martes, 8 de septiembre de 2020

Los "cadáveres exquisitos"

 Mitos y estafas en la 

política petrolera venezolana

Carlos Mendoza Pottellá

Septiembre 2020

Para ir por la calle del medio, comienzo reconociendo abiertamente que la motivación principal de este artículo ha sido la alusión directa a mi persona que hiciera el Ex Ministro y ex Presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, en el Programa “Vladimir a la Carta”,  el cual se transmite por Internet, contradiciendo mis asertos sobre lo que considero como fiascos de la planificación petrolera asociada al desarrollo acelerado de la Faja del Orinoco.

Por ello me siento obligado a resumir aquí los hechos y circunstancias históricas en base a los cuales he sostenido mi opinión negativa sobre los proyectos petroleros que han diezmado a la economía venezolana desde los años 80 del siglo pasado.

Al respecto, viene a mi memoria un ejercicio de ingenio y talento literario que alguna vez contemplé en uno de mis lamentablemente escasos contactos con la bohemia de los años 60-70, la poesía y la República del Este: la construcción de un “cadáver exquisito”

Apelando a Google, encontré una definición precisa de este proceso intelectual: una técnica de creación colectiva que nace en el ámbito literario y luego se aplicará en las artes visuales. Es una especie de juego donde cada participante hace su aporte sin saber cuál es el aporte que hacen los demás.  (Subrayado mío)

En materia de política petrolera, al revisar la génesis y desarrollo de la mitología petrolera venezolana según la cual este país es el depositario de las mayores reservas petroleras del mundo, cuyo desarrollo debe ser acelerado para aprovechar las limitadas oportunidades que ofrece el mercado, me encontré con un proceso parecido.

Pero en la construcción de este particular “cadáver exquisito” no se cumple la frase subrayada en la definición: En éste caso si hubo participantes en el proceso que conocían, a priori, cuál sería el aporte de los demás. De hecho, ellos fueron quienes asignaron los roles que cada actor desempeñaría en la obra.

Por mi parte, eso es lo que pienso exponer aquí, en un cadáver exquisito construido a mi manera y con la urgencia que impone la voluntad polémica, a partir de trabajos previos, recientes y de hace más de tres décadas, con las referencias documentales disponibles en mi disco duro y en las redes.

Espero que los resultados sean más convincentes que los del Doctor Frankenstein. 

Aunque pueden buscarse antecedentes más antiguos, tomaré como punto de partida los acuerdos de la Segunda Postguerra del Siglo XX, con los cuales los vencedores de aquella contienda establecieron las bases del futuro previsible a nivel mundial.

Entre esos acuerdos, a la par de la constitución de la Organización de las Naciones Unidas, con su Consejo de Seguridad y el sistema Económico-Financiero diseñado en Bretton Woods, estuvo la expresa apuesta por el petróleo como la fuente energética sobre la cual se sustentaría el desarrollo económico global.

Ello se hizo con plena conciencia del carácter exhaustible de esa materia orgánica: Los físicos de los años 40 garantizaban que cuando el petróleo comenzara a dar muestras de agotamiento, la humanidad tendría ya décadas viviendo en el mundo luminoso de la desintegración nuclear. Un mundo tal, donde la electricidad sería gratuita, como nos lo recordaba James Akins en su Oil Crisis, This Time the Wolf is Here”:

 “…la firme convicción de fines de la década de 1940 de que la última planta generadora de electricidad a partir de combustibles fósiles se habría construido en 1970; y que en esta nueva era dorada, el uso doméstico de la electricidad ni siquiera se mediría. Sería tan barato, nos dijeron, que el costo de mano de obra para leer los medidores sería mayor que el costo de la energía que los propietarios podrían consumir.” [Akins, J. E.,  Foreign Affairs, abril 1973]   A pesar de su ironía, el propio Akins soñaba con que eso si se podría lograr a finales del Siglo XX).

De tal suerte, entre 1946 y 1970 se produjo un crecimiento exponencial del consumo de petróleo. El petróleo y el automóvil se convirtieron en los sectores puntas de ese desarrollo, hasta el extremo de caracterizar a la sociedad resultante como la “civilización automovilístico-petrolera”.

Pero simultáneamente, comenzaron a posponerse y a frustrarse las perspectivas de la alternativa nuclear que haría el relevo indispensable.

