gente, o en la eficiencia de los departamentos de Relaciones Públicas. Ratificamos la convicción de que se trata, por sobre todo, de un prestigio bien merecido, contante y sonante para los eternos aprovechadores: los fracasos del sector empresarial público siempre han sido generosas fuentes de enriquecimiento privado. Para Gloria Eterna de los Mecenas petroleros. Esto es lo que importa.





Refinación: Ilusión versus Realidad

En materia de inversión en refinación encontramos elementos similares a los ya descritos para la Faja. Por ejemplo, en los diez años transcurridos hasta 1985, desde la nacionalización, se hicieron inversiones en esta fase productiva por un monto total de 12.842 millones de bolívares -equivalentes entonces a 3.000 millones de dólares- cantidad muy superior a la estimada y anunciada inicialmente, como lo constataron los informes de la Contraloría General de la República y lo reconocieron directivos de PDVSA:

"La experiencia pasada demuestra que los estimados iniciales de las grandes obras fueron generalmente optimistas, ya que su costo final excedió notablemente a lo originalmente previsto."

"Cuidar es querer" no es precisamente lo que la industria logró en la ejecución de múltiples megaproyectos que, como el caso de Corpoven en El Palito y Lagoven en Amuay, tuvieron un sobregiro de más de cuatro mil millones de bolívares, a principio de la década del ochenta, es decir, nada más y nada menos que un mil millones de dólares.
Pues bien, el caso es que los resultados de esa abultada inversión, en cuanto a equipos, fueron relativamente modestos:
* 124 mil b/d de desintegración catalítica
* 90 mil b/d de superfraccionamiento
* 54 mil b/d de alquilación
* 49 mil b/d de destilación al vacío
* 47 mil b/d de coquización (flexicoking)
* 18 mil b/d de isomerización
* 3 mil b/d de Hidrodesmetalización.

Ese equipo adicional, tuvo un costo promedio de 21,23 dólares por barril de capacidad anual de proceso instalada. Si el período de depreciación para tales instalaciones hubiera sido de 10 años, esos desembolsos habrían significado un cargo sobre los costos de 2,12 dólares el barril procesado en esas instalaciones durante ese lapso, sin contar el monto de las regalías tecnológicas inherentes a los procesos patentados que se instalaron. Por otro lado, si prorrateamos el monto invertido sobre los 3.755 millones de barriles procesados en la última década, el cargo por depreciación ha debido ser de 80 centavos de dólar por barril. No obstante, el costo de refinación total reconocido oficialmente sólo registra, en el último decenio, cuatro años con cifras superiores a los dos dólares y un promedio de 1,90$/bl, dentro de los cuales no cabe un cargo por depreciación de esa magnitud.
Es aquí donde encontramos la similitud con lo planteado respecto a los proyectos de la Faja: los montos invertidos se amortizan con cargo a partidas distintas a los costos de la actividad respectiva, dando lugar a edulcoradas y ficticias presentaciones de rendimiento y productividad.
Con esa inversión se logró reducir la producción de residual de casi 60% del crudo procesado en 1976 a poco más de 31% en 1985. Inversiones adicionales han llevado esa proporción a 27,4 en 1991. Esta involución del residual proviene de un proceso inverso en el nivel de productos blancos (gasolina, kerosén, destilados, etc. que llegan a representar el 68,2% de los productos obtenidos en 1991. Tales cambios en las proporciones eran uno de los objetivos propuestos. El otro objetivo, procesar una dieta más pesada de crudos, ha quedado en suspenso, pues el proceso ha sido inverso: De un 88% del total que representaban los crudos livianos y medianos que se procesaban en el 76, se pasó, en 1985, al 90% del total, con un aumento dentro de esta proporción global de 26% en la participación de los crudos livianos. En los años transcurridos hasta 1991 estas proporciones no habían cambiado sustancialmente y la gravedad promedio de los crudos procesados se había mantenido muy cercana a los 30º API, según lo registran los gráficos -que no cifras- del PODE durante esos años.
Tales resultados era posible lograrlos a un costo mucho menor, como fue la propuesta de una compañía consultora contratada inicialmente por el MEM, Bonner & Moore, cuyos consejos de integrar a las refinerías existentes y optar por ampliaciones sucesivas en base a tecnología convencional de conversión profunda, no empaquetada y sin pago de regalías tecnológicas, fueron desechados sin más.
Empero, en aquella oportunidad, la necesidad de realizar las inversiones era evidente. Nuestra crítica se refirió al camino impuesto para resolver el problema. Posteriormente, en el Plan a Mediano Plazo 86-91 se formularon 69 proyectos de refinación que contemplaban un desembolso de 3.782 millones de dólares, cifra con la cual se planteaba una intensificación del ritmo inversionista durante el quinquenio en referencia, equivalente a una vez y cuarto la desembolsada en los diez años anteriores. Tales magnitudes, y el nivel al que finalmente se ejecutaron los proyectos, merecen una consideración más detenida. Veamos:
Para 1986, año inicial del plan, la capacidad nominal de procesamiento de las refinerías del país, 1.311.300 barriles/día operación, había disminuido en 164 mil barriles diarios respecto a 1980, cuando era de 1.475,4 MB/D.op. . Ello se debía a la desincorporación de instalaciones obsoletas y ajustes operacionales, proceso iniciado en 1976, cuando la capacidad nominal cae por debajo de los 1.555 MB/D.op. alcanzado en los años previos.
Cabe señalar, no obstante, que esta disminución de la capacidad nominal, dada por la capacidad de procesamiento primario del crudo, es decir, de destilación atmosférica, no refleja las incorporaciones de procesos ulteriores, de conversión profunda realizadas a partir de 1976 y que, como ya mostráramos, alcanzaron para 1985 a 385 MBD.

Los niveles de capacidad ociosa a los cuales estaban funcionando las refinerías existentes en el país habían disminuido entre esos mismos años, al pasar del 40% en 1981 al 29% en 1986, siendo esta última una proporción todavía considerable. Tal disminución de la capacidad ociosa responde más al proceso descrito en el párrafo anterior, de desincorporación de capacidades atmosféricas, que al aumento de procesamiento, el cual llegó, en ese mismo lapso, a sólo 6.000 barriles diarios.
La competencia prevaleciente a nivel internacional en este sector, también por exceso de capacidades -con la consecuente reducción de los precios de los productos y de los márgenes de beneficio y el obligado cierre de las instalaciones menos eficientes- debilitaron aún más la justificación del desembolso programado. En efecto, como consecuencia de la inestabilidad de la demanda de crudo y productos prevaleciente en la década de los 80, la capacidad mundial de refinación, que alcanza en 1981 su tope máximo, 81,38 millones de barriles día/calendario, cae a un nivel de 72,35 millones en 1985, recuperándose levemente para 1990 cuando alcanza a 74,54 millones. De esos totales mundiales, los principales países consumidores, agrupados en la OCDE, responden por la totalidad de la disminución, al pasar de una capacidad de refinación de 47,8 millones de barriles diarios en 1980 a 36,9 en 1990. En los demás países del mundo hubo ligeros incrementos en ese rubro.
Todo lo cual confirma que esa disminución estuvo relacionada con las políticas de ahorro energético y sustitución del petróleo por otras fuentes puesta en práctica durante esos años por los países industrializados. La utilización de esa declinante capacidad refinera mundial, después de haber alcanzado en 1970 un 90,2%, cae a niveles que van desde 75,7% en 1975 a 69,4% en 1982 cuando alcanza su nivel más bajo. En el resto de la década de los 80 se mantiene en niveles inferiores al 80%.
Ante este panorama, la voluntad inversionista hubo de contenerse un tanto y de los 3.782 millones de dólares programados para el quinquenio 86-91, sólo se materializaron desembolsos por 1.300 millones, según los registros de los informes anuales de PDVSA.
Podemos inferir que los mismos han debido aplicarse al aumento de la capacidad de conversión, por cuanto la capacidad de proceso primario sólo subió, entre esos años, en 9 mil barriles diarios. (De 1.311 MB/D.op en 1986 a 1.320 MB/D.op. en 1991)
Así, aunque el volumen de crudo procesado se incrementó en 136.417 barriles día/calendario (14,7%), llevando el nivel de utilización de la capacidad instalada de un 71% en 1986 a un 80,85% en 1991, el volumen de productos blancos -gasolina y naftas, destilados, kerosén, turbo kerosén, bases y lubricantes- se elevó en 100 mil barriles día/calendario, representando, como ya refiriéramos, el 68,24% del total de productos obtenidos ese mismo año, 3 por ciento más que su participación en 1986. No poseemos información detallada sobre cuáles procesos y capacidades recibieron los aportes de esa inversión. El Cuadro No. 29 se reproducen los datos presentado por el PODE 1991, a los cuales venimos haciendo referencia. (Hasta principios de 1994, el MEM no ha publicado la edición 1992 de este instrumento estadístico). Se añade el año 1992, con datos del Informe Anual 92 de PDVSA, pero, como puede observarse, a pesar de que se mantienen las proporciones mencionadas, la cifra de capacidad instalada es sensiblemente menor a la del año anterior, lo cual se debe. seguramente, a la utilización de diversos criterios de medición de este parámetro.


Ahora bien, volviendo al problema de los montos invertidos y incidencia en los gastos de capital, si no encontramos ubicación, dentro del nivel establecido por las cifras de costos de refinación reportadas oficialmente, para la amortización de los 3.000 millones de dólares anteriormente invertidos, ¿Dónde colocaremos los cargos resultantes de esta nueva inversión de 1.300 millones?
En la actualidad, en materia de refinación, la industria petrolera se enfrenta a nuevos cometidos: El acelerado agotamiento de las reservas livianas y medianas hace tender hacia arriba el peso específico promedio de las reservas remanentes del país, incrementando los problemas de colocación en el mercado, de crudos pesados, para los cuales no existen suficientes refinerías con la capacidad de conversión profunda requerida para procesarlos. Más aún, es difícil inducir a los potenciales compradores a incurrir en los costos adicionales que implicaría el incremento de la capacidad de conversión de sus refinerías, sobre todo en condiciones de sobreabundancia de crudos livianos y expectativas de mantenimiento de esa situación a mediano y largo plazo.
Planteadas así las circunstancias, aceptando por buenas las actuales tasas de agotamiento de las reservas livianas y medianas, parece que no hay otra solución para la industria petrolera venezolana, sino la de asumir esos costos incrementales, con la consecuente disminución de la percepción neta por barril. Como es de suponer, existen caminos alternativos para encarar la situación, siendo uno de ellos, todavía, la incorporación paulatina de procesos de mejoramiento en las refinerías existentes en el país y las controladas en el exterior. Sin embargo,la tendencia a postular megaproyectos se impuso en el Plan de Inversiones 91-96, programando la construcción de una refinería gigante en el oriente del país, cuya sola magnitud en destilación atmosférica, 230 mil barriles diarios, la convertía en la segunda mayor refinería prevista para construirse en el mundo en la presente década.

Si consideramos que se trataba de una refinería dotada con novísimos procesos de conversión, más severa que las convencionales requeridas en otras partes, con toda seguridad, el proyecto refinero de oriente representaba el mayor complejo en construcción en el mundo. Agreguemos a ello los desembolsos requeridos para iniciar la instalación de refinerías en la Faja del Orinoco con una capacidad cercana al medio millón de barriles diarios y tendremos una idea del despropósito planteado en este renglón: 10 mil millones de dólares.

Durante el período se invertirán 388 MMMBs.91 en las refinerías existentes en proyectos para incrementar la capacidad de refinación en el oriente del país, reducir la producción de residual y mejorar la calidad de nuestros productos de exportación, y 157 MMMBs.91 en nuevas refinerías dedicadas a procesar 400 MBD de crudos pesados. La inversión total de las nuevas refinerías se estima en 308 MMMBs.91 permitiendo elevar la capacidad de refinación a 2 MMBD en el año 2000.
Aquí, nuevamente, el poder petrolero da muestras de su irresponsabilidad planificadora. Pasada la fase de exaltación vivida durante la gestión Sosa Pietri, los recortes en los presupuestos de inversión aprobados por el Ejecutivo y el análisis de la factibilidad del proyecto Nueva Refinería de Oriente, que no se había hecho, determinaron su abandono: Todavía se menciona en el Plan de Inversiones 92-97, porque entonces se pensaba trasladar a un hipotético "socio externo" la responsabilidad de invertir el 65% del costo estimado. Pero ya las Guías Corporativas 93-98 hablan de que "dada la estrechez de recursos financieros" PDVSA deberá concentrarse en la explotación de crudos L/M, P/XP a conversión existente y el gas asociado , cargando las culpas de esa limitación, como siempre, sobre la estructura impositiva vigente, que anula la rentabilidad de la explotación de crudos pesados y extrapesados. En el "Plan Corporativo 93-98" las inversiones quedan limitadas a la "adecuación del parque refinador" y no se hace referencia al "socio".

En este plan se ha diseñado una estrategia de disposición de crudos pesados que apunta direccionalmente hacia la máxima utilización de la infraestructura existente procesando dietas más pesadas que en promedio pueden llegar a 25º API.
...
Los desembolsos para inversiones de la función refinación alcanzan un total de 312 MMMBs.93 en el período 1993-1998. Los proyectos de adecuación del parque refinador representan el 82% de la cartera y el restante 18% se distribuye entre proyectos de optimización operacional, protección ambiental y bienestar social.
A nuestro entender, este es otro claro ejemplo de la "planificación en retroceso" a que hacíamos referencia anteriormente y que parece convertirse en el estilo de PDVSA: Los desembolsos por inversiones programados por PDVSA en materia de refinación, inicialmente de 545,2 mil millones de bolívares en 1991, pasan, en la primera -y tímida- reformulación a 431 mil millones de 1992 y de ésta a 311,5 mil millones de 1993, cifra a la cual, seguramente, le llegará su turno de redimensión. (La referencia a los años es importante por razones obvias: en 1991 se trataba de 56,96 bolívares por dólar y hacia fines de 1993 ya se llegaba a los 100 bolívares por dólar.
Todo ello sin mencionar que en el plan 92-97 se agregan 459 mil millones de bolívares para iniciar la construcción de las refinerías de la Faja en "asociación estratégica" con compañías internacionales que aportarían en este caso, el 76% de la cifra programada. El costo total proyectado al 2.001 de la Refinerías de Crudos Pesados habría sido de 749.000 millones de bolívares de 1992.
En el Cuadro No. 30 se da cuenta de todo lo antes mencionado en cuanto a las inversiones programadas en esta fase de la industria. Las cifras en bolívares presentadas por PDVSA han sido transcritas en dólares al cambio petrolero oficial o estimado por PDVSA para cada año.



En resumen, la refinación constituye otro campo para el ejercicio de un estilo de planificación de inversiones que hemos venido caracterizando como expansivo a todo trance, alegre a la hora de estimar las magnitudes de las plantas y los desembolsos requeridos, remiso al estudio objetivo de la factibilidad micro y macroeconómica de sus proyectos y propiciador del reforzamiento de los vínculos dependientes, en lo económico y tecnológico, con los grandes consorcios petroleros internacionales.




La Internacionalización

El plan de adquisición de capacidades refineras y de almacenamiento en el exterior por parte de PDVSA, que se conoce con el nombre de internacionalización, se inició hace una década en condiciones ampliamente desfavorables para los poseedores de refinerías: Capacidades construidas en períodos de auge de la producción, enfrentaban entonces las limitaciones de las políticas de ahorro energético y sustitución del petróleo por otras fuentes, acordadas por los principales países consumidores. Esas limitaciones se traducían para entonces y hasta la Guerra del Golfo, en largos períodos de estrechos, cuando no negativos, márgenes de beneficio.
Las cifras que dan lugar al Gráfico No. 22, que se inserta de seguidas son clara muestra de lo dicho: la capacidad de refinación instalada en el mundo creció constantemente entre 1960 y 1980, para luego iniciar un curso declinante, que se mantiene hasta el presente.
Como se observa, esa declinación es determinada fundamentalmente por los países miembros de la OCDE, principales consumidores de petróleo. La desincorporación de capacidades refineras registrada en estos países supera abiertamente el continuo crecimiento de las mismas en los países miembros de la OPEP y en Europa Oriental.


