domingo, 21 de marzo de 2010

DOCUMENTOS DEL BLOG - FUENTES DE MÉRITO 2

Reproducimos en esta edición de FUENTES DE MERITO un texto poco conocido de Francisco Mieres que data del año 2001, en el cual realiza señalamientos casi proféticos sobre lo que sería el para entonces recién instaurado gobierno norteamericano de George W. Bush. Al releerlo después de la ocupación de Irak y rememorar el papel jugado en esa desgracia humanitaria por los  Cheney, Runsfeld y sus Halliburton y demás perros de la guerra, podremos evaluar la significación de estas advertencias.
CMP Marzo 2010

Realidades



Francisco Mieres
2001
 
Los multimillonarios de Bush, el planeta y la OPEP

En el artículo “Estados Unidos: los petroleros al poder” (El Nacional, 29-01-2001), Maric Sommer caracteriza el gobierno de Bush como un directorio de ejecutivos de las ramas energética, automotriz y de armamento, polarmente opuestos a toda medida de protección ambiental y de conservación de la energía, tales como el Protocolo de Kioto.

Sommer cita a Cheney, Card, Abraham y Norton como probados litigantes de los empresarios en esas ramas, dominantes en Washington, contra los derechos sociales y ambientales de las mayorías. La “Associated Press”, por su parte juzga el gabinete de Bush como “gobierno de multimillonarios”, basándose en sus declaraciones de bienes, lo que demuestra que ya no son sólo lobbystas sino empresarios ellos mismos. Así, Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, en el cuarto siglo transcurrido desde su ejercicio anterior de la misma cartera, ha amasado una fortuna de unos 50 millones de dólares, al frente de compañías privadas. Lo mismo hizo Dick Cheney después de vencer en la “tormenta del desierto” y ocupar la jefatura de Hallyburton. El otro héroe de esa campaña, el General Collin Powel, ahora a la cabeza del departamento de Estado, ha declarado 25 millones de dólares en activos. Paul O´Nell, Ministro del tesoro, logró 30 millones de dólares en Alcoa, la gigante del aluminio. Según A.P., Gale Norton, Ann Veneman y Spencer Abraham, Ministros del Interior, de Agricultura y de Energía, reportaron haberes de seis o más dígitos.

Charles Lewis, vocero del Center of Public Integrity, indica la nula sensibilidad social mostrada por estos empresarios super ricos, y se explica la abstención de la mayoría de norteamericanos, integrada por pobres que no se sienten representados por el gobierno.

Al responder a la pregunta ¿Qué puede esperarse de esta oligarquía en el poder?. Sommer pone énfasis en el despliegue de agresividad para imponer mayor explotación de hidrocarburos aún en las áreas ecológicamente más frágiles y desconociendo los compromisos internacionales, sin destacar el uso de la fuerza en nuevas “tormentas del desierto”. Estos arrestos de hegemonismo y desprecio por el resto de la comunidad internacional (incluida la ONU) se han manifestado en la decisión de lanzar el proyecto escudo antimisilístico (“guerra de las galaxias”) aunque acarrée la violación del tratado ABM y la proliferación de armas nucleares.

Su atractivo no es tanto militar como económico para la gran industria de armamento, con el gobierno como gran financiador.

Las reacciones iniciales a tales propósitos apuntan a su rechazo generalizado y hacia el aislamiento político internacional de Bush, así como el debilitamiento de su ya escuálida base social dentro de los propios Estado Unidos. Un programa antisocial y anti-ambiental basado en la creencia de que “estamos entrando al siglo de la globalización norteamericana” es terriblemente anacrónico e irrealista. Rusia, China, Europa, etc., han puesto en marcha diversas iniciativas para contrarrestar las amenazas más graves, dentro y fuera de la ONU.

Por su parte la comunidad científica global, a través del panel climático internacional, reunido en enero en Shanghai, ha lanzado la más documentada, precisa y tajante advertencia, ante el alarmante empeoramiento de las condiciones climáticas, generado por la actividad económica actual, dominada por el aparato militar – industrial – petrolero, y el panorama de desastre que espera a la humanidad si no emprendemos urgentemente las reformas destinadas a cumplir al menos los compromisos de Kioto. El deterioro del ecosistema global amenaza ser 10 veces mayor en este siglo XXI. La grave advertencia parece dirigida a Washington, que ya hizo fracasar las recientes negociaciones de La Haya, en principio destinadas a reglamentar su aplicación, y ahora con un gobierno que apuesta a desconocer por completo el Protocolo. El meollo del conflicto radica en que las actividades señaladas como fuentes principales de las emisiones constantes del calentamiento atmosférico son las mismas que concentran el poder en USA, y que despliegan influencias evidentes en otras latitudes, por vía de las inversiones, de la diplomacia, de la “protección” militar, amén de la publicidad consumista, y de la ideología desarrollista. Por eso es tan grave y difícil de resolver el conflicto. La responsabilidad al respecto recae sobre los gobiernos, impulsados por la movilización de la conciencia publica, pero la gravitación de la influencia corporativa dominante dentro de muchos de ellos los paraliza o debilita. Un reto especial al respecto, y una propensión a la debilidad, la tienen los países de la OPEP y demás exportadores de petróleo y gas, que son los contaminantes fundamentales del planeta, por ser los combustibles claves del complejo militar - industrial. El temor infundado una caída de sus precios por razones ambientales ha sembrado incertidumbre en una agrupación que nació bajo el signo del conservacionismo, y de la restricción de la producción petrolera, el cual sigue siendo, ahora más que antes, medida que la demanda mundial se concentra a fortiori en el petróleo de la OPEP, el camino más acorde con los severos condicionalismos ecológicos del globo puestos de relieve dramáticamente en Shanghai por la comunidad científica internacional.

Una posicion inequivoca de la OPEP al respecto, asi como de Rusia y de China, grandes productores y usuarios de energia (y de contaminantes, por ende), seria un aporte de primera importancia al triunfo de una causa global que ponga a las amenazas de desastre planetario que hoy tienen su foco principal en Washington.





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