La fusión nuclear,  que superaría a la fisión, prevista por aquellos físicos encandilados por los “ensayos” de Hiroshima y Nagasaki, nunca llegó a desarrollarse y comenzaron a menudear las alertas sobre los riesgos del “pacto fáustico” que implicaba la fisión, con la inevitable producción de una sustancia residual tan peligrosa como el Plutonio: Una pelota de ese material del tamaño de una toronja, gasificado, sería suficiente para acabar con toda la vida sobre la Tierra. Con una vida media radiactiva de 25.000 años, sin ningún lugar suficiente seguro en el planeta para almacenarlo y ninguna otra utilidad, que no fuera el producir bombas termonucleares. Tal sería el siniestro legado de estas generaciones al futuro. [Michel Grenon, 1985, “La Crisis Mundial de la Energía”]

El primer accidente de proporciones considerables, que se produjo en un reactor ubicado  cerca de Nueva York, en “The Three Miles Island”, despertó el movimiento antinuclear norteamericano, el cual fue atemperado con la patriotera  e hipócrita política de “Not in my backyard”, que determinó la restricción de la instalación de nuevos reactores en suelo norteamericano.

En 1950, la Rand Corporation, contratista del Pentágono dirigida por el estratega guerrerista Hermann Khan, pronosticó que el petróleo se acabaría en el año 2050.

En 1955, el Geólogo Marion “King” Hubbert, predecía que los yacimientos convencionales de Estado Unidos llegaría a su “píco” en 1971.

Predicción que, pese a las burlas contemporáneas, fue certera, pues sólo la tecnología de la fracturación hidráulica de las lutitas (shale) logró detener la caída de la producción de ese país, que se había iniciado precisamente en aquel año.

En efecto, y según las estadísticas de la Energy Information Administration, la producción de los Estados Unidos, que en 1945 era de 4,7 millones de barriles diarios, alcanzó  los 9,6 millones 1970, para derrumbarse a partir de allí a los 5 millones de 2008. En este mismo año comienza la revolución tecnológica del “shale oil” que eleva ese indicador hasta los 12,25 millones de bd de 2019.


Como he referido anteriormente, en aquéllos años 70 comenzó la promoción histérica de la “crisis energética” y la búsqueda desesperada de una alternativa que garantizara la “seguridad energética” de Occidente, la cual dio origen a las políticas de ahorro y sustitución del petróleo por otras fuentes, a la creación de la Agencia Internacional de la Energía para proteger los intereses de los principales consumidores y, antes aún, a la promoción de las nacionalizaciones concertadas en los países miembros de la OPEP, para destapar la peligrosa olla del nacionalismo extremista, en tiempos de aguda guerra fría.

En un trabajo anterior, Política petrolera a la manera de los músicos del “Titanic”,  del cual estoy extrayendo gran parte de los datos y gráficos que aquí presento,  referí lo siguiente:    

Un ejemplo de la crispación de esos años fue el discurso del Estado de la Unión de Jimmy Carter en 1979, en el cual expuso un severo programa de seguridad energética, para enfrentar tendencias que de no ser contenidas determinarían que: “para mantener los ritmos del consumo global de petróleo se requerirá descubrir cada 9 meses una nueva Alaska, cada año una nueva Texas y cada tres años una nueva Arabia Saudita.

 [C. Mendoza P., 20 de mayo 2018, https://www.aporrea.org/energia/a263621.html]

Las predicciones de la Rand Corporation en 1950 sobre el fin del petróleo en 2050 se hicieron urgentes y el nuevo año fatal se acercó entonces a… 1995.

En mi artículo anterior, “Política Petrolera venezolana en cinco décadas” cuyo contenido total es pertinente a este cadáver exquisito, [https://www.aporrea.org/energia/a294299.html]  hice mención específica al caso de la nacionalización petrolera venezolana y como, desde 1971, ya se habían presentado en Venezuela los Secretarios del Departamento de Estado y el Departamento de Energía de los Estados Unidos, William P. Rogers y James Akins, respectivamente,  para gestionar ante el Gobierno de Caldera la apertura de operaciones en la Faja del Orinoco. El propio Akins, nos revela esas gestiones:

“Nosotros también hemos discutido un tratado con Venezuela que permitiría el desarrollo de sus petróleos pesados. Hemos propuesto entrada gratuita de estos petróleos a los Estados Unidos a cambio de garantías de inversión para las empresas que los  desarrollarán.”  [Akins, Loc. Cit]

La tardanza de los venezolanos en cumplir con esos propósitos intranquilizaba a gobiernos identificados plenamente con los intereses de “Occidente”, como el de la dictadura militar brasileña, cuyo plan Cahla Norte en tiempos de Garrastazu Médici, planteaba en esos años el escenario  de la toma de todo el Sur de Venezuela hasta la mitad de los estados Monagas, Anzoátegui y Guárico para garantizar el desarrollo de la Faja, tal como referí en el citado “A la manera de los músicos…”. 