Estas circunstancias, que en algunos casos se plantearon en niveles agudos y condujeron, como se ve, al cierre de las instalaciones menos competitivas, abrían las puertas, por otro lado, a cualquiera que llegara con dinero fresco a compartir los altos riesgos.
El proceso en cuestión afectaba de manera más aguda a los refineros independientes, pues las corporaciones integradas asumían el costo de refinación como una fase necesaria del negocio que, llegado el caso, se financiaba con los ingresos obtenidos en las otras etapas del proceso. Pero no siempre fue ese el caso, pues cuando se trató de instalaciones obsoletas como, por ejemplo, las refinerías de Curazao y Aruba, hasta compañías como Shell y Exxon se vieron compelidas a abandonarlas. El posterior arrendamiento de la instalación curazoleña por PDVSA respondió más al interés geopolítico sobre territorios insulares que se encuentran dentro de las aguas jurisdiccionales del país, que a la significación económica de tal refinería.
Esas puertas abiertas, aunadas a la señalada voluntad expansiva de la gerencia petrolera venezolana dieron pie a la estrategia en cuestión, esbozada preliminarmente en una presentación de PDVSA que data de abril de 1982:

"La integración de Venezuela hacia los mercados de consumo es una estrategia indispensable para lograr un nivel aceptable de exportaciones en una base estable y confiable. Tal integración sería particularmente importante en la comercialización de crudos pesados/extrapesados..."
La puesta en práctica de ese lineamiento se inició con la adquisición del 50% de varias instalaciones de la compañía alemana Veba Oel. Las negociaciones se realizaron de manera subrepticia, escurriendo el bulto a la acción contralora del Congreso y presentándose luego el hecho cumplido que, como siempre, se impuso al inoficioso revuelo que se desató en torno suyo.

En las investigaciones promovidas en el Congreso ha quedado de manifiesto el hecho de que los consultores jurídicos de PDVSA y el Ministerio de Energía y Minas, de consuno con el Procurador General de la República, constituyeron un "jurado complaciente" para escudriñar en los vericuetos de la Constitución Nacional y las leyes específicas del sector petrolero a fin de encontrar una fórmula que permitiera a la industria eludir la obligatoriedad de someter un contrato de evidente interés nacional a la consideración y aprobación por parte del Poder Legislativo.
Variadas han sido las argumentaciones en favor de la "internacionalización". Desde un principio se presenta como una estrategia competitiva, de aseguramiento de mercados para los crudos venezolanos, como una alternativa ante un posible -deseado y buscado- colapso de la OPEP. Una estrategia de cara al cliente desarrollado, que libere a una empresa, que se siente del primer mundo, de las ataduras tercermundistas que aquella organización encarna. Igualmente, y como se asoma en el lineamiento transcrito, se planteó que el poseer refinerías en el exterior permitía la adaptación de las mismas, vía conversión profunda, al procesamiento de los crudos cada vez más pesados que constituyen las reservas remanentes del país. De hecho, se afirmó que ese era uno de los compromisos que sustentaban el convenio con la Veba Oel. Hoy sin embargo se sabe que nada se ha hecho en este sentido, pues no ha variado la gravedad API de la dieta de tales refinerías y, lo que es peor, que nada se hará, porque el socio extranjero considera inviables tales emprendimientos en unas condiciones de plétora de crudos livianos en el mercado.
Veamos al respecto la opinión de un veterano petrolero, a quien ya hemos citado en otros aspectos:

"Así, en base a un análisis típicamente folklórico y como producto de innumerables viajes turísticos, entró la industria petrolera a formar parte del mundo de las empresas multinacionales...

La realidad se presentó, casi de inmediato, bajo un aspecto muy diferente. Los pronósticos de nuestros "expertos petroleros" resultaron fatales. Los precios de los crudos a finales de 1985 y principios del 86 se encontraban en sus valores más bajos en los últimos diez años.
Por otra parte, lo que en principio se había considerado como una apertura en la exportación de crudos pesados, en la realidad se transformó simplemente en el desplazamiento de volúmenes de petróleos medianos y livianos que se estaban procesando en nuestras refinerías. En el caso específico de la Refinería El Chaure, ubicada en el área de Puerto La Cruz, la planta de parafina proyectada para ser construida allí para procesar crudos serosos, tuvo que ser cancelada para satisfacer la demanda de ese mismo tipo de crudo en las instalaciones de la Veba Oel."
Ahora bien, volviendo al argumento principal: la posesión de refinerías en los mercados finales garantiza la colocación de crudos venezolanos en los mismos. A nuestra manera de ver, esa suposición -premisa de mercado para las políticas de expansión de la producción en condiciones de competencia abierta por colapso de la OPEP- olvida que tal garantía sólo podrá obtenerse en condiciones de precios desfavorables para el país: no basta con ser accionista o dueño absoluto de refinerías en los mercados finales. Cuando se pretende conquistar tales mercados por el camino de la complacencia, es necesario ofrecer ventajas efectivas, las cuales tienen solo un nombre: menores precios.

"PDV's internationalisation drive, which began in Germany in 1983, has always been controversial. Critics said that the discounts PDV was obliged to apply on its heavy crude to meet German market specifications made the whole undertaking unprofitable. In any case, the company does not apply transfer prices between its various subsidiaries.
Esta condición se refuerza aún más por la exigencia de los socios externos, a los cuales hay que garantizar un margen de beneficios aceptable. Esa garantía es incompatible con un esquema de precios relativos favorable al crudo. Es historia estadísticamente comprobable el hecho de que, en períodos de alza de los precios del crudo, el margen del refinador tiende a minimizarse, y en muchos casos a hacerse negativo -como ya lo hemos referido y presentaremos en los ya anunciados gráficos y cuadros-, ante la imposibilidad de asimilar inmediata y completamente, en los precios de los productos, las variaciones registradas en los crudos. En consecuencia, ofrecer garantías sobre un margen positivo, como prenda para tales asociaciones, significa una sola cosa: precios del crudo siempre inferiores a los prevalecientes en el mercado de que se trate.
De una cierta manera esto es lo que está sucediendo, pues al ir "downstream", la industria petrolera venezolana se está comprometiendo en fases menos rentables del negocio, alejadas de la ventaja inicial (y fundamental) que otorga la simple posesión de las reservas de crudo. Se está incurriendo en mayores costos de venta, proceso y distribución, en el exterior, sin que necesariamente ello represente un incremento en la percepción neta por barril de crudo o productos, más aún esos resultados netos pueden ser negativos, es decir, generar un rendimiento inferior al de la venta pura y simple de crudo y productos refinados localmente. Tal es el caso cuando, por ejemplo, se somete el ingreso por ventas a acuerdos de tipo net-back como sucede en las relaciones establecidas dentro de la Veba Oel.
Los acuerdos tipo net-back han sido inventados justamente para eso: El refinador tiene garantizado un margen de beneficios preestablecido, cargando el peso de la incertidumbre sobre la remuneración del productor del crudo, porque esa remuneración será siempre el resultado, residual, de la evolución de los precios de los productos.
Pues bien, los resultados del net-back sobre los envíos de crudo a Ruhr Oel, correspondientes a 1990 y 1991, 12,04 y 10,04 dólares por barril, respectivamente, arrojan un saldo negativo de 8,29 y 5,88 dólares por barril con respecto al promedio de los ingresos unitarios del país por ventas exportadas de crudo y productos en cada uno de esos años: 20,33 y 15,92 dólares por barril. En la misma fuente se informa que los resultados de este net-back ya están incluidos dentro de las cifras de ventas exportadas desde Venezuela.
Desde luego, sólo así PDVSA ha podido ubicarse como un proveedor considerable en Alemania, y en Europa en general: al costo de disminuir la percepción unitaria por barril de crudo producido y procesado. Este camino para ubicarse en una franja del mercado no es objetable en sí mismo y, por lo tanto, no es en ese plano donde se plantea la discusión. El problema radica, más que en la evaluación cuantitativa de los resultados globales que arroja este programa de adquisiciones externas para la Nación venezolana, tasas de retorno de la inversión, etc., en la cuestión de la soberanía y de los costos de oportunidad a que hemos hecho referencia tantas veces: el carácter ilegítimo de la disposición de recursos nacionales sin conocimiento de los poderes públicos y sus órganos competentes. ¿Quién decidió que ése era el destino óptimo de tales recursos? ¿En el marco de cuál estrategia macroeconómica?
La forma como el poder petrolero toma sus decisiones y elude el control de los poderes públicos es del dominio público, hasta internacionalmente. Así lo evidencian los comentarios de María Kielmas, analista ya citada, sobre la posición de los ejecutivos de PDVSA frente a la orden presidencial de vender parte de los activos adquiridos en el exterior -orden, por cierto, referida en lo fundamental al capital accionario de Citgo, a la cual la posesión en un 100% por parte de PDVSA colocaba en una situación de empresa extranjera, vulnerable y pasible de medidas proteccionistas por parte de las autoridades norteamericanas, mientras que se consideraba factible alcanzar los objetivos propuestos con una participación menor, aunque mayoritaria, en ese capital accionario :

"...Die-hard proponents of internationalisation believe they can delay Perez's orders until he leaves office in little more than a year's time.
En esta materia, como en todos los emprendimientos dudosos del poder petrolero, la desinformación campea por sus fueros y resulta muy cuesta arriba hacer un análisis medianamente bien fundamentado como el que merece la magnitud de los recursos comprometidos. Sin embargo, como también suele suceder, los maquillajes tienden a correrse y la realidad acaba asomando su verdadero rostro. Así pues, veamos como podemos ayudar a esa emergencia dentro del conjunto de cifras parciales, inconexas, inexactas y trucadas a través de las cuales se nos "informa":
Partimos del análisis de un Resumen Financiero 1989, el cual, por cierto, constituye la excepción de la regla informativa mencionada. Fue presentado por el Coordinador de Finanzas de PDVSA, en 1990, ante un auditorio de Profesores de la Escuela de Economía de la UCV. Lo explícito de la comparación entre los resultados internos y externos nos hace pensar que el referido cuadro no estaba destinado al consumo público y que se trata de un desliz de los cancerberos de la información petrolera. (Los cuadros Nos. 31 y 32 están constituídos por una una reproducción fotostática de esa presentación y una elaboración propia de las mismas cifras en términos de dólares y porcentajes del ingreso bruto).



Lo primero que salta a la vista es, precisamente, la considerable magnitud de las sumas movilizadas en esas operaciones y su falta de proporción con los escuálidos resultados para la Nación. Así, mientras los 2.970 millones de dólares de ingreso generado en ese sector en 1989 constituyen el 21,6% de los ingresos brutos percibidos por la industria en ese año, el régimen impositivo que se les otorga aporta sólo el 0.43% de la participación fiscal petrolera (34,54 millones de dólares), mientras que las actividades en Venezuela aportan el 99,57% de esa participación (8.091,07 millones ).
El cuadro confirma nuestra apreciación de que se está incurriendo en mayores costos: El monto de este rubro para las actividades externas del año referido representa el 56% de los ingresos brutos que generan las mismas, mientras que los costos y gastos incurridos en Venezuela representan sólo el 20,8% de los ingresos respectivos.
Si observamos que, por el contrario, las ganancias de la industria en ambos sectores -interno y externo- son magnitudes que guardan proporciones equivalentes, 20 y 17%, con los ingresos brutos generados, respectivamente, en las actividades en uno y otro sector, es forzoso constatar que tales ingresos netos externos de PDVSA, son el resultados de una actividad en la que se incurre en mayores costos, y además, en la cual no se pagan impuestos, es decir, el propietario no retira su participación en esta parte del negocio.
Las mismas cifras que venimos comentando reflejan que mientras la carga impositiva interna para 1989 representó el 75,06% de los ingresos brutos generados en las actividades domésticas, los negocios en el exterior fueron pechados, en ese mismo año, con un monto equivalente a 1,18% de los ingresos brutos correspondientes.
Tampoco se necesitan grandes instrumentos estadísticos para inferir que esta circunstancia se encuentra en la base de la gran vocación "internacionalizadora" de la gerencia petrolera.
Para los años 90 y 91 la información aportada por la presentación a la Primera Asamblea Ordinaria Anual de PDVSA, en marzo de 1992, es más fragmentaria, subdividida entre los resultados de las filiales que pertenecen en un 100% a la empresa matriz y los de aquellas en donde se participa con un 50% de las acciones, sin aportar los criterios que permitirían una consolidación de tales cifras y su comparación con los resultados locales. Se agrega además la diferencia determinada por la circunstancia de que los ya comentados resultados de Ruhr Oel corresponden a acuerdos tipo net-back, sobre los cuales la propia fuente aclara que el valor respectivo ya está incluido en los ingresos de exportación desde Venezuela.
Hemos insertado los cuadros Nos. 33, 34, 35, 36 y 37 con la información recabada hasta el momento, para mostrar como se puede identificar una estructura de funcionamiento similar a la ya descrita para 1989 para los años 90-93. Como siempre, no se pueden establecer series completas por cuanto las cifras son presentadas de manera dispersa, inconexas, con diversos niveles de agregación, etc. Sin embargo, se resalta la desproporción entre las cifras de ingresos y costos frente a las ganancias netas y la participación fiscal -vale decir, la participación neta de la Nación-. Para poder tener una idea gráfica de esta disparidad fue necesario apelar a la escala semilogarítmica que permite tener en un mismo espacio a las decenas de miles y a las unidades: el resultado queda registrado en el Gráfico No. 23, que sigue a los cuadros referidos.
Una interpretación que se nos ha sugerido es la de que se trata de una simple estrategia contable para no pagar impuestos excesivos en los Estados Unidos, por ejemplo. En tanto que parte de los costos incurridos en el exterior no son otra cosa que facturación de suministro petrolero venezolano, en ésta se mimetizaría parte de la ganancia real, mayor que la declarada. Sin embargo, los resultados reales de las exportaciones de crudos venezolanos no reflejan el disfrute de ninguna "prima" procedente de una facturación generosa, sino todo lo contrario. Para disimular los deprimidos niveles reales de realización de nuestros crudos y las marcadas diferencias que presentan -más allá de las lógicas atribuíbles al diferencial de gravedad- respecto a la cesta de crudos OPEP, se ha hecho práctica habitual establecer las comparaciones haciendo referencia al paquete de las exportaciones venezolanas, es decir, incluyendo a los productos.







Se puede observar (Cuadros No. 33 y No. 34) que los montos de la participación fiscal en las "filiales 100%" que encabeza la Citgo, representan porcentajes 0,72% en 1990 y 0,93% en 1991, con lo cual queda claro que lo de 1989 no fue una situación excepcional: los negocios en el exterior reportan ingresos prácticamente libres de impuestos, quedando a disposición de la empresa para sus nuevos proyectos de inversión. Expresada en dólares por barril vendido, esa participación fiscal fue de 0,14, 0,16 y 0,20 para 1990, 91 y 92 respectivamente (Cuadro No. 35)
La ganancia antes de impuesto reportada por estas "filiales 100%" para 1990 y 1991, 175 y 222 millones de dólares, respectivamente, significaron, en ese mismo orden, el 1,88 y 2,45 por ciento de los ingresos brutos generados por su actividad. Estos ínfimos porcentajes de las filiales 100% contrastan con el 17% reportado para los negocios externos totales en 1989. Como corresponden a fuentes y universos distintos y, además, desconocemos los mecanismos contables de registro de esta ganancia, no podemos explicar tan pronunciada diferencia.
Siguiendo con los mismos cuadros, observamos que las cifras de inversión en cada uno de esos años, 141 millones de dólares en 1990 y 261 millones en 1991, superan a la ganancia neta de estas filiales 100% en cada uno de esos años. De hecho, la disponibilidad inicial en 1990, de 150 millones de dólares, se ve mermada a 86 millones para finales de 1991. La implicación fundamental que ello tiene es que todos los ingresos se reinvierten y la Nación no percibe nada adicional al pago por el suministro de crudo a sus refinerías en el exterior. Por el contrario, debe asimilar diferenciales negativos, como los que ya registramos al comparar los precios de realización promedio del paquete de exportaciones venezolanas en 1990 y 91: 20,33 y 15,92 dólares por barril, respectivamente, con las cifras correspondientes al net-back de Ruhr Oel, 12,04 y 10,04 $/bl. (Cuadro No. 36)
De todas maneras, insistimos en que nuestras apreciaciones constituyen apenas los indicios de una situación mucho más compleja a la cual no tenemos acceso. Nuestro análisis se ha hecho a partir de datos deliberadamente presentados para desinformar, sobre los cuales es casi imposible establecer relaciones explicativas. Por ello, nuestra verdadera conclusión sigue siendo el mismo llamado de atención que hacemos a todo lo largo de este trabajo sobre el carácter dudoso de emprendimientos en los cuales el poder petrolero compromete porciones sustanciales de los cada día más costosos y disputados ingresos petroleros, a espaldas o con la omisión cómplice de quienes deberían ser garantes del patrimonio público. El manejo secreto de los resultados de estas operaciones legitima la presunción de que los mismos no deben ser muy brillantes. En verdad, aquí aportamos algo más que presunciones, verdaderos indicios, que exponemos públicamente como una exigencia de información abierta y sin tapujos que se fundamenten en confidencialidades que no son tales sino respecto a los disminuidos poderes públicos nacionales.
Manteniéndonos en esa línea, concluímos este aparte del análisis del expansionismo petrolero presentando las cifras del Cuadro No. 38 y el Gráfico No. 24 que anunciáramos en nota anterior, los cuales son muy reveladores en torno a la reciente evolución del negocio de la refinación mundial y sus márgenes de beneficio, pues se trata de la evolución de este indicador para dos crudos muy representativos del mismo: Arabian Heavy y Arabian Light en el Golfo de México y Rotterdam. Obsérvese en el gráfico como, las más de las veces, ese margen es negativo. Si ello es así para crudos livianos ¿cómo será para el crudo promedio venezolano de 26º API?
Como constatación final, de carácter documental, agregamos reproducciones fotostáticas de algunos cuadros presentados por PDVSA en su Informe de Gestión Enero-Marzo de 1993 , en los cuales se registran "Datos Claves", Estado de Ganancias y Pérdidas y Flujo de Caja de CITGO, la filial 100% de PDVSA, para 1992 y en el primer trimestre de 1993. (Cuadros Nos. 39-41). Estas cifras reproducen el patrón observado para los años anteriores: costos de más del 98% y participación fiscal del 0,75%.











OTROSÍ:

Como suele suceder, y de hecho se refleja en varias ocasiones en este trabajo, siempre aparece una información de última hora. En esta oportunidad, después de haber concluído totalmente éste y los posteriores capítulos llega a nuestra manos un prospecto de Salomon Brothers que aparentemente hace prescindibles todos nuestros ejercicios de inferencia, extrapolación y, en general, "pesca" de información sobre la internacionalización, las cuales quedan para la historia de las dificultades que se confrontan en el país para conocer las actividades externas de nuestra principal industria, tal y como ya lo reseñamos al hablar de las limitaciones de nuestra investigación.
Por imperativos del mercado financiero norteamericano y con la claridad con la que se presentan las cuentas en Wall Street, Salomon Brothers estructura una información de la que no se dispone en ninguna documentación pública y oficial sobre PDVSA y sus negocios en el exterior, perfectamente correlacionada, desde 1988 hata marzo de 1993. Nuevamente tenemos que constatar que la confidencialidad en la cual se refugian los negocios del poder petrolero sólo es aplicable en Venezuela y a los venezolanos legos en la materia, por cuanto en el ámbito internacional tales negocios son del dominio público.
En el material comentado se hace una radiografía completa de PDVSA, Propernyn B.V. -la empresa domiciliada en Holanda tenedora de las acciones de todos los negocios internacionales de PDVSA- y PDV America, el holding para los negocios en Estados Unidos.
La cantidad de información aportada por este material es de tal magnitud, que en las instancias del presente trabajo en la cual nos encontramos -preparación para la publicación- no podremos presentar un análisis detenido como el que merece y que, desde luego, nos planteamos como tarea inmediata. Baste decir por ahora, que ese material confirma todas las pistas que artesanalmente habíamos construído a partir de la fragmentaria información disponible en el país.
Los cuadros que insertamos de seguidas son fotocopias de los principales Sumarios Financieros Consolidades y Datos Operativos de PDV America (Cuadro A) y Propernyn (Cuadro B). Los hemos identificado con letras para no alterar la secuencia, ya concluída, de los demás cuadros incluídos en este trabajo.
Una revisión preliminar del Cuadro B, titulado como "Summary Consolidated Financial and Operating Data of Propernyn" nos permiten constatar algunas relaciones características de las operaciones globales de PDVSA a nivel internacional, a saber:
La "cifra de negocios" que representan las ventas de productos procesados en el conjunto de las instalaciones refineras de PDVSA en el exterior promedian para el trienio 90-92 la cifra de 9.232 millones de dólares. Los costos y gastos totales incurridos en estas actividades representan, en promedio para el mismo lapso el 96,48% del total de los ingresos brutos generados. Correlativamente, el ingreso operacional se contrae a un 3,52% del referido ingreso. A partir de esa base y para ese mismo lapso, el ingreso neto obtenido por PDVSA, después de impuestos y otras deducciones vinculadas al financiamientio de tales operaciones, representa el 0,94% de las ventas brutas. Los impuestos registrados, "income taxes", se refieren a los cancelados en los países donde se desarrolla la actividad y promedian un 24,$% de los ingresos netos..
Desde otro punto de vista, considerando que el activo promedio para el trienio considerado es de 3.978 millones de dólares, los ingresos operativos representan un 8,19% de ese monto, mientras que los ingresos netos sólo alcanzan a un 2,19% del mismo.
Igualmente, tomando en cuenta la capacidad de refinación utilizada, los ingreso bruto promedio alcanzó a 37,79 dólares por barril y los ingresos netos 0,36 $/bl. En este sentido, la información es contradicotira con las estadísticas de precios en el mercado norteamericano. En efecto, la AIE reporta, para el trienio 90-92 un rendimiento promedio de los productos en el puerto de New York de 24,6 $/bl. Y aún cuando se tratara exclusivamente de Gasolina Premium 92 sin plomo, el promedio para los tres años sería de 29,52 $/bl.. Por tales raziones, el promedio presentado por Propernyn -37,79 dólares- no es congruente con la realidad del mercado norteamericano -y mucho menos con el europeo y asiático-. En consecuencia, los ingresos brutos presentados deben incluir también las ventas de productos adquiridos, más allá de la capacidad de refinación utilizada. Exponemos esta circunstancia para mostrar que aún en los prospectos del Wall Street es difícil evaluar la efectiva rentabilidad del negocio de la internacionalización.
A partir de 1989, PDVSA presenta sus Estados Financieros de manera consolidada, incluyendo en ellos, tanto los resultados de sus operaciones dentro y desde Venezuela, como los obtenidos en sus filiales en el extranjero -un escalón más de agregación para esconder resultados parciales comprometedores. De tal manera, que los 9.469 millones de dólares de ingresos brutos de las actividades en el exterior en 1992, forman parte de los 20.820 millones de dólares de ingresos por ventas netas de petróleo crudo y sus derivados que se presentan en el Informe Anual de Actividades para ese mismo año. Igualmente, los 9.157 millones de costos externos alimentan el monto global de operativos de PDVSA, 13.231 millones de dólares, donde juegan un papel destacado los 6.430 millones de dólares por concepto de compra de crudos y productos en el exterior (cifra cuya magnitud se puede apreciar, si consideramos que Citgo es el mayor comprador individual de crudos mexicanos).
Con todo esto, no nos queda más que ratificar lo que ya era conclusión de este capítulo: Sobre las inversiones downstream de PDVSA es indispensable hacer un estudio abierto y con todas las cartas sobre la mesa.





VI


EL EXPANSIONISMO


PETROLERO


Y LAS


PERSPECTIVAS


DEL MERCADO



En el Capítulo anterior hemos presentado algunos de los más discutibles emprendimientos del Poder Petrolero venezolano. En realidad, nos hemos referido a aquéllos que ya arrojan resultados concretos. Pero no debe olvidarse a los que se encuentran en gestación y que se perfilan con idénticas características, verbigracia, el Proyecto Cristóbal Colón, aprobado entre gallos y media noche por el pasado Gobierno provisional, sin mayores discusiones, acallando las voces críticas y santificado por un Congreso pusilámine, chantajeado por los llamados empresariales a la celeridad:

"Otro lunar que puede afectar el proceso positivo de largo plazo, es que el Congreso se ponga ´cómico’ y decida demorar la discusión y aprobación del mismo"
Aunque al parecer serán las implacables leyes de la factibilidad económica -sobre todo cuando hay grandes "terceros" involucrados- los que detendrán en esta oportunidad la furia inversionista del poder petrolero, este proyecto constituye otro de los campos de enfrentamiento del negocio petrolero con prioridades nacionales y regionales de un orden mayor. Por todo ello, su análisis circunstanciado es una de esas tantas tareas que todavía tenemos por delante, dentro de las cuales podemos mencionar también la necesaria evaluación de las licitaciones de campos marginales y las "asociaciones estratégicas" con capitales extranjeros para emprender actividades de producción de crudos extrapesados mejorados.
Por ahora, creemos indispensable una recapitulación, reiteración, o como quiera llamársele: los anteriormente descritos son los resultados de una voluntad inversionista a todo evento, enfrentada a una realidad que desmiente constantemente los supuestos y escenarios que sirven de justificación a sus proyectos. Consecuentemente, debemos ratificar lo ya adelantado en el Capítulo IV, en el aparte relativo a los enfrentamientos de la "verdad petrolera" con la realidad: tales escenarios son construídos para dar resultados predeterminados, para satisfacer esa voluntad expansionista.
El constante redimensionamiento de estos escenarios, el proceso de "planificación en retroceso" al cual ya hemos hecho mención, no se genera, como pretenden algunos, por la desviaciones normales en toda planificación estratégica, la cual no versa sobre la predicción exacta del futuro sino que establece rangos de variabilidad de ciertos factores claves. Pues bien, sostenemos que no es así de simple. Que no se trata de haber escogido la opción equivocada dentro de un conjunto de escenarios posibles, sino todo lo contrario: no existen opciones reales fuera de las decisiones y políticas que impone el poder petrolero. Todo lo demás es adorno justificador.
Así por ejemplo, los diseñadores de los ya referidos escenarios rentista y productor se sirvieron a placer, colocando en el primero de tales escenarios todos los ingredientes de la negatividad, según su particular visión del asunto: elevados niveles de presión impositiva, defensa de los precios, permanencia en la OPEP, mantenimiento de los deprimidos precios internos de la gasolina, escasa apertura al sector privado y un conjunto largo de etcéteras. Ello conduciría, desde luego, a terribles consecuencias: caída de la inversión petrolera, del potencial, de la capacidad refinadora, de las exportaciones y, por ende, del ingreso total y la participación fiscal. Por el contrario, para el escenario productor reservaron todas las bondades. Claro, al principio comportaría algunos sacrificios, tales como la disminución de la participación fiscal, pero a la postre, los ingresos generados por las nuevas inversiones serían tales, que en el mediano y largo plazo el resultado neto a valores presentes sería ampliamente favorable para la Nación.
Recientemente, poco después de concluída y presentada para fines académicos la primera versión de este trabajo, llegó a nuestra manos una confirmación palmaria y grave de esta práctica de los escenarios. En este material se presenta un análisis de las opciones políticas que se presentaron ante el país en las elecciones del pasado 6 de diciembre. Y ya desde el propio nombre que se da a los "escenarios", los planificadores muestran sus preferencias. Así, Democracia Participativa es una transcripción transparente del programa político y económico del candidato Oswaldo Alvarez Paz. La Democracia Ineficiente recoge una versión satanizada de lo que sería el programa de Rafael Caldera, con toda su cadena de incoherencias, indefiniciones, vuelta al pasado interventor y populista, etc. El Caudillismo Improvisado, refleja también una versión interesada de la opción Andrés Velásquez. Finalmente, la Dictadura Ilustrada da cuenta del programa que seguirían los integrantes del Alto Mando Militar en caso de concretarse el Golpe de Estado.
Pues bien, todas las cuarenta y nueve páginas útiles de este material son un canto a las bondades de la supuesta democracia participativa, destacando sin embargo, que pese a las pequeñas incomodidades del autoritarismo y la falta de libertades civiles, una dictadura ilustrada, sería tal vez una medicina amarga pero indispensable, mucho más radical y eficiente en el logro de los objetivos esperados por la cúpula de PDVSA en materia petrolera. Veamos.
En ambos escenarios, Democracia Participativa y Dictadura Ilustrada, se contempla la eliminación de los Valores Fiscales de Exportación, la modificación de todo el esquema tributario para promover la inversión, apertura amplia a capitales privados nacionales y extranjeros en todas las actividades petroleras, promoción eficiente de la inversión privada y precios competitivos en el mercado interno. Pero, mientras la Democracia Participativa subordinaría su relación con la OPEP a la expansión del sector petrolero, la Dictadura Ilustrada cortaría por lo sano y, simplemente, rompería con la Organización. En el Gráfico No. 25 que se inserta, se reproduce una fotocopia del resumen de escenarios en materia petrolera.