Hubo que esperar más de una década, con el petróleo venezolano ya nacionalizado, en tanto se reajustaba la estructura meritocrática de PDVSA, para que esta empresa presentara, en 1983,  el plan de  asumir tales costos, su primer “megadisparate” de la Faja.

Me corresponde repetir los términos de ese primer proyecto y sus consecuencias.

La propuesta, con dispendio no autorizado de recursos públicos:

Los sueños:


El despertar:

Pese a esta realidad de los precios, en cuyo desarrollo durante la década de los 90 tuvo un papel determinante la decidida voluntad expansiva de la PDVSA aperturista, al violar durante más de una década los compromisos adquiridos en el seno de la OPEP -según propia confesión de su líder Luis Giusti- se impuso la consigna de “compensaremos la caída de los precios con el aumento de la producción”, para hacer realidad  los escenarios de su Planificación Corporativa en 1994:















En 1998 el precio promedio del petróleo de la cesta de crudos OPEP  llegó cifras inferiores a los 10 $ el barril y promedio 12,28 S/bl, mientras que  la “cesta venezolana de crudo y productos” llegó a realizarse a menos de 7$/bl.

Sin embargo, hubo de producirse un conjunto reuniones promovidas por el Secretario de Energía de los Estados Unidos Bill Richardson, con Noruega, México y Arabia Saudita, para convencer al binomio Giusti-Arrieta de la necesidad general, para todos los productores dentro y fuera de la OPEP, de cumplir con los recortes acordados. Tal como ahora, en 2020.

El resultado  lo registré gráficamente en su oportunidad:

[Mendoza P. “La verdad Petrolera, un elefante y siete ciegos”, FUNDAPATRIA, 26/08/1999. Reproducido en Mendoza P. 2010, Nacionalismo Petrolero en cuatro décadas, BCV, Colección Venezuela y su Petróleo, pág. 404. https://www.academia.edu/41805065/Nacionalismo_petrolero_en_4_d%C3%A9cadas

Aquí es necesario un paréntesis.

Las posiciones de la gerencia petrolera venezolana hasta 1999 fueron coherentes con los postulados del “poder petrolero” enumerados por mí, precisamente, en “El Poder Petrolero y la Economía Venezolana” [C. Mendoza P. UCV-CDCH, Caracas 1995] y reproducido en “Apertura petrolera: Nombre de estreno para un viejo proyecto antinacional” . “Nacionalismo Petrolero… , Loc. Cit. Pág 283. A saber:

“Este conjunto de verdades establecidas, que parte de concepciones hoy de moda en cuanto a la incapacidad del Estado para gerenciar actividades productivas, tiene una expresión particular, a saber

·        La carga fiscal sobre PDVSA es excesiva. PDVSA es la empresa petrolera que paga más impuestos en el mundo. Mantener esa carga fiscal equivale a perpetuar el ya fracasado modelo de rentismo parasitario y continuar alimentando unaEstado paternalista e ineficiente.

·        El control político sobre la industria obstaculiza el desarrollo eficiente de sus programas. Las trabas burocráticas que imponen los distintos organismos contralores, ejecutivos y legislativos, deben ser eliminados en beneficio de la autonomía gerencial para ejecutar eficientemente sus planes y programas. Este es el camino hacia la Venezuela productiva.  

·        El mejor destino del ingreso petrolero es su reinversión en el mismo sector. No existe otra actividad económica en Venezuela que le permita obtener ventajas comparativas y competitivas similares. Cada dólar adicional invertido en la industria petrolera genera, directa e indirectamente, efectos multiplicadores en el producto interno bruto (PIB) superiores a los de cualquier otra aplicación. 