Otra pista sobre las preferencias de los planificadores queda de manifiesto en las páginas 17-20 del material que venimos comentando, en las cuales se presentan flujogramas con los rumbos y medidas de cada escenario hasta llegar a sus respectivos resultados. Así, la Democracia Participativa tiene como colofón una renovación constante de la sociedad, mientras que la Dictadura Ilustrada, después de una saludable remezón en la que se eliminarían partidos políticos y se acabaría con la corrupción, arribaría a una nueva democracia. Por el Contrario, la Democracia Ineficiente concluye en una interrogante gigantesca, con un conflicto ideológico entre democracia y capitalismo, mientras que el Caudillismo Improvisado conduciría al país a la violencia y la apatía, terminando en una dictadura fragmentada -es decir, una dictadura no jusrtificable, como si parece ser la ilustrada- y una búsqueda constante de soluciones.
Creemos que es obvia la inusitada gravedad de este material, por lo que implica el hecho de que el poder petrolero, con todo lo que tienee de poder, materialice sus preferencias más allá de transcribirlas a un juego de escenarios confidenciales, cuya presentación en ciertos círculos ha podido ser un estímulo a las tensiones golpistas que se vivieron en los días inmediatamente anteriores y posteriores a las elecciones. (De hecho, el material del cual disponemos, fechado en junio de 1993, es una de tales presentaciones) Haríamos unas inocentes pregunta ¿De dónde obtuvo la Coordinación de Palnificación Estratégica de PDVSA la información sobre el Programa de Gobierno del Alto Mando Militar? ¿Fue hecha esta presentación al Alto Mando Militar? De todas maneras, consideramos que seis meses fue tiempo suficiente para que preferencias como las expuestas fueran conocidas, masticadas y asimiladas por sus destinatarios, convirtiéndose en ingrediente fundamental en la conducta política de ciertos líderes militares.
Si algo faltaba para verificar la existencia de una directiva anti-estatal enquistada en la cúpula de la principal empresa del Estado, este material suple con creces esa carencia, mostrando definitivamente la vocación corporartiva que es capaz de mostrar complacencia por la instauración en el país de una dictadura, con tal que satisfaga sus particulares aspiraciones en materia de negocios petroleros.
Queda claro tambien que la planificación estratégica no es una panacea, sino que, como cualquier instrumento, puede servir a cualquier obejrtivo: ello dependerá de la voluntad de quien la utilice. Y en el caso de la cúpula dirigente de PDVSA la voluntad que orienta a la planificación es la ya mencionada, expansión del negocio.
Valga la oportunidad para hacer una mención en torno al valor de los instrumentos de análisis y procesamiento de información, tales como la investigación de operaciones, la programación lineal, las proyecciones y correlaciones estadísticas, o más simplemente, las computadoras. Al respecto, queremos recordar un viejo aforismo de los computistas norteamericanos sobre sus propias supercomputadoras: "Garbage In, Garbage Out", es decir, ninguna computadora es capaz de convertir fetidez en Chanel No. 5.
Volvamos, pues, a la crítica de los escenarios expansivos.
La propensión a mantener un alto nivel de inversiones petroleras contrasta con el hecho, cierto y verificado de que la industria petrolera venezolana funciona en la actualidad enfrentada a un escenario de costos reales crecientes. Tal circunstancia, en conjunción con el panorama de inestabilidad de los precios de realización a mediano y largo plazo que avizoran todos los analistas del mercado petrolero internacional, determinan la tendencia, manifiesta en los años de la nacionalización, de carácter estructural y apenas moderada por los incrementos de precios decretados en ese período por la OPEP, a la disminución de la capacidad de las inversiones petroleras para generar excedentes netos.
Pero sobre todo, el inversionismo petrolero es contradictorio con la experiencia vivida por nuestro país. Los resultados de los largos años de parasitismo de la renta petrolera y de sueños de siembra del petróleo de los cuales despertó el país después del llamado "viernes negro" constituyen una demostración de la incapacidad de la economía venezolana para desarrollarse por la vía de la inyección masiva de recursos financieros. La "imposible siembra" a que aludía Pérez Alfonzo es hoy más evidente. Ya en el capítulo V hacíamos referencia a la larga historia del "efecto Venezuela" y su novísima asimilación a la "enfermedad holandesa". Otra manera de concebir esa imposibilidad sería la esgrimida por los colegas Baptista y Mommer, quienes constatan que dicha siembra se hace cada día más difícil y concluyen afirmando que:
"la dinámica del desarrollo nacional depende cada vez más del esfuerzo productivo propio y cada vez menos de la disponibilidad de recursos externos a las actividades productivas nacionales".
En nuestro caso, compartimos la opinión de los analistas nacionales e internacionales que sostienen que el camino hacia el desarrollo autónomo y autosostenido de nuestro país sólo podrá encontrarse después de hacer efectiva la proclamada voluntad política de dejar de ser un país rentista, desechando definitivamente las esperanzas fincadas en la emergencia de un nuevo boom petrolero que nos libere de riesgos y responsabilidades. Una manera clara de ejercer esa voluntad política sería la de ponerle bridas al inversionismo petrolero, sometiéndolo a los requerimientos de la planificación nacional, abriendo las cajas negras en que son mantenidos los resultados de ciertos programas y revisando su rentabilidad real a corto y largo plazo, su capacidad generadora de encadenamientos internos y de minimización de la dependencia externa. Desde ya podemos adelantar que éstas son algunas de las conclusiones fundamentales de este trabajo, a la luz de todas las constataciones hechas sobre la materia.
Nuestra industria petrolera seguirá jugando un papel determinante en la generación de recursos financieros importantes para el desarrollo nacional. Las perspectivas actuales de las reservas convencionales, -descubiertas y por descubrir- determinan una extensión del horizonte del país como productor petrolero, independientemente de las posibilidades a más largo plazo del inmenso reservorio de recursos hidrocarburíferos depositados en la Faja del Orinoco, el cual, a nuestro entender, debería tener un destino no energético,
Nada de ello, sin embargo, autoriza a acelerar la liquidación de esos recursos, como proponen quienes hablan desesperada o chantajistamentemente -¿quién lo sabe?- de la necesidad de aprovechar "la ventana" de oportunidades para producir petróleo para fines energéticos que le queda al mundo, antes de su sustitución por fuentes alternas más limpias. Mucho menos cuando está ampliamente demostrado que los ingresos adicionales que llegaren a generarse -supuesto bastante dudoso- por tal aceleración no son asimilables productivamente por la economía nacional. Además, es preciso tomar en cuenta que, por las ya vigentes y previsibles circunstancias de precios, la incorporación al mercado, a través de la generación de potencial adicional, de estos nuevos y más costosos recursos sólo agregaría inestabilidad al ya de por sí inestable mercado y haría menor aún la rentabilidad de tal esfuerzo.
Desde luego, existen intereses internos y foráneos para los cuales resulta muy conveniente un escenario de expansión de las actividades petroleras en el país, independientemente de lo que pueda pasar con la participación de la Nación como un todo.
En cuanto a los primeros, debemos hacer unas cuantas consideraciones, a saber: no es discutible la legitimidad de sus posiciones. El desarrollo de empresas de iniciativa privada en actividades conexas a nuestra principal industria, no sólo es legítimo, sino conveniente y necesario dentro de una perspectiva de consolidación del carácter nacional de dicha industria: sustitución de importaciones y desarrollo de capacidades técnicas internas transferibles a otros campos son algunos de los argumentos que sustentan esa conveniencia.
Pero el legítimo interés privado, el derecho a propiciar actividades y empresas lucrativas, no puede traspasar los límites del interés más general de obtención por la Nación de una justa retribución por la liquidación de sus recursos y tampoco los del más trascendente de vencer el parasitismo petrolero y lograr que el país encuentre el rumbo hacia el desarrollo integral y soberano. Y no tendríamos que mirar muy lejos para percatarnos que tal sistema de prioridades es el que impera en los países capitalistas más desarrollados, aún en aquellos donde el extremismo neoliberal dicta las pautas de la política económica.
Por otro lado, todas las cifras indican que el desbordamiento expansivo se convierte en cuchillo de doble filo para las empresas nacionales, pues al superarse la capacidad interna de prestación de servicios se abre la puerta al desplazamiento de tales empresas por los grandes pulpos internacionales de la ingeniería: Bechtel, Lummus, Combustion Engineering, Fluor, etc.

"Según Avellán, desde ya las operadoras y las de capital mixto -asociadas a capital extranjero- echan de lado decretos y normas sobre compras de insumos en el país, e incluso violan acuerdos contraídos al respecto, dentro de la contratación de créditos con la banca internacional"
(Proyecto ACCRO -100% Corpoven- Compromiso, adquirir 65% de los insumos en Venezuela, pero las empresas transnacionales que participaron en él sólo adquirieron el 22,7%. En el proyecto RESILIN: Compromiso, comprar 50% en el país. Las empresas extranjeras compraron sólo el 11%.)
Lo anterior tampoco quiere decir que propiciamos la instauración de un coto cerrado, almenado de proteccionismo estatal, ni que jamás podamos adelantar proyectos de magnitudes que requieran auxilio tecnológico y gerencial de esas u otras grandes empresas. (Aclaratorias que hacemos para que no se puedan hacer interpretaciones sesgadas de nuestros planteamientos)
Por su parte, los segundos, aquéllos a los cuales mencionamos como intereses foráneos, tienen un largo historial de antagonismo con el interés nacional y, a poco de escarbar, lo podemos encontrar nuevamente en sus posiciones actuales. Las medidas proteccionistas sancionadas por el Congreso norteamericano y promulgadas por su Ejecutivo hace pocos años, la política del Presidente Bush de promover la independencia de Estados Unidos de los suministros externos y estimular el desarrollo de los recursos energéticos domésticos, la política de Clinton, también centrada en el ahorro energético, la protección del ambiente y la elevación del nivel de las barreras a la importación, confirman una vez más este antagonismo y dan un portazo a las esperanzas de quienes desarrollan políticas de complacencia frente a las exigencias de los clientes, para demostrar que somos proveedores seguros y que por tanto merecemos que se nos trate con preferencia hemisférica.
Por la misma razón, es de escaso realismo, político y comercial, el planteamiento de este problema con criterios tales como "justicia", "confianza", o hablar de nuestra "tradicional asociación", sin parar mientes en que de lo que se trata, de cada lado, es de la defensa de sus respectivos intereses económicos y que los únicos argumentos válidos en este campo, que nos es otro que el mercado energético internacional, son los del poder: control de la oferta ó de la demanda, cartelización de precios, proteccionismo, etc. (Y para muestra, más allá de lo energético, tenemos el botón de los actuales conflictos norteamericano-japoneses por el desequilibrio de su comercio bilateral)
A través del trabajo hemos hecho referencia a algunos aspectos del marco internacional en el que se desenvuelven las actividades de la industria petrolera venezolana. Consideramos que es indispensable, sin embargo, tratar de acercarnos a una visión coherente de esa realidad y la manera como encajan en el mismo los emprendimientos del poder petrolero venezolano. Aunque sólo sea para verificar la percepción de una comentarista internacional que venimos citando:

PDV was unique among oil companies, stateowned or private, in launching an aggressive expansion programme in the face of a falling oil price. And it did so when Venezuela was reeling under the social cost of the government's austerity measures and hurtling towards a crisis
Como es sabido, la caída de los precios del petróleo en la década pasada fue en parte, el resultado de las políticas de ahorro energético y sustitución del petróleo de la OPEP por otras fuentes, petroleras y no petroleras, con las cuales los principales países consumidores de hidrocarburos, agrupados por esa condición en la Agencia Internacional de Energía, AIE, enfrentaron los incrementos de precios impuestos por la organización de los exportadores netos.
Tales políticas tuvieron éxito, reflejado en la constante reducción del coeficiente de intensidad energética, y sobre todo petrolera, de sus producciones, y en la minimización de la participación de la OPEP en el suministro, hasta convertirla en fuente marginal, en el sentido de última instancia: primera a la que se deja de comprar en tiempos de sobreoferta, última a la que se acude cuando hay necesidades insatisfechas.
Con todo, los días de las grandes batallas ya pasaron. Como veremos en detalle en el próximo capítulo, la situación con respecto a la OPEP ha cambiado, al punto de convertirse en una instancia indispensable, a cuyo arbitrio acuden productores y consumidores, para mantener una situación de equilibrio en el mercado. Y ello por razones obvias y de dominio común: Sus miembros, y en particular aquellos ribereños del Golfo Arábigo-Persa, concentran casi las cuatro quintas partes de las reservas probadas mundiales.
Pero los efectos de esas políticas de los consumidores respecto a su demanda petrolera se mantendrán en los próximos años, al quedar establecida la mayor eficiencia energética como un requisito inescapable de toda nueva inversión. Así comienza a manifestarse lo que algunos han caracterizado como un nuevo modelo de acumulación, centrado en tecnologías y procesos productivos menos consumidores de energía, como son los que se originan en los avances de la microelectrónica, la robótica y la biotecnología.
La emergencia de nuevos modelos o estilos productivos viene siendo anunciada desde mediados de los años setenta. Los cambios que los prefiguran se están incorporando paulatinamente a la vida cotidiana de las sociedades desarrolladas y no se manifiestan con perfiles dramáticos, pero han alimentado una sólida tendencia, manifiesta en los últimos veinte años, a la reducción de la intensidad energética de la producción, como se observa en los cuadros y gráficos insertos al final de este capítulo..
En el mismo sentido limitativo de las posibilidades de crecimiento de la demanda petrolera, operan las crecientes restricciones ambientales al uso masivo de hidrocarburos, puestos en el banquillo de los acusados en la Cumbre Ecológica de Río, como principales responsables del efecto invernadero y -junto a los productos fluoro-cloro-carbonados- del adelgazamiento general de la capa de ozono.

En el año 2050, la temperatura media terrestre será probablemente de 1.5 a 4.5 grados centígrados más alta que en la actualidad.
Antes, en 2010 y como consecuencia del mismo fenómeno, el nivel del mar se habrá elevado de 1,40 a 2,20 metros
El Presidente norteamericano Clinton, poco tiempo después de asumir su mandato, anunció un conjunto de medidas tales que, en una primera instancia, tendrían como efecto una reducción del orden de los 350 mil barriles diarios en el consumo petrolero de los Estados Unidos:
Impuesto a las importaciones del orden de los tres dólares por barril. Aumento de la eficiencia de los automóviles, pasando de 44 a 57 los kilómetros recorridos por cada galón de combustible. Conversión de la flota oficial de automóviles al consumo de gas licuado. Vigilancia y estímulo al cumplimiento de las normas establecidas en la "Clean Air Act".
La política de Clinton -que, por lo que se ve en el tiempo transcurrido de su mandato, no será fácil de aplicar ni de hacer cumplir- es planteada en nombre de la disminución de la dependencia petrolera y sigue a la de Bush, quien ya había establecido mecanismos de estímulo a la inversión en la industria petrolera doméstica norteamericana. Estos mecanismos ya han comenzado a ejercer su influencia en la determinación de prioridades de inversión por parte de algunos sectores importantes del capital petrolero norteamericano.
A unas perspectivas restringidas de evolución de la demanda petrolera se contrapone un amplio espectro de posibilidades de incremento de la oferta a mediano plazo. La causa fundamental e inmediata de tales perspectivas descansa en la propia capacidad cerrada que mantienen los países miembros de la OPEP, poseedores de las cuatro quintas parte de las reservas mundiales. Hacia el mediano plazo, las fuentes oferentes se amplían hacia Rusia y los demás países ex-integrantes de la URSS sobre los cuales se encuentra volcado el capital petrolero internacional en una multiplicación de "joint-ventures" para renovar la industria ya instalada -en el caso de Rusia y Azerbaizhan - y desarrollar grandes campos todavía no explotados, en Kazajastán y Uzbekistán . La magnitud de las cifras involucradas en los proyectos que se reseñan en las publicaciones internacionales consultadas y la multitud de localizaciones descritas con sus reservas probadas y potenciales nos presentan el surgimiento de una nueva geografía para los negocios petroleros que en el mediano plazo aumentará su participación en el flujo oferente: Tengiz, Tenge, Dunga, Oymasha, Mingbulak, Karachaganok, Guneshli, Costa Afuera de la Isla Sajalin, Timan-Pechora: Dosyushevsky, Ardalinsky, Kolvinsky, Proyecto "Noches Blancas" o "Northern Lights". Todos ellos aparte de los proyectos de mejoramiento de los viejos y declinantes campos en la región Ural-Volga, como el "supergigante" campo Romashkino.
Otros países, dentro y fuera de la OPEP, anuncian nuevos aportes a la oferta futura: Libia informa sobre el inicio de operaciones en el nuevo campo de Murzuk, de 2.000 millones de barriles. Gabón, a quien se consideraba prácticamente liquidado como país exportador, ha recuperado y superado los niveles productivos perdidos a mediados de los años 70, sus niveles de producción siguen creciendo y el gobierno dispone nuevos campos para su exploración y explotación:

Seven onshore and six near-offshore blocks are being thrown open in the country's sixth licensing round and the government knows it faces stiff competition from neighbours north and south.

Vietnam, reporta un incremento de sus exportaciones en un 40% y el otorgamiento de concesiones de exploración a compañías japonesas, para disgusto de las competidoras... norteamericanas. . China, anuncia la puesta en operación de 432 nuevos pozos. Sudán y Yemen aparecen ahora como los próximos países productores petroleros del Medio Oriente. El Mar del Norte, que se estimaba estaría en franco proceso de declinación para mediados de los años 90 es señalado como el detonante inmediato de la actual crisis de los precios del crudo, por cuanto desde esa zona están saliendo quinientos mil barriles diarios más de lo que se esperaba para estos tiempos.
Mas cerca, en nuestras propias fronteras y al alcance de nuestros mercados naturales, Colombia establece localizaciones -Cusiana , en el Arauca, brilla como la estrella principal de las mismas- tales que le permiten avizorar una duplicación de sus niveles actuales de producción para la próxima década.
Pese a todo y como ya señalamos, el elemento inmediato de presión hacia la sobreoferta lo constituye el incremento de la capacidad productiva cerrada, la mayor parte de la cual se encuentra en los países miembros de la OPEP. Ello agudiza la inestabilidad del mercado petrolero debido a que genera en cada uno de estos países tendencias objetivas hacia el aumento de los niveles de producción, en desmedro de la política de defensa de los precios. Esas tendencias se manifiestan también en el diseño de políticas claramente dirigidas a estimular la confrontación, campañas de opinión "nacionalistas", etc.
Que ello es así lo demuestraron las constantes pugnas en el seno de la Organización, originadas por la tentación, en la cual ha caído la mayoría de los países miembros de la OPEP, de violar con subterfugios y manejos clandestinos los acuerdos públicos sobre cuotas de producción. La situación es compleja, y en la maraña de predicciones interesadas hay que caminar con pies de plomo.
Eventos circunstanciales como la Guerra del Golfo o el desmoronamiento del socialismo en Europa Oriental y la URSS introducen elementos que modifican temporalmente la situación de capacidad cerrada y sobreoferta que determinan la inestabilidad de los precios anotada. El problema estriba, ahora, en la conciencia que de esa temporalidad tengan los países productores. Lo que pasa cuando no se tiene esa conciencia, puede ejemplificarse en la evolución del mercado petrolero a fines de 1991 y comienzos del 92:
Como es notorio, a partir del inicio del primero de los eventos mencionados, la Guerra del Golfo, en agosto de 1990, comenzó un incremento en los niveles de producción tal, que ya para 1991 los países miembros de la OPEP estaban produciendo a plena capacidad. Se suponía que con ello se estaba "manteniendo el equilibrio entre la oferta y la demanda" roto por la ausencia de las producciones de Irak y Kuwait. Sucedió sin embargo que los almacenamientos de los principales consumidores se rebosaron y la consecuente caída de los precios, acentuada en pleno invierno boreal 91-92, presionó nuevamente hacia un ajuste en los niveles de producción.
Un veterano analista petrolero venezolano describe así la situación:

"...los almacenamientos... eran equivalentes a 89 días de consumo para el 31 de diciembre de 1990. Este es un nivel normal, hasta un poco bajo. Para fines del tercer trimestre, sin embargo, habían llegado a 93 días. Concluí que si la OPEP producía a un nivel de 24 millones de barriles diarios durante el cuarto trimestre, los inventarios -lejos de reducirse- aumentarían y terminarían el año con unos 5.000 millones de barriles, equivalente a 94 días -un nivel decididamente alto."