·        Venezuela debe ir hacia una más estrecha colaboración con sus clientes desarrollados y abandonar asociaciones tercermundistas, de subdesarrollados y de perdedores, como la Organización de Países Exportadores de Petróleo. La OPEP no ha beneficiado mucho a Venezuela y le impone trabas a un desarrollo que la llevaría a convertirse en una de las primeras potencias petroleras del mundo.  

·        Para desarrollar la inmensa base de recursos de Venezuela, hay que desmontar todo el aparato de regulación y fiscalización que pesa sobre esa actividad industrial, porque ese desarrollo no es posible hacerlo con los recursos internos y es necesario atraer al capital petrolero internacional con proposiciones de una rentabilidad mayor a la ofrecida en otros destinos.” 

Pues bien, concluido el periplo meritocrático y aperturista, ahora expondré lo paradójico, lo incoherente y lo esquizofrénico.

Los escenarios que pronosticaban  de crecimiento de los precios por el respeto de las cuotas de producción se cumplieron durante todos los primeros años del nuevo Siglo.

Mientras que los precios de la cesta OPEP habían promediado en 1998 12,28 dólares el barril, alcanzando mínimos de menos de 10 dólares. En 1999 subieron a 17,44, saltando en 2000 a 27,6$/bl.

Esa trayectoria llevó el promedio de la cesta  OPEP a 50,59 $/bl en el 2005.

Hasta allí llegó la contención de los sueños y ansias productivistas en los nuevos dirigentes petroleros venezolanos.

Cada dos o tres años, a partir de 2005, PDVSA postuló  ambiciosos planes, el último de ellos en su Agenda Programática 2019, presentado como el “Plan de la Patria 2019-2025”.

Y todos ellos  basados en la multiplicación de la producción en la Faja del Orinoco. Sus magnitudes desbordaron siempre la capacidad financiera del país,  los límites de absorción del mercado mundial y contradecían y sigue contradiciendo  la proclamada política de defensa de los precios.

Ese mismo año 2005, manteniendo un alto perfil mediático como radicales defensores de la política de la OPEP, PDVSA presentó el “Plan Estratégico” 2005-2012, el cual preveía una expansión de la producción hasta 5 millones 837 mil barriles diarios.

Esto es lo que yo llamo esquizofrenia.

  


Esa meta comportaba un abandono tácito de la política de defensa de los precios, dadas las limitadas expectativas de la demanda y la vigencia de los recortes acordados.

Una versión más moderada, detalla sin embargo la magnitud de los recursos requeridos por ese plan: perforar 6.525 pozos, reacondicionar 8.343 pozos y trabajar con 120 taladros anuales.

Pero, simplemente, ese plan no funcionó. En 2012, partiendo de una producción menor a la de 2005, se presentó un nuevo plan para alcanzar la producción  de 6.819.000 barriles diarios. Ni uno más ni uno menos.


Pero tampoco se cumplió lo prometido y, por el contrario, comenzó el desbarrancamiento, como somos testigos y víctimas  todos los venezolanos en estos aciagos años.

Un análisis comparativo que hice en su momento sobre estas metas con la demanda mundial y la producción total de la OPEP arrojaron los siguientes resultados:

Según la Agencia Internacional de Energía, la demanda global de petróleo producido en los países miembros de la OPEP crecería entre 2010 y 2015 en un 6,4%, en tanto que PDVSA planificaba, en ese mismo lapso, un crecimiento de su producción de 53%, pasando de tener una participación en la oferta global de 3,5% a 5,1%. Venezuela aportaría el 23,3% del crecimiento de la producción mundial. La Faja del Orinoco aportaría el 70,8% de ese crecimiento.


Para este lapso, 2013-2019, el optimismo se desborda hasta posiciones francamente hilarantes: La demanda mundial de crudos crecerá en un 8,4%, mientras que la oferta Venezolana lo hará en un 97,8%.

Todas estas proyecciones de oferta tienen un solo nombre, conquista del mercado. Competencia abierta y a cuchillo. ¿A quién pensaba PDVSA quitar participación en el mercado? ¿A qué precios “competitivos” pensaba hacerlo?  Desde luego, en este contexto ya no es necesario hacer preguntas fastidiosas sobre la OPEP, cumplimiento de cuotas y otras bolserías para consumo de algunos académicos idiotas, anclados en discursos de autarquía, que no conocen las claves del “negocio”.

Algunos indicios sobre la respuesta a la primera pregunta formulada nos la da una lámina de Planificación Corporativa PDVSA en otra de sus optimistas presentaciones de la época:

§  En los próximos 6 años se proyecta un crecimiento en la demanda petrolera mundial de 5,5 MMBD, impulsada principalmente por China e India.

§  El call-on-OPEC se mantendrá por debajo de los 30 MMBD, motivo por el cual el crecimiento de la oferta de Venezuela vendrá a expensas de la declinación y restricciones de producción de otros productores OPEP, particularmente los países africanos Argelia, Angola y Nigeria. La última Reunión de la OPEP celebrada el pasado 27 de noviembre de 2014, acordó mantener el mismo techo de producción de sus Países Miembros, establecido en 30 MMBD.

 

[“call on opec” en la jerga AIE equivale a la demanda sobre crudos OPEP, que se calcula como residual, después de descontar la oferta de todos los demás productores. CMP] 

¡¡¡Eureka!!!. Allí está: Los débiles e indefensos países africanos, los negritos, pagarán el pato del expansionismo de PDVSA. Nuestro  petróleo Merey de 16° API tiene un “poder de captura” mucho mayor que el Bonny Light nigeriano de 45° API, o el Saharan Blend argelino de 37°. 

La triste y paradójica realidad, que abofetea a estos planificadores, es que esos crudos africanos son precisamente los que se utilizarán para convertir los extrapesados de la Faja, de menos de 8° API,  en Merey de 16°, ante el descalabro de nuestros crudos tipo Mesa 30°.

Mientras tanto, como ya dije, la industria comenzaba a desbarrancarse.

En un informe Presentado el 31 de agosto de 2013 por Eulogio Del Pino, Vicepresidente de Exploración y Producción a Rafael Ramírez, Presidente de PDVSA, se registraba ya la manifiesta declinación de la capacidad potencial de producción de los campos petroleros venezolanos, de 3 millones 630 mil barriles diarios en 2008 a 3.328 mbd en agosto de 2013.

Ello como consecuencia de la disminución, también allí registrada,  de los aportes de las labores de recuperación secundaria a la generación de nuevo potencial, que pasaron de 882,2 mil bd en 2008, a 652,3 en 2012. Tales aportes que no lograron contener la declinación “natural” del potencial de los envejecidos yacimientos convencionales, la cual se manifestó con una caída promedio de 700 mil barriles diarios anuales en el lapso considerado.

Desde luego que esa “moderada” declinación efectiva no explica completamente el precipicio de la producción iniciado al año siguiente y acelerado a partir de 2017 por las sanciones norteamericanas, pero si aporta un claro indicio de que las estrategias y proyectos expansivos de entonces ya eran, como estamos constatando en nuestros días, puro papel mojado.


Sin embargo, los sueños no se quedaron en 2013. Los nuevos escenarios, que llegan hasta nuestros días y van hacia el futuro, están fundados, ahora más que nunca, dado el colapso de nuestros campos convencionales, en la expansión a marcha forzada de la producción de la Faja del Orinoco y siguen la misma ruta ilusoria:

En el siguiente gráfico resumo todos los emprendimientos fallidos de la planificación de pajaritos preñados y, peor aún, los escenarios que se siguen presentando, en ambos lados de la contienda política, como las nuevas propuestas que, ahora sí, nos van a sacar del barranco:

Desde la Agenda Programática de PDVSA 1919,  hasta el Plan País en materia petrolera  de “PDVSA Ad Hoc”.

Fiel a la tradición de casi cuatro décadas, el último de los planes citados esparce metas y miles de millones como quien reparte papelillo:

“Aquí está el plan para que Venezuela vuelva a producir 3.000.000 de barriles diarios de petróleo”

Este plan se incorpora al festín de propuestas funambulescas a las cuales me he referido desde 1983, con los mismos términos de abierta inviabilidad física y financiera:

“se perforarán 11.000 pozos en 4 años y la inversión requerida será de 120.000 millones de dólares.”

  


En verdad, a estas alturas, no sé si he dejado claro cuál es el fundamento de mi posición de crítica al optimismo exagerado sobre la explotación acelerada de unos recursos que, en realidad existen, representan más del 90% de los crudos extrapesados y más de la quinta parte de todo el petróleo que existe sobre el planeta, pero que no son reservas en su gran mayoría.

Por el simple hecho de que su producción no es económicamente factible a los precios actuales y previsibles en las próximas décadas, dadas las vigentes tendencia de oferta y demanda petrolera a mediano y largo plazo.