"...de mantenerse la producción OPEP del cuarto trimestre durante el primer trimestre de 1992, los almacenamientos serían equivalentes a 97 días para el 31 de marzo próximo."

"...la OPEP mantuvo una producción de 24 millones en el cuarto trimestre y en el pasado mes de enero (las reducciones deben considerarse simbólicas; tampoco fue severo el invierno, ni se suspendieron las exportaciones rusas, ni se recuperó la economía. Así, el colapso se produjo antes..."
Y se presentó en medio de fuertes presiones contradictorias, originadas por el hecho de encontrarse varios miembros de la Organización -los que tienen reservas remanentes para hacerlo- engolosinados con megaproyectos de inversión destinados a incrementar su capacidad productiva, mientras se avizoraba ya la reincorporación de Kuwait e Irak al flujo oferente.
La ejecución de tales proyectos elevaría los niveles de capacidad cerrada al cesar la acción de los factores coyunturales que determinaron el aumento de la demanda en estos dos últimos años y ello traería aparejado, como ya ha sido señalado por algunos analistas y particularmente por Mieres , el debilitamiento de la OPEP, atrapada entre la necesidad de ocupar la capacidad productiva ociosa para recuperar la inversión comprometida y la de estabilizar los precios en un nivel suficientemente alto como para garantizar una rentabilidad adecuada para todos sus miembros, incluso para aquellos que incurren en mayores costos. En el siguiente capítulo nos dedicamos a revisar en detalle, algunas circunstancias que consideramos relevantes en esta materia.
Sin más, concluímos este capítulo presentando un conjunto de cuadros y gráficos en los cuales se expresan las principales características del mercado petrolero y energético contemporáneo.
En el Gráfico No. 26, el cual, como la mayoría de los que presentamos incluye las cifras que lo generan, se puede observar el moderado crecimiento del consumo de energía primaria, tal que, a partir de 1990 registra un estancamiento. En el Cuadro No. 42 se presentan las cifras en detalle y en el Gráfico 27 las rectas de ajuste que evalúan la tendencia registrada en esos años. Si obvservamos las diferencias regionales, ese estancamiento es el producto de la caída del consumo en los países del antiguo sistema socialista, apenas compensado por leve crecimiento en los principales países desarrollados y un franco crecimiento en los países subdesarrollados, única región que muestra ese comportamiento, aunque partiendo de los más bajos niveles de consumo.
En el Cuadro No. 43 se presentan las cifras de la evolución del consumo de energía primaria según sus fuentes. Al elaborar un índice con las cifras suministradas por la fuente, se puede observar que el petróleo es la única fuente que no ha crecido respecto a sus niveles de 1979 en los 13 años que siguen hasta 1992. Abundamos en ello al presentar el Gráfico No. 28, que muestra la evolución de tales índices: las barras que representan al petróleo no alcanzan nunca el valor base inicial de 1979.






Los Gráficos Nos. 29, 30 y 31 exponen -según cifras de BP y el Secretariado de la OPEP- la evolucion de las relaciones entre el consumo ernergético y petrolero con la del Producto Interno Bruto en los principales países desarrollados -aquéllos que integran la OCDE- Dicha evolución se expresa en una declionación contínua de la intensidad energética de la producción, o dicho de otra forma en un incremento constante de la eficiencia energética y sobre todo petrolera, de la producción. En el Gráfico 32, que se genera a partir de cifras del Ministerio de Energía y Minas, se confirma la evolución referida, en términos de intensidad, y se presenta la correspondiente al mundo en su totalidad, la cual refleja un cierto paralelismo con aquélla, debido, precisamente a que dentro de la OCDE se agrupa a los países que concetran los mayores niveles de consumo energético y petrolero. Insistiendo sobre el tema, en el cuadro No. 44, con cifras de otra fuente -World Oil Trends, Arthur Andersen - Cambridge Energy Research- se verifica una vez más la evolución mostrada, esta vez entre los años 1970-89. En el Gráfico 33 se muestra una proyección de estas cífras hasta el año 2001: Si se mantiene el comportamiento de las dos décadas pasadas, el consumo de energía primaria seguirá creciendo de manera moderada, pero el petróleo, en el mejor de los casos, mantendrá los niveles actuales. Igualmente, en el Cuadro No. 45 se presentan las cifras reales y proyectadas de otra fuente, BP Statistical Review, las cuales confirman la menor incidencia que tendrá el petróleo en el consumo energético futuro.
A partir del Cuadro No. 46, las cifras se limitan al petróleo, en este caso, producción y consumo anual por regiones. En el Gráfico No. 34, se reflejan las tasas reales y tendenciales de variación del consumo petrolero y el PNB en el conjunto de los países de la OCDE. El Cuadro No. 46 transcribre tres series reales y proyectadas hasta el año 2002, dos de consumo y una de producción, según tres de las fuentes ya utilizadas. Finalmente, el Gráfico No. 35 recoge un resumen de proyecciones y estimaciones de siete fuentes distintas.







VIII


IMPACTO
MACROECONOMICO
ESPECIFICO:


LA GENERACION
DE EMPLEO

En primer lugar, y con carácter previo, debemos constatar lo obvio y múltiples veces señalado: la industria petrolera es altamentente capital-intensiva. Su condición de industria extractiva de un material con cuya realización en los mercados internacionales se materializa una considerable proporción de renta es lo que explica que ocupando directamente una proporción ínfima de la población económicamente activa genere los conocidos porcentajes de ingreso fiscal, producto e ingreso de divisas que hicieron de la venezolana una sociedad parásita.
Es así como, en 1991 por ejemplo, ocupando directamente a 42.911 personas, el 0,6% de la población económicamente activa, haya generado 673 mil millones de bolívares de producto, equivalentes al 22,2 por ciento del PTB nacional, de los cuales se recabó del 80 por ciento de los ingresos fiscales ordinarios y originaron el 81,6% de las exportaciones. Y, como es sabido, éstas han sido relaciones prácticamente constantes durante los últimos 30 años, por lo menos y así lo podemos observar por ejemplo, en el cuadro "Petróleo y Desarrollo" que anualmente publica el Ministerio de Energía y Minas en las primeras páginas del PODE: para 1969, con 24.521 empleados directos, el 0,8% de la población económicamente activa de entonces, la industria petrolera generaba el 22,3% del PTB, el 63,3% de los ingresos fiscales y el 91,7% de las exportaciones.
Sin embargo, no es a ese estático porcentaje de ocupación directa al que queremos referirnos. Nuestra intención es aproximarnos a una evaluación de la capacidad de la industria petrolera para generar empleo indirecto. Para ello, hemos escogido como "testigo" su impacto en la industria manufacturera de bienes de capital.
Aclaremos que estamos conscientes de las limitaciones de esta metodología, y que existen instrumentos más precisos para medir ese impacto, por ejemplo, apelando a las relaciones que se pueden establecer en una tabla insumo producto. Así nos lo recordaba, con pertinencia, el árbitro del CDCH con el polemizáramos en "Macroeconomía e Inversión Petrolera" (Cap. V.2)

El impacto sectorial de la industria petrolera es un estudio complejo desde el punto de vista empírico. Idealmente se requiere una tabla insumo producto bastante desagregada para llegar a conclusiones específicas. Por ejemplo, las empresas petroleras compran válvulas de acero de alta presión en cantidades considerables. ¿Cuál es el efecto directo e indirecto de dichas compras sobre la industria metalmecánica, la industria básica de acero, y sobre las importaciones? El grado de interrelación entre los sectores industriales depende del grado en que la matriz sea triangular. Es razonable pensar que en Venezuela existe poca "profundidad industrial", de manera que la interrelación entre sectores industriales no es muy importante. Por ejemplo, casi todas las máquinas herramientas son importadas. Esto significa que los efectos indirectos son relativamente pequeños.

Sin embargo, el nivel y confiabilidad de la información que disponemos, así como los recursos materiales -y de tiempo- a nuestro alcance nos impiden realizar semejante tarea. Y para colmo, la tabla insumo-producto que conocemos no nos merece mucha confianza, pues fue realizada por encargo de la propia industria petrolera con una premisa de partida que distorsiona todo el esfuerzo estadístico y computístico: demostrar que el petróleo es "la locomotora" del desarrollo nacional y que el escenario de expansión de las actividades petroleras es el que rinde mayores beneficios macroeconómicos.
Para la estructuración de este capítulo utilizamos parcialmente los resultados de una investigación realizada por nosotros hace un tiempo: el estudio del impacto de la inversión petrolera en una variable macroeconómica específica, el empleo en el sector productor de bienes de capital.
En dicho estudio, quisimos resaltar las circunstancia de que, además de su declinante condición de generadora de renta y pese a los esfuerzos de integración que se postulaban, la industria petrolera seguía funcionando como un enclave, volcada hacia el exterior y con encadenamientos económicos internos mayoritariamente centrados en el aprovechamiento de esa renta.
Al incorporar los resultados de ese estudio al presente trabajo, debemos aclarar que aquél fue originalmente concluido en 1987, razón por la cual los datos que se manejaban llegan, en muchas referencias, sólo hasta 1986. De entonces al presente año de 1994 la situación, en materia de generación de empleo indirecto por la industria petrolera, no ha cambiado de manera considerable, tal como lo hemos podido verificar en recientes publicaciones y presentaciones de PDVSA y sus filiales, las cuales referimos en el texto. 236 Empero, aunque hacemos referencias a las circunstancias contemporáneas, la evaluación integral de tales cambios no está terminada. Por tanto, este capítulo es una presentación preliminar de un tema que debe ser profundizado posteriormente pero que, en su estado actual aporta elementos de juicio importantes, aunque colaterales, al tema central de nuestras disquisiciones.
Los objetivos específicos planteados entonces -"términos de referencia" exigidos por los responsables del Proyecto OEA-CORDIPLAN- fueron los siguientes:
1. Identificar tipos de bienes de capital y cantidades requeridas para proyectos previstos en los programas de inversión de PDVSA.
2. Identificar ramas de producción y en lo posible productores nacionales y su capacidad instalada.
3. Estimar cantidades de dichos productos que se puede esperar producir nacionalmente.
4. Estimar la mano de obra requerida.
5. Identificar cuellos de botella potenciales en el suministro de materias primas y en la demanda de mano de obra especializada.
En las siguientes páginas exponemos el desarrollo de estos objetivos. Además, en los cuadros incluidos en anexo a este capítulo se deja constancia de la identificación de los tipos de bienes de capital requeridos por los proyectos de la industria petrolera y a las ramas y las empresas nacionales capaces de producirlos. La información a este respecto es aportada por PDVSA, al referir los sectores y productos nacionales evaluados dentro de sus programas específicos sobre la materia, así como los insumos importados potencialmente sustituíbles. Esta información en particular, obtenida hasta 1986 en detalle, ha sido actualizada parcialmente a partir de las presentaciones citadas al pié.

En los planes de cada operadora, presentados ante las cámaras y asociaciones empresariales, se aportan datos en cuanto a los requerimientos de producción nacional, los cuales se fundamentan en el estudio de la capacidad productiva interna y su seguimiento, realizada por la propia industria petrolera.
De la información procesada y de trabajos muy detallados, tales como el "Estudio Sectorial sobre el Desarrollo de la Industria de Bienes de Capital para el Sector Petrolero" preparado por los Ingenieros J. Malkus y H. Gonzalez para CONDIBIECA, se puede concluir que la industria petrolera nacional genera una demanda de bienes de capital tal, que respecto al parque industrial nacional productor de esos bienes, tiene dos características básicas para los fines de nuestro estudio:
a) La parte de esa demanda que es atendida por el sector productor de bienes de capital de la industria nacional es, en lo fundamental, de una magnitud bastante inferior a la capacidad instalada en dicho sector, la cual, además de funcionar en promedio con un nivel de ociosidad superior al 50 por ciento, sólo dedica, también en promedio, el 30% de esa ocupación a atender los requerimientos de la industria petrolera:

"El sector de bienes de capital consta de unas 400 empresas ubicadas en los centros industriales del país, con inversiones en planta de unos 16.000 millones de bolívares, para una capacidad instalada de alrededor de cinco millones de toneladas de producción al año, de la cual en los momentos sólo se utiliza un 50% y de esa capacidad utilizada aproximadamente un 30% se destina al servicio de la industria petrolera. Estas empresas generan alrededor de 70.000 empleos directos y llegaron a exportar en 1984 aproximadamente 150.000 toneladas de productos manufacturados."

b) La parte de la demanda de bienes de capital generada por la industria petrolera que se cubre con productos importados es de una gran variedad y de magnitudes individuales pequeñas, características que hacen difícil la instalación de capacidades internas para sustituir tales importaciones. Las posibilidades se restringen a aquellos productos que son de uso generalizado en otras industrias nacionales o para los cuales se abran perspectivas de exportación. Pero en tales casos, la demanda de la industria petrolera es apenas uno de los factores entre muchos otros de signo diverso. Estas circunstancias han sido constatadas por otros investigadores y pueden observarse plenamente al analizar el listado de Insumos Importados Potencialmente Sustituibles y las observaciones que hacemos respecto a cada grupo de productos, anexos al final del capítulo.
La evaluación de los efectos de este panorama característico es determinante a la hora de responder el cuarto de los objetivos planteados, en cuanto a la estimación de la mano de obra requerida por el sector en cuestión, pues todo parece indicar que la producción nacional de los bienes de capital demandada por los planes de inversión de la industria petrolera se cubre con capacidad instalada ociosa y con el personal ya disponible en las empresas, no generando un impacto considerable en la demanda de mano de obra.
Desde luego que una mayor utilización de la capacidad consolida el nivel de empleo prevaleciente y tiende a incrementarlo. Las relativamente limitadas magnitudes de los proyectos previstos para el quinquenio que transcurrió desde 1986 hasta 1991 -sobre todo si se comparaban con los fallidos mega-proyectos de la Faja Petrolífera del Orinoco- no permitían avizorar, para el momento en que se realizó el estudio original, incrementos dramáticos en la utilización de esas capacidades. Por lo demás, la información recabada -los resultados de la encuesta y los seguimientos realizados por el INTEVEP en el sector- no dejaba lugar a estimaciones: el empleo generado sería de una magnitud ínfima, sobre todo si se consideraban los montos de inversión comprometidos. (Ver Anexo)
Posteriormente, la presunción de que no se producirían disminuciones sustanciales de las capacidades ociosas y por tanto no serían sensibles los incrementos en el empleo de mano de obra resultó cierta. En primer lugar, porque, aún asumiendo el incremento nominal, en bolívares, que representaba el monto correspondiente a compras de materiales y equipos anunciado para 1988, de 26.000 millones de bolívares, en los años anteriores el tipo de cambio petrolero era de 6 y 7,5 bolívares por dólar, mientras que en 1988 se trataba de un bolívar más devaluado: 14 por dólar. Pero sobre todo, porque, como siempre, los anuncios resultaron sobredimensionados, tal como puede observarse en el cuadro "Compras de Materiales y Equipos..." que corre inserto en anexo a este capítulo: el total de esas compras para 1988 fue de 19.387 millones de bolívares, el 74,6 por ciento de lo proyectado. De ese total, sólo el 47%, 9.301 millones de bolívares, era de procedencia nacional.
Como ya hemos visto, las reducciones del ingreso petrolero real por efecto de la caída de los precios en 1986 y la subsiguiente era de inestabilidad en los mismos que se inició después de su ligera recuperación en 1987, determinaron un redimensionamiento -disminución- de los planes de inversión previamente anunciados para el quinquenio comenzado en 1986. Sólo en 1990-91, al calor de las circunstancias descritas en capítulos anteriores (el inicio de la ejecución, vía hechos cumplidos, de los megaproyectos de inversión 91-96), las compras de materiales y equipos volvieron a alcanzar montos nominales similares a los realizados en 1981-82.
Pero en términos reales, ni siquiera esas cifras podrían determinar la generación de 700.000 nuevos empleos directos, como se pretendiera entonces:

"Por la globalización de la industria petrolera, 700 mil empleos directos aspira generar PDVSA en un lapso de seis años". ( )

Pero es la propia PDVSA, pasada la euforia 90-92, la que coloca las cifras de empleo en un nivel más cercano a la realidad. La moderación de sus metas quinquenales nos ahorra más comentarios. El vigente Plan Corporativo señala:

Desde el punto de vista cuantitativo, el plan de la industria para el período 1993-1998, tiene el siguiente impacto: la fuerza laboral propia en Venezuela pasará de 50.292 a 51.746 personas, lo que significa un crecimiento del 3 por ciento. Desde el punto de vista global se estima que se requerirán unos 6.578 nuevos trabajadores para satisfacer la demanda de nuevos proyectos y los reemplazos por egresos.
...
Por otra parte, se estima que la fuerza laboral contratista decrecerá en un 17% pasando la nómina de 41.782 a 34.670 trabajadores.

En cuanto a la quinta actividad de nuestro estudio de 1986, relativa a la identificación de cuellos de botella potenciales en cuanto al suministro de materias primas y demanda de mano de obra especializada, podemos asentar lo siguiente:

a) Teniendo en cuenta que una porción considerable de los bienes de capital fabricados en el país lo generan empresas que se encuentran a medio camino dentro del proceso de sustitución de importaciones, cumpliendo con programas de incorporación de partes nacionales, para la fecha de realización del estudio las dificultades cambiarias y el complicado proceso de otorgamiento de divisas por RECADI constituían el único cuello de botella que afectaba el adecuado abastecimiento de materias primas y otros insumos importados. Ello se mantuvo hasta 1989, año a partir del cual, y como es obvio, estas circunstancias cambiaron.
b) Por su larga data, las actividades ordinarias de la industria petrolera generan demandas de bienes cuyas especificaciones y normas de producción tienen décadas de haber sido establecidas. Estas circunstancias, y el hecho de ser nuestro país uno de los más antiguos productores de petróleo, con una diversidad crudos y complejidad de los yacimientos que no se presentan en otras latitudes, determinan que en las empresas productoras de bienes de capital ya instaladas, que como ya mencionamos funcionan a capacidad instalada ociosa, no se produzcan cuellos de botella en cuanto a la mano de obra especializada.
c) En cuanto a las empresas que se dediquen a sustituir otros insumos que todavía se importan, los requerimientos no disponibles internamente estarán centrados en el proceso de entrenamiento para el manejo de nuevos equipos a instalar, ya que al revisar la lista de insumos potencialmente sustituíbles encontramos que ninguno de ellos requiere de procesos productivos de alta tecnología.
De seguidas hacemos la presentación y análisis de la información recabada en nuestra investigación y de preexistentes trabajos sobre la materia. Buena parte de esta presentación ha sido organizada como una contrastación de los materiales procesados por nosotros con los datos aportados en el trabajo de Malkus y González que ya hemos citado.
La primera consideración que hay que destacar respecto a este estudio es la de que el mismo está limitado -al menos en su "Volumen 1º.", que es el que tenemos a mano- al estudio de los principales bienes de capital requeridos por la fase de perforación-producción de la industria petrolera, dejando de lado las fases de exploración, transporte, refinación y petroquímica, las cuales también generan una demanda de bienes de capital considerable.
Sin embargo, las circunstancias descritas en el estudio son un fidedigno indicador de la situación global en el sector. Ello lo constatamos en nuestra propia investigación y a través de entrevistas con empresarios del sector industrial privado petrolero, los cuales corroboran la existencia de situaciones similares a las registradas por el estudio en las fases no consideradas en el mismo. De todas maneras, la fase de producción acapara más de la tercera parte del monto total de inversiones previstas en los diferentes planes corporativos, tanto el planteado para 1991-96 como el correspondiente a 1993-98.
El estudio identifica 10 "actividades estratégicas" para el desarrollo de la industria de bienes de capital, a saber:
1.- Tuberías de revestimiento y producción.
2.- Cabezales de pozo y árboles de navidad
3.- Válvulas de bola o compuerta
4.- Estranguladores
5.- Prensa Estopa
6.- Sello (obturador)
7.- Varillas de Succión
8.- Bombas de Subsuelo
9.- Unidades de bombeo (balancines)
10.- Válvulas y mandriles "gas lift"
De estas diez actividades, sólo 5 se desarrollabann en el país (las numeradas 1,2,8,9 y 10), las demás constituían, para los fines del referido estudio, el campo de desarrollo de la industria de bienes de capital y al respecto formula recomendaciones precisas. Una dificultad genérica para el inicio de tal desarrollo, que se constata en el estudio, lo constituye la circunstancia ya mencionada de que la demanda es insuficiente para justificar la instalación de plantas exclusivamente dedicadas a tales renglones, postulándose, en consecuencia, como líneas adicionales de empresas adecuadamente equipadas. Así por ejemplo, para el séptimo de los rubros enumerados, las varillas de succión, en 1986 se estimaba que la demanda sería del orden de las 70.000 unidades al año y se destacaba la circunstancia de que para entonces se encontraban en fase de promoción cinco proyectos de diferentes tecnologías, cada uno de los cuales, por separado, estaba previsto para una capacidad instalada que cubría la demanda total.
De los hechos expuestos en el estudio referido puede concluirse, para nuestros fines, que las perspectivas de generación de empleo por la vía de la profundización de la sustitución de importaciones en el sector petrolero son muy limitadas, por cuanto, de producirse esa profundización, ella tendrá como escenario fundamental a empresas ya establecidas, generalmente con capacidad instalada ociosa y escasos requerimientos de personal. Por otro lado, tales requerimientos se limitarían, dada la estructura actual del empleo y su ocupación en esas empresas, a la esfera de empleados (ingenieros) de alta calificación técnica adiestrados -o capaces de recibir adiestramiento- para la implantación de los procesos adicionales y más complejos que requiera la producción de los nuevos bienes a sustituir.
En lo que respecta a las actividades productivas que sí se desarrollan en el país, el estudio de Malkus y González nos aporta una información fundamental para estimar el impacto en el empleo de las inversiones petroleras. Presentaremos un resumen por actividad de esa información:
Las tuberías de revestimiento y producción constituyen, con holgura, la parte fundamental de la demanda de bienes de capital de la industria petrolera en la fase de perforación. En Venezuela, esa demanda está cubierta por un sólo oferente: la empresa estatal SIDOR, cuya capacidad instalada en este rubro (160.000 toneladas al año) es exactamente el doble de las ventas realizadas a la industria petrolera, las cuales cubren, sin embargo, sólo el 87% de la demanda de tubería de revestimiento y el 93% de la tubería de producción.
La parte de estas tuberías no cubierta por SIDOR se importa, fundamentalmente por falta de disponibilidad inmediata, ya que SIDOR produce cada especificación por lotes y su programación e inventarios no coincide siempre con los requerimientos de la industria.

Otros rubros no cubiertos por SIDOR tienen que ver con las necesidades de roscados especiales, y en otros casos, con la escasa demanda para ciertos diámetros de utilización muy específica.
En cuanto a tubos sin costuras capaces de soportar altas presiones y roscados especiales, tales renglones han sido objeto de sustitución y desarrollo por el sector productor de bienes de capital. De hecho, desde hace algunos años funcionan dos empresas especializadas en estos ítems, Conduven y BPECA, que han sustituido parcialmente las importaciones de los mismos. Por su parte la planta de tubos sin costura de SIDOR, TUBORCA, planificada hace muchos años, adquiridos los equipos básicos hace más de una década y ... nunca concluida, puede ser motivo para una saga a la ineficiencia, los vicios burocráticos y la interferencia de los intereses privados en los negocios públicos.
En este aspecto se puede concluir que un aumento en la demanda de tubos sin costura por incremento de las actividades de perforación, generaría, en lo fundamental, incrementos en la utilización de la capacidad ociosa de SIDOR y de las empresas de capital privado dedicadas a su producción, así como de la importación. En algunas variedades muy específicas de tubos se plantean posibilidades de sustitución de importaciones y generación de empleo nuevo, pero en magnitudes poco considerables.
Ahora bien, las mencionadas condiciones de incertidumbre del mercado hacen prever que no se producirán incrementos desproporcionados en las adquisiciones de este tipo de productos. Sin embargo, Petróleos de Venezuela mantiene una actividad constante de perforación, reparación y reacondicionamiento de pozos, por la necesidad de sustituir el potencial productivo que se reduce diariamente por causas vinculadas a la vejez y sobreexplotación de los yacimientos tradicionales y, además, por persistir en su seno la señalada estrategia de generación de nuevo potencial, en previsión de un cambio repentino en las condiciones del mercado, tal como el que significaría el fin de la política de techos de producción por parte de la OPEP o una posible ruptura de nuestra vinculación a esa Organización. Ya hemos discutido estas circunstancias en capítulos anteriores, documentándolas con la progresión de las cifras de inversión en exploración y producción, gastos de operación, generación de nuevo potencial, etc., que confirman el funcionamiento de esa tendencia expansiva.
Las anteriores consideraciones son valederas a la hora de evaluar la demanda y capacidad productiva de los siguientes rubros que se analizan como estrechamente vinculados a la inversión petrolera:
En cuanto a cabezales de pozo y árboles de navidad, existían tres empresas, una de las cuales no estaba en producción, con capacidad suficiente para cubrir la demanda estimada anual. Estas empresas fabrican algunas partes y ensamblan los cabezales, los cuales llevan como insumos importados los sellos, instrumentos de medición y algunos elementos de válvulas. El empleo total en estas tres empresas era, para 1986, de 142 personas.
Existían para la fecha del estudio dos talleres fabricantes de bombas de subsuelo y 11 que hacían reparaciones y piezas de repuesto. El empleo total para las 13 empresas era de 333 personas y su capacidad de producción, dadas las expectativas de la industria, estaba sobredimensionada aún a un sólo turno de trabajo.
Las siete empresas que señalan en el estudio de Malkus y González como fabricantes de unidades de bombeo sólo fabricaban las estructuras metálicas y ensamblaban la unidad, importando el sistema motriz, el sistema hidráulico, la caja reductora y otros elementos. Los autores los calificaron como talleres de carpintería metálica. En total emplean 395 personas. Se señalaba también como dificultades para el incremento de la cantidad de unidades fabricadas las siguientes: demanda nacional variada, dispersa e insuficiente para una capacidad sobreestimada y falta de confianza por baja calidad del producto.
Por último, las válvulas de "gas lift", las cuales eran fabricadas o reparadas en 7 talleres que empleaban a 293 personas y que disponían de una capacidad instalada suficiente para cubrir la demanda nacional.
Ahora bien, a seis años de haber sido realizado el estudio que comentamos, debemos hacer algunas importantes precisiones: A la luz de la evolución de las actividades de perforación en los años 83-85, las previsiones de la demanda interna de equipos y materiales sobre la cual se basaron sus autores aparece absolutamente divergente de la tendencia manifiesta posteriormente.

En efecto, el estudio estimaba que la industria petrolera perforaría 2.768 pozos en el quinquenio 1984-1988. Ello significaba un promedio de 554 pozos al año, lo cual no es otra cosa que la extrapolación de la tendencia observada en el lapso 79-82, período durante el cual florecieron y se marchitaron los megaproyectos de la Faja del Orinoco. Pero otro muy distinto es el signo de la tendencia a partir de 1983, cuando son definitivamente "redimensionados" los referidos megaproyectos y el promedio de pozos perforados cae entre ese año y 1985 a 38, una cifra 14 veces menor que la prevista.
Aún con la demostrada sobrestimación de las actividades de perforación, las conclusiones del estudio eran moderadas en cuanto a las perspectivas de ocupación de la capacidad instalada y de aumento de la sustitución de importaciones.
Ello nos permite afirmar entonces, que está demostrada fácticamente la presunción de que el impacto de las inversiones petroleras en la generación de empleo en el sector productor de bienes de capital para dicha industria es muy moderado, por cuanto las demandas que generan esas inversiones son absorbidas de manera determinante por la capacidad instalada ociosa. Además, se acentúan las señaladas limitaciones para proseguir la sustitución de importaciones, al limitarse aún más las cantidades de bienes de capital demandadas.
Plenamente comprobadas tales presunciones para el caso de las actividades de perforación-producción, es necesario verificar su certeza en las otras fases de la industria. En lo que sigue abordamos el estudio de la situación en las mismas:

1) Mercado Interno
En el transporte interno de los hidrocarburos el insumo fundamental es, otra vez, tuberías. Y es SIDOR el abastecedor por excelencia, tanto de tubos sin costura -directamente-, como de la materia prima para la elaboración de tubos con costura. SIDOR garantiza, con su capacidad actual y tomando en cuenta la demanda potencial de los proyectos firmes de Petróleos de Venezuela, la demanda en estos rubros. Para cumplir con ese cometido no requiere de nuevo personal, pero puede asumirse que, por ser la industria petrolera su principal cliente interno en este rubro, el empleo actual de SIDOR es, en parte, función de la inversión de dicha industria en sus instalaciones de producción de tubulares. Su significación puede ser inferida de las siguientes cifras: de los 2.882 trabajadores de SIDOR, 276 están empleados en la fábrica de tubos.
En esta fase de la industria petrolera tuvo su efecto una circunstancia coyuntural que redujo la demanda interna: En los años 81-82, y en previsión de los extraordinarios requerimientos que planteaban los planes de desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco, se realizaron grandes importaciones de tubulares: 5.477 millones de bolívares de 1982. El carácter extraordinario de esta cifra se puede medir por el hecho de que en todo el quinquenio anterior 1976-1980 la adquisición global de taladros, tanqueros y tubulares alcanzó solamente a 1.850 millones de bolívares.
La posterior desactivación de tales proyectos generó un excedente de tubulares que tardaría años en ser completamente absorbidos:


CUADRO No. 52

IMPORTACIONES DIRECTAS DE TUBULARES
PARA LA INDUSTRIA PETROLERA Y PETROQUIMICA

Años Millones de Bolívares

1981 1.425
1982 4.052
1983 509
1984 104
1985 86

Fuente: PDVSA, Informe Anual 1985.


Posteriormente, la industria programó inversiones que, parcialmente, puesto que en las cifras anteriores están incluidas también tuberías de revestimiento y producción, se convirtieron en alternativas para la utilización de esos tubulares: los proyectos NURGAS (más de 800 kilómetros de tubería y un desembolso estimado en más de 5.000 millones de bolívares), SISOR (2.635 millones de bolívares), SAAM (1.163 millones) y SUMANDES, reactivado, después de haber sido descartado, cumplirían con ese papel.
Sin embargo, por tratarse, también parcialmente en estos proyectos, de tubería de linea, soldada, en este renglón sí se genera un cierto impacto sobre el empleo, en las empresas que manufacturan este tipo de tubos. Las compras en el mercado nacional de este tipo de tubería presupuestadas por CORPOVEN -operadora responsable del proyecto NURGAS- para los años 86 y 87 fueron, según sus presentaciones a la Cámara Petrolera, de 745 y 1.229 millones de bolívares respectivamente.
Se puede concluir entonces que en la fase de mercado interno de los hidrocarburos se genera una demanda considerable de producción nacional debido a la ejecución de extraordinarios proyectos de inversión. Para cubrir esa demanda, las empresas productoras incrementan su oferta de empleo. Sin embargo este empleo no es permanente, por cuanto al terminar el suministro extraordinario volverán a su ritmo acostumbrado de actividades, dentro de las cuales la atención de las demandas normales de la industria petrolera nacional sólo ocupa una fracción de su capacidad productiva.