El mismo mecanismo fraudulento con el cual fueron certificadas tales “reservas”, previo el pago de 600 millones de dólares a Ridley Scott, una empresa especializada en tales rubros, y la “decisión soberana” que estimó en 2006, por voluntad patriótica, un “factor de recobro de 20%, nos dan luces sobre la realidad de las mismas.

La cifra de 513 mil millones de barriles fue tomada directamente de una estimación previa del U.S Geological Survey, sobre los “recursos contingentes”,“técnicamente recuperables”,  en la Faja del Orinoco, conceptos geológicos e ingenieriles que no suponen ningún estimado de factibilidad económica, ni inmediata, ni en el futuro previsible a mediano plazo, siendo ésta una condición indispensable para que esos recursos sean considerados reservas. Así lo aclara la propia USGS autora del estimado original.

Sin embargo, los estrategas energéticos venezolanos  asumieron que esa cifra representaba un “factor de recobro” de 40% y consideraron, moderada y soberanamente, que el factor de recobro adecuado para calcular “reservas probadas” del país era 20%. Simple manejo de porcentajes y conveniencias políticas, sin ningún fundamento real y ni siquiera teórico.

Así lo expuse en mis artículos de 2017, Petróleo Venezolano: Recursos, Reservas y Fantasías ( I y II) y Factor de Recobro: De las fantasías al “paquete chileno”, disponibles en los siguientes enlaces:

https://www.aporrea.org/energia/a253811.html

https://www.aporrea.org/energia/a253971.html

https://www.aporrea.org/energia/a254319.html



El cálculo subsiguiente de “reservas probadas” no fue hecho a partir de los resultados de la actividad exploratoria, de descubrimientos y extensiones, sino por el método expedito de las  “revisiones” a punta de proyecciones automáticas del optimismo desaforado en cuanto a altos precios, bajísimos costos, estancamiento de la oferta y crecimiento exponencial de la demanda mundial de petróleo, en hojas de Excel (antes se hacían, como decía Pérez Alfonzo, afilando los lápices):

Descontando las “revisiones” concentradas entre 2006 y 2010, tal como se muestra en el cuadro anterior, aparece, por dos vías distintas, una cifra mucho más cercana a la realidad que confrontamos. Unos 60.000 millones de barriles, los cuales, pese a todo, constituyen una gran magnitud, a la cual se arribó con  una “revisión extraordinaria” hecha en 1986 para incluir las todavía moderadas “reservas” de la Faja.

Rystad Energy, una compañía especializada en estos temas, hace estimaciones parecidas sobre los recursos petroleros venezolanos, en base a las definiciones técnicas de los distintos estadios de desarrollo de las acumulaciones petroleras conocidas o estimadas.

No se trata de una santa palabra tecnológica, ni tenemos necesariamente que “estar de acuerdo” con esas cifras, pero si es indispensable tener en cuenta ese proceso de evaluación para poder realizar una estimación más certera de nuestras potencialidades petroleras y no seguir repitiendo como loros que “somos el país con la mayores reservas petroleras del mundo”, una consigna que sólo ha servido para preparar el casino donde hemos sido timados.

Las estimaciones de Rystad Energy se hacen suponiendo el sostenimiento de una producción de 2 millones de barriles diarios y los resultados son los siguientes:


Dependiendo de cuál de esas  cifras -entre 29 mil millones y  68 mil millones de barriles- escojamos para insertar al país en las estadísticas  globales, Venezuela se ubica entre el noveno  y el duodécimo país del mundo con reservas probadas/probables.

Esas siguen siendo posiciones respetables dentro de los más de sesenta países que producen petróleo, pero no para montar una fiesta por estar en ese ranking, a la manera de cualquier bateador de 300 en las Grandes Ligas, sino para decidir responsablemente el ritmo de su explotación, dentro del conjunto de medidas económicas y políticas requeridas para la reconstrucción de un país en ruinas.

Finalmente, y como estoy acostumbrando en mis últimas publicaciones, remito al lector a los sitios en donde se encuentran los trabajos donde he expresado, como ritornello, los mismos argumentos aquí transcritos.

 https://www.aporrea.org/autores/mendoza.potella

https://petroleovenezolano.blotgspot.com

https://www.academia.edu/41805065/Nacionalismo_petrolero_en_4_d%C3%A9cadas

 

                                CMP/ 7 de septiembre de 2020

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