2) Refinación.
Por el monto total de programas y proyectos mayores de inversión, en los años de la nacionalización, la refinación ha sido la segunda fase de la industria, después de la fase de producción, en cuanto a las sumas previstas a invertir. Así ha sido en todos los planes a mediano plazo de PDVSA y así lo confirman las cifras de los Planes Corporativos 91-96, 92-97 y 93-98 que transcribimos en los capítulos dedicados al análisis de esa inversiones.
De lo anterior podría inferirse que en esta fase se genera una intensa demanda sobre la industria interna de bienes de capital. Ello es parcialmente cierto, pero también aquí se presentan circunstancias parecidas a las descritas para la fase de perforación-producción. Las ejemplificaremos analizando el "Listado Preliminar de Equipos y Materiales" presentado por Maravén como requerimientos de su fallido "Proyecto Conversión Cardón". Este proyecto, de ampliación de la capacidad procesadora de la refinería de Cardón puede considerarse típico en cuanto a las demandas que genera.
El referido listado enuncia los rubros requeridos, algunas de las cantidades estimadas y su procedencia. Una detenida observación nos permite destacar lo siguiente:
La demanda interna fundamental del PCC se concentraba de manera determinante en el sector metálico básico y metalmecánico: tuberías de determinadas especificaciones y planchas de acero de menos de una pulgada de espesor en primer lugar, parte de los recipientes requeridos -tanques, calderas, reactores- en segundo lugar y, por último, válvulas de compuerta, de globo, y de choque, de purga y accionamiento de quemadores y pilotos, cuya adquisición era prevista totalmente para este mercado.
De los demás rubros, el suministro interno es importante en el sector de equipo y material eléctrico, en el material de aislamiento -fibra de vidrio y lana mineral- y en las adquisiciones misceláneas como vehículos y equipo de oficina. Igualmente, se preveía una participación parcial del mercado interno en el suministro de intercambiadores de calor y hornos. Cabe destacar, sin embargo, que en el listado se incluyen como materiales para su adquisición en el país algunos que en realidad son importados previamente por los comerciantes locales.
En contrapartida, la mayor parte del equipo motriz, de control y bombas, la casi totalidad de los instrumentos, todos los compresores y filtros, las válvulas de control, de seguridad para incendio, automáticas de recirculación y de alivio, las turbinas, tambores y planchas de acero de más de una pulgada de espesor, son importados. Ello sin contar que se preveía la importación de "unidades en paquete".
Esta distribución es muy similar a la ya descrita para la fase de producción: Alta concentración hacia el sector metálico básico y metalmecánico, demanda dispersa y menuda hacia otros sectores nacionales e importación de la casi totalidad de los equipos e instrumentos de control.
Tales circunstancias tienen, sobre el empleo, consecuencias similares a las ya referidas en las dos fases comentadas anteriormente: garantizan, durante la ejecución del proyecto la ocupación de la capacidad instalada, normalmente ociosa en un altísimo porcentaje, en los mencionados sectores en donde concentra sus requerimientos y genera demandas relativamente moderadas hacia los demás sectores, con escasa incidencia en el empleo.
En la actualidad, y por parecidas circunstancias a las ya descritas para la fase de producción, los proyectos inicialmente presupuestados han sido desfasados y algunos, como la Nueva Refinería de Oriente, descartados. Ello, obviamente, disminuye el impacto global que sobre el empleo en otros sectores pudieran tener tales inversiones.

3) Petroquímica.
Constituyó el tercer rubro en importancia en cuanto al monto de inversiones previstas en distintas ediciones de los planes corporativos de inversiones a mediano plazo. Sin embargo, a partir de 1993 la orientación estratégica oficial es la de dejar los proyectos de expansión petroquímica a la iniciativa privada, actuando Pequivén como promotor-propiciador de tales inversiones, tal como se infiere de los objetivos trazados en su Plan a Mediano Plazo:

- Crecimiento del sector petroquímico y químico afín nacional mediante la formación de empresas de capital mixto o 100% privadas.

- Incrementar la rentabilidad de los negocios existentes principalmente a través de la integración de negocios...

- Asegurar un crecimiento rentable y sostenido de Pequiven vía desarrollo de empresas mixtas. ( )


La estructura de la inversión en esta fase es muy similar, en cuanto al tipo de bienes de capital requeridos, a la que analizamos anteriormente y ello lo refleja la siguiente distribución porcentual, extraída de una de las presentaciones de Pequivén a la Cámara Petrolera, la correspondiente a 1986:

CUADRO No. 53

DETALLE DE LA ADQUISICION
DE MATERIALES

(Millones de bolívares)


RUBRO ZULIA MORON

Tuberías 15.0 9.1
Válvulas 7.5 5.2
Electricidad 10.0 6.4
Instrumentación 8.0 3.6
Aislamiento 5.0 2.0
Refractarios 7.5 5.6
Pinturas 8.0 3.6
Estructuras
Metálicas 8.5 3.6
Otros 2.0

Sub-Total 71.5 39.8

Repuestos 47.7 21.4

TOTAL 119.2 61.2

Porcentaje Nacional 59% 67%

FUENTE: PEQUIVEN, "Presentación... 1986".


En una presentación posterior, "Plan de Desembolsos", Pequivén estimaba que el 55,6% de los equipos y materiales para fines de mantenimiento serían adquiridos en el mercado nacional. Este porcentaje no corresponde al de una inversión en proceso de ejecución, sino como se expresa claramente, a gastos de mantenimiento. En caso contrario, la participación de la industria nacional en el suministro sería sensiblemente menor, por cuanto habría que considerar el alto porcentaje de equipo de proceso "empaquetado" que compone la inversión inicial. Porcentaje que en el caso de la petroquímica es superior, dada la novedad de los procesos, al correspondiente en las inversiones en refinación.

De la estructura reflejada en el cuadro anterior, podemos observar que, al igual que en la refinación, el peso determinante de la demanda interna se encuentra en el sector metálico: Tuberías, válvulas y estructuras metálicas constituyen el 44,5% del gasto previsto.
Por todo lo anterior, podemos inferir que el cuadro descrito para la refinación se repite y acentúa en el caso de la petroquímica. El empaquetamiento tecnológico característico de esta actividad constriñe sus márgenes de rentabilidad hasta el punto de obligar a decisiones oficiales como la mencionada antes, de desligar parcialmente al sector público de los futuros emprendimientos.


4) Constatación Final:
En los apartes anteriores hemos descrito las características de las demandas de bienes de capital en cada una de las distintas fases de la industria petrolera y explicado las razones por las cuales su potencial generador de empleo es ínfimo. Ahora presentamos las cifras que comprueban lo afirmado: los resultados de los seguimientos realizados por INTEVEP a las empresas privadas que suministran insumos a PDVSA.
El conjunto de empresas industriales evaluadas por PDVSA hasta el mes de julio de 1986 empleaban un total de 19.952 personas. Esta cifra no representaba, de ninguna manera el empleo indirecto generado por la inversión petrolera. En primer lugar porque no se han evaluado a todos los suministradores de productos y servicios a PDVSA. En segundo lugar, y tal como señalábamos, gran parte de las empresas evaluadas sólo dedican una fracción de su capacidad instalada a suplir necesidades de la industria petrolera. En tercer lugar, y en lo que al objetivo de la investigación concierne, el empleo generado por los productores de bienes de capital es una fracción de ese total, pues en el mismo están incluidas empresas de ingeniería, mantenimiento, importadores de partes y piezas y otros servicios.
Para ejemplificar nuestro aserto: Si tomamos la evaluación del sector Acerías, que con 3.015 personas ocupadas representaba mas de la séptima parte del total, observamos que 2.882 de esas personas registradas en el sector trabajaban en SIDOR y sólo 133 en otras dos empresas. (Posteriormente esta última cifra ha crecido hasta llegar cerca de 2.000) Es significativo también el hecho de que del total empleado en SIDOR sólo 276 laboran en la fábrica de tubos, la cual, como ya referimos suple sin contratiempos toda la demanda petrolera. Por otra parte, no podemos afirmar que sólo esta cifra del empleo en SIDOR está determinada por la inversión petrolera, ya que la fabricación de los tubos constituyen sólo la fase terminal del proceso, pero es un indicador de la modestia de las magnitudes implicadas en los procesos de producción de bienes para la industria petrolera. Esto último lo ratifican otras cifras: 93 personas empleadas en la fabricación de balancines, 219 en la de bombas centrífugas, 204 en la de cabezales de pozo o 156 en la de gabarras de perforación, etc.
Pese a todo lo anterior, la significación de la cifra referida es indudable: Aceptando que se haya mantenido constante el empleo en cada una de las empresas evaluadas desde el momento de la toma de los datos (mayo de 1980 en algunos casos) hasta julio de 1986, fecha de la última evaluación registrada entonces, entre todos los suministradores nacionales de bienes y servicios de toda índole, incluidos los importados, evaluados por la industria petrolera nacional para esta última fecha, sumaban una cantidad de personas empleadas -19.952- inferior a la mitad del empleo generado directamente por dicha industria. Ello es contradictorio con la noción, comúnmente aceptada como cierta, de que la industria petrolera origina un volumen de ocupación indirecta varias veces superior a la directa.
Hasta el momento no hemos logrado una cifra más reciente en cuanto al empleo en el sector productor de bienes de capital para la industria petrolera, pero el estudio de otros indicadores globales nos permiten inferir que las proporciones no se han modificado. En efecto, según la Coordinación de Recursos Técnicos de PDVSA ( ), la "Red de Interacción con el Sector Conexo Nacional" está integrada por 2000 contratistas y 7000 proveedores, registradas en el Registro Unico de Contratistas -RUC- y el Registro Unico de Proveedores, RUP. Sin embargo, en cuanto al Sector Manufacturero, el total de empresas evaluadas entre 1978 y 1991 ha sido de 1160, de las cuales sólo 608 han sido aprobadas, 164 plenamente y 444 con condiciones. Ello quiere decir que sólo el 16,6% de las 7.000 empresas registradas como proveedoras son empresas manufactureras y de ellas, sólo el 8,7% han sido aceptadas por PDVSA. En cuanto a las 2.000 empresas contratistas registradas, ya hemos citado la cifra de empleo referida por el Plan Corporativo para 1993, de 41.782 trabajadores, que se estima que disminuyan para 1998 a 34.670.
Anexamos el listado de empresas evaluadas por sector hasta 1986 y el número de empleados. En lo que sigue transcribimos el resumen de las evaluaciones por Sector Industrial:.

CUADRO No. 54


SECTORES Y PRODUCTOS NACIONALES EVALUADOS POR PDVSA
--------------------------------------------------------------------------------


1.- METALMECANICA

- Recipientes a presión
- Equipos Navales
- Fundiciones
- Productos Forjados
- Electrodos de Soldadura
- Acerías
- Gabarras de Perforación
- Empresas de Tratamiento Térmico
- Ventilación Industrial

2.- MECANICOS/BOMBEO

- Válvulas compuerta, retención, globo, bola y
mariposa.
- Cabezales de pozo / árboles de navidad
- Bombas centrífugas
- Compresores de Aire
- Bombas de Subsuelo
- Vávulas de levantamiento artificial
- Repuestos para equipos rotativos
- Unidades de bombeo

3.- TUBERIAS

- Tubería sin constura
- Tubería de fundici'on gris
- Tubería soldada para calderas / intercambiadores de
calor
- Tubería de línea soldada (Longitudinal/Helicoidal)

4.- POLIMEROS

- Vulcanizados
- Tubería de Plástico
- Revestimiento para tuberías


5.- PROTECCION CONTRA LA CORROSI'ON

- Anodos para protección catódica
- Pinturas / Resinas
- Inhibidores de Corrosión.


6.- MATERIALES Y PARTES EN GENERAL

- Guayas
- Refractarios
- Aislantes Térmicos
- Empacaduras y Sellos Mecánicos
- Artículos de Seguridad
- Cementos
- Liga para frenos

7.- PRODUCTOS QUIMICOS

- Aditivos para lubricantes
- Desemulsificantes y deshidratantes de crudo
- Químicos para lodos de perforación

8.- PARTES FORJADAS O MECANIZADAS

- Válvulas
- Herramientas forjadas
- Repuestos para equipos rotativos
- Mechas de perforación
- Tubería roscada
- Propelas
- Bridas y conexiones

9.- ELECTRICOS

- Tableros, sub-estaciones
- Centros de Control
- Motores y transformadores
- Conductores / Cables eléctricos
- Interruptores
- Equipos electrónicos y telecomunicaciones
- Equipos de iluminación
- Acumuladores eléctricos

10.- INSTRUMENTOS

- Manómetros

============================================ Fuente: PDVSA, IV Jornadas de Análisis del Complejo Productor de Bienes de Capital: "Programa de Sustitucíon de Importaciones de la IPPN - Aspecto Generales", págs. 8 y 9.



5. Recapitulación:
En cuanto al empleo indirecto generado por la inversión petrolera, la principal realidad constatada por nuestro estudio es la de que el impacto de esa inversión en la variable considerada es, en general, limitado, debido a la alta intensidad de capital de la misma y a la circunstancia misma de ser una industria fundamentalmente exportadora, con históricos encadenamientos externos, los cuales son reforzados en la actualidad por la vigente política de internacionalización de sus actividades.
Podría inferirse, sin embargo, y por esas mismas razones, que en el sector interno productor de bienes de capital existiría un amplio margen para la captación de la demanda de estos bienes procedente de la industria petrolera y, por ende, para la generación de empleo. Ello no es así debido a factores que ya mencionamos:
1) La parte de la demanda de bienes de capital de la industria petrolera que ya es atendida por la industria nacional, concentrada en los sectores metálicos básicos y metalmecánicos, es de una magnitud muy inferior a la capacidad productiva instalada internamente, la cual funciona con un promedio de ociosidad superior al 50% y dedicando sólo el 30% de esa ocupación a atender los requerimientos de la industria petrolera. El incremento de esta demanda, estrechamente dependiente de las cantidades dedicadas a la inversión en producción, determinaría simplemente una disminución de capacidades ociosas con leves impactos en los niveles de empleo.
2) Los bienes de capital que actualmente importa la industria petrolera nacional, constituidos fundamentalmente por la mayor parte del equipo e instrumentos de control, son de una gran variedad y de magnitudes individuales que no constituyen, por sí solas, estímulos suficientes para instalar capacidades productivas internas, razones por las cuales hasta ahora no ha podido ser sustituía esa importación.
3) La situación del mercado petrolero a partir de 1982 y la política de la OPEP para enfrentarla, que condujo a la imposición de techos en la producción de cada uno de sus miembros, obligó entonces, y hasta 1990, a la posposición y cancelación de grandes programas de inversión encaminados a incrementar la capacidad productiva de la industria petrolera. Como consecuencia de ello se dirigió una parte considerable de los fondos disponibles a inversiones que no incrementaran el margen de ociosidad del potencial: internacionalización, sistemas internos de distribución, extracción de productos del gas natural y petroquímica. El primer renglón va a generar empleo en el exterior, el segundo se concreta a un incremento en la demanda de tuberías y los dos restantes profundizan, dada la novedad y complejidad de los procesos, el esquema ya descrito en los puntos anteriores: demanda interna hacia los sectores metálicos básicos y metalmecánicos e importación de una gran diversidad de equipos e instrumentos altamente sofisticados. Estas circunstancias cambiaron con la formulación de los "megaproyectos" ya comentados en capítulos anteriores.
Es necesario, no obstante, dejar sentado que las inversiones destinadas a la generación de nuevo potencial -destino perfectamente diferenciado del mantenimiento de la capacidad actual de producción de petróleo-, si bien sufrieron una disminución bastante pronunciada entre 1981 y 1984, a partir de este año mantuvieron sus niveles hasta 1986 y desde entonces no han parado de crecer, impulsadas por la fijación de metas de esa capacidad, de 3 y 4 millones de barriles diarios "a mediano plazo".
Como tantas veces hemos mencionado, ello es reflejo de tendencias prevalecientes en el seno de la gerencia petrolera nacional, en el sentido de tener a mano una alternativa frente a un posible colapso de la OPEP y estar preparados para incrementos agudos de los niveles de producción. Debido a lo anterior, el potencial productivo actual ya pasa, según cifras oficiales de 2,88 millones de barriles diarios.
La investigación nos conduce a sostener que las magnitudes de la inversión petrolera, son claramente desproporcionadas respecto a su capacidad generadora de empleo en el sector productor de bienes de capital, dado que dicha capacidad, globalmente considerada, se podría estimar en centenares -o en muy pocos miles- de nuevos puestos de trabajo.
Además, ese impacto sólo se produce en las etapas iniciales, de ejecución de la inversión y se revierte posteriormente generando capacidad ociosa, con lo cual se debilita la estabilidad del empleo creado. Como contrapartida lógica, al afrontar la formulación de una política de generación de empleo en el sector productor de bienes de capital no se puede contemplar a la inversión petrolera como factor determinante a tales fines.
Ubicándonos ahora en el plano más general de nuestros planteamientos, debemos señalar que, no hemos considerado a la capacidad generadora de empleo indirecto de la industria petrolera como el parámetro básico para evaluar su impacto macroeconómico, sino que la hemos utilizado como elemento de prueba y constatación del proceso cuyas manifestaciones estudiamos en los demás capítulos de este trabajo.



CUADRO No. 55

INSUMOS IMPORTADOS RELEVANTES, POTENCIALMENTE SUSTITUIBLES (Hasta 1986)
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A.- PRODUCTOS QUIMICOS: (PROMEDIO 35 MM$ ANUALES)

- Aditivos para lubricantes (13 MM$)
- Aditivos para lodos de perforación
- Químicos en general
- Inhibidores de corrosión
- Químicos para tratamiento de aguas
- Catalizadores de procesos (6 MM$)
- Aditivos para combustibles


B.- TUBERIA (PROMEDIO 11 MM$ ANUALES)

- Revestimiento - Producción - Perforación (10MM$)
- Tubería para intercambiadores de calor
- Tubería Acero aleado, aleaciones especiales
- Tubos para condensadores, para calderas


C.- VALVULAS CONEXIONES ESPECIALES DE TUBERIAS
(PROMEDIO 13 MM$ ANUALES)

- Embridadas/ roscadas/ soldadas (2,5 MM$)
Compuerta, globo, retención
- Embridadas/ roscadas/ de tapón
- De seguridad y alivio (6 MM$)
- De aguja
- Embridadas, mariposas
- Embridadas, roscadas, de bola
- Control (limitorque)
- Misceláneas, válvulas de carga
- Para camiones
- Para cabezales de pozo



D.- EQUIPOS ROTATIVOS (PROMEDIO 85 MM$ ANUALES)

- Repuestos para bombas centrífugas (14 MM$)
- Turbinas de gas
- Repuestos para turbinas de gas (18 MM$)
- Repuestos para turbinas de vapor (5 MM$)
- Motores Diesel
- Motores de Gas
- Repuestos para Motores Diesel (5 MM$)
- Repuestos para motores de gas
- Compresores Reciprocantes
- Compresores centrífugos/axiales
- Repuestos para compresores reciprocantes (14 MM$)
- Repuestos para compresores centrífugos (11 MM$)
- Bombas centrífugas
- Bombas reciprocantes
- Bombas rotativas y de tornillo
- Repuestos para bombas reciprocantes


E.- EQUIPOS PARA PERFORACION Y PRODUCCION
(9 MM$ ANUALES)

- Preventor de reventones para pozos
- Elevadores y partes
- Cabrias y equipos de reparación
- Herramientas y Equipos de pesca (1,5 MM$)
- Equipos para preventores de explosión
- Repuestos para bombas de lodo
- Repuestos para equipos de perforación (1,6 MM$)
- Mechas para roca, núcleos, barrena de arrastre, etc.
- Malacates, partes y accesorios
- Unidades de cementación, partes y accesorios


F.- INSTRUMENTACION Y CONTROL DE PROCESOS
(25 MM$ ANUALES)

- Registradores e indicadores
- Analizadores
- Controladores de combustión
- Medidores de Flujo y de Nivel líquido (5,5 MM$)
- Controles Supervisorios remotos
- Registradores
- Instrumentos de rotación
- Tacómetros
- Equipos para ensayos y muestreo
- Termocuplas y termopozos
- Transductores (2 MM%)
- Repuestos para indicadores
- Repuestos para registradores
- Repuestos para analizadores
- Repuestos para controladores (2 MM$)
- Aparatos, equipos, instrumentos, laboratorios (3 MM$)
- Equipos para servicio de laboratorios
- Suministros para laboratorios
- Amperímetros, voltímetros, vatímetros (1,5 MM$)
- Medidores líquidos y gases (1,2 MM$)
- Repuestos para equipos medidores


G.- EQUIPOS ELECTRICOS (12 MM$)

- Generadores
- Arrancadores de motores
- Partes/ repuestos para generadores
- Partes/ repuestos para motores
- Conmutadores/reles de alto voltaje (1,3 MM$)
- Equipos y Sistemas de protección
- Anodos para sistema de protección catódica
- Equipos / Accesorios protección catódica
- Lámparas incadescentes / fluorescentes
- Transformadores de potencia (excepto secos) (2,0 MM$)
- Interruptores PWL2 (Sobre 600 voltios) (2,7 MM$)
- Interruptores / tableros de distribución (1,6 MM$)


H.- EQUIPO DE TELECOMUNICACIONES (17 MM$)

- Equipos de radiocomunicaciones (7 MM$)
- Equipos Telefónicos (1,3 MM$)
- Equipos de Teletipo (1,3 MM$)
- Componentes de equipos electróniucos (7 MM$)
- Componentes y repuestos para equipos de radio
- Equipo de radar
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Fuente: PDVSA, IV Jornadas de Análisis del Complejo Productor de Bienes de Capital: "Programa de Sustitución de Importaciones de la IPPN - Aspectos Generales", págs. 13-16.


COMENTARIOS AL CUADRO No. 55
INSUMOS IMPORTADOS POTENCIALMENTE SUSTITUIBLES:
(HASTA 1986)

TUBERIA:

Promedio 11 millones de dólares anuales

Las dificultades de sustitución ya señaladas:
Las tuberías que todavía se importan, lo son por lo específico de sus características y limitado de la demanda, o por el requerimiento de procesos especiales (roscado). De todas maneras, su posible sustitución no comportaría ningún cuello de botella, por cuanto no requiere de especializaciones muy complicadas.

VALVULAS, CONEXIONES ESPECIALES DE TUBERIAS:

Promedio: 13 millones de dólaeres anuales

Solo dos renglones de estas válvulas, las de seguridad y alivio (6 MM$) y las "embridadas/soldadas/roscadas" (2,5 MM$) representan un mercado significativo. Los ocho renglones restantes constituyen una demanda dispersa. En este renglón hay absoluta capacidad tecnológica nacional y su sustitución no produciría ningún cuello de botella.

EQUIPOS ROTATIVOS:

Promedio: 85 millones de dólares anuales.

Estos constituyen un mercado considerable en su conjunto, pero muy disperso por las innumerables especificaciones de los múltiples requerimientos. La instalación, por ejemplo, de una planta de motores (diesel y de gas) y sus repuestos, no puede estar basada solamente en la relativamente modesta demanda que de estos equipos hace la industria petrolera: 5 millones de dólares anuales. Los fabricantes nacionales de partes automotrices podrían enfrentar, siempre bajo licencia de los propietarios de las marcas, la produccción de partes de motores y turbinas.

EQUIPOS PARA PERFORACION Y PRODUCCION:

Promedio: 9 millones de dólares anuales.

La modesta suma total es indicativa de la pequeñez de la demanda de cada tipo de insumo en este sector. Ello es consecuencia de los niveles actuales (y también previsibles a mediano plazo) que presenta esta actividad: 38 pozos perforados anualmente.

INSTRUMENTACION Y CONTROL DE PROCESOS, EQUIPOS ELECTRICOS,
EQUIPOS DE TELECOMUNICACIONES.

Promedio: 54 millones de dólares anuales.

En estos tres sectores existen mayores posibilidades de sustitución determinadas por el caracter genérico de instrumentos y equipos que, de ser fabricados en el país, tendrían un mercado nacional distinto al exclusivamente petrolero. De hecho, sería la continuación del proceso ensamblador que ya existe en estos sectores para bienes de consumo masivo. Valdría la pena explorar las posibilidades del sector electrónico nacional no ensamblador, el cual ya ha ensayado con cierto exito la producción autónoma de ciertos rubros.




CUADRO No. 56

COMPRAS DE MATERIALES Y EQUIPOS PARA LA INDUSTRIA
PETROLERA Y PETROQUIMICA 1976-1985
(MILLONES DE BOLIVARES)

ORIGEN IMPORTACION IMPORTACION
AÑOS NACIONAL INDIRECTA DIRECTA TOTAL

1976 490 280 450 1.220
1977 970 420 680 2.070
1978 1.450 650 1.500 3.600
1979 2.400 1.360 2.460 6.220
1980 2.700 1.640 2.200 6.540
1981 3.760 2.210 3.770 9.740
1982 4.415 2.200 7.100 13.715
1983 2.859 1.111 2.718 6.688
1984 3.656 1.155 2.274 7.085
1985 5.169 1.348 2.577 9.094

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Fuente: IV Jornadas de Análisis del Complejo Productor de Bienes de Capital:
"Programa de Sustitución de Importaciones de la IPPN - Aspectos Generales",
PDVSA, pág. 7





332






























IX


CONCLUSIONES





La primera afirmación conclusiva del trabajo que se presenta tiene que ver, desde luego, con la hipótesis central del mismo. La revisión de todos los índices de funcionamiento de la industria petrolera venezolana hasta 1991 y más allá, nos permiten confirmar los planteamientos preliminares en el sentido de que la industria petrolera venezolana ha perdido gran parte de su capacidad generadora de excedentes, lo cual se expresa en la declinación irreversible de los yacimientos de crudos convencionales, con un consecuente crecimiento acelerado de los costos productivos y un desplazamiento de las actividades hacia crudos más pesados y de menor rentabilidad.

Sin embargo, las menguadas posibilidades del petróleo todavía son considerablemente superiores a las del resto de nuestro aparato económico y pueden ser utilizadas para la reconstrucción de la sociedad venezolana sobre bases nuevas: de autosuficiencia, autonomía y diversificación de nuestras relaciones económicas internacionales, mediante un proceso integrador e internalizador de esos rendimientos, que acabe con la anómala situación de una industria volcada desproporcionadamente hacia afuera, dependiente de los requerimientos de sus mercados externos y con muy pocos encadenamientos internos, con el resto de la industria y demás sectores económicos. Se trata de emprender un nuevo desarrollo de la industria petrolera que la lleve más allá de su papel de proveedora de divisas, que cuente en primera instancia con los recursos humanos y materiales disponibles en el país, para forjar un camino propio, que nos permita asimilar soberanamente todos los adelantos generados en otros países y dejar de ser, como hasta ahora, adoradores de los deslumbrantes e inalcanzables milagros tecnológicos importados. Se trata de diseñar un perfil de producción y actividades de comercialización que respondan prioritariamente a los requerimientos del resto de la economía nacional. Perfil dentro del cual la búsqueda de las magnitudes y escalas óptimas desde los puntos de vista técnico, empresarial, macroeconómico y social deben ser procesos coherentes y estrechamente imbricados.

En cualquier caso, lo que queda claro del resultado de la investigación realizada es que esos óptimos no se encuentran en el camino de la producción a todo trance, de la multiplicación de proyectos no prioritarios, de dudosa rentabilidad a largo plazo, para cuyo financiamiento no se cuenta con recursos propios y los ajenos sólo es posible obtenerlos bajo condiciones que intesificarían el drenaje de los excedentes de esa industria hacia el exterior.

En el desarrollo de nuestras hipótesis creemos haber demostrado, mas allá de toda duda, la existencia en el seno de la industria petrolera venezolana y en torno a ella, de un conglomerado de factores económicos y políticos, empresariales y corporativos, cuya acción concertada ha tenido como principio rector la expansión constante, creciente y sin pausa, de la inversión pública en el sector petrolero, como garantía de multiplicación de las oportunidades de negocios privados.

Es a ese conglomerado, de carácter paraestatal pero con un comportamiento abiertamente antiestatal, al que hemos caracterizado como el Poder Petrolero y consideramos responsable de un conjunto de decisiones de trascendencia estratégica que han colocado a la principal fuente de riqueza pública de este país en una condición muy comprometida, en un escenario de insolvencia, ineficiencia y baja rentabilidad neta.

Con el respaldo de los hechos que hemos constatado, concluimos señalando que la acción de ese poder petrolero es contradictoria, y en muchos casos antagónica, con los intereses generales de la sociedad venezolana.
La industria petrolera venezolana, en tanto que propiedad pública, reservada legal y constitucionalmente al Estado, debe ser dirigida y administrada en consonancia con una estrategia nacional, que trascienda los límites de lo meramente empresarial.
Es importante destacar que al hablar de estrategia nacional no estamos limitando el horizonte al estrecho ámbito de lo estatal, tal como se plantea en presentaciones maniqueas pergeñadas para destacar las bondades de las concepciones ultraprivatizantes. Una estrategia nacional podría, según nuestra concepción, comportar una voluntaria cesión a la actividad privada de áreas reservadas al Estado. Pero ello debe ser el resultado de una detenida consideración por parte de los poderes públicos y los órganos planificadores competentes, en un ambiente de consenso nacional. Sobre todo, esa cesión no podría comportar, como sucedió en el pasado y sigue sucediendo en el presente, transferencias unilaterales, sin la justa contraprestación debida por la liquidación de un activo público.
El esquema que se adopte para garantizar una gestión eficiente de la industria petrolera nacional puede responder a diferentes concepciones administrativas, políticas y sociales, pero, en cualquier caso, será indispensable acabar con el abusivo aprovechamiento privado de ese bien colectivo.
Para decirlo de una manera más directa, tal como está organizada actualmente, con su oposición a todo control externo y la reivindicación de una cierta soberanía paraestatal que le permite tender un velo de secreto sobre sus operaciones, la industria petrolera venezolana de propiedad pública es lugar propicio para el florecimiento de relaciones irregulares con grupos privados minoritarios a los cuales se otorga privilegios lesivos del interés colectivo.
Por tales motivos, consideramos que dentro de un proceso de verdadera profundización de la nacionalización petrolera, de auténtica apropiación por los venezolanos de su patrimonio colectivo, están planteadas una serie de tareas que requieren de una clara y definida voluntad política. Esa voluntad política no existe hoy, pero contribuiremos a su surgimiento al señalar las que a nuestro entender son esas tareas:
Realizar una severa investigación de las principales transacciones realizadas hasta la fecha en materia de contratos y adquisición de instalaciones y equipos, tanto en el país como en el exterior. Analizar claramente, de manera desagregada, el rendimiento de cada una de estas inversiones y sus perspectivas futuras. En particular establecer la conveniencia o nó de mantener la propiedad de esos activos o realizar ventas, como la que estuvo prevista y no se concretó, con el 50% de la CITGO.
Detener las operaciones que se llevan a cabo en condiciones de costos incrementales, en abierta violación de normas técnicas y en desmedro de las posibilidades futuras de recuperación de los yacimientos. Investigar las causas de pérdidas y accidentes ocurridos en las áreas donde se realizan estas operaciones.
Estabilizar los niveles de producción dentro de los márgenes técnicos aconsejables para la preservación de la vida de los yacimientos, lo cual debe coincidir con el óptimo económico de máxima rentabilidad unitaria.
Mantener la política de propiciar, en el seno de la OPEP, un escenario de defensa de los precios, garantizando la asignación de una cuota de producción cónsona con el nivel óptimo de producción de nuestras reservas.
Evaluar los planes de desarrollo de la Faja del Orinoco y la Orimulsión, estableciendo claramente sus costos de oportunidad frente a destinos alternativos del ingreso disponible. Detener las operaciones que se estén realizando con pérdidas y bajo el supuesto de estar pagando un hipotético "posicionamiento en el mercado". Iniciar un proceso de investigación científica sobre los posibles usos no energéticos de las acumulaciones petrolíferas de la Faja. Establecer un programa de largo plazo con las Universidades, CONICIT, IVIC, INTEVEP, etc., para la formación de personal científico y técnico multidisciplinario dedicado a esa investigación.
Someter todas las transacciones de la industria petrolera nacional a la supervisión efectiva de la Contraloría General de la República. Crear un equipo multidisciplinario y operativo, bajo control del Consejo de Ministros y con representación legislativa, laboral y empresarial, para la planificación en materia de economía petrolera y energética. En ese equipo, que debería recibir los aportes -técnicos, que no deliberantes- de PDVSA, el Ministerio de Energía y Minas, Hacienda, Fomento, Cancillería, CORDIPLAN, Banco Central, Gobernaciones de Estado y toda otra instancia pública o privada interesada, debe concentrarse toda la información disponible sobre la materia y el entorno socioeconómico nacional, para que pueda producir propuestas de acción coherentes y bien fundamentadas.
Detener el proceso de desgravación impositiva iniciado con la reducción y programada eliminación de los Valores Fiscales de Exportación. A más largo plazo, establecer un sistema coherente de asignación de recursos, tal como el que hemos señalado en varios apartes de este trabajo y como han propuesto diversos estudiosos de la materia: Procurar los fondos que sean necesarios para garantizar el funcionamiento eficiente de la industria a todos sus niveles, para que responda eficazmente a las alternativas cambiantes de un mercado cada día más complejo, pero presupuestando cada año los proyectos recurrentes y los nuevos emprendimientos que se consideren viables, prioritarios y concordantes con los demás aspectos de la política económica establecidos en cada oportunidad, de acuerdo con la ya referida necesidad de integrar esa industria al esfuerzo general de reconstrucción de la economía nacional sobre bases más sólidas, que permitan superar los desequilibrios y carencias que la hacen vulnerable e ineficiente.




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